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martes, 9 de enero de 2018

Vi Concurso de Sueños: Le Rêve de Mathias

LE RÊVE DE MATHIAS 
Dans son rêve, Mathias, un adolescent de 17 ans habitait à Nice avec 
sa mère et son chien.
Il faisait des œuvres artistiques. Il voulait être artiste comme
son père.
Puis, tout à coup, il a décidé de vendre ses œuvres dans la rue. 
En avril il s’est présenté à un concours et il l’a gagné.
Il voyait tous les jours des offres de voyages alors, 
une semaine après il a acheté un billet d’avion et il est parti à NY.
Avant de partir sa mère lui a donné une montre qui était à son père, 
un pinceau et une plaque professionnelle.
Ensuite quand il est arrivé, il a monté les escaliers 
de son appartement, puis là-bas sa nouvelle vie a commencé.
Il a gagné beaucoup d’argent.
À la fin de son rêve, il était très riche.
C’est là qu’il s’est réveillé !

Minerva, Inés et Alba
1ºBach

Vi Concurso de Sueños: Notre Rêve

NOTRE RÊVE
Dans mon rêve, j´étais dans la rue avec mon chien.Resultado de imagen de perroImagen relacionada
J´étais en train de promener le chien. Resultado de imagen de extraterrestres animados
Puis, tout à coup un clown est apparu dans la rue.
Alors, le chien a mordu le clown à la jambe.
Puis, il s´est transformé en un horrible 
extraterrestre.
Et il a fui avec un vélo propulsé par un aspirateur.
L’extraterrestre s´est écrasé sur la fenêtre
À la fin, sa mère les a découverts et les a tués 
avec le balai.
C’est là que je me suis réveillé!

Elena R. et Alberto L.
1ºBach.

miércoles, 8 de junio de 2016

Las diez cosas que más odia en el mundo Esther Almoharín

ç
Bueno con este pequeño relato, voy a contar las diez cosas que más odio en la vida.

Sonó el despertador, cogí mi teléfono de la mesilla y observé que aún eran las siete y media de la mañana.

1ª cosa que más odio en este mundo: El estúpido despertador.

No sabía en qué día de la semana estaba, pero como había sonado el despertador, supuse que era día de instituto. Me levanté de la cama con mucho sueño y me vestí rápidamente; por suerte tenía la mochila del instituto hecha del día anterior y no tendría que hacerla. Cogí la mochila que estaba tirada en el suelo y bajé a la cocina para prepararme unas tostadas con mantequilla. Puse la radio y me tomé las tostadas con tranquilidad, miré el reloj de nuevo y vi que eran las ocho y diez, si quería llegar con tiempo al instituto tendría que haber salido ya, porque vivía a quince minutos del instituto caminando. Cogí el móvil que había dejado encima de la mesa de la cocina y salí por la puerta. No entré a la habitación de mis padres aquella mañana porque supuestamente se tendrían que haber ido a trabajar, normalmente no están es casa cuando yo me despierto porque se van a trabajar muy temprano. Tras quince minutos caminando, llegué a la puerta del instituto, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que no había nadie. Miré el teléfono de nuevo y comprobé la hora, eran las ocho y veintisiete, normalmente a esa hora, ya había gente en el instituto pero ese día no había ni un alma. Me senté en la verja del instituto, no pude entrar porque estaba cerrada. ¿Cómo se supone que voy a entrar al instituto si la verja está cerrada?

2ª cosa que más odio en este mundo: No poder gritar en medio de la calle, os juro que en más de una ocasión lo habría hecho.

Al rato de estar esperando en la puerta del instituto como una idiota sonó mi teléfono, vi con estupefacción que se trataba de mi madre, y era raro porque normalmente tenía mucho trabajo por las mañanas y no me llamaba hasta el mediodía. Mi madre dijo:
—Hija, ¿dónde estás? ¡Te estoy buscando por toda la casa!
—Mamá, y ¿dónde quieres que esté? Estoy en el instituto. Hoy tengo clase, no sé si te acuerdas…
—¿CÓMO VAS A TENER CLASE SI HOY ES SÁBADO?

3ª cosa que más odio en este mundo: Equivocarme de día de la semana. ¿Por qué soy tan estúpida?

—¿Es que acaso hoy es sábado?
—Pues claro, Emma. ¿Qué día creías que era?
—Pues… pues… pues pensaba que era un día de instituto, me ha sonado el despertador a las siete y media.
—Será que se te olvidó desconectarlo ayer, Emma.

4ª cosa que más odio en este mundo: No desconectar el dichoso despertador el viernes por la noche.

—Está bien mamá, ahora voy a casa.
—Hasta ahora, hija.
Me levanté del lugar donde estaba sentada y me encaminé de nuevo hacia mi casa. Al rato de estar andando, escuché mi nombre y me giré. Allí estaba Marcos, uno de los chicos más populares, guapos e inteligentes del instituto, y mi amor secreto. Me dedicó una gran sonrisa y luego se acercó a mi corriendo, yo me quedé paralizada y sonriendo como una boba.

5ª cosa que más odio en este mundo: Quedarme paralizada y con cara de boba. 

Marcos empezó a hablar:
—Hola, Emma, ¿Cómo tú por aquí tan temprano? ¿Y por qué vas con la mochila del instituto?
—Hola Marcos. Vas a pensar que soy una idiota, pero es que pensaba que era lunes y he venido al instituto.
Me quedé sonriendo, esta vez con una bonita sonrisa y esperé su contestación, rezando para que no se riese de mí, dadas las circunstancias.
—¿En serio? Nunca había escuchado que a nadie le hubiera sucedido eso, pero es que Emma, de verdad, tienes unas ocurrencias…
Empezó a sonreír de nuevo y luego ambos empezamos a reír, en verdad era una estupidez lo que me había pasado. Entonces dije:
—Bueno, Marcos, me voy a casa, que ya bastante he andado esta mañana -lo dije con una sonrisa para no parecer grosera.
—Si quieres te acompaño, me apetece dar un paseo, y si es con compañía, pues mejor.
—Si te apetece, claro que me puedes acompañar, pero ¿de verdad que no te importa?
—Claro que no me importa. Entonces ¿qué? ¿Nos vamos?
—Claro —nos sonreímos mutuamente y empezamos a andar hacia mi casa. Como es normal dije varias tonterías durante el trayecto pero como es normal también, Marcos no se molestó. Al rato, llegamos a mi casa y saqué las llaves, mientras tanto dije:
—¿Te apetece quedarte un rato? Si quieres, te presento a mis padres y tomamos algo.
—No quiero molestar, ¿a tus padres no les importará?
—Por supuesto que no, Marcos, eres mi amigo, a mis padres les dará igual.
—Entonces… claro, me quedaré un rato -me dijo con una sonrisa.
Entramos y pegué un grito avisando de que ya había llegado. Mi madre acudió al instante y se quedó petrificada al ver a Marcos en casa; si soy sincera, nunca había llevado a un chico a casa, y no me extrañó para nada que se quedara boquiabierta, pero lo que sí me extrañó y avergonzó al mismo tiempo, fue lo que dijo a continuación:
—Hola, Emma. ¿No nos presentas? -dijo con una sonrisa.
—Claro, mamá. Eeeeeh… esta es mi madre, Marcos. Mamá, este es Marcos.
Marcos sonrió rápidamente y se apresuró a dar la mano a mi madre en señal de respeto.
—Encantado, señora, Emma me ha hablado muy bien de usted.
—Ojalá pudiera decir lo mismo, pero es que como Emma nunca trae a chicos a casa, pues no habíamos coincidido nunca, ¿verdad, joven?
—Pero, mamá… —dije en un susurro mirando a mi madre con cara de psicópata—.  Vamos al salón, Marcos —le dije a él, ignorando lo que acababa de decir mi madre.

6ª cosa que más odio en este mundo: la preciosa voz de mi madre, desde aquel preciso momento. 

Cuando llegamos al salón, mi hermana Alba estaba sentada en el sofá viendo Master Chef y cuando le dije que se marchara, que estaba con un compañero de clase, me contestó:
—Vaya, hermanita. ¿Es tu novio? Nunca lo habías traído a casa.
—¿Pero qué dices, Alba? Anda, vete con mamá, que te está buscando.

7ª cosa que más odio en este mundo: que mi hermana se inmiscuya en mis asuntos, y encima diga estupideces en voz alta. 

Marcos y yo nos sentamos en el sofá y yo me levanté a por un café con leche para mí y un café solo para él. Estuvimos hablando una hora de diferentes cosas, de nuestros gustos nuestras aficiones, etc. Y cuando parecía que todo era perfecto, oímos un grito de la cocina:
—¿CÓMO QUE UN CHICO ESTÁ EN MI CASA A SOLAS CON MI HIJA? -era la voz de mi padre.

8ª cosa que más odio en este mundo: los gritos tan maravillosos de mi querido padre. 

Al instante vimos aparecer a mi padre hecho un energúmeno diciendo:
—Hola.
Marcos se levantó y dijo:
—Hola, señor. Mi nombre es Marcos, soy un amigo de su hija.
—Bueno, yo os dejo solos, ya que veo que eres todo un caballero, no desconfiaré de vosotros dos. Adiós hija.
—Gracias, papá, adiós.
Nos volvimos a sentar en el sofá y encendimos la televisión, con un ligero movimiento, Marcos puso su brazo en mi espalda, quedando abrazados inmediatamente. Yo me sonrojé, pero no me moví. Justo cuando más cómodos estábamos y más arrimados nos encontrábamos, alguien entró en el salón carraspeando ligeramente. Marcos apartó rápidamente el brazo y yo me aparté de él con cierta brusquedad. Nos dimos la vuelta y vimos que era mi madre que estaba en el umbral de la puerta.

9ª cosa que más odio en este mundo: Las interrupciones, pero no las interrupciones normales, sino las de mi madre. 

Marcos, incómodo por la situación, dijo:
—Bueno, Emma, yo casi que me marcho.
Yo, incómoda también dije:
—Sí, sí, va a ser lo mejor, te acompaño a la puerta.
Los dos sonreímos y nos dirigimos a la salida, abrí la puerta y la cerré detrás de mí, cuando estuvimos a solas le dije:
—Marcos, de verdad que lo siento, mis padres pueden resultar muy molestos cuando se lo plantean.
—No te preocupes, Emma, mis padres son igual, algún día los conocerás y… ya verás, son un caso perdido.
Ambos sonreímos y me acerqué a él para despedirme, pero como Emma tenía que meter la pata, me tropecé con mis propios pies y quedé tumbada completamente en los brazos de Marcos.

10ª cosa que más odio en este mundo: Ser tan horripilantemente patosa. 

Nos quedamos a apenas unos centímetros, en los que él se acercó poco a poco buscando mis labios, yo tampoco me negué a que los encontrara y acabaron juntándose. Fue un beso… ¡A mi estilo! Pero fue el mejor beso de mi vida.

FIN

jueves, 4 de junio de 2015

Diez cosas que odia Minerva Logrosán


1. Que mi madre siempre me prepare la ropa que no me gusta.
2.. Estudiar el último día.
3. Que mi perra no me obedezca.
4. Que mi hermana se ponga mi ropa.
5. Irme al pueblo un día de diario.
6. Que mi padre no me recargue el móvil.
7. Quedar con una amiga y que luego no venga.
8. Venir de un sitio y que mis padres no estén en casa.
9. Que mi hermana me eche las culpas y me regañen a mí.
10. Que mi madre no me escuche cuando la hablo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Concurso de sueños: Un Día Extraño


Uno de los sueños más raros y emocionantes que he tenido ha sido el que ahora voy a contar. Un día estaba en la playa con mi familia, era verano y hacía un tiempo estupendo para disfrutar del sol. La gente se bañaba, jugaba y reía. Mi familia se fue a dar un paseo y yo me quedé disfrutando del estupendo sol y de la tranquilidad. De repente, el cielo empezó a nublarse y las olas a alborotarse. La gente gritaba. Me levanté y miré a mi alrededor: el mar había succionado a toda la gente y el agua había desaparecido. Me encontraba sola, tenía miedo, no sabía qué hacer. Cuando estaba entrando en la desaparición, escuché la voz de mi madre que me llamaba. Gracias a Dios, todo había sido un sueño.

Concurso de sueños: El Perro Amarillo


Una vez cuando era pequeño mi tía me regaló un huevo Kinder. Como ya había cenado, mi madre no me dejó comérmelo. Yo estaba muy impaciente por comérmelo y ver qué regalo había dentro, así que me fui a la cama y lo puse en mi mesilla para comérmelo cuando me despertase la mañana siguiente.

Esa noche soñé que me regalaban un huevo Kinder y cuando lo abrí, dentro había un perro amarillo que andaba dándole cuerda, como a los juguetes antiguos. Me lo guardé en el bolsillo y cuando lo saqué en mi habitación le di cuerda y el perro amarillo empezó a andar y se transformó en un perro de verdad.

No estaba en un lugar concreto, pues algunas veces me encontraba en mi habitación, otras veces en el patio de la guardería a la que iba cuando era pequeño, otras veces bajo un árbol, alrededor del cual el perro corría mientras mi hermana y yo lo perseguíamos.

El perro era un simple juguete de cuerda, pero cuando lo sacaba y le daba cuerda se convertía en un perro de verdad, amarillo con dos manchas negras alrededor de los ojos. Su tamaño variaba, pues algunas veces cuando jugaba con él y le daba cuerda se convertía en un perro gigante, tanto como para poder montarme encima como si fuese un caballo, otras veces era del tamaño de un perro normal y otras era tan pequeño que podía guardármelo en el bolsillo.

Una vez, cuando lo iba a sacar para enseñárselo a mis amigos, me di cuenta de que no estaba en mi bolsillo y fui a casa para buscarlo. Cuando llegué a casa, le pregunté a mi madre si había visto el perro de juguete que me había tocado en el huevo de chocolate y ella me dijo que se lo había regalado al hijo de una amiga suya, que había estado en mi casa.

Yo me puse a llorar y me desperté. Cuando me desperté, pensé que todo aquello había sido real. Vi el huevo Kinder encima de mi mesilla y lo abrí para ver si estaba dentro el perro amarillo, pero no estaba. Me di cuenta de que aquello había sido un sueño.

Concurso de sueños: Cortando Zanahoria


Parece increíble, pero esto que voy a contar es un sueño que se me repite desde que apenas tenía cinco años, no siempre, pero muy a menudo. Sueño que estoy en la habitación de mi hermana, ella y yo estamos en un rincón de su cama (que está pegada a la pared) abrazadas, alguien nos apunta con una pistola, y cuando este nos va a disparar, mi padre aparece, se pone delante y le disparan a él. Pero de pronto, la imagen cambia, estoy en mi cama, a oscuras, y alguien me agarra de los pies y me tira de la cama con fuerza, las manos que me agarran me van arrastrando por todo el pasillo, hasta que llego a la cocina, y cuando miro dentro veo a mi madre, de pie, cocinando, e intento pedirle ayuda, pero no puedo. Entonces mi madre me mira, ¿y qué es lo que hace? Nada, absolutamente nada, vuelve la mirada a la zanahoria que estaba cortando y sigue con ella.

Concurso de sueños: La Boca del Cocodrilo


Era de noche y me acababa de despertar, estaba oscuro y me encontraba en mi habitación cuando de repente oí un ruido en la cocina. Al principio no hice caso, pero al ver que los ruidos no cesaban, decidí bajar.

Al llegar a la cocina, estaba mi madre sentada en una silla y no dejaba de mirarme. Al rato decidí entablar una conversación con ella, pero no me respondía. Al ver este suceso, me dirigí a la escalera, pero cuando me disponía a subir el primer peldaño, algo me agarró de la pierna y me tiró al suelo. Asustada, me giré: ¡era un cocodrilo! Grité con todas mis fuerzas, pero mi madre lo único que hacía era mirarme y ver cómo poco a poco entraba en la boca del cocodrilo...

viernes, 13 de diciembre de 2013

Concurso de sueños: El hada Albondiguita


Una vez soñé que era una niña con alas y del tamaño de Campanilla (un hada que mide como una mano). Estaba volando sobre una gran isla cuyos habitantes eran peces que solo sobrevivían con el calor; el coche en el que yo volaba era una gran merluza mágica u nuestro objetivo era salvar a un caracol marino que los peces habían secuestrado.

Yo me llamaba Albondiguita como apodo entre las demás hadas de mi pueblo y estaba a prueba de si un hada gordita podría pasar todo lo que pasaría un hada normal.

En mi aventura llevaba un bolso lleno de patatas fritas de bolsa, ya que eran demasiado finas y las podía usar como flechas. También llevaba una coca-cola para sembrar el pánico con su espuma y por último unos escalofríos de gominolas que utilizaría como bombas para que se asustasen y me diesen a su presa a cambio de que les dejase en paz.

Cuando empecé la aventura nadie confió en mí menos un gran caracol de aire que me dio toda la baba que llevaba guardada para engrasar a Merlucita. Como ves, me llamaban Albondiguita por mi gran imaginación con la comida, ya que me pasaba los días enteros comiendo como actividad de ocio y durmiendo como ejercicio para bajar la comida.

Salí de mi pueblo cargada con mis armas y llevaba a Merlucita bien engrasada cuando horas después divisaba la isla Del Pescado Frio, que es como se llamaba. Empecé con mis planes de ataque como lo tenía pensado, pero para sorpresa mía los habitantes de esa isla se comían las cosas tal y como yo las iba utilizando, agobiada por la situación decidí rendirme y regresar a mi pueblo, pero en ese momento los habitantes de la isla Del Pescado Frito me llamaron y me dijeron que nadie les había hecho una fiesta tan divertida y que a cambio de ello me regalarían lo que mis vecinas habían robado. ¿Qué sería?, me preguntaba una y otra vez, y justo entonces me devolvieron a mi amigo el caracol marino.

Cuando regresé a mi pueblo, todas las hadas se quedaron impresionadas, ya que pensaban que lo que haría antes de llegar a la isla Del Pescado Frito sería comerme todo lo que llevaba por armas, pero se equivocaron y al verme se pusieron tan rabiosas que empezaron a ponerse de mil colores y yo les dije que eran envidiosas y... justo entonces me llamó mi mamá, pero creo que habría sido un gran final.

Concurso de sueños: El payaso aterrador


Hoy concluye (o casi) la fecha de presentación de originales para el concurso de sueños, y aprovechamos para ir subiendo los que ya han llegado al Cofre. Este es el primero.

Como en la convocatoria anterior, todos los lectores del blog que lo deseéis formáis el jurado del concurso. Después de leer cada sueño, os rogamos que le deis la puntuación que os parezca mejor utilizando la escala que aparece al final de la entrada. ¡Que Vds. lo sueñen bien!

*

Era una noche de verano, altas horas de la madrugada. Era noche de tormenta, mis padres sin estar en casa y mi hermana y yo incapaces de dormir. Se escuchaba el motor de una moto por las silenciosas calles. Este ruido iba en aumento, se estaba acercando. Minutos más tarde paró, y escuchamos extraños ruidos, los cuales venían de la cocina. Eran nuestros padres, suponíamos. Fuimos a mirar porque aquellos ruidos seguían en aumento. Al bajar las escaleras nos dimos cuenta de que no eran nuestros padres, era un payaso aterrador. Nos vio y salimos corriendo de casa aterrados. Nos era un tanto extraño, las calles estaban solitarias y oscuras. Volvimos a escuchar el rugir de ese motor, venía a por nosotros. Cada vez se acercaba más y más, cuando de repente escuché una dulce voz que me llamaba. Le pregunté a mi hermana si ella también lo escuchaba, me dijo que no. Empezamos a correr porque aquel motor se acercaba cada vez a más velocidad. Entonces volví a escuchar aquella voz, esta vez con más intensidad. Abrí los ojos y me di cuenta de que todo aquello fue una pesadilla y que aquella dulce voz era mi madre despertándome, para que me vistiera y me fuera al instituto.

martes, 29 de enero de 2013

Concurso de sueños: Visita nocturna (Olga Hernández)


—¿Qué son los sueños? —preguntó un niño pequeño a su abuela.

—Son esas escenas o imágenes distintas unas de otras que se asocian a los sentimientos de una persona y que, al despertar, hay veces que recordamos en parte, pero otras veces, la mayoría, no nos acordamos de lo que hemos soñado.

—Abuela, cuéntame un sueño...

—Dormida en mi cama, como todas las noches, en la oscuridad, cuando era como tú, una niña. Se acercaban a mi cama, las pisadas eran más húmedas cada vez y las notaba más cerca de mí, como si pisaran barro... así de húmedas. Una voz... una espeluznante voz quería adentrarse en mis oídos y hacerlos reventar con su voz terrorífica... Parecía que lo único que quería era deshacerse de mis ojos, de mi voz, de mí... Era la muerte, pero en ese mismo instante mi cama comenzó a temblar, a moverse bruscamente. Estaba soñando, desperté llorando, fui corriendo a la cama de mis padres, mi madre me volvió a llevar a la cama, pero antes de que me dijera algo, me subió un vaso de agua, me tocó suavemente el pelo y me dijo: «Hija, duérmete... solo ha sido un sueño... no te asustes , descansa». Yo le dije que no me apagara la luz pequeña de la mesita que tenía al lado de mi cama. Faltaba un minuto para las cuatro de la madrugada y me prometí a mí misma que cuando diesen las cuatro, cuando sonase el reloj del campanario, apagaría esa luz. Y así, tras transcurrir un minuto bastante intenso, apagué esa luz. Pensé que ese maldito sueño volvería, pero me equivoqué, no volvió.