KAIRÓS
Había
una vez un chico llamado Hudson al que le encantaba la historia, leer sobre
ella e imaginar cómo sería conocer a esos guerreros y dioses que tanto
admiraba. También le encantaban los objetos antiguos, se podía pasar todas las
tardes de tienda en tienda de antigüedades buscando reliquias de épocas muy
arcaicas. Solía ir a casa de sus abuelos y explorar el desván polvoriento que
tenían. Solo había cajas antiguas y recuerdos olvidados bajo capas de polvo.
Un
día encontró una llave muy extraña, tenía forma alargada y con detalles muy
finos, su peso
era sorprendentemente ligero, pero su presencia era imponente, como si llevara
consigo los secretos de siglos pasados. Llamó la atención de Hudson que
mientras sostenía la llave entre sus manos pensaba qué podría abrir. Esa
misteriosa llave provocaba en él curiosidad.
Decidió llevársela e investigar qué podría abrir. Abrió su ordenador y
encontró información sobre una caja de ébano con una especie de dibujo de un
reloj de arena en el centro. En la página web ponía que se encontraba en una
tienda de antigüedades cerca de su casa, así que decidió ir.
A
la vez que pasaba todo esto, en otra época muy muy antigua, concretamente en
la época de los dioses, Ares (dios de la guerra) se
encontraba en las lúgubres profundidades del templo, aburrido de las
batallas constantes y anhelando algo más allá de la violencia. Sus ojos se
posaron sobre una especie de caja negra de ébano que brillaba y parecía pedir
que la abriese. Ares decidió llevársela y preguntar a los demás dioses.
Hudson llegó a la tienda de
antigüedades; esta tienda se encontraba en una esquina de un callejón muy
aterrador. Se quedó unos minutos en la puerta pensando en si era buena idea
entrar, ya que la tienda no tenía muy buen aspecto. Reunió el valor necesario y
entró.
Al entrar observó muchas
estanterías colocadas de forma desordenada y creando pasillos por donde poder
pasar. También vio muchos objetos que nunca había visto antes, eran raros y
despertaban en él miedo. Siguió caminando y mirando a su alrededor, por
instinto permanecía alerta. Llegó al mostrador de la tienda pero no había nadie
,solo una pequeña campanita se encontraba en el mostrador. Cogió la campana y
la tocó. De repente salió de la trastienda una mujer, tendría unos 70 años, y
se le quedó mirando. Detrás de ella también salía un gato negro al que le
faltaba un ojo.
Se quedaron en silencio unos
segundos hasta que Hudson decidió hablar , pero antes de soltar alguna palabra
la mujer empezó a hablar y le dijo:
—Enséñame la llave.
Hudson se quedó
sorprendido y decidió enseñarle la llave. La anciana se quedó unos minutos
observando la llave. Unos minutos después volvió a la trastienda y trajo la
caja negra. Lo último que dijo antes de volver a la trastienda fue:
—Tik tak.
Ares fue preguntando a cada uno
de los dioses pero ninguno sabía nada o no querían saber nada de aquella caja.
Solo Cronos (el dios del tiempo) le advirtió sobre la caja, le dijo que
tuviera cuidado porque el contenido de la caja podría ser peligroso y que se
alejara de ella. Ares decidió hacerle caso y se deshizo de la caja pero a la
mañana siguiente se encontró la caja en su dormitorio. La caja había vuelto a
él por alguna razón desconocida. Probó de todas las maneras posibles para deshacerse
de la caja pero nada, ella volvía a él.
Un día Ares estaba sentado en el
río Aqueronte pensando en la caja, de repente un destello salió del fondo del
río y una voz desconocida empezó a hablar. La voz decía:
—Ven, Ares.
Ares saltó al río y siguió la voz. La voz venía del fondo del río así
que Ares cogió aire y bajó, seguía esa dulce voz que le llamaba, hasta que en
el fondo encontró una llave brillante, la cogió y volvió a la superficie.
Una vez en tierra, se quedó
observando aquella llave alargada que ya no le llamaba ni soltaba ningún
sonido. Pensó que podría abrir aquella llave. Cayó en la cuenta de que era
mucha coincidencia que hace unos días se encontrara con una caja negra cerrada
con llave y a los días siguientes se encontrara con la llave, así que pensó que
esa llave podría abrir aquella misteriosa caja negra. Volvió rápidamente a sus
aposentos donde tenía la caja , la cogió e introdujo la llave y en efecto la
llave entraba.Giró la llave y abrió la caja.
En su interior se encontraba una especie de reloj con muchos engranajes.
El reloj estaba hecho con un oro muy antiguo. El marco del reloj estaba
adornado con unas runas mágicas que se entrelazaban entre ellas. El reloj
estaba cubierto por un cristal que, en lugar de mostrar la hora normal,
mostraba los ciclos de la luna y los símbolos astrales cambiando todo el rato.
De repente el reloj empezó a brillar demasiado y por arte de magia Ares había
desaparecido.
De regreso a casa, Hudson le dio
vueltas a lo que había sucedido en la tienda con la anciana.
Al llegar a su casa sus padres
le preguntaron dónde había estado y él les dijo que había estado en una
librería que solía visitar muy a menudo. Subió las escaleras rápidamente y se
metió en su habitación. Se sentó en su cama, metió la llave en la cerradura de
la caja, giró la llave y la caja se abrió. En el interior de la caja había un
reloj. Hudson se quedó maravillado, era un reloj precioso.
De repente las manecillas del
reloj empezaron a girar y a girar. Hudson no sabía qué estaba ocurriendo, cerró
los ojos y cuando noto que el reloj dejaba de dar vueltas, abrió los ojos y
delante de él apareció un hombre vestido con una armadura de bronce, un escudo, un casco y una lanza en su mano. Hudson pensaba que estaba disfrazado de dios
griego. Los dos se quedaron atónitos. Hudson le preguntó quién era y él le
respondió:
—Soy Ares, dios de la guerra. Y tú ¿quién eres y cómo he llegado
hasta aquí?
—Yo soy Hudson y no sé cómo has llegado hasta aquí.
Ares y Hudson llegaron a la
conclusión de que todo lo ocurrido fue por culpa de la maldita caja. Hudson le
contó de dónde sacó la caja pero Ares no entendía nada, así que decidieron
volver a la tienda de la anciana para que les dieran una explicación y para
averiguar cómo volver al Olimpo.
Ares se cambió de ropa, Hudson
le dejó ropa vieja de su padre y salieron a la calle.
Se quedó impresionado con cómo era ese mundo, cajas con ruedas (coches),
edificios altísimos... Todo era nuevo para él. Pasaron delante de un museo y
justo había un gran letrero que anunciaba que había una nueva exposición sobre
Grecia.
Por fin llegaron al callejón
siniestro donde se encontraba la tienda, y entraron. Ares miraba hacia todos
los lados preguntándose qué tipo de sitio era ese. Los ojos de Ares se posaron
en una antigua espada forjada en oro. Se acercó para verla más de cerca pero de
repente la anciana salió de la trastienda y dijo:
—Bienvenido, poderoso dios de
la guerra. La espada que observas ha visto muchos conflictos a lo largo de los
siglos.
Hudson se acercó a la anciana y
le pidió explicaciones, le contó todo lo que había sucedido y le pidió que les ayudara
para que Ares pudiera volver al Olimpo.
La anciana volvió a la
trastienda y sacó otra caja, pero esta vez era de madera de pino. La caja tenía
el mismo dibujo que la otra, un reloj de arena. Les entregó la caja y les dijo
que tenían que encontrar la llave. Ares y Hudson le preguntaron a la anciana
dónde podían encontrar esa llave. Y la anciana les dijo que tendrían que
investigarlo ellos, pero que comenzaran su búsqueda en la antigua biblioteca,
que se encontraba al lado del parque del lago.
Ares y Hudson se marcharon de la
tienda con la caja. Más tarde llegaron a la biblioteca y entraron. Ares se
dirigió a las estanterías llenas de libros polvorientos. Sin embargo, su
instinto lo llevó a sumergirse en los textos antiguos.
Pasaron allí gran parte del día,
hasta que Hudson encontró un libro en el que salían las cajas. El libro decía
que el objeto que se encontraba dentro de la caja podía variar. La caja mágica,
como guardiana de secretos y posesiones especiales, tenía la capacidad de
adaptarse a los deseos y necesidades de quien la abriera.
Como el deseo de Hudson de conocer a algún dios era tan grande, la caja
lo escuchó y lo hizo realidad. Al final del libro había un sobre y dentro del
sobre estaba la llave. Cogieron la llave y salieron de la biblioteca.
Llegaron a un parque en el que
había un gran lago , se sentaron y se plantearon si era buena idea meter la
llave en la cerradura de la caja, pensaron que podría ser una trampa de la
anciana. Al final decidieron probar a introducir la llave. Antes de girarla
Hudson se despidió de su nuevo amigo. Al girar la llave todo empezó a girar y
se escuchaba muy fuerte el tik tak del reloj. Cuando el tik tak dejó de sonar,
Hudson abrió los ojos y se encontraba en su habitación y la caja y Ares ya no
estaban.
Ares cuando también dejó de
escuchar el tik tak del reloj abrió los ojos y se encontraba en el río
Aqueronte con la llave en la mano. Tiró la llave al río y volvió al templo
donde estaban los demás dioses. Decidió no contar nada a nadie, pero Cronos
parecía saber todo lo ocurrido. Este viaje le ayudó a aprender cosas nuevas
sobre los mortales y a no coger objetos mágicos del suelo.
En cuanto a Hudson , él tampoco
contó nada a nadie y de vez en cuando volvía a aquella biblioteca antigua.
FIN