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viernes, 30 de mayo de 2014

Las 10 cosas que más detesta Irene Rodríguez


Las cosas que más detesto.


        Voy a contaros algo que  seguro os suena a todos, son  las cosas que más detestamos los adolescentes de mi edad, por así decirlo, porque estamos en una edad intermedia, que por cierto es 14 años.

Claramente cada uno tiene distintas cosas que  detesta, aunque hay algunas  que creo que son comunes en la mayoría de nosotros; siempre hay excepciones, pero bueno, creo que yo NO soy una de ellas (jejeje) pues pienso como muchos adolescentes del siglo XXI. Así que tras esta introducción, vamos al grano.

Detesto de lunes a viernes cuando suena ese despertador al que tanto odias, claro que también puede ser peor y que sea la voz de tu madre o padre diciéndote: ¡ya es la hora, levántate  que llegas tarde!, pues eso me hace pensar en que me espera una larga y cansada jornada de instituto en la que tengo que escuchar muchas explicaciones y memorizarlas, en la que me pueden dar una buena o mala noticia de alguna nota,  en la que te fastidien poniéndote un examen que te venga mal o tres exámenes un mismo día…etc. Esto son las cosas malas; hay cosas que son buenas, pero en este caso se trata de poner las cosas que más detesto.

Detesto que los algunos profesores (no todos) no nos escuchen porque piensan y están seguros de que no tenemos razón y te toman como alguien que no sabe nada. Es verdad que nosotros somos los alumnos, que sabemos bien poco de todo y los profesores son los que saben y los que nos tienen que enseñar; pero creo que no siempre tienen razón. Me molesta que los profesores a veces, no siempre, nos manden muchos ejercicios sin pensar que hay otras asignaturas en las que también nos han mandado ejercicios o que puede que tengamos un examen de otra cosa al día siguiente, esto causa que tengamos una tarde noche sin descanso. No es así continuamente, también hay buenos momentos, pero eso no lo soporto.

Tampoco resulta agradable cuando algunos profesores explican algo fatal y pretenden que lo entendamos a la primera y si no lo entendemos se enfadan y empiezan a relatar, puede que sea difícil de explicar pero que no se cabreen. Eso es lo malo, pero no siempre son tan malos por así decirlo, tienen partes buenas.

No llevo muy bien las épocas de exámenes pues me siento bastante agobiada y con mucha presión, ya que es uno detrás de otro.
          Bueno, vamos a dejar el tema ya del instituto porque ya se conoce bastante y vamos a adentrarnos en temas más familiares y personales.

No me gusta que los padres, aunque según ellos es por nuestro bien, se enfaden por las notas que sean bajas, de vez en cuando tienen razón pero normalmente no entienden que hemos hecho lo que hemos podido, o por que les pidas algo (ropa u otras cosillas más o menos necesarias) y te digan que te pasas el día gastando y comprando tonterías o que eres una vaga/o y que te pasas el día colgado del móvil (básicamente del whatsApp) y por todo y por otras muchas cosas, me enfado y no me sientan bien, porque  exageran mucho las cosas y me sacan de mis casillas  aunque la verdad son las personas que más te quieren aunque a veces no te lo demuestren.

No soporto llegar a casa y encontrarme un plato de verduras a la hora de comer, porque la verdura está  asquerosa, aunque supongo que todos no pensaréis igual que yo. Tampoco es de mi agrado encontrarme en la cena pescadito por mucho esmero que pongan en cocinarlo, pero bueno, al final no esta tan mal.

 Me encanta el veranito, pero odio esas temperaturas tan altas en las que te sientes pegajosa y hace un calor terrorífico y no dejas de sudar, claro todo esto si no estás en la piscina o en casa con el aire acondicionado.

No aguanto a las persona  egocéntricas, chulitas o prepotentes, me ponen de los nervios y me sacan de quicio porque a veces aparentan ser mucho y  a lo mejor no son luego nada, hay que ser más humilde.

No soporto tampoco lo mal que está repartido el mundo unos con tanto y otros con tan poco y no lo digo por mí, sino por todas las personas que pasan hambre y los miles y millones que tienen otras personas.

Espero que muchos chicos y chicas se hayan sentido identificado con mis pensamientos y que los compartan conmigo, menos los claramente personales.



Fdo. Irene Rodríguez   


      


jueves, 29 de mayo de 2014

10 cosas que odia Lucía Sánchez

Diez cosas que odio

Os voy a contar diez cosas que no soporto o más bien que odio. Una de ellas es que yo vaya tranquilamente por mi casa descalza y venga mi padre gritándome que me ponga las zapatillas, con lo bien que se va sin nada en los pies. Pues bien, otra de las cosas son aquellas personas que solo te buscan cuando a ellos les interesa, porque están aburridos o porque quieren algo de ti. Más cosas, como por ejemplo el yo estar con mis amigas y que tu querida hermana venga  a interrumpir el momento y tú no poder decir nada a tu madre porque ella es la pequeña y sola se aburre. Y hablando de mi hermana,  eso de que los fines de semana  la dicha anteriormente empiece a realizar sonidos molestos y te despierte, pues no es muy agradable.
Voy a cambiar de hermanas a madres y he de decir que es muy buena conmigo pero el que yo esté estudiando  y entre a mi habitación a decirme algo de por la tarde,  de lo que debo de hacer o lo que no, pues me distrae y pierdo por dónde voy.
Bueno otra de las cosas que tanto odio es que me despierte por las mañanas y vaya al armario y no encuentre los pantalones que quería ponerme, porque estén lavando o en la plancha. Y hablando de ropa, que cuando me compro algo que está a la moda, lo estreno y a la semana siguiente hay eso pero más bonito y más barato, da mucha rabia. 

Cambio de tema y hablo del tiempo: por ejemplo, ahora que empezó a hacer calor todos pensamos que el verano había llegado,  pero no,  otra vez frío. Otra de las cosas por las que odiar al tiempo es que se pase la semana haciendo calor y llega el fin de semana,  en el cual tienes algo previsto, y llueva.
Ahora hablo de las clases, odio esas clases aburridas en las que la profesora explica y explica, es última hora y yo no me entero de nada.
A pesar de todo esto que os acabo de contar, también hay otras cosas que te alegran el día.
                                            Lucía Sánchez Miguel

miércoles, 28 de mayo de 2014

Las 10 cosas más odiadas de Nadia

                                            MIS 10 COSAS MÁS ODIADAS

-La falta de respeto: La personalidad y costumbres de una persona son lo que más tendemos a odiar todo el mundo, así pues la creencia de superioridad que demuestran algunas personas infravalorando a otras es una de las peores cosas que pueden existir.
-Las mentiras: Suele decirse que cuando te mienten lo odias porque te sientes engañado, en mi caso, lo odio porque es renunciar a la verdad, que es de lo que te compones, y por mucho que las adornes y conviertas verdades como puños en mentiras bien contadas que engañan a los demás, nunca te engañarás a ti mismo, y solo te centrarás en lo que piensen los demás, ocultando quién eres, o cómo fueron los hechos de la disputa que tuviste antes de ayer por el mero hecho de quedar bien.
-Las muñecas de porcelana: Siempre son protagonistas en las películas de terror, además tienen una rigidez y expresión antinatural, por lo que no transmiten buenas sensaciones.
-Los días demasiado calurosos: Nos quejamos durante todo el invierno de las tormentas que hay y el frío que hace, pero cuando llega el verano y en pleno agosto son las seis de la tarde y todavía estamos a 40ºC no nos hace mucha gracia, pues no podemos disfrutar de la calle, pero tampoco estamos del todo cómodos metidos en casa achicharrándonos debajo de un ventilador a máxima potencia.
-El desprecio hacia los libros: Hay personas que afirman quedarse dormidos con solo leer una página, pero yo pienso que en verdad no se atreven a seguir leyendo, por si les gusta y terminan siendo motivo de burla de unos pocos necios a los que les pasa lo mismo. Lo que ignora la gente que desprecia los libros es que son una de las únicas formas que tenemos de transportarnos a otra dimensión, escapar de la rutina e incluso viajar en el tiempo; por lo menos, una de las maneras más cercanas y fáciles que tenemos.
-El color rosa chicle: La mayoría de las veces se impone el color rosa como signo de tranquilidad, paz y perfección, pero hay un tono de rosa que realmente puede llegar a ser muy hortera, transmitiendo todo lo contrario a lo anteriormente dicho.
-Los chicles pegados debajo de las mesas: No hay nada mas ordinario y asquerosamente repulsivo que los chicles que pega la gente debajo de las mesas. Existiendo papeleras, la gente todavía no ha encontrado otra distracción mejor durante las clases, la espera en una recepción y cosas por el estilo, que sacarse el chicle de la boca, con babas y todo, y pegarlos debajo de la silla o mesa más cercana a su posición, proporcionándole una desagradable sorpresa a la persona que lo vea.
-Los perros pequeños: La gente suele comprar perros pequeños porque son más cómodos para tener en una casa pequeña, pero solo para los propietarios, porque las demás personas, ya sean vecinos, gente que se encuentran por la calle étc, tienen que soportar los insoportables ladridos que te hacen llegar a pensar que ese dicho perro se ha tragado un silbato y que luego se te quedan grabados en la memoria durante días.
-Las personas manipuladoras: Hay personas tan envidiosas que no tienen otra opción que manipular a la gente de su alrededor para llamar la atención, y por si no fuera poco, culpan a otra persona del disgusto de las personas a las que hace daño.
-La manía de algunas personas de cambiar de sitio tus cosas: No hay nada más estresante y frustrante que el hecho de que alguien que misteriosamente se declara inocente, cambie de lugar tus cosas. Simplemente porque son tus pertenencias y viola tu intimidad, quién sabe si moviendo un libro va a descubrir otra entrada oculta a la cámara secreta de Harry Potter, o lo que es más probable, que necesites algo urgentemente y no lo encuentres.

Nadia Bravo Ponce 2ºESO-B

Diez cosas que Sara detesta

                 DIEZ COSAS QUE SARA DETESTA

1. Que se bloquee la pantalla de mi móvil: algo que me molesta mucho de los smartphones es que parece que se enfadan contigo cuando les mandas hacer varias tareas a la vez. Entonces empieza a vibrar y ya no puedes hacer nada; todo lo que estabas haciendo se pierde y tienes que reiniciarlo.
2. Las personas inmaduras que, con su edad, van por los pasillos del instituto empujando a todo el mundo para abrirse paso; y no solo eso: además, van chillando y, al pasar cerca de tu clase, tenemos que cerrar la puerta porque no podemos continuar explicando la lección, y aún peor si ocurre esto mientras hacemos un examen.
3. La gente que va caminando por la calle, y, cuando pasas a su lado, se interpone delante de ti haciendo que no puedas pasar por tu lado; y todo porque esa persona iba distraída, principalmente, con su móvil.
4. La gente que no sabe respetar a las personas: por ejemplo, cuando un coche lleva la música altísima y para debajo de tu bloque para permanecer allí un buen rato hasta que se va, haciendo que tengas que ponerte unos tapones para no escuchar esa ruidosa música que no te ha dejado estudiar durante ese rato.
5. Las personas que van por la calle o están en el patio del instituto y tiran los envases o envoltorios de su merienda al suelo o entre un matojo de hierba, mientras estamos rodeados de papeleras “vacías”, ya que solo las usan las personas con una mínima pizca de conciencia. Y lo que es peor, cuando un profesor les ve y les pregunta, esa gente nunca reconoce que ha tirado su “basura” al suelo. Lo mismo ocurre cuando vas tranquilamente por la calle sin ninguna preocupación, y de pronto ves a una persona tirar su cigarrillo al suelo, o a otra tirar una bolsa vacía de pipas cuando acaba de pasar delante de una papelera. Eso sí es preocupante, porque no sabes qué pensar, si es simple vaguería o si lo hacen para ver el suelo de la ciudad como un auténtico vertedero lleno de porquerías, por el que no se puede ni pasear sin tener que pisar chicles o ir viendo cómo un envoltorio es arrastrado por el aire unos pasos delante de ti. Y no hablemos de los excrementos de perro. Esa es, sin duda alguna, la cosa más repugnante que puedes observar tú mismo cada día.
6. Y, dejando de lado la sociedad actual, otra cosa que me da un poco de rabia, es llegar un día a tu casa, estando feliz por la nota de un examen, y que te “amargues” la tarde con una buena tanda de deberes de casi todas las materias y que no tengas nada más que un ratito para tus hobbies, como escuchar música o ver la tele, cuando tenías pensado salir a dar una vuelta con un amigo o pasarte toda la tarde viendo series o vídeos graciosos en el ordenador; y entonces te das cuenta de que por culpa de esos deberes, vas a tener que dejarlo para el fin de semana.
7. No soporto la gente que está comiendo cerca de ti y habla mientras come, dejando ver toda su boca llena de comida masticada, y que además ensucia el alrededor al caerse trozos de su bocadillo o lo que contuviese su bolsa de snacks (que posteriormente serán pisados).
8. Odio salir al balcón de mi casa a tomar un poco de aire, y que el vecino de al lado esté también en su terraza y de repente nos crucemos las miradas. Es algo que me incomoda mucho y que hace que tenga que volver a entrar en casa.
9. Detesto que al entrar en un sitio público para ver un acto de cualquier tipo (una peli, una representación teatral, un pequeño concierto, etc) casi siempre tenga que sentarme en el peor sitio (o no sentarme) y ver cómo aquella gente que entra a base de empujones se ha sentado en un buen sitio. Para mí es un fastidio y sobre todo una falta de educación muy considerable por parte de esas personas. Algún día llegaremos a que un responsable de seguridad haga entrar a todas las personas asistentes al acto público en fila y por orden, de uno en uno, como hacen los niños de tres años en la guardería. Sería una falta de dignidad por culpa de personas inmaduras.

10. Me da mucho coraje estar en mi habitación durmiendo o estudiando, y escuchar cada una de las palabras que dice la televisión, como si esta estuviese dentro de mi cuarto, haciendo que tenga que ir a bajar el volumen.   

martes, 27 de mayo de 2014

10 cosas que detesta Cristina Pino

          10 COSAS QUE DETESTO

1. Odio esos momentos de incómodo silencio cuando te dejan a solas con alguien que acabas de conocer y estás pensando todo el rato en qué decir para sacar conversación.
2. Detesto los prejuicios. A pesar de lo que me digan sobre una persona, intento conocerla por mí misma, sin dejarme influenciar por lo que digan los demás .
3. Odio cuando la gente “te corta el rollo” y te hacen sentir como un auténtico idiota aunque tú te lo estés pasando en grande .
4. No me gustan nada esas épocas de exámenes en las que no consigo concentrarme. Mi único recurso para relajarme es morderme los dedos,  al final parece que tengo la lepra y además mi madre no hace más que regañarme, pero no comprende que es un vicio que tengo .
5. Odio esos dibujitos que te dejan en la mesa de clase o en la agenda con corazones y otros mensajes. Eso no me gusta por la simple razón de que el profesor u otro amigo en cualquier momento puede cogerte la agenda y cotillearla, empezando los rumores .
6. Odio las películas de terror porque soy muy miedosa y me asusto por nada. Luego, lo peor es que por las noches me sueño con los personajes y me quedo traumatizada durante varios meses; incluso me da miedo pasar sola por el pasillo cuando es de noche.
7. Odio tener que ir al dentista, ya que le tengo un pánico impresionante desde pequeña.
8. Odio el vértigo que tengo, y que a veces me impide hacer muchas cosas que me gustarían. Me da tanta rabia que me suelo poner a llorar, ya que soy de lágrima fácil.
9. Odio los bichos, me dan mucha grima. Hasta al  hablar de ellos me entran picores por todo el cuerpo .
10. Detesto esos momentos en los que te encuentras entre la espada y la pared con seres queridos. No sé que decir y prefiero callarme para no herir a nadie con mi opinión.

                                             Cristina Pino Lorente

10 cosas que detesta Ana

DIEZ COSAS QUE DETESTO


1. La hipocresía: No me gusta que la gente finja tener creencias, virtudes, sentimientos o cualidades que no tienen. Tú puedes ser más chulo creyendo tener cosas que no tienes, pero no serás tú mismo, será como si tuvieras dos caras.

2. Que una persona me mire de arriba abajo: La gente te desprecia si hace eso, es como si tú tuvieras menos clase que ellos y eso no es así. Cada uno tiene sus cosas, nadie es igual, y mejor.

3. Que me critiquen: Esta sociedad es una mierda, todo lo que haces te lo critican, si vas muy tapada o poco tapada, si eres delgada o gorda, si eres fea o guapa. No hay punto intermedio, encima el que más crítica es el que más tiene que callar. TODOS tenemos errores, no hay NADIE perfecto.

4. La impuntualidad: Si has quedado con alguien a las 8, y vive lejos, lo más normal es que salga de casa un rato antes, no justo a las 8 cuando esa es la hora a la que se ha quedado. Luego llegan tarde y ponen la excusa de que mi perro me había cogido el móvil y no le encontraba o que mi madre me estaba planchando la camiseta. A ver, que no tienes perro y tu madre está en la tienda de enfrente trabajando.

5. Mi pelo: Odio tener el pelo rizado y medio largo, medio corto, yo lo quiero tener liso y largo. A veces he pensado en ponerme una peluca, pero no, no queda tan natural. Tengo en mente en hacerme un alisado que duran 6 meses, pero cuando se acabe lo volveré a odiar.

6. Que la gente comente la película cuando la estáis viendo: Vamos a ver es que no entiendo porque la gente tiene que comentar todo lo que pasa en la película, la estoy viendo, me estoy enterando, no hace falta que tú me lo retransmitas.

7. Que me comparen con otra persona: Cada persona es un mundo y cada una es diferente, no tienes por qué compararle con otra porque seguro que esa tiene también defectos. Eso está más que asegurado, si una persona es guapa y gorda y otra fea y flaca, no las compares, porque tendrán cada una un defecto y una virtud.

8. Que la gente coma con la boca abierta: Esto lo odio por dos razones: la primera porque le veo todo lo que tiene, la comida ahí desmenuzada y mezclada, y la segunda porque se le puede caer y eso sí que lo odio. Así es que si nos crearon con bocas, teneoslas cerraditas al comer y todo el mundo feliz.

9. Las moscas que revolotean en tu oreja y no te dejan dormir: Esto es una cosa que odio bastante, no se puede ir la maldita mosca a revolotear a otro sitio, no, a mi oreja. Hasta que ya te levantas de la cama, vas a por el espray matamoscas, llenas la cama de ello y no te puedes echar porque huele mucho y te puedes intoxicar.

10. Que a alguien le huelan mal los pies: Sí, yo soy a la primera a la que la huelen, pero ya tengo bastante con mi olor como para que venga alguien con el suyo y luego que también le cante el alerón, que ya sí que se monta una fiesta de olores que tiran para atrás y no hay quien vuelva a entrar en esa habitación.

Ana Hernández García 2º ESO B

lunes, 11 de febrero de 2013

Concurso de sueños: Un sueño extraño (Miguel Bermejo)


Un sueño extraño

Era una noche fría de invierno, y estaba dormido en mi cama y aparecí en un bosque. Buscaba rastros de vida y no encontré nada ni a nadie. Y de pronto vi a un lobo corriendo hacia una cueva, le intenté seguir pero el miedo tenía paralizadas mis piernas. Pasado un rato, me dirigí hacia la cueva, a la entrada vi un cartelito en el que ponía RSUN DAMR, y pensé ¿pero qué pone aquí? Intenté averiguarlo, pero nada, parecían letras puestas al tun-tún.

Me adentré en la cueva hasta tal punto de no ver nada, y me encontré con dos túneles. Sin saber por cuál tirar, decidí seguir mi instinto y elegí el túnel de la izquierda. Llegué al final y no había escapatoria. Frustrado, me apoyé en la pared y de repente, sin saber cómo ni por qué, me encontré en una sala diferente repleta de signos, que pensé que eran mágicos.

Cogí una antorcha, fui por el pasillo hacia delante y me encontré con un pueblo lleno de magos, hadas y gnomos. Intenté comunicarme con alguien, pero nadie me entendía. Entonces unos guardas reales me avistaron y empezaron a perseguirme, yo intentaba correr, pero noté que no avanzaba, y me di cuenta de que me habían atrapado en una burbuja.

Me llevaron a una celda mágica, para quemarme en la hoguera. Intenté escabullirme, pero nada, no podía salir. El día que me llevaron a la hoguera, en el momento en el que me iban a quemar, estalló un ruido, apareció un 'flash' en el cielo y se paró el tiempo.

Una maga llamada Firis me salvó de entre las llamas. Me llevó a su casa y yo le estuve dando gracias todo el tiempo. De repente, empecé a escuchar una voz a lo lejos, que decía Hijo mío, ¿qué te pasa? Pasado un rato escuchando esa voz me di cuenta de que era mi madre, me empecé a marear y aparecí de pronto en mi habitación.

Mi madre me abrazó y me dijo que había estado toda la noche con mucha fiebre y que había estado delirando. No volví a soñar con ese mundo ni con Firis. Y aquí acaba este sueño.

Concurso de sueños: La casita del terror (Naiara Toscana)


La casita del terror

Para algunas personas, los sueños son "solo" pensamientos reproducidos en tu mente cuando duermes. Por una parte tienen razón, pero la palabra "solo" sobra. Porque un sueño es más que eso. Un sueño es tu mundo de pensamientos hechos como una película o, mejor dicho, protagonizados como una película. Los sueños pueden ser buenos o malos, cuando son malos adoptan el nombre de pesadilla. Es lo más horroroso que puedes tener en tu mente o que piensas al dormir, y un sueño que tuve lo puede demostrar.

Me dormí sobre las nueve y media. Esa noche soñé que me encontraba en un pasillo oscuro. En él había distintas puertas con nombres que yo era incapaz de descifrar. Empecé a abrir todas las puertas, hasta que me detenía en una. Era una puerta color lila con el signo "NO PASAR". Pero fui ignorante y entré, no hice caso y entré.

Creía que me iba a encontrar con un cuarto, pero no, me encontraba en mitad de un gran bosque. De repente, escuché a lo lejos unas voces muy peculiares, hasta que las vi. Eran cuatro chicas, amigas mías, que venían a hacerme compañía. No sé cómo se enteraron de que estaba ahí sola, pero eso son cosas de los sueños. Además, me sentía más cómoda con ellas a mi lado debido a que estaba más segura.

Empezamos a caminar y caminar hasta que nos topamos con una casita vieja y abandonada. Y ahí estaban unos ojos de color rojo observándome curiosamente. Avisé al grupo de lo que había visto, pero al observar la ventana de la casita, los ojos rojos habían desaparecido. El grupo me tomó por loca.

Los días transcurrían, yo viendo esos ojos rojos mientras las otras me gastaban bromas pesadas acerca del tema, hasta que un día se me ocurrió entrar por curiosidad. Me encontré algo que ojalá no recordase, pero esos sueños... esos sueños no se olvidan. Allí, como salidos de la nada, estaban todos los monstruos que me solían atacar por las noches. Ellos me decían que iba a morir, que este era mi final y que después matarían a mi familia. Yo, llorando de puro terror, entré en una habitación oscura y solitaria. Me acurruqué en un rincón mientras me decía a mí misma que esto era solo un sueño. Pero parecía tan real... que ni yo misma creía lo que decía.

De repente, vi una luz que iluminaba la habitación y delante de mis ojos vi un hada que me miraba con pesar diciendo que me iba a ayudar y que me sacaría de esta casita del bosque. Pero no fue así. Se trataba de otra de mis pesadillas. Salí como pude de la habitación cerrando la puerta en las narices del hada.

Mientras corría de un lado a otro me decía lo tonta que había sido entrando sola en la casita. Deseaba que mis amigas estuviesen aquí, para ayudarme, y de repente, como se hubiese obrado un milagro, mis amigas se encontraban allí, gritando mi nombre. Yo reaccionaba como un rayo e ina con ellas, pero... no las podía coger. Gritando de puro pánico, empezaba a agarrar el aire, teniendo la esperanza de coger alguna mano. Les pedía que me rescatasen, que me sacasen de aquí.

Cerré los ojos y cuando los abrí me encontraba en el bosque llorando mientras mis amigas me cuidaban, preocupadas por mí. Me levanté con ayuda de ellas y me quedé charlando sobre lo que había pasado. Y una cosa extraña era que la próxima vez que volví a la casita, no veía solo los ojos rojos, sino que también vi una frase en la puerta que decía: «Ya sabes lo que pasará si entras». Apenas vi esa frase, mi madre me estaban despertando, preguntándome si estaba bien, debido a que sudaba. Nadie de mi familia me preguntó sobre mi sueño o, mejor dicho, pesadilla.

Concurso de sueños: Mi sueño (Jaime Crespo)


Mi sueño 

Aquella noche me fui a la cama algo tarde, cerca de las 12 de la noche. Tenía bastante sueño y me dormí muy rápido. Al instante abrí los ojos, observé el paisaje y rápidamente me imaginé que aquello era un sueño.

Me encontraba en la época del salvaje Oeste. Enseguida me eché las manos al cuerpo para inspeccionarme. Iba vestido con pantalones negros rasgados, camiseta blanca, chaqueta azul y un sombrero viejo. Además iba armado con dos pistolas. A mi lado, había un bonito caballo blanco. Me monté en él y comencé a galopar.

En 15 minutos llegué a un pueblo pequeño, tenía un aspecto divertido; aquello se debía a que eran las fiestas. Las calles estaban llenas de gente y había diversos espectáculos. Dejé mi caballo en la cuadra y fui a la taberna más cercana. Nada más sentarme en la barra, escuché disparos fuera. Eché un rápido vistazo afuera. Había 4 bandidos, que intentaban saquear el pueblo.  La gente corría desconcertada y aquello era un caos. Miré hacia abajo, desenfundé y me dispuse a contraatacar. Rápidamente salí de la taberna, vi dos blancos fáciles, a los que disparé, recargué y apunté a un tercero.

Ya solo faltaba uno... Miré delante y a los lados, por lo que solo podía estar detrás. Rápidamente me di la vuelta y me tumbé en el suelo y allí estaba él, desafiándome. Disparé lo más rápido posible y justo en aquel momento desperté y lo único que escuché fue a mi madre llamándome para que fuera a desayunar.

Concurso de sueños: Era un bosque (Lucía Rodrigues)


Era un bosque

Era un bosque. Un poco siniestro, pero me gustaba. No estaba asustada, caminaba serena. No tenía un rumbo fijo, deambulaba entre los árboles observando la combinación de colores. De repente, encontré un tronco tumbado y pensé que era un buen sitio para sentarse. La vista desde ahí era espléndida. Me sentía mejor que nunca, y no me hacía falta nada ni nadie. Seguramente para mucha gente no sería un lugar placentero, pero aquel era mi pequeño paraíso. No llevaba mucho tiempo ahí, pero estaría dispuesta a pasar ahí una temporada.

Pero entonces me encontré sola, en mi cama, en mi habitación; y llegaba tarde a clase. Ya en el aula, pensaba en cómo había pasado de estar en un bosque vacío a estar en una clase con otros 29 alumnos. Había un murmullo incesante que levantaba dolor de cabeza. De pronto, el interminable ruido cesó. Todos estaban congelados. Por los pasillos había el mismo panorama. Salí del centro y empecé a dar vueltas por el pueblo, pero ya me aburría tanto asfalto, y me dirigí al monte. Ahí había un bosque un poco siniestro, pero me gustaba. Hasta que no me senté en un tronco no me di cuenta de que aquel era el bosque de mi sueño. Empecé a reír y a saltar como una loca.

Pasaron los años y yo seguía en el bosque donde siempre era invierno, siempre eran las seis y media, siempre había la misma nube con forma de coche, y siempre había la misma ardilla en el mismo árbol. Me estaba cansando del paraíso, y eso me preocupaba. Volví al pueblo, y me di cuenta de que no había nadie. Al menos, nadie vivo. Me derrumbé, pensé en acabar con todo de la forma más fácil, pero era también la más cobarde. Descansaba sola, en mi cama, en mi habitación; y llegaba tarde a clase.

Desperté.

domingo, 10 de febrero de 2013

Concurso de sueños: Pesadilla de una responsabilidad (Alba Fernández)


Pesadilla de una responsabilidad

Ayer por la tarde se fueron mis padres a comprar, y me quedé sola en casa con mis dos hermanos pequeños. Antes de irse me hicieron una y mil advertencias para que no les pasara nada a los peques: no abrir la puerta a nadie, no encender el brasero... Yo tuve en cuenta las advertencias de mis padres y cuando regresaron, mis hermanos y yo estábamos sanos y salvos, por lo que mis padres se quedaron muy aliviados. Estaba muy cansada (¡toda la tarde con esos enredas!) y decidí irme pronto a acostar, para quedarme tranquila de una vez. Al menos esa fue mi idea, pero...

Esa noche soñé que mi hermano Carlos se había perdido. Alguien había llamado a la puerta y él salió corriendo. Yo corrí tras él, pero cuando llegué ya no estaba. Inmediatamente cogí el teléfono para avisar a mis padres, pero el teléfono no funcionaba. Desesperada, cogí de la mano a mi hermana Natalia y salimos a buscarlo por todos los alrededores. Cansadas de buscarle, volvimos a casa para ver si había regresado. En ese momento, apareció un coche de la policía y con gran ímpetu quería contarle que no encontraba a mi hermano, pero por más que me esforzaba no me salía la voz.

Tal era el agobio que sentía que de pronto me desperté. Eran las dos de la mañana. ¡Qué alivio sentí al descubrir que todo había sido un sueño! No obstante, me levanté sigilosamente y fui al dormitorio de mi hermano, que dormía plácidamente. Yo volví a mi cama y tardé en volver a conciliar el sueño.

En ese tiempo en el que me recuperaba del sobresalto e intentaba volver a dormir, pensé que esos sueños tienen mucho que ver con nuestras experiencias y temores, y que cuando algo nos preocupa, no podemos olvidarlo ni en sueños.

sábado, 9 de febrero de 2013

Concurso de sueños: Sueños (Alejandra Prieto)



SUEÑOS

Todos hemos intentado descubrir el verdadero significado de los sueños, ¿no? Siento deciros que solo se puede desvelar por procedimientos especiales, pero, si queréis saber algo más de ellos, aquí tenéis algunos curiosos datos.

Según Sigmund Freud “Soñar nos permite desahogarnos y vivir en un mundo alternante, una vida sin represiones sociales” El psicoanalista también afirma que “Soñar no es solo una desintoxicación, un descanso, sino que es la forma natural de fotografiarnos a nosotros mismos en consciente subconsciente, pasado, presente y futuro, de la historia huma”.

Para los psicólogos soñar es una liberación de la mente. Según ellos, todos los conflictos que vamos acumulando y arrinconando durante el día, por resultarnos incómodo pensar en ellos, es casi seguro que aparecen en nuestros sueños por la noche.

Otro dato curioso es que de todo el tiempo que dedicamos a soñar durante la noche, solo recordamos un 10% y, eso se debe a que aunque no nos demos cuenta, en muchos casos, nuestras mente actúa como si fuera un censor de nuestros pensamientos y sueños pasados, y censura los fragmentos de recuerdos que no cree conveniente actualizar.

Como podrás ver, nuestra mente es un completo enigma, pero que con paciencia, se puede resolver.

¿Y tú, cómo sueñas?

El sueño va unido profundamente con la persona que lo ha soñado. Los sueños son una relación directa de los deseos. Los sueños de los niños son más claros que los de los adultos. En la mayoría de los sueños no se descubre imaginación y fantasía. No solo los humanos soñamos, también lo hacen muchos animales.