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lunes, 6 de junio de 2016

Dix choses que Marina Moreno déteste


manger des lentilles
qu'on touche mes cheveux
avoir des mauvaises notes
les cheveux courts
ronger mes ongles
jouer au basket
le bruit de la rue
les chiens et les chats
qu'on me raconte des mensonges
la musique classique

sábado, 14 de diciembre de 2013

Concurso de sueños: El Perro Amarillo


Una vez cuando era pequeño mi tía me regaló un huevo Kinder. Como ya había cenado, mi madre no me dejó comérmelo. Yo estaba muy impaciente por comérmelo y ver qué regalo había dentro, así que me fui a la cama y lo puse en mi mesilla para comérmelo cuando me despertase la mañana siguiente.

Esa noche soñé que me regalaban un huevo Kinder y cuando lo abrí, dentro había un perro amarillo que andaba dándole cuerda, como a los juguetes antiguos. Me lo guardé en el bolsillo y cuando lo saqué en mi habitación le di cuerda y el perro amarillo empezó a andar y se transformó en un perro de verdad.

No estaba en un lugar concreto, pues algunas veces me encontraba en mi habitación, otras veces en el patio de la guardería a la que iba cuando era pequeño, otras veces bajo un árbol, alrededor del cual el perro corría mientras mi hermana y yo lo perseguíamos.

El perro era un simple juguete de cuerda, pero cuando lo sacaba y le daba cuerda se convertía en un perro de verdad, amarillo con dos manchas negras alrededor de los ojos. Su tamaño variaba, pues algunas veces cuando jugaba con él y le daba cuerda se convertía en un perro gigante, tanto como para poder montarme encima como si fuese un caballo, otras veces era del tamaño de un perro normal y otras era tan pequeño que podía guardármelo en el bolsillo.

Una vez, cuando lo iba a sacar para enseñárselo a mis amigos, me di cuenta de que no estaba en mi bolsillo y fui a casa para buscarlo. Cuando llegué a casa, le pregunté a mi madre si había visto el perro de juguete que me había tocado en el huevo de chocolate y ella me dijo que se lo había regalado al hijo de una amiga suya, que había estado en mi casa.

Yo me puse a llorar y me desperté. Cuando me desperté, pensé que todo aquello había sido real. Vi el huevo Kinder encima de mi mesilla y lo abrí para ver si estaba dentro el perro amarillo, pero no estaba. Me di cuenta de que aquello había sido un sueño.

Concurso de sueños: El Concurso Extravagante


Llegué a casa y me tiré en la cama, pronto cerré los ojos y soñé lo siguiente: yo estaba en la plaza de mi pueblo, la cual tenía una fuente en el medio con formas florales y a un lado de la plaza había un escenario, con suelo de tarima y una manta roja que tapaba los barrotes que lo sostenían.

Allí se estaba celebrando un concurso. Lo más extraño era que el concurso era de gatos, pero no por su belleza se elegía al ganador, sino por su extravagancia. De los que recuerdo, unos tenían colores que no había visto nunca en un animal, otros tenían paraguas por cola, algunos tenían tres ojos. Lo que más me llamó la atención fue el ganador, era una mezcla entre gato y dragón, tenía alas, echaba fuego por la boca y su piel era escamosa.

Más tarde, empezó la recogida de premios, que fueron estos: el primero, el segundo y el tercero se llevaron un gato de oro, uno de plata y uno de bronce, respectivamente. Lo más raro fue que estos se movían, es decir, que eran gatos bañados en estos tres metales.

La verdad es que yo no sabía que hacía allí, pero cuando me di cuenta, no me lo creía: ¡yo también era un gato! Me miraba de arriba a abajo y no me lo creía, pero yo era el único normal, o por lo menos eso creía, y si no lo era  no lo descubrí, porque cuando me di cuenta un perro de raza grande entraba en la plaza, todos echamos a correr, aunque le superábamos en número. Cada vez corría más y yo me encontraba exhausto y cuando me alcanzó y veía mi final, delante de esa boca con dientes como cuchillos, ¡me desperté!

Había tenido sudores fríos toda la noche según mi madre, pero de todas formas me obligó a ir al instituto y ahora estoy escribiendo esto para mi profesor de Lengua.