martes, 2 de diciembre de 2025
Concurso gótico. Tale 27. The Man in the Alley
“Let’s take the alley,” Rodrigo said. “It’s faster.”. “I don’t think it’s a good idea,” Álvaro answered. But they were tired, so they decided to go in.
The alley was long and dark. The ground was wet, and a black cat ran in front of them. “This place is creepy,” Gonzalo said. “Don’t be afraid,” Hugo laughed.
At the end of the alley, they saw a man. He was tall and thin, wearing an old grey suit. His face was very pale. He didn’t move. He just looked at them. “Sir, are you okay?” Rodrigo asked. The man didn’t answer. He slowly raised his hand and pointed at them.
The streetlights started to flicker. Everything went dark for a few seconds. When the lights came back, the man had disappeared. Scared, they ran to the other side of the alley. But the Street looked different: older, empty, broken…
“What happened?” Gonzalo asked. Then, they heard footsteps behind them. The man was there again, closer this time, with blacky eyes and an open mouth. They ran as fast as they could. The alley seemed endless. When Álvaro looked back, Hugo was gone. On the wall, there was a dark shadow in the shape of a person. The wind blew again. Then the lights went out.
THE END
Concurso gótico. Relato 0. El árbol más alto
Cuenta una leyenda que en un pueblito al norte de Galicia vivía un médico muy rico
al que todo el mundo acudía.
El doctor Méndez , así se llamaba, estaba siempre mirando a la ventana de su despacho, a un bosque oscuro. Lucilda no entendía por qué su señor miraba siempre a la ventana. Pero Lucilda, que era una chismosa, escuchaba todos los rumores sobre él, el más repetido era que el señor Méndez en un ataque de ira mató a su pequeña y querida hija y la había enterrado al fondo de aquel profundo y siniestro bosque, en el árbol más alto.
Lucilda sabía que eso no era cierto, pues que un padre no mata a su hija, pero claro, ella tenía que hacer creer al pueblo que había sido su señor, pues si no, el pueblo descubriría que Lucilda cada dos lunas llenas se acercaba al fondo de aquel oscuro bosque hasta llegar al árbol más alto para saludar a sus queridos cuerpos de aquellos niños que dormían muy tarde y Lucilda, tan encantadora, les quitaba ese
peso a los padres...
Concurso gótico. Relato 1. El apadreador
Hace ya varios siglos, en una aldea inglesa, un sabio, del que la gente decía que tenía habilidades sobrenaturales, predijo que habría una gran tempestad que arrasaría con los campos. La gente no le creyó, pero al poco tiempo acabó ocurriendo. Estos le repudiaron y le persiguieron, apedreándole, hasta la salida del lugar. El sabio huyó, y consiguió llegar a la entrada del bosque, pero quedó cegado de una pedrada. Lleno de ira, anunció a los aldeanos su desafortunado augurio:
—Seréis atacados por unos salvajes, que tomarán vuestros bienes y quemarán vuestras casas, mas no acabarán con ninguno de vosotros, sino que os veréis obligados a huir en esta dirección, donde os estaré esperando, para daros el mismo trato que yo recibí, y sepultaros en piedra.
De las trece familias de la aldea, solo una logró sobrevivir, pues eran marineros y se habían trasladado a una zona más propicia para sus labores. Se dice que el viejo, conocido ahora como El Apedreador, vive errante por ese bosque, condenado a vagar a ciegas por la
eternidad, pero sin poder salir de él hasta cumplir con el destino que tiempo antes profetizó, calmando su sed de venganza con quien pase por allí.
Concurso gótico. Relato 2. El asesino medieval
Un viernes por la tarde, un grupo de amigos van a una casa que está encantada, pues hace tiempo que desapareció un niño que iba al instituto Augustóbriga y dicen que allí fue la última vez que le vieron.
Entran en la lúgubre mansión y empiezan a subir las escaleras, ya que había varios pisos. Cuando están subiendo las escaleras ven una serie de luces de colores fosforitas y cegadoras y las escaleras no parece que tengan fin. Después de un rato llegan a una habitación sombría, donde ven la cara de un hombre, no se le veía el cuerpo solo parte de la cara. Cuando logran salir de las escaleras y entran en la habitación, el hombre desaparece en la oscuridad. Entonces se van a otra habitación y allí encuentran al niño desaparecido en estado catatónico. Los chicos le preguntan qué hace ahí , pero él no responde. Le agarran de las manos y bajan por las escaleras para salir de la mansión. El chico empezó a decir: “ Él se acerca…” Entonces el grupo escucha unos pasos provenientes de las escaleras y deciden salir pitando. Mientras huyen miran a la siniestra mansión y ven la cara del hombre en la puerta.
Al día siguiente, en la biblioteca del instituto, toman prestado un libro de leyendas que les había mandado la profe de lengua y descubren quién era el hombre. Era un antiguo asesino de la Edad Media que murió debido a que el rey le condenó a una muerte horrible: le decapitaron y una bruja decidió usar la cabeza para intentar asesinar al rey y tomar el trono. Pero cuando dio un cuerpo nuevo a la cabeza, el cuerpo no hizo caso a la bruja y este la decapitó. Desde entonces el cuerpo del hombre necesita poseer el alma y el cuerpo de los niños para seguir existiendo. Una vez que ese niño muere, necesita otro, por eso se llevó al estudiante… ¿Serás tú el próximo?
Concurso gótico. Relato 3. El cementerio de Ébano
Aquel lugar, repleto de niebla, daba la imagen de un cementerio.
Hace algunos años, el ayuntamiento instaló cámaras de seguridad para evitar que los curiosos o turistas dañaran las estatuas antiguas. Pero desde entonces, los vigilantes nocturnos aseguran que las cámaras registran cosas imposibles, como pueden ser figuras que aparecen y desaparecen, luces que se mueven y una sombra que siempre mira directamente a la cámara.
En el monitor del pequeño cuarto de vigilancia, algo llamó la atención del vigilante. Eran las 4 de la madrugada, y a esa hora las farolas del camposanto de Ébano titilaban con un zumbido eléctrico, y las estatuas de ángeles parecían respirar bajo la humedad.
De las 8 pantallas que había,siempre solían encontrar aquellas cosas paranormales en la número 3, pero esta vez fue algo mucho más profundo, que para el guardia que se hallaba allí fue algo tan terrorífico que le entró un gran escalofrío. Se trataba de una extraña criatura con los brazos llenos de arañazos y las piernas quemadas, cubierta únicamente por una fina túnica blanca. Lo curioso era que el guardia, sentado junto a ella, juró no haber visto a nadie entrar.
—Debe de ser un fallo de la cámara —dijo él, encogiéndose de hombros.
La figura volvió a cruzar el cuadro… solo que esta vez, al hacerlo, las luces del cementerio parpadearon, como si algo invisible hubiese respirado dentro de los cables.
A la mañana siguiente, una pequeña niña llamada Lucía se hallaba recorriendo el cementerio después de haber escuchado lo que sucedió la noche anterior. Entre las hojas secas y las piedras rotas descubrió unos símbolos trazados con tiza blanca que llamaron su atención de inmediato. Círculos, estrellas incompletas, y líneas que parecían formar una especie de sello. No tenían la crudeza de un conjuro oscuro, sino la delicadeza de un gesto antiguo, casi devocional.
Esa noche se revisó de nuevo las grabaciones. En una de ellas, las estatuas parecían inclinarse levemente, como si miraran el suelo. En otra, una bruma con forma humana cruzaba el corredor y desaparecía frente al cementerio. Tanto ella como el guardia presenciaron aquel suceso, el cual quedó grabado. Detuvieron el video, aumentaron el contraste y se dieron cuenta de algo estremecedor: las figuras de piedra no estaban en el mismo lugar que el día anterior.
Desesperado y realmente asustado, el guardia decidió buscar información sobre aquel lugar. Buscó en los archivos del ayuntamiento. Entre los planos amarillentos halló una nota manuscrita:
“El cementerio se construyó sobre el terreno del antiguo monasterio. Los monjes, acusados de practicar artes oscuras, usaban símbolos protectores para sellar sus propios temores.”
El guardía comprendió entonces que aquellos sigilos de tiza no pretendían invocar nada, sino mantener algo contenido. Quizá no un demonio, sino la tristeza misma del lugar: los recuerdos de quienes habían querido tocar lo prohibido.
Esa noche volvió al cementerio, dejó una vela encendida frente al lugar donde solían ocurrir los sucesos. Antes de marcharse, miró por última vez las estatuas. Juraría que una de ellas ,la del ángel de mármol con las alas plegadas, le devolvió una sonrisa leve, agradecida.
A la mañana siguiente,Lucía fue al cementerio y al revisar la grabación, solo vio la niebla. Ninguna figura, ningún movimiento.
Desde entonces, el cementerio de Ébano permanece tranquilo. Las cámaras siguen encendidas, pero nunca graban nada fuera de lo común.
Algunos dicen que el ángel de mármol cambió ligeramente de postura y otros creen que fue el viento.
Lucía ya no necesita revisar las grabaciones. A veces, cuando pasa junto a la verja, saluda en voz baja. Y la niebla ,solo por un segundo, parece inclinarse en respuesta.
Concurso gótico. Relato 4. El circo fantasma
Había una vez un circo fantasma que recorría toda la comarca del Campo Arañuelo. En el año 1978 pisó el famoso circo fantasma a dar su espectáculo, pero cuenta la leyenda que cada persona que iba desaparecía al instante y no la volvían a encontrar. Así que tres niños adolescentes de trece años de edad fueron a ver si la leyenda era cierta.
—Oye, Pedro, ¿y si vamos a ver si la leyenda es cierta? —dijo Juan.
—No sé, Juan, no estoy muy de acuerdo.
—Yo estoy con Juan, y sí es cierta —dijo Pablo con un tono atemorizante.
Entonces, los tres niños fueron al supuesto circo fantasma, a descubrir su historia. Cuando llegaron, se asombraron al no ver a nadie, pero de repente se encendieron las luces y se escuchó una voz ronca.
—Hola a todos, chicos, bienvenidos al circo.
Al escuchar la voz, los niños salieron corriendo, pero ya era demasiado tarde.
—Chicos, no os vayáis. ¿Por qué no os quedáis un ratito más?
Los tres niños intentaron salir por la puerta trasera, pero estaba cerrada y el payaso les dijo que si superaban una prueba saldrían de aquel circo, pero si no lo hacían se quedarían allí para siempre. La prueba era superar un laberinto con trampas, y tenían quince minutos para salir.
Los niños lograron salir del laberinto con la llave y se escaparon, pero al final resultó un sueño, o eso creyeron ellos.
Concurso gótico. Relato 5. El espejo del pasillo
Camila se mudó a una casa antigua que había comprado a buen precio. Decían que nadie duraba mucho allí, pero ella no creía en supersticiones.
La primera noche notó un gran espejo al final del pasillo. Viejo, con el marco de madera tallada y manchado por el tiempo.
Intentó moverlo, pero estaba atornillado a la pared. A medianoche, mientras pasaba por el pasillo, sintió que su reflejo se movía un instante después que ella. Pensó que era el cansancio.
Al día siguiente, volvió a ocurrir: su reflejo sonrió un segundo más tarde. Esa noche decidió grabar con el celular.
A las tres de la mañana, el video mostró algo imposible: su reflejo se movía solo, aunque ella dormía. Se levantó temblando y cubrió el espejo con una sábana.
Por la mañana, la sábana estaba en el suelo y el cristal tenía huellas de manos desde adentro.
Camila llamó al casero, pero él se negó a subir. Le dijo que en esa casa había muerto una mujer frente a ese espejo, hace más de treinta años.
Camila intentó romperlo con un martillo, pero el vidrio no se astilló.
Esa noche escuchó golpes desde el pasillo, como si alguien quisiera salir.
Al mirar, vio una figura detrás del espejo, idéntica a ella, golpeando desde adentro.El reflejo tenía los ojos vacíos y una sonrisa torcida.Camila retrocedió, pero el reflejo comenzó a imitarla otra vez, ahora con movimientos más rápidos. De pronto, su reflejo levantó la mano antes que ella. El espejo se agrietó, y del centro emergió una mano pálida que la sujetó del brazo. Gritó, intentó soltarse, pero la fuerza era inhumana.
Fue arrastrada dentro del espejo en un segundo. El vidrio se recompuso, liso, brillante, como si nada hubiera pasado.
A la mañana siguiente, el casero subió a revisar. Encontró la casa vacía. Solo el espejo seguía allí, reflejando perfectamente el pasillo… y a una mujer que no estaba en la habitación, sonriendo desde el otro lado.
Concurso gótico. Relato 6. El fantasma del pasillo dos
Esta historia comenzó cuando Bruna, una niña callada de primero de la ESO, fue asesinada brutalmente en el pasillo número dos de su instituto. Pero empezando por el principio; aquel veintinueve de febrero, Bruna y su amigo Sebastián entraron en clase como siempre. Todo parecía normal hasta que el sustituto del profesor de matemáticas recibió una llamada muy importante y salió fuera de clase; al volver estaba muy serio e incluso algo preocupado. La clase no le dio importancia, ya que el profesor no mandó deberes para el fin de semana.
Cuando iba a tocar el timbre, ella estaba terminando el examen de Francés, y este fue el motivo por el que salió al recreo más tarde de lo habitual. Se dio cuenta de que se había dejado arriba en la clase el abrigo y pidió a un profesor la llave. De camino a la clase, vio a sus profesores: a los dos de matemáticas y a la de Francés susurrando algo que parecía muy importante , ya que al pasar ella se quedaron los tres en silencio; otras veces se hubiera escondido para escuchar lo que decían, pero se dio prisa porque había quedado en verse con Sebastián para ir a la cafetería. Al salir de clase ya con el abrigo escuchó unos tiros, y se quedo petrificada por el miedo. Los tiros se fueron acercando poco a poco. Bruna, paralizada por el miedo, cerró los ojos esperando a que pasaran los tiros, pero en vez de eso recibió un golpe con el mango de una pistola, el cual la dejó completamente inconsciente y sin probabilidad de defenderse lo más mínimo.
Cuando despertó, se encontraba en una clase totalmente a oscuras. Al encenderse la luz, vio que estaba con por lo menos otros cuarenta niños, la mitad vivos y la otra mitad muertos. Bruna reunió las fuerzas y el valor necesarios para preguntar qué pasaba. Un niño le respondió que cada minuto moría un niño o niña y que por eso se escuchaban los gritos y las súplicas. Cuando le tocó, no gritó, no suplicó nada más; esperó el tiro, el tiro que recibió fue uno limpio en la cabeza entre las dos cejas.
Y desde entonces el veintinueve de febrero el fantasma de Bruna se pasea por el pasillo numero dos y la clase donde la mataron en busca de su amigo, y cualquiera que se cruce con ella, la oiga gritar o la vea de refilón acabará muerto antes de terminar el día. Se cree que la única manera de enviarla a que descanse en paz es reunirla con su amigo, pero el problema es que él murió atragantado antes de que todo esto sucediera. Y en cuanto a los asesinos, nunca se supo quién fue o por qué se produjo, todo quedó en un misterio sin resolver y un fantasma en busca de venganza.
lunes, 1 de diciembre de 2025
Concurso gótico. Relato 7. El laberinto del castillo de las sombras
Era la noche de Halloween. Una niebla densa cubría los bosques que rodeaban el Castillo de las Sombras, una fortaleza olvidada desde hacía siglos. Nadie en el pueblo de Trasmoz se atrevía a acercarse a sus muros, ya que contaban que en su interior habitaban criaturas que nunca habían visto la luz del día.
Aquel año, tres amigos, Clara, Hugo y Daniela, decidieron desafiar la leyenda. Con linternas y una vieja llave oxidada que Hugo había encontrado en el desván de su abuelo, se atrevieron a cruzar el portón del castillo cuando cayó la noche.
El aire era helado. El viento sonaba entre las grietas de las torres destruidas y sus pasos resonaban por todo el edificio. Las paredes estaban cubiertas de cuadros antiguos cuyos ojos parecían seguirlos con cada movimiento, y sus sombras se desplazaban por los rincones sin que ellos se movieran.
En el gran salón encontraron una trampilla escondida bajo una alfombra vieja. Al levantarla, un olor a tierra húmeda y polvo llenó la habitación. Bajaron por una escalera de piedra que los llevó a un laberinto subterráneo. En las paredes, iluminadas por la luz de sus linternas, se veían símbolos extraños grabados en las rocas, y personas petrificadas que parecían seguir vivas.
De pronto, una puerta de hierro se cerró. Alguien les llamó por sus nombres en un susurro desde la oscuridad. Algo se movía entre las sombras. No parecía humano, su forma era muy extraña y tenía unos ojos rojos que se veían en la oscuridad.
—No debisteis entrar… —dijo la criatura entre las sombras.
Los tres comenzaron a correr, tratando de encontrar una salida. Pero el laberinto cambiaba de forma, los pasillos se estrechaban, las paredes giraban y un frío antinatural empezó a aparecer. En un panteón, Clara distinguió una puerta abierta que conducía a un cementerio subterráneo. Las lápidas eran tan antiguas que los nombres se habían borrado, y de las tumbas salía un resplandor azul.
En el centro del campo había un ataúd de cristal. Dentro, descansaba una figura vestida con ropas antiguas… con el mismo rostro que Clara.
Entonces lo comprendieron: aquel castillo estaba maldito. Cada cien años, quienes se atrevían a entrar en su interior quedaban atrapados para siempre, sustituyendo a los anteriores prisioneros del laberinto.
Cuando el amanecer salió, el castillo volvió a quedarse en silencio.
Solo las paredes susurraban los nombres de sus nuevos prisioneros: Clara, Hugo y Daniela.
Y en la entrada, la vieja llave oxidada volvió a aparecer, esperando a los próximos curiosos que se atrevieran a desafiar al Castillo de las Sombras en el siguiente Halloween.

