domingo, 15 de marzo de 2026

Concurso de relatos: Pero Alá es el más grande. La piedra azul de mi tiara

 Zahra era una niña que tenía catorce años y vivía en una ciudad rodeada de dunas y palmeras. Cada mañana ayudaba a su tío Karim en el mercado colocando telas y alfombras. A veces el viento movía los rollos y ella se pasaba un buen rato intentando que no se desordenaran.

Un día, mientras reorganizaba el almacén, movió un saco de trigo y encontró una tiara antigua cubierta de polvo, con una piedra azul que brillaba con un destello muy fuerte. Zahra se probó la tiara y sintió una extraña emoción, como si algo dentro de ella supiera que esa tiara no era solo un objeto viejo, olvidado en un rincón de almacén, pero ella la colocó cuidadosamente en su sitio y siguió con su trabajo. Sin embargo, no podía dejar de pensar en la tiara, ¡era tan brillante y bonita! —y al finalizar la jornada, se llevó la tiara bajo el brazo.

Esa noche, mientras miraba la tiara a la luz de una lámpara, la alfombra que estaba enrollada en un rincón comenzó a moverse lentamente y Zahra se subió encima sin pensárselo mucho. En un instante, la alfombra salió volando por la ventana, llevándola sobre la ciudad a un destino desconocido.

Zahra sobrevoló toda la región en un instante. La noche estaba clara y estrellada y la temperatura era muy buena, así que, sin darse cuenta, llegó a un pequeño oasis, en el que se encontró un jardín lleno de flores de jazmín. Ese jardín lo cuidaba Layla, una joven con la que Zahra pasó varias horas aprendiendo sobre plantas curiosas o flores exóticas. Layla y Zahra tenían un parecido asombroso. Ambas tenían el mismo pelo, idéntico color de piel e incluso el mismo lunar bajo la mejilla izquierda. Parecían la misma persona. La única diferencia evidente entre ambas es que Layla tenía los ojos azules, pero no un azul corriente, era un azul exactamente igual que el de la piedra que Zahra llevaba en su tiara, esa que brillaba tanto.

Layla trabajaba en un puesto de flores del mercado de su cuidad. De pronto, y ante las evidentes similitudes entre las dos niñas, ambas fueron conscientes de que sus vidas eran gemelas. Pasaron la noche contándose sus vidas. Se dieron cuenta de que eran la misma persona pero en un lugar diferente de la Tierra. Layla enseñó su profesión a su nueva amiga, quien aprendió muchas curiosidades sobre el mundo de las plantas.

Las horas pasaron despacio y la noche llegó a su fin. Zahra vio cómo la alfombra se acercaba de nuevo a ella y como la piedra de su tiara volvía a brillar con la misma intensidad que los ojos de su amiga. Entendió que había llegado el momento de emprender el camino de regreso. Zahra se sentía muy feliz entre las flores, pero sabía que su lugar estaba en su casa, con su familia, en su puesto de telas del mercado.

Cuando Zahra llegó a su casa, la alfombra descendió suavemente hasta su habitación y su tiara volvió a apagar los destellos sobre su cabeza, se dio cuenta de que nada había cambiado en la ciudad ni tampoco en el mercado cuando apareció por la mañana en él, pero había algo diferente en Zahra. Tenía un secreto que  debía guardar y es que ella sabía que vivía una vida paralela junto a una amiga a la que tenía la impresión de conocer desde siempre, o tal vez todo lo que había vivido aquella noche hubiera sido fruto de su imaginación y Layla hubiera formado parte únicamente de sus sueños.

Zahra no podía asegurar que lo que había vivido fuera real, pero ella agarró fuerte su tiara con la piedra azul y dejó la alfombra escondida debajo de su cama, por si alguna noche encontraba de nuevo el destello que la llevara a ver a Layla.

Concurso de relatos Pero Alá es el más grande: El colmillo sagrado de Ganesh

 

EL COLMILLO SAGRADO DE GANESH


 

El sol salía sobre el mar cuando Chloe Frazer llegó a la costa de la India. Estaba siguiendo la pista de una antigua leyenda que hablaba de la ciudad perdida de Halebidu escondida en la selva. No era la primera vez que buscaba un tesoro, pero esta vez sentía que era algo diferente. Según un manuscrito antiguo que había encontrado, en esa ciudad se ocultaba el colmillo sagrado de Ganesh, una reliquia muy valiosa que, según la historia, podía dar prosperidad o causar desgracias dependiendo de quién lo poseyera.

Chloe no creía mucho en maldiciones ni en historias mágicas. Lo que sí sabía era que los tesoros antiguos solían estar protegidos por trampas, enemigos y muchos peligros. Por eso, decidió no ir sola. En la India se reunió con Nadine Ross, una antigua compañera con la que ya había vivido situaciones complicadas, porque pensó que era la mejor aliada posible.

 

Las dos comenzaron su viaje hacia el interior del país. Dejaron atrás las ciudades llenas de gente y mercados ruidosos, y se adentraron en la selva guiándose por las pistas del manuscrito. Después de varios días de viaje, encontraron las primeras ruinas. Eran restos de un templo cubierto de musgo y raíces. Las paredes estaban llenas de relieves de dioses y guerreros. En el centro había un símbolo que coincidía con el dibujo del manuscrito. Chloe se dio cuenta de que estaban en el lugar correcto.

Mientras examinaban el templo, descubrieron un mecanismo en el suelo. Era una especie de rueda con símbolos grabados. Chloe recordó lo que su padre le había enseñado sobre las antiguas religiones de la India y comenzó a girar las piezas en el orden adecuado. Tras varios intentos, el suelo tembló y se abrió una entrada secreta que descendía hacia la oscuridad.

 

Para su sorpresa, no eran las únicas que buscaban el tesoro. Un hombre llamado Asav también quería encontrar el colmillo. Era un líder ambicioso que decía que el tesoro debía quedarse en la India, pero en realidad pretendía encontrarlo para ganar más poder. Sus hombres ya estaban en la zona y no tardaron en aparecer.

Se produjo así un enfrentamiento en el templo. Nadine luchó cuerpo a cuerpo con varios enemigos mientras Chloe utilizaba su pistola para cubrirla. Fue una pelea intensa, pero consiguieron vencer y entrar en el pasadizo subterráneo antes de que llegaran más hombres.

 

El túnel era largo y oscuro. A medida que avanzaban, notaban que alguien había pasado antes por allí. Al final del camino, la cueva se abrió y ante ellas apareció la ciudad perdida. Halebidu era enorme y estaba construida dentro de una especie de caverna gigantesca. Había torres talladas en la roca, patios y edificios antiguos que, aunque estaban deteriorados, aún mostraban su antigua grandeza. En el centro de la ciudad se alzaba un palacio. En la parte más alta, sobre un altar, brillaba el colmillo de Ganesh. Asav ya estaba allí cuando Chloe y Nadine llegaron, observando el tesoro con admiración.

 

Asav les dijo que ese tesoro pertenecía a su país y que ellas no tenían derecho a llevárselo. Chloe le respondió que no pensaba venderlo ni utilizarlo para hacer daño, pero tampoco confiaba en sus intenciones. La discusión no duró mucho, porque Asav activó un mecanismo que empezó a desestabilizar el lugar. El suelo comenzó a temblar y partes del palacio empezaron a derrumbarse.

Mientras Nadine se enfrentaba a los últimos guardias, Chloe corrió hacia el altar para impedir que Asav se llevara el colmillo. Tras un duro enfrentamiento, consiguió derrotarlo. Cuando Chloe se encontró ante aquella impresionante reliquia, recordó una frase del manuscrito que decía que la ciudad solo descansaría cuando el colmillo regresara a su lugar de origen.

Por esta razón, en lugar de quedárselo, decidió destruir el mecanismo que lo sostenía. El colmillo cayó desde el altar y se perdió entre las aguas de un estanque profundo que había en el centro del palacio. Al hacerlo, la estructura comenzó a derrumbarse todavía más rápido.

Asav intentó detenerla, pero una parte del techo cayó entre ellos. Chloe y Nadine aprovecharon la oportunidad para escapar. Corrieron por la ciudad mientras todo se venía abajo a su alrededor. Finalmente, lograron salir por el túnel por el que habían entrado justo antes de que la entrada quedara completamente bloqueada por las rocas.

 

Ya a salvo en la selva, observaron cómo el templo terminaba de derrumbarse y quedaba cubierto por el polvo. La ciudad perdida volvía a quedar enterrada, lejos de cualquiera que quisiera aprovecharse de ella.

Nadine no se sintió satisfecha porque, después de todo el esfuerzo, se iban sin ningún tesoro. Chloe sonrió y le dijo que no siempre se gana dinero en este tipo de aventuras, pero que al menos habían evitado que alguien utilizara el colmillo para hacer daño.

Al caer la noche, se sentaron en una colina cercana. El cielo estaba lleno de estrellas y la selva parecía tranquila, como si nada hubiera ocurrido. Chloe pensó que seguramente habría más mapas, más leyendas y más ciudades perdidas esperándola en algún lugar del mundo.

Aunque no se había llevado ninguna riqueza material, sentía que había tomado la decisión correcta. Y para alguien como ella, que siempre vivía entre riesgos y misterios, eso era suficiente.