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viernes, 8 de febrero de 2013

Diez mujeres y el amor


Lo prometido es deuda. Aquí van las voces de diez mujeres que hablan del amor y del deseo.

1. Te amo… ¿Por qué me odias?
—Te odio… ¿Por qué me amas?
Secreto es este el más triste
y misterioso del alma.

Mas ello es verdad… ¡Verdad
dura y atormentadora!
—Me odias porque te amo;
te amo porque me odias.

2. ¡Todo vino por ti!, porque tus manos lentas
ciñeron brevemente mi carne estremecida,
porque al rozar mi cuerpo
despertaste una flor que trae la primavera.

3.  ¡Ay!, si ya no estuvieras,
con qué hondura y qué fuerza
de marea salobre te querría.

4. La gloria en mi nombre
y el amor en tus manos
encontré sin buscarlos.

5. Si yo me muero,
no te eches toíta la culpa,
que eso no es cierto, 
que también ha influido 
que hizo mal tiempo. 

6. Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso
que no me canso nunca de escucharlo.
Repíteme otra vez que la pareja
del cuento fue feliz hasta la muerte,
que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera
se le ocurrió engañarla. Y no te olvides
de que, a pesar del tiempo y los problemas,
se seguían besando cada noche.
Cuéntamelo mil veces, por favor:
es la historia más bella que conozco.

7. Comprenderás mi hastío en lo que a ti se refiere.
Tu nombre ya no existe en mi agenda o mi vida.
No sé si habrás cambiado en los últimos años,
aunque algunos amigos de lengua viperina
me cuentan que tu novia acaba de dejarte
y que para olvidarte se ha largado a la India,
que has cambiado de piso, de teléfono y de coche,
de aspecto y de oficina, pero no de aficiones:

frecuentar los burdeles y llorar largamente
por lo mal que te tratan la vida y las mujeres.

8. Cuando una tiene sangre de ramera,
brutal desprecio hacia la mayoría,
tendencia a decir no a todo consejo
e inclinación al mal por el mal mismo,

no podría ser casta aunque quisiera,
integrarse en la masa no podría
y sin conseguir nada se hará viejo
quien intente apartarla del abismo.

9. Si sé
cuándo es tu llave la que abre mi puerta,
abrir el balcón al aire o cerrarlo al ruido,
cuándo callar, si guardar tu silencio
o compartirlo, cuando ya no
y cuando todavía

Y no lo tengo medido

¿Por qué no logra mi voz,
cuando dan fin a un bolero,
desapego de tu amor?

10. A coces de pureza,
comiendo selva y vientre,
así dejaba yo que entraras,
y me dolías
como a los árboles aún verdes
que los toquen.