viernes, 21 de noviembre de 2025

Concurso gótico. Relato 19. La llamada de las 3.17

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Era una noche lluviosa cuando Lucía, una estudiante universitaria, llegó sola a su departamento. Su compañera de cuarto había salido el fin de semana y el silencio era tan pesado que hasta el tic-tac del reloj sonaba como un golpe a la cabeza. 

Cenó rápido y revisó el móvil y se metió en la cama. A las 3:17 de la madrugada sonó el teléfono fijo. Lucía se sobresaltó. Nadie usaba el teléfono. Nadie tenía el teléfono. 

—¿Hola? —dijo con voz temblorosa. 

Del otro lado solo se escuchaba una respiración lenta y profunda. 

—¿Quién habla? —insistió. 

Entonces sonó un susurro: 

—No te des la vuelta. 

Lucía sintió un escalofrío. Miró de reojo la pared blanca frente a ella, el reloj seguía marcando 3:17. 

—¿Qué significa eso? —preguntó. 

La línea se cortó. Intentó reírse. “Una broma”, pensó. Pero… entonces notó algo: el aire estaba más frío y en el reflejo del espejo, junto a la cama, había una sombra. Una figura parada justo detrás de ella. 

Lucía se quedó paralizada. No quería mirar, pero el reflejo mostró cómo una mano pálida se alzaba lentamente rozándole el hombro. El reloj volvió a sonar. 3:17. Al día siguiente los vecinos llamaron a la policía, nadie respondió. El teléfono seguía descolgado, marcando un pitido constante… Y la pantalla del reloj digital marcaba las 3:17.

Concurso gótico. Relato 20. La llamada

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Eran casi las tres de la madrugada cuando Carla con el sonido del teléfono fijo contestó medio dormida:

 —¿Hola? 

Del otro lado, una voz infantil susurró:

—Mami, ¿puedo entrar a tu cuarto? 

Carla se pensó que eran unos niños molestando y colgó, pero enseguida el teléfono comenzó a sonar de nuevo. Esta vez, la voz sonaba más cerca: 

—Mamiii, estoy enfrente de tu puerta. 

Carla miró hacia el pasillo oscuro. La puerta estaba entreabierta y algo pequeño se movía detrás. Como una sombra sonriendo. Se volvió a dormir y cuando despertó sobre las tres y media de la madrugada cogió el teléfono y se escuchó un susurro que decía Mamá, estoy enfrente

El teléfono cayó de su mano. Antes de desmayarse, escuchó el susurro final junto a su oído: 

—Gracias por contestar, mami. 

Despertó, pero en el hospital ella lo recordaba todo y no quería volver a esa casa. Unos meses después, le dieron el alta y aunque no quería, tuvo que volver. Todo iba bien hasta que llegó la noche. Hacía mucho frío y se levantó a por un pijama de pelo y escuchó una voz: 

—Mami, yo también tengo frío. 

Ella pegó un grito y fue corriendo a su cuarto. 

—Mami, no te vayas. 

Ella notó que la voz era como la de su hija, que murió hacía cinco años. Justo el 3 de diciembre cada año se escuchaba a la misma niña. Y nadie se podía librar de ella.

Concurso gótico. Relato 21. La llave del silencio

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Hace muchos años,en Whitby (Inglaterra), un millonario construyó una mansión lujosa y enorme, que con el tiempo fue heredada por toda su familia. Hasta hace diez años, cuando los últimos inquilinos se hallaron sin vida. Desde entonces, nadie volvió a entrar, y la policía abandonó la investigación al no encontrar ninguna prueba relacionada con el caso, según ellos era algo inexplicable. 

Los vecinos del pueblo dicen que todo ocurrió en una noche de tormenta, como si alguien buscara venganza por algo que pudo suceder en un pasado lejano.Desde entonces, nadie se había atrevido a acercarse y mucho menos a entrar… salvo Silvia. 

Silvia era muy curiosa,y dicen que la curiosidad suele ser la llave que abre la puerta del miedo.Una tarde de noviembre, mientras la niebla abundaba en las calles, decidió pasar el viejo puente de madera en busca de respuestas.

La puerta de la casa estaba entreabierta,como si algo alguien la estuviera esperando allí dentro. Dentro,el aire olía a humedad,misterio,miedo y a tiempo detenido.Las paredes parecían respirar, o eso le pareció.En el suelo,descubrió una llave de oro cubierta de polvo. La levantó.En ese instante, un murmullo le rozó el oído: No abras lo que no puedes cerrar. El sonido no provenía de ningún lugar visible. 

Silvia tragó saliva y avanzó. Los cuadros en las paredes estaban torcidos, destrozados y manchados de sangre. Todos los retratos mostraban personas cuyos ojos parecían mirar hacia un punto fijo. En el centro del salón, un reloj de péndulo recordaba a los de las películas americanas, marcando eternamente las doce sin avanzar un solo segundo.Sin embargo, cada segundo sonaba un tic-tac interminable, llenándola de un nerviosismo increíble. 

Subió las escaleras. Cada peldaño crujía de manera extraña, como si la casa escondiera algo bajo el suelo, aferrándose al pasado. Al final del pasillo, se encontró con una puerta cuya cerradura era idéntica al dibujo grabado en la llave. Sin dudar,se acercó con ansia.Introdujo la llave y giró… y el silencio cambió de forma. El aire se detuvo, las paredes se curvaron y los retratos comenzaron a moverse repetidamente. 

Dentro de la habitación había un espejo cubierto por una sábana .Lo destapó lentamente, y lo que vio la dejó aterrorizada y helada. Su reflejo sonreía… pero ella no. 

El reflejo extendió una mano desde el otro lado del cristal.Silvia,temblando,hizo lo mismo.Cuando sus dedos se rozaron, todo volvió a la normalidad, como si el tiempo regresara a su curso. 

A la mañana siguiente,los pescadores vieron cómo la mansión se desmoronaba y caía al mar.En la orilla,entre las algas,solo quedó la llave de oro. Poco después,fue trasladada al museo del pueblo, donde ahora se exhibe como un objeto de gran valor histórico. 

Desde entonces,cuando el viento sopla desde el acantilado,los habitantes del pueblo y en una voz que murmura entre las olas No abras lo que no puedes cerrar.

Concurso gótico. Relato 22. La partida del Diablo

 

Concurso gótico. Relato 23. La primera vez.

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La primera vez que lo maté fue una noche sin luna. 

El espejo de mi habitación devolvía mi imagen... con un poco de retraso. Un segundo, quizá menos, pero suficiente para que me sintiera observada. Al principio creí que era mi mente cansada, mi imaginación jugando. Sin embargo, cada noche el reflejo parecía más consciente, más vivo. Un parpadeo cuando yo no lo hacía. Una sonrisa que no recordaba. 

Una madrugada me acerqué tanto al cristal que dejé de ver mis ojos... y los suyos. Eran iguales, pero no míos. Había algo en esa mirada: hambre, deseo... libertad. Entonces comprendí. No era mi reflejo el que me imitaba. Era yo quien lo mantenía encerrado. Y cuando el espejo se agrietó por dentro, supe que había llegado el momento en que cambiaríamos de lugar. 

 

Concurso gótico. Relato 24. Las dos hermanas gemelas

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Había una vez dos hermanas gemelas que a los pocos días de nacer fueron abandonadas por sus padres y desde entonces vivían con sus tíos. Ellas tenían seis años cuando su tío se volvió alcohólico y su tía las amenazaba y las pegaba a menudo. Su tío siempre llevaba encima una navaja suiza y como estaba loco siempre amenazaba a su mujer y a las dos gemelas. Vivían en un pueblecito pequeño y aunque las hermanas parecían las buenas de la historia, tenían una mente muy malévola. Aunque se llevaban muy bien, se pegaban mucho y siempre acababan con heridas bastante graves. Además de eso, tenían unos pensamientos infrahumanos que a todo el pueblo le daban miedo. 

Siempre que iban por la calle toda la gente se apartaba como si ellas fueran un virus. Por eso no tenían amigos. Su vida siempre fue así, pero ya con once años les empezaron a salir extrañamente grandes granos en la cara y la sonrisa se fue alargando rápidamente a las orejas. Sus dientes se volvieron muy afilados y amarillentos, pero nadie sabía por qué les había ocurrido eso. Pero su vida todavía no había cambiado del todo porque un día su tío se volvió completamente loco y después de una discusión, golpeó en el brazo con la navaja a una de las hermanas y acabó con la vida de su mujer. El hombre estaba muy satisfecho con lo que había hecho. Después de eso, les dijo a las dos hermanas que se fueran a dormir ya porque tenían que disfrutar de su última noche con vida. Su tío se extrañó al ver que en vez de sentir miedo, las gemelas le sonrieron, pero no le dio importancia. En la madrugada, las hermanas se despertaron con una idea diabólica, acabar con su tío. Se acercaron a él sigilosamente, le ahorcaron y le mataron. Al no parecerles suficiente se lo comieron y dejaron sus huesos en un armario. Se habían convertido en monstruos y además eran caníbales. 

Como no podían vivir solas, salieron de casa al día siguiente en busca de alguien que las pudiera acoger. Como era de esperar, nadie les abrió la puerta hasta que una señora que vivía sola con su hijo de cinco años les invitó a entrar. Estuvieron un par de días viviendo allí, pero un día tuvieron otra malévola idea, y por la noche se llevaron al niño y se adentraron al bosque bien refugiadas. 

Unas horas después la mujer se dio cuenta y avisó a todo el pueblo, que empezó una amplia búsqueda. A los pocos días les encontraron y estaban perfectamente. Pero las hermanas les dijeron que si los dejaban un día más ahí llevarían al niño a salvo al pueblo y ellas no volverían a pisar el pueblo, pero si no les dejaban un día más se quedarían en el pueblo para siempre. La gente no tuvo más remedio que confiar en ellas. Pero al día siguiente cuando volvieron se encontraron al niño muerto con solo medio cuerpo y con muchas mordeduras. No había rastro de las hermanas en ninguna parte y nadie nunca volvió a saber de ellas.

Concurso gótico. Relato 25. Los dos locos hermanos

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Hubo una vez, en el siglo XVI, dos hermanos gemelos que vivían con sus tíos porque sus padres los abandonaron a los tres años. En ese momento, ellos solo tenían seis años y seguían recordando el momento en el que se quedaron solos. 

Vivir con sus tíos no les agradaba nada. Su tío estaba loco y siempre amenazaba a su mujer y a los dos gemelos con una navaja suiza que siempre llevaba encima. Su tío siempre los pegaba cuando dormían poco tiempo y cuando no comían la comida que les preparaba. 

Estos dos niños parecían los buenos de la historia, pero tenían unos pensamientos y una mente diabólicos. Ellos se llevaban muy bien, pero cuando se peleaban, cada uno acababa con lesiones bastante graves. En su pueblo no tenían amigos, y todo el mundo se alejaba de ellos cuando los veían. Todo esto porque sus pensamientos y acciones eran muy traumatizantes y malévolos. 

Seguían pasando los años y ya con once o doce años les empezaron a salir muchas imperfecciones en la cara y la sonrisa se les hacía cada vez más larga y rara. Les empezaron a salir granos muy grandes y los dientes estaban muy amarillentos. Nadie entendió qué había pasado y por qué les había cambiado la cara completamente. Pero a ellos les encantaba este cambio porque se sentían más malévolos. 

En casa no había cambiado nada, y durante una fuerte discusión, su tío no se lo pensó dos veces y apuñaló con la navaja en el brazo a uno de los hermanos y mató a su mujer. Los dos hermanos se quedaron de piedra con la escena y su tío, enfadado, les dijo a los gemelos que se fueran a dormir, porque a lo mejor pasaban su última noche. Los dos hermanos sonrieron diabólicamente, algo que sorprendió a su tío, que no le dio importancia. Los gemelos no se lo pensaron dos veces y por la noche ahorcaron a su tío y se lo comieron parte por parte. 

Los hermanos seguían pareciendo monstruos, y al día siguiente se adentraron en el pueblo en busca de alguien que los pudiera acoger. Nadie quería, excepto una señora con un hijo de cinco años. Los gemelos, sorprendidos, se lo agradecieron. Vivieron dos o tres días tranquilamente, pero una noche se volvieron locos y raptaron al niño y se lo llevaron al bosque. 

Al día siguiente la madre realizó una búsqueda muy amplia con todos los del pueblo, que la ayudaron. Mientras tanto, los dos hermanos hacían lo que querían con el niño, hasta le usaban como un muñeco. Pronto, el pueblo encontró el refugio en el bosque, y los hermanos decían que devolverían al niño a cambio de riquezas y tierras, algo que el pueblo rechazó. 

Los niños dijeron que volvieran a la mañana siguiente para ver qué solución tenían. El pueblo volvió al día siguiente y se encontraron el cuerpo del niño partido por la mitad, con muchas mordeduras, pero no estaban los gemelos. No se volvió a saber nada de ellos.

Concurso gótico. Relato 26. No pasa nada, hasta que pasa


Me hallaba escondido dentro de un armario en el sótano de mi casa, asustado, viendo por una pequeña rendija cómo alguien se me estaba acercando lentamente, sin ninguna opción de escapar. Ese era mi fin. Me mataría y mi hermano se quedaría solo para siempre. No sabía qué hacer. Tenía que actuar ya. Pero, ¿cómo he llegado hasta aquí? 

Mi nombre es Lucas, y cuando ocurrió esta historia tenía 19 años y vivía en un pequeño pueblo llamado Frías, el cual está situado en las Merindades de Burgos. Bueno, más que pueblo es una pequeña ciudad. “La ciudad más pequeña de toda España”, como la llaman por la zona. Es un lugar muy tranquilo, donde en los 10 años que estuve viviendo allí con mi familia nunca pasó nada raro, ni un pequeño hurto, ni un graffiti, nada. 

Vivía con mi hermano mayor en una pequeña casa en la entrada del municipio, con un pequeño jardín y un sótano donde se encontraba lo básico: la caldera, el cuadro de luz, unos armarios para guardar cosas que no utilizásemos,... Nuestros padres murieron un par de años atrás en un accidente de coche de camino a comprar a Burgos capital algo de comida para la semana. Un camionero entró en la autovía sin mirar y se los llevó por delante. 

Pasamos unos meses muy malos mi hermano y yo tras el accidente, pero tuvimos que seguir adelante y cambiar nuestras vidas por completo. Mi hermano trabajaba en un bar como camarero y yo, que al acabar el bachillerato iba a ir a estudiar a la universidad, acabé estudiando una FP de hostelería. Nuestro objetivo era abrir juntos un restaurante en el pueblo de donde pudiésemos sacar dinero para vivir tranquilos los dos. Por ello estábamos muy enfocados en la cocina. Nos pasábamos las tardes que mi hermano no trabajaba cocinando en casa y planeando cómo sería nuestro restaurante. Teníamos la cocina llena de utensilios de cocina: espátulas, sartenes de todos los tamaños, cuchillos... 

Una noche que no podía dormir, estaba en la cocina preparando un risotto de verduras para matar el tiempo. Llevaba diez minutos cociendo arroz cuando, de repente, escuché abrirse la puerta de la entrada. Me acerqué a saludar a mi hermano, pero ahí no había nadie. Cerré la puerta y volví a lo mio. Cinco minutos después ocurrió lo mismo, pero esta vez la puerta dio un portazo. El golpe me hizo dar un bote hacia atrás. Me acerqué de nuevo y lo mismo, no había nadie en la entrada. Cerré la puerta, esta vez con llave, y una vez más volví a la cocina. Seguí preparando el risotto cuando de repente la luz se fue de toda la casa. Me asomé a la puerta y estaba abierta de par en par otra vez. Quien fuese debió de abrirla con mucho más cuidado que las otras veces. Yo creía que habría sido mi hermano intentando gastarme una broma. Le dije que no tenía gracia y que volviese a dar la luz. No hubo respuesta. Volví a decírselo, esta vez gritando, pero nada, sin respuesta. 

Fue entonces cuando me di cuenta que ahí estaba ocurriendo algo raro. Cogí un cuchillo y una linterna que tenía guardada en un cajón de la cocina y di una vuelta por la casa. No había nadie. Ni en las habitaciones, ni en el baño, incluso miré fuera en el jardín por si hubiese algún coche o algo, pero nada. Solo me quedaba un lugar por mirar, el sótano. Llevaba dos años sin bajar, desde que murieron mis padres. Todas sus cosas las había bajado mi hermano porque yo no fui capaz de hacerlo, no tuve la fuerza suficiente para despedirme de ellos de esa manera. 

Cogí aire, agarre el cuchillo y me dirigí hacia las escaleras. No quería hacer uso del cuchillo, de hecho no iba a poder hacerlo, sabía que me iba a ser imposible atacar a nadie, pero yo lo llevé para intimidar a quien me encontrase. Empecé a bajar las escaleras, lentamente, mirando a mi alrededor. Todo seguía tal como lo recordaba, con un poco más de polvo pero igual, a excepción de un montón de bolsas que había en una esquina, las cosas de mis padres. Eché un vistazo y no había nadie. Ni en el armario, ni debajo de las escaleras, en ningún lado. Fui al cuadro de la luz y vi que uno de los interruptores estaba bajado. La luz no había saltado, sino que alguien la había cortado. Activé el interruptor y encendí la luz del sótano. Ahora podía ver todo con más claridad. 

De repente, detrás del montón de las cosas de mis padres vi una silueta de una persona alta, con una capucha negra y de pie dándome la espalda. Lentamente empezó a girarse hacia mí. Al percatarme, salí corriendo a esconderme en algún lugar. Abrí sigilosamente el armario y entré intentando no hacer ruido. Sin embargo, una caja cayó de la parte alta del armario. Rápidamente cerré la puerta esperando que el individuo no lo hubiese escuchado. Pero entonces ahí estaba, enfrente del armario a unos 4 metros, dirigiéndose directamente hacia mí. Fue entonces cuando me di cuenta, tenía en su mano derecha algo que parecía un cuchillo. Venía directo hacia mí con intención de matarme. Tenía que hacer algo o sino moriría y mi hermano perdería a la única persona que le quedaría. Tenía que actuar ya. Entonces me acordé de lo que tenía en mi mano derecha, yo también tenía un cuchillo. Era él o yo. O le mataba o me mataba. Entonces respiré hondo y, con todas mis fuerzas, abrí el armario y salté sobre el intruso directo a clavarle el cuchillo en el cuello. Lo conseguí, había acabado con la persona que había entrado en mi casa. Este se desplomó en el suelo y empezó a sangrar. Me agaché para quitarle la capucha y entonces lo que vi no me gustó nada. Acababa de matar a mi hermano, la única persona que quedaba que me quisiese estaba agonizando delante mía. 

Supongo que estaría intentando gastarme una broma como yo pensé en un primer instante, pero yo no me di cuenta de que era él a la hora de abalanzarme sobre él con el cuchillo. No me lo podía creer. No sabía qué hacer. Con las fuerzas que le quedaban me agarró la mano y me dijo: 

Lucas, yo siempre cuidaré de ti. Sin rencores, ¿vale?

Esas últimas palabras acabaron conmigo. Ahí mismo mi hermano dejó de respirar, su corazón dejó de latir y mi mente colapsó. Salí corriendo de casa a algún lugar donde no hubiese nadie, quería estar solo. No quería relacionarme con nadie nunca más en la vida. ¿Cómo pudo ocurrir algo así si vivíamos en un lugar donde nunca pasa nada? Ya lo dice todo el mundo: No pasa nada, hasta que pasa.

Concurso gótico. Relato 27. Pánico

Flowers on Mothers Grave Marker 

Hoy te voy a contar mi historia: cuando yo, Alejandro Miguel Fernández, era pequeño, a mi familia y a mí nos encantaba ir de viaje y un día mi madre cogió el coche para ir a comprar utensilios para la próxima aventura. 

Pasó una hora desde que se fue, pero pensamos que se había entretenido. Sin embargo, un rato después recibimos una llamada (la llamada). Supimos que no era nada bueno. Mi madre había sufrido un accidente con el coche (había fallecido). 

Yo tenía seis años cuando eso pasó... Desde ese día siempre visito la tumba de mi madre (diariamente) a la misma hora. Todos los días son iguales. Pero... ese 12 de marzo de 2015 todo cambió. Fui al cementerio como un día normal, me senté frente a la tumba de mi madre a contarle qué tal el instituto y si había comido bien. Empecé a ver borroso y me asusté. Empecé a sentir mi cuerpo raro. ¡Y la tumba me tragó! 

Estuve un rato inconsciente hasta que me desperté. Era un mundo raro (más oscuro y apagado). Era de noche y había una luna enorme y preciosa. Yo siempre he sido una persona valiente, pero esto era distinto, era paranormal. El raro aspecto de un bosque me provocó pánico, pero no podía hacer nada. Tampoco había nadie (de momento). Oí una voz que provenía de atrás. Había un chico alto con pelo negro y largo. No sabía si era bueno o malo encontrar a alguien allí. No voy a negar que casi me meo de miedo. Me miró fijamente y me empujó contra un árbol. 

—Viene alguien —me dijo mientras me hacía daño apretándome el brazo. 

—Me haces daño —le dije, mientras me hacía un gesto de silencio. 

Era callado. Luego me cogió de los hombros y me levantó. Me hizo un gesto para que lo siguiera. Le hice caso (no tenía otra opción). No abrí la boca en todo el camino, pero ya estaba harto y enfadado le dije que a qué venía todo ese drama. Dio un paso rápido hacia mí, me agarró del cuello. 

—¿Quieres saber lo que pasa? —me dijo muy gravemente—. Te lo diré. Hace unos años morí, ¿sabes?, y ahora estoy aquí. Pero los demás muertos no tienen memoria. Mi padre era un demonio, era el demonio importante que había y puedo salir a la vida cuando quiera. Por eso no soy un muerto total y no tengo tal aspecto. 

Le pregunté: 

—Si eres el hijo de un demonio, ¿por qué eres bueno o por lo menos lo pareces? 

—A mí nunca me ha gustado el mal, ¿sabes? Mi padre me quería obligar a matar a gente inocente. Pero yo me negué. Sin embargo, no convencí a mi padre y dijo que yo no era suficiente para él. Decidió matarme cruelmente. Por eso estoy aquí —me explicó—, intentando ayudar a los demás. 

Me dijo que los demonios nunca pierden la memoria. 

—Tuve que acostumbrarme a este mundo —me dijo, y me explicó que cuando cumplen 50 los demonios se vuelven asesinos mortales, casi imposibles de matar. 

—Así que mi padre me estuvo envenenando hasta dicho día (día y noche), me entregó una espada suya, que según me dijo era la más poderosa, solo obtenida por los demonios. Llegó ese día y me tocó matarle luchando contra él. Era casi invencible, pero gracias a su enseñanza pude vencerle. Me costó matarle, ya que en su día me salvó la vida de los muertos y me enseñó a vencer a los demonios. 

Tras vivir más de 30 años juntos, le conté lo de mi madre y le dije que ella estaba en ese mundo y pensaba ir a verla. Me gritó que ni se me ocurriera hacerlo, ya que no tenía memoria y me mataría. 

Después de que él se fuera de mi vida, me quedé solo y decidí ir a ver a mi madre sin que ella me viera. La vi con un nudo en la garganta (estaba viendo a mi madre, la que murió cuando era un niño) y no podía ir corriendo a abrazarla. Me apoyé en un árbol para llorar, pensando en qué había sido de mi padre y mi hermana pequeña. Mi madre se giró y me miró. Me escondí o eso intenté. Me quedé inmovilizado al poderla mirar a los ojos. Por fin, se acercó a mí con cara de asombro y me dio un abrazo. Me había reconocido. Me di cuenta de que si amas a alguien de verdad da igual la memoria, porque esas personas especiales no se quedan en el cerebro sino en el corazón.

Concurso gótico. Relato 28. The End of the World

 

THE END OF THE WORLD


My blog

3/1/2027

 Localización: Londres

Hola soy Jake Cameron y este es mi blog de noticias. Hoy Five Guys Burges ha sacado su nueva hamburguesa THE GRAND FINALE y ha sido un éxito en toda Inglaterra; degustadores de comida rápida, chefs y personas de todos los países han venido a probarla.

 

16/7/2027

Localización: Londres

Buenos días o no tan buenos, según las redes todas las personas que probaron la hamburguesa están generando un tumor que según los científicos es imposible de curar. Las calles de todos los países se están llenando de una muchedumbre enfurecida.

 

19/7/2027

Localización: Londres

Ultimas noticias, toda esa muchedumbre ha estallado en un ataque de cólera, están asaltando casas, saqueando tiendas y matando o más bien …. exterminando. Este tumor ha causado un trastorno de conducta.

 

11/11/2027

Localización: Londres

Por fin nuestra salvación ha llegado, la NASA ha invertido todo su dinero en unos cohetes que llevarán a todas las personas que no han desarrollado el tumor a la Estación Espacial Internacional.

 

27/12/27

Localización: Washington D.C.

Os informo desde el tercer cohete que va a ser enviado a la estación, ya me he encontrado con varios de vosotros; desde este cohete que esta apunto de despegar se puede ver la destrucción masiva que nosotros mismos estamos provocando. Es increíble que una sociedad tan avanzada pueda estar tan separada.

 

27/12 /2027

Localización: Desconocido

Todo ha salido mal, una persona consumida por el tumor se ha infiltrado y ha destruido el cohete, yo por suerte he conseguido salir, pero no puedo entretenerme porque nos persiguen.

 

1/1/2028

Localización: Desconocido

Estas son mis últimas palabras antes de morir y quiero decir que esto no es el fin de la humanidad, dado que dos cohetes han conseguido salir, pero de la Tierra no se puede decir lo mismo… Es el fin del mundo. Se despide Jake Cameron.

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