lunes, 12 de mayo de 2025
Concurso de leyendas: La pobre niña encerrada en el tiempo
Concurso de leyendas: La leyenda del cuarto fantasma
Hay historias que la gente cuenta y uno no sabe si son reales o inventadas. Pero igual, te dejan una sensación rara. Esta es una de esas historias. Todo empieza de forma simple: un día estás en tu casa y notas que hay una puerta que nunca antes habías visto. Un cuarto que no debería estar ahí. Al principio, piensas que estás despistado, que simplemente no te habías fijado. Pero hay algo extraño. La puerta es antigua, el pomo está un poco oxidado… y, sin saber por qué, te da mala espina. Como si siempre hubiera estado allí, pero tú no la hubieras notado hasta ahora. La mayoría de la gente la ignora. Pero si prestas atención, empiezan a suceder cosas raras.
Olivia era una chica que se mudó a otra ciudad. Encontró un piso pequeño y asequible que tenía salón, cocina, baño y dormitorio. Pero, dos semanas después, apareció la puerta. Estaba en el pasillo, justo frente al baño. Era una puerta vieja, blanca, con el pomo oxidado.
Olivia sabía que esa puerta no estaba allí antes. Al principio, no le dio mucha importancia. Pensó que probablemente no se había fijado bien, que a lo mejor estaba tan cansada de mudarse que no había reparado en ese pequeño detalle. Pero, al abrir la puerta, se encontró con algo aún más extraño. El cuarto estaba completamente vacío. Un suelo de madera, paredes blancas, sin muebles, sin ventanas.
Esa misma noche, Olivia oyó un pequeño golpecito, como si alguien tocara la puerta desde dentro. Se levantó rápidamente y fue a abrir, pero no había nadie dentro del cuarto. Al principio, pensó que todo había sido fruto de su imaginación.
Pero al día siguiente, el pomo estaba caliente, como si alguien lo hubiera tocado. A veces, Olivia sentía una respiración suave cuando pasaba cerca de la puerta o notaba una corriente de aire frío saliendo de allí.
Pasaron
los días y empezaron a suceder cosas aún más extrañas. Un día, cuando
entró al cuarto, vio que algunos objetos estaban fuera de lugar o que no
estaban allí antes. Otro día, se dio cuenta de que su reflejo en el
espejo se movía un segundo después que ella.
Olivia, como muchos antes que ella, intentó ignorar la puerta durante un tiempo. Pero una noche, se dio cuenta de que ya no podía seguir así. Así que, aunque su corazón latía con fuerza, reunió valor y decidió abrirla de nuevo.
En el momento en que dio un paso adentro, una ráfaga de aire frío la envolvió. Se le erizó la piel y un escalofrío recorrió su cuerpo. Entonces, en una esquina del cuarto, vio algo. Era una figura, una persona quieta, mirándola. Olivia sintió que esa figura le resultaba familiar, pero no podía entender por qué.
La figura comenzó a girarse lentamente. Fue entonces cuando Olivia se dio cuenta de que era su propio reflejo, pero sin cara. No tenía ojos, ni boca, ni nada.
La figura empezó a acercarse a ella. Olivia seguía paralizada, incapaz de moverse. De repente, esa figura habló:
—Nunca saldrás de aquí.
Olivia estaba completamente congelada. Quiso gritar, pero no podía emitir sonido alguno. De pronto, la puerta se cerró de golpe, dejándola atrapada en la oscuridad del cuarto. La figura se acercaba más y más, hasta que todo se volvió completamente negro. Lo último que sintió fue que le faltaba el aire.
Al día siguiente, alguien fue a buscarla. Llamaron, pero no hubo respuesta. La puerta estaba cerrada, como si nunca se hubiera abierto. Y nadie volvió a ver a Olivia.
Así que, si algún día estás en casa y ves una puerta que no habías visto antes... no la abras. Y, sobre todo, no entres.
Concurso de leyendas: El monstruo de un solo ojo
Cada vez que paso por la Plaza Vieja, una plaza céntrica de Navalmoral, siempre veo a unas ancianas cuchicheando, sentadas en sus sillas de plástico, blancas, un poco rotas. Una noche de verano, mientras paseaba por allí, me llamó una de ellas, con una gran sonrisa en la cara y el pelo muy blanco. ¿Tú eres de la Carmen, no?, me preguntó. Yo sonreí y asentí, lo que provocó muchos cumplidos hacia mi aspecto. Entonces, una señora de pelo gris arrastró un poco la silla hacia mí y me dijo: ¿Tú sabes que tu abuela vivía en estos pisos, en esos de color azul? Yo volví a asentir. ¿Ella no te contó lo que ocurrió en su edificio cuando era pequeña? Yo no sabía de qué me hablaba y así se lo hice saber. Ella me sonrió y comenzó a contarme una historia apasionante de mujeres que tenían hijos deformes e incendios que ocurrieron de forma muy sospechosa.
Hace muchos años, en los años 50, en estos pisos azules, los que están justo encima de nosotras, vivía una familia de cinco niños. Un día, el hijo mayor de la casa, el más prepotente de ellos, mientras jugaba en la calle, tropezó con una anciana con un velo en el rostro, lo que provocó que la mujer cayera hacia el suelo. Cuando esta le pidió ayuda, él se negó a dársela, alegando que era una vieja sucia y que llevaba el rostro tapado porque debía ser un monstruo. Ante esto, la mujer se puso de pie y se descubrió el rostro, mostrando un único y céntrico ojo. Al ver aquello, el niño empezó a gritar muy fuerte pidiendo ayuda, pero la mujer chasqueó sus dedos y dejó de salir la voz de la boca del niño. Niño malcriado —le espetó la vieja—. A partir de ahora tú y todos los de tu estirpe tendréis un único ojo en la frente, y cada vez que uno de ellos vea la maldad y no haga nada, arderá por dentro como si le prendieran fuego en el alma y con ellos, todo lo de su alrededor. Ante esta maldición, el niño echó a correr hacia su casa y al llegar se miró corriendo en el espejo, aliviado al ver sus dos ojos en la cara y su voz recuperada.
Al día siguiente, el niño se levantó con un solo ojo en la frente. Desde ese día, los hijos de esa familia —y, según cuentan, los descendientes de aquel niño también— comenzaron a nacer con un solo ojo en medio de la frente.
Al principio, intentaban disimularlo con flequillos gruesos, sombreros o simplemente no salían de casa. Pero lo más extraño no era su apariencia, sino lo que sucedía cuando veían alguna injusticia y no hacían nada al respecto: sentían un calor abrumador, una fiebre que les recorría el cuerpo y que terminaba dejándoles marcas en la piel,como si los estuvieran quemando desde adentro.
La familia entera fue cayendo en desgracia. Un día, el hermano más pequeño apareció calcinado en su cama, aunque el colchón estaba completamente intacto. Otro desapareció en la entrada del edificio después de ver cómo unos chicos golpeaban a un perro callejero. Y fue en ese momento cuando comenzaron los incendios extraños. Los vecinos comentaban que, sin razón aparente, algunas habitaciones del edificio se incendiaban espontáneamente, dejando marcas negras en las paredes que parecían ojos, ojos que miraban directamente a quien los observaba.
Desde entonces, nadie quiso quedarse mucho tiempo en esos pisos. La gente empezó a decir que si subías al tercer piso por la noche y no ayudabas a quien necesitara auxilio, algo dentro de ti comenzaría a arder lentamente hasta consumirte.”
Cuando la anciana terminó su historia, se hizo un silencio en el grupo. Yo levanté la vista y miré al edificio azul. Me pareció ver, o tal vez lo imaginé, la sombra de una anciana con parte del rostro cubierto por un velo. Me miró rápido y desapareció, pero, en realidad, nunca sabremos si eso fue real o forma también parte de la leyenda.
Concurso de leyendas: ¿Por qué empezamos a comer cerdo?
Cuenta la leyenda que hace mucho mucho tiempo los seres humanos vivían en una realidad muy limitada por el control del Estado, que no permitía que las personas pudiesen alimentarse libremente.
Debido a los conflictos que la historia había experimentado, un día como cualquier otro se decretó mundialmente que la comida tradicional iba a dejar de distribuirse en supermercados y en todos los lugares. A partir de ese momento, solo se iba a poder comer una especie de fluido un tanto denso de color gris cuya procedencia era desconocida y cuyo racionamiento sería individualizado.
En un principio nadie se cuestionó nada, debido a que teóricamente cubría todos los nutrientes necesarios para subsistir, disminuía la desigualdad social, controlaba el peso de la población, etc.
Pero en un momento dado, dos jóvenes cansados de la monotonía decidieron que la situación no podía continuar así puesto que ya había pasado mucho tiempo desde que el mundo se encontraba en paz, y se había aprendido lo suficiente como para no volver a cometer los mismos errores.
Fue entonces cuando comenzaron a indagar, y tras colarse en una oficina de un familiar encontraron unos archivos que revelaban que la comida con la que se estaban alimentando se había vuelto adictiva para ellos, y que si dejaban de comerla o la sustituían por otra, morirían. Así pues también ponía que la única solución que existía para remediar esta situación era ingiriendo “las representaciones de los ángeles en la tierra”.
Por un tiempo lo dejaron pasar por alto puesto que no lograban comprenderlo, pero un día por casualidad encontraron en mitad de un bosque una especie de crematorio abandonado al cuál decidieron entrar. Estaba cerrado pero decidieron forzar la entrada. Allí encontraron resultados de muchos experimentos, planos, escrituras… Pero uno destacaba entre todos los demás.
En él se explicaba que los alimentos que se estaban repartiendo a los humanos, estaban siendo extraídos de los restos de descuartizar a personas mayores, debido a que los “abuelitos” eran lo más parecido que encontramos a los ángeles en la Tierra, misma bondad, mismos corazones llenos de amor.
Tras enterarse de esto, ambos debieron de sentarse y tras mucho vomitar por el impacto lograron recomponerse.
Cada día, comer lo necesario para sobrevivir se convirtió en una tortura para ellos, pero debían de hacerlo para no morir mientras que buscaban una solución.
La desesperación les había consumido, por lo tanto ya solo les quedaba rezar y plantearle cada noche a Dios una solución diferente, hasta que llegaron a la definitiva.
Le sugirieron si podría sacrificar a las personas cuyos pecados eran imperdonables en lugar de a los abuelitos, dotándolos de esa cualidad que permitía que los humanos pudiesen comerlos.
Dios accedió, pero para que no fuese tan desagradable, los convirtió en cerdos.
Desde este momento los cerdos pasaron a ser el único animal que no tiene la capacidad de mirar hacia arriba, es decir, de mirar hacia el cielo.
De este mismo modo se explica por qué sus ojos y tonalidades son tan similares a los de los seres humanos, y por qué todos aquellos que afirman haber probado la carne humana, aseguran que sabe igual a la de cerdo.
Con el tiempo, el estómago humano pudo recuperar la capacidad de ingerir todos los alimentos, aunque decidieron seguir comiendo cerdo, aunque algunas religiones decidieron abstenerse de esta atrocidad.
Concurso de leyendas: Leyenda de la reina mora y la partera cristiana
Cuenta la leyenda que en mi pueblo, Cañamero, había un castillo hace mucho tiempo. Ese castillo ya no existe, lo mandaron derribar porque se usó para espiar y robar a los peregrinos que iban al monasterio de Guadalupe. Esto me lo contó mi madre el domingo de Pascua, “el día del bollo”, cuando subimos a lo que queda del castillo, como es costumbre, para comernos el bollo de Pascua típico. Ese día, todo el pueblo sube hasta arriba para ver las ruinas del castillo, la Cueva de la Mora y El Mapa de Sangre.
En la época de la leyenda, cuando el castillo todavía estaba en pie, convivían moros y cristianos en paz. En el castillo de Cañamero vivía un rey moro. Su mujer, la reina mora, estaba embarazada y para que todo saliera bien, el rey buscó a una partera cristiana del pueblo. La partera la ayudó y todo salió bien.
Entonces, el rey como recompensa le dijo a la partera que extendiera su mandil y la echó unos puñados de polvos amarillos. La partera bajó por La Jarilla refunfuñando, quejándose del regalo. Con rabia sacudió su mandil y esparció el polvo amarillo por toda la zona porque ella no quería ese regalo tan feo.
El polvo amarillo resultó ser oro, sacado de los acuíferos del río Ruecas, pero ella en ese momento no lo sabía. Desde entonces, se dice que en esa zona hay oro.
Así fue como la partera desperdició el buen regalo de los reyes agradecidos y siguió siendo pobre durante toda su vida.
La moraleja de esta historia podría ser que no hay que desperdiciar lo que alguien agradecido nos regala, aunque en ese momento no lo sepamos valorar.
Esta leyenda la escuchó mi madre cuando yo era muy pequeño e hicimos la ruta de las brujas que se hace en Cañamero en verano -porque, por si no lo sabíais, en mi pueblo había brujas blancas o buenas. Pero eso es otra historia, ¡digo otra leyenda!
Concurso de leyendas: La Piedra Caballera
Si eres de Navalmoral o de cerca habrás escuchado la historia de los dos hermanos que comen una manzana con un hongo letal y se mueren y por la noche se escucha a la madre gritando sus nombres; pues permíteme decirte que es mentira, la verdadera historia es esta: cerca de la Piedra Caballera hay una cueva en la que se refugiaron muchas personas durante la Guerra Civil y ahora es donde vive un monstruo aterrador. Los dos hermanos fueron por la noche a la Piedra Caballera, aquí ocurre una parte de lo que se cuenta; al llegar se encuentran una manzana con un hongo venenoso. El menor de los hermanos, al no poder aguantarse el hambre, se la come y cree que no pasa nada, pero más adelante sabrá que sí que pasó algo por haber comido esa manzana. Se tiran una hora escalando la piedra y jugando; están a punto de irse, pero escuchan unos pasos lentos, muy lentos, pero no es un sonido normal, es un sonido como si anduvieran sobre barro y de repente lo ven: era una criatura alta, con ojos
rojos y resplandecientes como la lava, tenía una cara grande y una boca con dientes afilados como cuchillos, su boca era negra como la más negra noche, parecía no tener fin. Su cuerpo era delgado, con ocho brazos muy largos. Sus piernas eran largas y sus pies no eran muy grandes, iba trajeado como Slenderman. El hermano menor, con todo el ejercicio de antes y al ver esa criatura, se le aceleró el corazón y el veneno comenzó a hacer efecto, se le esparció por todo el cuerpo y murió. El mayor al ver esto intentó huir, pero sus piernas no respondían. El monstruo lo había paralizado con dos de sus brazos y lo mató. El 7 de enero por la noche si hay ruido se pueden escuchar los gritos de la madre llamándoles, y dicen que si subes esa noche a la Piedra Caballera, el monstruo te mata.
Concurso de leyendas: El Hombre del Saco
En un rincón al sur de España existía un pueblo llamado Villariego, rodeado por montañas altas y caminos polvorientos. En ese pueblo los inviernos eran fríos y las noches muy silenciosas. Las abuelas contaban que cuando la niebla del monte bajaba, cubría las calles y eso era una señal de que el Hombre del Saco estaba cerca.
En el siglo XX, una familia humilde y buena vivía en aquel pueblo. Había una mujer que se llamaba Sofía y su hijo Mateo. Sofía era una mujer viuda. Mateo era un niño curioso y muy travieso. Sofía, muy cansada y agotada, siempre le amenazaba con la misma advertencia que le dieron sus padres:
—Si no te portas bien, el Hombre del Saco vendrá a por ti y te llevará a su guarida secreta y nunca saldrás de ahí por el resto de tu vida.
Mateo, burlándose y riéndose, dijo que era mentira y que esa historia solo sirve para contársela a los niños para asustarlos y que era una historia de viejos.
El 20 de abril de 1920, Mateo decidió salir con sus amigos a jugar al fútbol. Quedaron todos a las cinco en punto de la tarde en la plaza. Cuando llegaron, se fueron todos juntos al parque, donde se encontraron con los abusones del pueblo.
—¿Podéis dejarnos jugar un momento aquí? —preguntó Mateo.
—Y si no os dejamos, ¿qué me vas a hacer, eh, niño? —dijo un abusón.
—Pues pegarte un puñetazo —respondió Mateo.
—¿Tú a mí, enano? ¡Ja, ja, ja! Ten cuidado, que como te sigas portando mal, el Hombre del Saco va a venir a por ti y te va a llevar —dijo el abusón con tono serio.
—Eso no lo creo, nuestros padres nos dicen eso para que nos portemos bien. Además, si viene el Hombre del Saco te llevaría a ti —dijo Mateo muy seguro.
—¿Ah, sí? ¿Y si lo comprobamos? —dijo el abusón.
—¿Cómo? —dijo Mateo, nervioso.
—¿Ves esa montaña? Pues ahí está la guarida del Hombre del Saco —dijo el abusón.
—¡Que no me lo creo! ¡Además, el Hombre del Saco es un tonto y no existe! —gritó Mateo.
De repente, se hizo de noche y bajó toda la niebla. Todos sus amigos y los abusones desaparecieron y todo el mundo también, solo quedaba Mateo. Mateo, asustado, empezó a llorar y a gritar. De repente, se empezaron a escuchar unos pasos que iban hacia Mateo. Mateo empezó a correr, pero se tropezó y un hombre con cuerpo de saco y un saco atrapó a Mateo. Mateo empezó a gritar pidiendo ayuda y en ese mismo instante recordó la pelea que tuvo con su madre aquella mañana y todas las cosas malas que había hecho. Entre lágrimas, Mateo dijo:
—Perdón, mamá.
Concurso de leyendas: La princesa mora de Aldeanueva
Cuenta la leyenda que en Aldeanueva de la Vera en la época de la Reconquista había una princesa mora muy guapa y hermosa llamada Zoraida. Zoraida estaba prometida a un noble musulmán, pero en realidad estaba enamorada de Gonzalo, un joven cristiano. Zoraida y Gonzalo se escapaban al bosque para estar juntos y que no los viese nadie y hablaban de cómo escaparse juntos, ya que sus padres estaban en guerra. Una noche, mientras estaban juntos en su lugar secreto, el prometido de Zoraida los pilló juntos y se lo dijo al rey moro (su padre). Su padre prohibió la relación y encerró a la princesa en una torre del castillo y mandó capturar a Gonzalo y lo sentenció a muerte. Al ser asesinado su amante, la princesa se tiró desde la torre para reunirse con su amado en la muerte, y cayó en la garganta de San Gregorio.
Se dice que en las noches de luna llena se puede ver el espíritu de la princesa cerca de las ruinas del castillo y vagando por el bosque, llorando en busca de su amado perdido. Desde hace siglos, algunos habitantes del pueblo aseguran haber oído sus lamentos, aumentando la leyenda y el misterio.
Concurso de leyendas: El colibrí de jade
Hace mucho tiempo, en un valle escondido entre montañas, vivía una chica llamada Alba, que era bondadosa y tenía un don para hablar con los animales. Un día, el sol desapareció. El valle se cubrió de oscuridad y las plantas empezaron a morir.
Los sabios dijeron que el dios del Sol estaba dormido y triste porque los humanos no daban gracias por su luz. Alba, desesperada por salvar a todos, subió sola a la montaña sagrada, llevando una flor en la mano.
En la cima encontró una cueva que brillaba, protegida por un colibrí de jade. El colibrí mágico habló:
Solo alguien de espíritu limpio puede despertar al Sol. Debes ofrecer lo que más quieres.
Alba, sin dudar, ofreció su voz, con la que cantaba desde que era pequeña. El colibrí la tocó con su pico, y su voz voló hacia el cielo convertida en luz. El sol despertó y el mundo se iluminó.
Desde ese día, cada amanecer se oye un zumbido entre las flores. Es el colibrí de jade recordando el canto de Alba. Y se dice que si una persona de espíritu limpio intenta escuchar al colibrí, entenderá el idioma de la naturaleza.
Concurso de leyendas: El Paseo (Rosalejo)
En mi pueblo hay una leyenda urbana muy popular llamada El paseo. Le pusieron ese nombre porque hace bastantes años iba una familia en un coche rumbo a sus vacaciones, y cuando iban por el lado del paseo, una criatura extraña se les cruzó, provocando un terrible accidente en el paseo.
Se dice que desde entonces cada vez que pasas de noche por el paseo sobre las once de la noche una criatura parecida a un perro se te cruza, provocando un accidente si vas en coche, o si vas andando te devora desde los pies a la cabeza.
Hace un tiempo, mi abuela me contó que cuando ella era joven iba con sus padres y sus hermanos cuando a esta criatura se la vio, pero no pasó nada, ya que solo se veía la sombra, pero de lo demás, ni rastro. Desde que mi abuela la vio, no volvió a pasar por ahí.
Algunas personas dicen que es mentira, pero otras dicen que es la verdad. El ayuntamiento de mi pueblo confirmó que fue verdad, ya que lo vieron en la cámara de seguridad.
Mi padre tuvo que trabajar en aquel paseo de noche y me contó que vio a la criatura y cuando volvió a mirar, no estaba.
Concurso de leyendas: La leyenda del halcón
Érase una vez una montaña donde había muchos halcones. Esos halcones no eran normales, tenían patas más fuertes y el pico era como un arma, más fuerte y más grande de lo común.
Uno de los halcones era el líder de la manada, y le llamaban El Terror del Sueño. Su nombre era ese porque atacaba cuando la gente estaba dormida, y si no había nadie vigilando desierto, se comía a las
personas.
Por ese motivo, antes de que la gente se duerma, hay veces que te advierten y te dicen: Si no vigilas, el halcón no desperdicia la comida.
Pero nadie hace caso, piensas que son niños bromeando, pero por la noche desaparecen y pierden por no haber hecho caso.
El halcón avisa, pero si no haces caso, va deprisa a por ti.
El halcón es de color negro, marrón y amarillos el pico y las patas. Si no lo ves venir, puede que vaya a por ti.
El halcón siempre ataca por los lados que no miras, así que hay que estar atento o si no, te comerá.
Concurso de leyendas: La casa del doctor
Corrían los años setenta. En un pequeño pueblo llamado Navalmoral de la Mata ocurrió un suceso que nadie ha olvidado. Todo comenzó en la casa del doctor Álvaro Pérez del Monte.
Era una noche fría y oscura cuando un asesino interrumpió la paz de la casa del doctor a medianoche. Y lo que antes había sido un lugar calmado acabó siendo una masacre que terminó con la familia del doctor. Sin embargo, las pobres almas de aquella familia quedaron atrapadas para siempre en la casa. A partir de ahí, sucesos paranormales empezaron a tener lugar en esa vivienda: se escuchaban gritos desde el interior de la casa, golpes extraños, y a veces se podían ver caras asomadas a las ventanas del domicilio.
La historia comienza con la llegada de una familia a aquella casa. Eran una madre, un padre y dos hijos de seis y ocho años. Se acababan de mudar al pueblo y estaban muy contentos con la nueva vida que iban a comenzar en aquel acogedor lugar.
Nada más entrar por la puerta, una suave brisa les recorrió por la casa y un siniestro escalofrío les recorrió la columna vertebral, pero pensaron que ese escalofrío se debía a los nervios por ver su nueva casa.
Pronto se instalaron en la tercera planta de la casa. Las dos primeras noches las pasaron sin ningún problema. Sin embargo, a la tercera noche todo cambió. El reloj marcó las doce de la noche, y en ese justo momento, risas espeluznantes comenzaron a oírse por la casa. Comenzaron a sonar golpes y la sombra de un hombre con sombrero y maletín comenzó a pasearse por la casa. A la mañana siguiente, la primera familia abandonó la casa con rapidez.
La segunda familia estaba formada por una madre, un padre y dos hijos mellizos de doce años. Acababan de mudarse al pueblo, y como la otra familia, estaban ansiosos por vivir en ese lindo lugar. Se instalaron en la casa, y la historia comenzó a repetirse. Las dos primeras noches las pasaron sin ningún problema, pero a la tercera noche todo cambió. El reloj marcó las doce de la noche, y justo en ese momento en el pasillo aparecieron las sombras de dos niños decapitados, y un brazo comenzó a aparecer a través de la ventana del salón. A la mañana siguiente, la segunda familia abandonó la segunda planta de la casa con rapidez.
La tercera familia llegó al cabo de un año. Se acababan de mudar y tenían ganas de empezar su nueva
vida. Se instalaron en la casa y todo volvió a suceder. Las dos primeras noches las pasaron sin problemas, pero a la tercera noche, al marcar el reloj las doce de la noche, los gritos de una mujer llenaron toda la casa y todos los cajones comenzaron a abrirse. Al día siguiente, la familia abandonó la familia abandonó la primera planta.
Desde entonces, nadie ha intentado volver a entrar ni mudarse a aquella casa para no molestar a los
fantasmas de la familia.
Concurso de leyendas: La casa de las ventanas abiertas
En una montaña donde el viento soplaba había una casa antigua con todas sus ventanas siempre abiertas, sin importar el tiempo que hacía. La gente no recordaba cuándo se construyó ni quién vivió allí por última vez, pero las personas decían que la casa estaba viva.
La leyenda contaba que en esta casa vivió una chica llamada Lucía. Era una chica amable y arreglaba la ropa a la gente. Decían que no solo podía arreglar ropa, también apoyaba a la gente, fuera cual fuera su problema.
Cada vez que alguien sufría una pérdida o se sentía solo, Lucía lo recibía con las ventanas abiertas como un símbolo de confianza, por grande que fuera el problema.
Con el tiempo, la gente dejó de ir. Y Lucía envejeció, esperando visitas que ya no llegaban. Una noche, se fue, dejando la casa exactamente como estaba: con las ventanas abiertas, como si su alma todavía siguiese así.
Desde entonces, cada vez que alguien pasaba por la montaña, juraba oír pasos. Dicen que si entras en la casa, la casa te trata como si Lucía estuviese ahí, y al salir, algo dentro de ti se siente un poco mejor.
Y así, la casa sigue allí; no como una simple casa antigua, sino como un corazón con ventanas por donde entra y sale la vida.
Concurso de leyendas: Annotatio (anochecer)
En el siglo V en Valparaíso unos monjes encontraron un libro encima de un pedestal. En el libro ponía Liber Inferni, 'Libro de los infiernos'. Allí decidieron construir un monasterio para que no ocurriese nada malo con él.
Algunos monjes tenían que quedarse por las noches para vigilarlo. Solían quedarse tres, pero una mala noche de tormenta solo pudo quedarse uno. Este monje sentía curiosidad por ver el libro que durante tanto tiempo no le dejaron tocar y ni siquiera mirar. Aprovechando que estaba solo, abrió aquella misteriosa puerta. Esta conducía a un largo espacio de oscuridad y penumbra, pero al fondo se vislumbraba una luz cuya potencia era sorprendente. Siguió caminando hasta llegar a aquel lugar. De pronto, se abrió misteriosamente el libro, el monje lo miró y el mal y la locura impregnaron su alma. Por suerte, nadie más estaba allí, porque de ser así nadie habría sobrevivido. Entonces el monje escuchó una voz lejana que le decía Cada anochecer, la locura volverá a nacer, y lo repitió una, otra, otra y otra vez, hasta amanecer, consiguiendo así la máxima locura del monje.
A la mañana siguiente, el abad aseguró a los monjes que al anochecer unos peregrinos de un pueblo cercano se confesarían ante el prior, o a quien nosotros conocemos como el monje loco. Aquel anochecer, el prior se sentó en su confesionario y los peregrinos fueron entrando uno a uno. Los ojos del monje se volvieron azules, más claros, más, más... blancos. El monje con un cuchillo los montaba según entraban.
Pared blanca y suelo rojo, dice el autor.
No se volvió a saber nada del prior, pero cuentan que al pasar por las ruinas de este monasterio al anochecer, se puede escuchar La locura volverá a nacer.
Concurso de leyendas: La leyenda de la Fuente de la Bamba
Esta es una leyenda urbana del pueblo de Navalmoral, y dice que un soldado musulmán cansado, herido y hambriento, decidió parar en un pueblo para descansar y en sus afueras vio a un gran cordero negro, al que siguió debido a su hambre, para intentar cazarlo. Este huyó hacia el bosque, y el soldado se halló perdido de nuevo. Por los alrededores estuvo vagando durante días, hasta que encontró un lugar en el que había una fuente, entre la maleza. Allí estaba una muchacha ,que le dio de beber y le enseñó el camino de vuelta al pueblo, donde se quedó a vivir, y al cabo de un año se casaron.
Por eso, se supone que aquel que beba de la fuente volverá al pueblo, y si es otra persona la que le da de beber, se acabarán casando al cabo de un año.