lunes, 16 de marzo de 2026

Concours de nouvelles «Mais Allah est le plus sage»: Le Tapis Volant


Dans une petite ville près du désert, il y a un jeune garçon qui s’appelle Karim. Il aide son oncle au marché et il aime écouter les voyageurs. Un jour, une femme mystérieuse arrive avec un tapis ancien. Elle dit que le tapis choisit une personne honnête. Karim touche le tapis et il brille comme une étoile. La femme explique que le tapis vole et écoute le coeur de son maître. Karim ne demande pas ni richesse ni renommée. Il demande la paix entre les familles du village qui se disputent. Le tapis s’élève dans le ciel et une lumière descend sur les maisons. Les habitants parlent, pardonnent et vivent enfin en harmonie.

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LA ALFOMBRA VOLADORA

En una pequeña ciudad cerca del desierto, hay un joven llamado Karim. Ayuda a su tío en el mercado y le gusta escuchar a los viajeros. Un día, una mujer misteriosa llega con una alfombra antigua. Ella dice que la alfombra elige a una persona honesta. Karim toca la alfombra y esta brilla como una estrella. La mujer explica que la alfombra vuela y escucha el corazón de su dueño. Karim no pide ni riqueza ni fama. Pide la paz entre las familias del pueblo que están enfrentadas. La alfombra se eleva hacia el cielo y una luz desciende sobre las casas. Los habitantes hablan, se perdonan y finalmente viven en armonía.

 

Concours de nouvelles «Mais Allah est le plus sage»: Le Voyage de Zohir

 

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En el desierto más grande del mundo, hay un chico que se llama Zohir. Vive en Dubái, pero hoy está perdido en el desierto. Quiere ir a casa de su abuela, que vive en Abu Dabi. Le gustaría llegar antes de que caiga la noche, pero no puede continuar. Solo puede ver la arena. Un músico mágico aparece de la oscuridad. Zohir tiene miedo, pero el mago le dice: “No te preocupes, te acompañaré a casa de tu abuela”. Siguen caminando por el desierto y pueden ver unas casitas. El músico mágico dice: “Vamos a dormir en este hotel”. Duermen y por la mañana el mago toca un instrumento extraño y un pájaro enorme los lleva a la ciudad de Abu Dabi. La abuela recibe a su nieto.

domingo, 15 de marzo de 2026

Concours de nouvelles «Mais Allah est le plus sage»: Sultan Amir et la lampe magique


Un sultan arabe qui s’appelle Amir habite en Égypte. Il est amoureux d’une très belle fille qui s’appelle Amal. Il veut se marier avec elle, mais la fille n’est pas sûre, car le sultan est pauvre.

Un jour, un riche sultan arabe nommé Yasir va chez la jeune fille et lui dit:

«Je veux me marier avec toi.»

Amal est heureuse et accepte rapidement.

Le sultan Amir est très triste. Il sort avec son ami et ils vont au souk pour regarder les objets. Là, le sultan Amir trouve une lampe magique. Il l’ouvre, et un magicien en sort. Amir est surpris.

Le magicien dit à Amir qu’il peut faire un vœu. Amir souhaite devenir riche. Le magicien transforme Amir en homme très riche, et Amir devient très heureux.

Pendant ce temps, Yasir a des problèmes et perd tout son argent. Amir devient le plus riche d’Égypte, tandis que Yasir et Amal vivent dans la pauvreté.

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Un sultán árabe que se llama Amir vive en Egipto. Está enamorado de una chica muy guapa que se llama Amal. Quiere casarse con ella, pero la chica no está segura porque el sultán es pobre.

Un día, un sultán árabe rico llamado Yasir va a casa de la joven y le dice:

«Quiero casarme contigo».

Amal está contenta y acepta rápidamente.

El sultán Amir está muy triste. Sale con su amigo y van al zoco para mirar las cosas. Allí, el sultán Amir encuentra una lámpara mágica. La abre y de ella sale un mago. Amir está sorprendido.

El mago le dice a Amir que puede hacer un deseo. Amir desea ser rico. El mago lo transforma en un hombre muy rico y Amir se siente muy feliz.

Mientras tanto, Yasir tiene problemas y pierde todo su dinero. Amir se convierte en el hombre más rico de Egipto, mientras que Yasir y Amal viven en la pobreza.

Concurso de relatos Pero Alá es el más sabio: Mansa Musa


Bajo la luz de la luna, Mansa Musa cruzaba el desierto con su caravana, camellos cargados de oro y hombres vestidos con túnicas blancas. Cada noche, mientras descansaba junto al fuego, escuchaba a los viajeros árabes contar historias de reyes sabios, genios escondidos y ciudades llenas de secretos. Mansa Musa repartı́a oro con alegrı́a en cada lugar donde se detenı́a, saludando a los necesitados y ayudando a los pobres, sin darse cuenta de que su generosidad alteraba los mercados. En El Cairo, los precios subieron y bajaron de manera extraña, y los comerciantes se lamentaban de la confusión que causaba su paso, mientras él seguı́a su viaje con calma, pensando solo en dar.

Cuando llegó a Fez, oyó hablar de la gran Universidad de Fez, donde se estudiaban religión, astronomı́a, medicina y filosof́a en árabe. Sin entender todo lo que veı́a, pidió que le enseñaran algunos libros y permitió que los sabios visitaran su caravana. Se dejó maravillar por las voces que recitaban textos antiguos y por los pergaminos llenos de conocimientos, sin imaginar que ese encuentro cambiarı́a para siempre su reino. Cada noche, mientras dormı́an los camellos, los relatos continuaban, y Mansa Musa sonreı́a escuchando sin cuestionarse nada más.

Al regresar a su tierra, trajo maestros, libros y poetas para que enseñaran a su pueblo, y construyó escuelas y mezquitas. Nadie notaba que, sin querer, habı́a desorganizado los mercados y causado problemas económicos; su generosidad era tan grande que nadie podı́a enojarse con él. Con el tiempo, cuando murió, los habitantes recordaron no el oro que habı́a dado, sino las historias, las enseñanzas y los libros que habı́a traı́do de tierras lejanas, igual que las noches de cuentos que escuchó en Fez. El legado más grande de Mansa Musa quedó invisible a los ojos: la curiosidad, la educación y la bondad que continuaron viajando por generaciones.

Concurso de relatos Pero Alá es el más sabio: La pequeña detective

 

No podía imaginarme que la casa de mis abuelos pudiera parecerse a la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Pero allí estaba yo, plantada frente a la puerta del dormitorio de los abuelos viendo cómo unos policías registraban o recogían pruebas de un robo que acababa de suceder.

Porque yo estaba convencida que lo que los ladrones se habían llevado de mis abuelos eran tesoros que habían ido guardando a lo largo de muchos años. Y según los cuentos que me narraba mi abuela antes de dormir, en la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones se almacenaban tesoros como los que custodiaban mis abuelos.

Además los policías habían dicho que el robo había sido cometido por un grupo numeroso de ladrones que actuaban por la zona. Intenté por todos los medios que la policía me escuchara porque yo sabía, o mejor dicho estaba segura, que los delincuentes eran Alí Babá y los cuarenta ladrones.

—¡Quita de en medio niña, no estorbes y ve a jugar! -esa fue la contestación que recibí por parte de los policías.

No me iba a dar por vencida así que acudí a mi abuela y le dije:

—Abuela, yo sé quiénes han robado.

Mi abuela pensó que podría dar alguna pista y me miró fijamente.

—Dime mi niña ¿acaso has visto algo?

—No, abuela —le contesté—, pero estoy segura que se trata de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Mi abuela entonces atribuyó a mi imaginación infantil la deducción a la que había llegado, y por ese motivo no me hizo caso.

A los dos días una noticia aparecía destacada en la portada de todos los periódicos: habían detenido a una banda que se dedicaba a robar y se llamaba así mismos “Alí Babá y los cuarenta  ladrones”.

Concurso de relatos Pero Alá es el más sabio: La lámpara de las arenas brillantes

 


En la ciudad de Samarkanda, famosa por sus bazares llenos de especias y telas de mil colores, vivía Layla, una joven curiosa y valiente. Le gustaba pasear entre los puestos, oler los aromas de las especias y escuchar los gritos de los vendedores, aunque a veces le molestaba el ruido.

Un día, mientras caminaba por un rincón apartado del mercado, vio un cofre viejo y polvoriento escondido entre unas alfombras. Lo abrió con cuidado y dentro encontró una lámpara de oro que brillaba con cofre viejo y polvoriento escondido entre unas alfombras. Layla no pudo resistir la tentación de frotarla… y bueno, pasó lo que todos imaginan.

De repente, con un estallido de luz y un chorro de humo azul, apareció un genio enorme y sonriente, con túnica azul y ojos que parecían chispear.

—¡Por fin me liberas! —dijo el genio—. Puedo concederte un deseo, pero… piensa bien antes de pedir.

Layla miró a su alrededor. La ciudad era hermosa, sí, pero sabía que muchas personas tenían problemas. Pensó unos segundos y dijo:

—Quiero que todos en Samarkanda aprendan a ayudarse y  compartir entre sí.

El genio asintió y levantó los brazos. Un polvo dorado comenzó a cubrir la ciudad. Al instante, los mercaderes empezaron a regalar un poco de sus productos, los vecinos compartían comida, y los niños jugaban juntos sin pelear… al menos por un rato.

Pero Layla pronto comprendió que la magia no duraría para siempre. La verdadera magia estaba en el corazón de cada persona, no solo en la lámpara. Decidió entonces enseñar a los demás que la bondad y la generosidad eran lo más poderoso de todo, aunque no siempre fuera fácil.

Y así, bajo los cielos estrellados de Samarkanda, la ciudad brilló como nunca antes. Quizá no todos lo recordaron siempre, pero algunos sí, y eso bastaba para que la ciudad siguiera un poquito más feliz cada día.