lunes, 12 de mayo de 2025

Concurso de leyendas: El colibrí de jade

Hace mucho tiempo, en un valle escondido entre montañas, vivía una chica llamada Alba, que era bondadosa y tenía un don para hablar con los animales. Un día, el sol desapareció. El valle se cubrió de oscuridad y las plantas empezaron a morir.
Los sabios dijeron que el dios del Sol estaba dormido y triste porque los humanos no daban gracias por su luz. Alba, desesperada por salvar a todos, subió sola a la montaña sagrada, llevando una flor en la mano.
En la cima encontró una cueva que brillaba, protegida por un colibrí de jade. El colibrí mágico habló:
Solo alguien de espíritu limpio puede despertar al Sol. Debes ofrecer lo que más quieres.
Alba, sin dudar, ofreció su voz, con la que cantaba desde que era pequeña. El colibrí la tocó con su pico, y su voz voló hacia el cielo convertida en luz. El sol despertó y el mundo se iluminó.
Desde ese día, cada amanecer se oye un zumbido entre las flores. Es el colibrí de jade recordando el canto de Alba. Y se dice que si una persona de espíritu limpio intenta escuchar al colibrí, entenderá el idioma de la naturaleza.

Concurso de leyendas: El Paseo (Rosalejo)

En mi pueblo hay una leyenda urbana muy popular llamada El paseo. Le pusieron ese nombre porque hace bastantes años iba una familia en un coche rumbo a sus vacaciones, y cuando iban por el lado del paseo, una criatura extraña se les cruzó, provocando un terrible accidente en el paseo.
Se dice que desde entonces cada vez que pasas de noche por el paseo sobre las once de la noche una criatura parecida a un perro se te cruza, provocando un accidente si vas en coche, o si vas andando te devora desde los pies a la cabeza.
Hace un tiempo, mi abuela me contó que cuando ella era joven iba con sus padres y sus hermanos cuando a esta criatura se la vio, pero no pasó nada, ya que solo se veía la sombra, pero de lo demás, ni rastro. Desde que mi abuela la vio, no volvió a pasar por ahí.
Algunas personas dicen que es mentira, pero otras dicen que es la verdad. El ayuntamiento de mi pueblo confirmó que fue verdad, ya que lo vieron en la cámara de seguridad.
Mi padre tuvo que trabajar en aquel paseo de noche y me contó que vio a la criatura y cuando volvió a mirar, no estaba.

Concurso de leyendas: La leyenda del halcón

Érase una vez una montaña donde había muchos halcones. Esos halcones no eran normales, tenían patas más fuertes y el pico era como un arma, más fuerte y más grande de lo común.
Uno de los halcones era el líder de la manada, y le llamaban El Terror del Sueño. Su nombre era ese porque atacaba cuando la gente estaba dormida, y si no había nadie vigilando desierto, se comía a las
personas.
Por ese motivo, antes de que la gente se duerma, hay veces que te advierten y te dicen: Si no vigilas, el halcón no desperdicia la comida.
Pero nadie hace caso, piensas que son niños bromeando, pero por la noche desaparecen y pierden por no haber hecho caso.
El halcón avisa, pero si no haces caso, va deprisa a por ti.
El halcón es de color negro, marrón y amarillos el pico y las patas. Si no lo ves venir, puede que vaya a por ti.
El halcón siempre ataca por los lados que no miras, así que hay que estar atento o si no, te comerá.

Concurso de leyendas: La casa del doctor

Corrían los años setenta. En un pequeño pueblo llamado Navalmoral de la Mata ocurrió un suceso que nadie ha olvidado. Todo comenzó en la casa del doctor Álvaro Pérez del Monte.
Era una noche fría y oscura cuando un asesino interrumpió la paz de la casa del doctor a medianoche. Y lo que antes había sido un lugar calmado acabó siendo una masacre que terminó con la familia del doctor. Sin embargo, las pobres almas de aquella familia quedaron atrapadas para siempre en la casa. A partir de ahí, sucesos paranormales empezaron a tener lugar en esa vivienda: se escuchaban gritos desde el interior de la casa, golpes extraños, y a veces se podían ver caras asomadas a las ventanas del domicilio.
La historia comienza con la llegada de una familia a aquella casa. Eran una madre, un padre y dos hijos de seis y ocho años. Se acababan de mudar al pueblo y estaban muy contentos con la nueva vida que iban a comenzar en aquel acogedor lugar.
Nada más entrar por la puerta, una suave brisa les recorrió por la casa y un siniestro escalofrío les recorrió la columna vertebral, pero pensaron que ese escalofrío se debía a los nervios por ver su nueva casa.
Pronto se instalaron en la tercera planta de la casa. Las dos primeras noches las pasaron sin ningún problema. Sin embargo, a la tercera noche todo cambió. El reloj marcó las doce de la noche, y en ese justo momento, risas espeluznantes comenzaron a oírse por la casa. Comenzaron a sonar golpes y la sombra de un hombre con sombrero y maletín comenzó a pasearse por la casa. A la mañana siguiente, la primera familia abandonó la casa con rapidez.
La segunda familia estaba formada por una madre, un padre y dos hijos mellizos de doce años. Acababan de mudarse al pueblo, y como la otra familia, estaban ansiosos por vivir en ese lindo lugar. Se instalaron en la casa, y la historia comenzó a repetirse. Las dos primeras noches las pasaron sin ningún problema, pero a la tercera noche todo cambió. El reloj marcó las doce de la noche, y justo en ese momento en el pasillo aparecieron las sombras de dos niños decapitados, y un brazo comenzó a aparecer a través de la ventana del salón. A la mañana siguiente, la segunda familia abandonó la segunda planta de la casa con rapidez.
La tercera familia llegó al cabo de un año. Se acababan de mudar y tenían ganas de empezar su nueva
vida. Se instalaron en la casa y todo volvió a suceder. Las dos primeras noches las pasaron sin problemas, pero a la tercera noche, al marcar el reloj las doce de la noche, los gritos de una mujer llenaron toda la casa y todos los cajones comenzaron a abrirse. Al día siguiente, la familia abandonó la familia abandonó la primera planta.
Desde entonces, nadie ha intentado volver a entrar ni mudarse a aquella casa para no molestar a los
fantasmas de la familia.

Concurso de leyendas: La casa de las ventanas abiertas

En una montaña donde el viento soplaba había una casa antigua con todas sus ventanas siempre abiertas, sin importar el tiempo que hacía. La gente no recordaba cuándo se construyó ni quién vivió allí por última vez, pero las personas decían que la casa estaba viva.
La leyenda contaba que en esta casa vivió una chica llamada Lucía. Era una chica amable y arreglaba la ropa a la gente. Decían que no solo podía arreglar ropa, también apoyaba a la gente, fuera cual fuera su problema.
Cada vez que alguien sufría una pérdida o se sentía solo, Lucía lo recibía con las ventanas abiertas como un símbolo de confianza, por grande que fuera el problema.
Con el tiempo, la gente dejó de ir. Y Lucía envejeció, esperando visitas que ya no llegaban. Una noche, se fue, dejando la casa exactamente como estaba: con las ventanas abiertas, como si su alma todavía siguiese así.
Desde entonces, cada vez que alguien pasaba por la montaña, juraba oír pasos. Dicen que si entras en la casa, la casa te trata como si Lucía estuviese ahí, y al salir, algo dentro de ti se siente un poco mejor.
Y así, la casa sigue allí; no como una simple casa antigua, sino como un corazón con ventanas por donde entra y sale la vida.

Concurso de leyendas: Annotatio (anochecer)

En el siglo V en Valparaíso unos monjes encontraron un libro encima de un pedestal. En el libro ponía Liber Inferni, 'Libro de los infiernos'. Allí decidieron construir un monasterio para que no ocurriese nada malo con él.
Algunos monjes tenían que quedarse por las noches para vigilarlo. Solían quedarse tres, pero una mala noche de tormenta solo pudo quedarse uno. Este monje sentía curiosidad por ver el libro que durante tanto tiempo no le dejaron tocar y ni siquiera mirar. Aprovechando que estaba solo, abrió aquella misteriosa puerta. Esta conducía a un largo espacio de oscuridad y penumbra, pero al fondo se vislumbraba una luz cuya potencia era sorprendente. Siguió caminando hasta llegar a aquel lugar. De pronto, se abrió misteriosamente el libro, el monje lo miró y el mal y la locura impregnaron su alma. Por suerte, nadie más estaba allí, porque de ser así nadie habría sobrevivido. Entonces el monje escuchó una voz lejana que le decía Cada anochecer, la locura volverá a nacer, y lo repitió una, otra, otra y otra vez, hasta amanecer, consiguiendo así la máxima locura del monje.
A la mañana siguiente, el abad aseguró a los monjes que al anochecer unos peregrinos de un pueblo cercano se confesarían ante el prior, o a quien nosotros conocemos como el monje loco. Aquel anochecer, el prior se sentó en su confesionario y los peregrinos fueron entrando uno a uno. Los ojos del monje se volvieron azules, más claros, más, más... blancos. El monje con un cuchillo los montaba según entraban.
Pared blanca y suelo rojo, dice el autor.
No se volvió a saber nada del prior, pero cuentan que al pasar por las ruinas de este monasterio al anochecer, se puede escuchar La locura volverá a nacer.

Concurso de leyendas: La leyenda de la Fuente de la Bamba

Esta es una leyenda urbana del pueblo de Navalmoral, y dice que un soldado musulmán cansado, herido y hambriento, decidió parar en un pueblo para descansar y en sus afueras vio a un gran cordero negro, al que siguió debido a su hambre, para intentar cazarlo. Este huyó hacia el bosque, y el soldado se halló perdido de nuevo. Por los alrededores estuvo vagando durante días, hasta que encontró un lugar en el que había una fuente, entre la maleza. Allí estaba una muchacha ,que le dio de beber y le enseñó el camino de vuelta al pueblo, donde se quedó a vivir, y al cabo de un año se casaron.
Por eso, se supone que aquel que beba de la fuente volverá al pueblo, y si es otra persona la que le da de beber, se acabarán casando al cabo de un año.

Concurso de leyendas: La leyenda de la Piedra Caballera

 Esta leyenda trata de tres hermanos que fueron por la noche a la Piedra Caballera y tenían mucha hambre. Entonces, rebuscando , encontraron una manzana y se preguntaron si comérsela. Pasó un rato y decidieron comérsela y los tres hermanos se murieron. Entonces, la madre subió a la Piedra Caballera y los encontró muertos por veneno y se puso triste, y dicen que si vas el primer día de un mes en la medianoche escucharás a la madre gritando el nombre de sus tres hijos.

Concurso de leyendas: El fantasma del antiguo calabozo

 Hace mucho tiempo, en el calabozo trabajaban muchos policías. Todo era normal, los policías hacían su trabajo, charlaban, vigilaban a los presos, etc.
Hasta que un día se empiezan a escuchar ruidos en una celda en la que no había nadie. A los policías esto les pareció raro, ya que, aparte de que había pocos presos, esa celda llevaba más tiempo cerrada de lo que alguien podía recordar por un asesinato.
Los ruidos se volvían más comunes con el paso del tiempo. Pasaban días, semanas e incluso ya meses y los ruidos seguían. Llegó a un punto en el que los policías empezaron a bromear sobre los ruidos, decían que era el fantasma del preso que falleció allí hace tantos años. Lo que no sabían es que los ruidos empezarían a volverse más y más fuertes.
Cansado, un policía fue y abrió la celda. El sonido de la puerta de podía oír desde fuera y ¡pum!, la puerta se cerró de un portazo y le siguió un grito, aparentemente del policía.
Unos pocos compañeros fueron a revisar y lo mismo, y así sucesivamente, hasta que decidieron quedarse fuera.
Desde ese día, no se volvió a ver a los compañeros, y se dice que hay días que puedes escuchar ruidos. La gente dice que es el fantasma, buscando una nueva víctima.

Concurso de leyendas: Turno de noche en jefatura

 Era una noche tranquila en Navalmoral de la Mata, hace más de diez años. Todas las calles estaban vacías, la única luz se veía en la estación de policía, donde dos agentes estaban haciendo turno de noche.
Estos agentes, llamados Sergio e Iván, se encontraban en silencio, preguntándose por qué tenían que estar a altas horas de la noche allí, si nunca pasaba nada. O eso creían.
Justo en ese momento, se escuchó un golpe desde el piso de arriba. Confusos, decidieron ir a comprobar qué se había caído.
Cuando llegaron, solo se veían pisadas que no conducían a ningún lugar, objetos en el suelo, y una silla en un rincón, como si alguien se hubiera sentado allí. En ese momento, tanto Sergio como su compañero se asustaron, ya que los ruidos no cesaban, pero decidieron callarse e ir abajo, trataban de darle una explicación razonable.
Días más tarde, hablando del tema con sus compañeros se enteraron de que no era la primera vez que pasaba. Incluso les contaron que llegó a desaparecer un agente hace ya tiempo.
Debido a todos estos motivos, los policías temían hacer turnos nocturnos, incluso si los acompañaban. Cuentan que algunas noches se pueden oír ruidos, se pueden oír pisadas, objetos cayéndose y pisadas,
cada vez más aterradores.
Una noche, Iván decide ir a comprobarlo, él solo, aun sabiendo lo peligroso que puede ser. Minutos después, se escuchó un grito. Sus compañeros corrieron, preguntándose qué había hecho Iván.
Nada, no había nadie, Iván había desaparecido.
Noche tras noche, los policías iban desapareciendo uno por uno. ¿Qué estaba pasando?, se preguntaban.
Nunca hubo respuesta a su pregunta, solo más desaparecidos. Y ruidos, mucho más fuertes cada vez. Se dice que si hace una noche tan oscura como estas, aún se pueden escuchar ruidos y gritos de estos agentes asustados.