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lunes, 4 de enero de 2016

Torres más altas cayeron

La torre es un símbolo ambiguo desde el punto de vista sexual. Resulta evidente su simbolismo viril (que nos hace toser cuando vemos cómo varias ciudades rivalizan a ver quién levanta la torre más alta), que se vuelve más sutil (se sublima, diría Freud) cuando la torre pasa a representar la autoestima del rey, mago o artista que la levanta, como una imagen visible de su aspiración a elevarse al mundo superior de los espíritus y destacarse, como diría Rubén Darío, del vulgo municipal y espeso. El atentado del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York actualiza de forma trágica este simbolismo: fue como una patada contra el honor de Estados Unidos, cuya grandeza se asimilaba metafóricamente, a través de ese acto terrorista, con la torre de Babel o con la torre herida por el rayo del Tarot.

La revista de humor La Codorniz, que se publicó en España entre 1941 y 1978, tenía constantes problemas con la censura franquista, pero en ocasiones lograba colarles un gol a los encargados de mantener a raya a la publicación. Una de esas veces fue cuando el dibujante Enrique Herreros dibujó a una hermosa mujer en traje de baño frente a la emblemática torre inclinada de Pisa. El dibujo era completamente inocente —hasta que uno caía (los censores no lo hicieron) en que la torre del dibujo no estaba inclinada, sino completamente (e)recta.

Pero la torre es también un símbolo femenino. Dentro de la alegoría que convierte la seducción en un asedio militar, una conquista, el amante decidido a lograr el corazón de una dama ve en el orgullo y el pudor de esta una fortaleza o torre que él debe minar o derribar. La metáfora afecta también al físico de la dama: la torre representa a la vez su altura (eres alta y delgada, morena) y su altanería, y se identifica a menudo con su talle o con su cuello, retomando el simbolismo bíblico de la torre de marfil.

En la poesía española de tradición oral encontramos a menudo este uso de la torre como símbolo de la dama que se resiste al asedio masculino:

Anda, ve y dile a tu madre,
si no me quiere por pobre,
que el mundo da muchas vueltas
y ayer se cayó una torre.
(Tradicional)

Moralita, gentil moralita,
tanto orgullo no de debes tener,
porque al fin eres una de tantas
y torres más altas se han visto caer.
(Tradicional)

Federico García Lorca, siempre atento a la poesía popular, estiliza el símbolo al presentarnos en uno de sus romances, Arbolé, arbolé, a un conquistador (el viento, personificado) que se enamora de una muchacha y la galantea. El narrador nos presenta así a la niña y su pretendiente:

La niña del bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.

Pero, como todos los símbolos, también este es reversible. Bécquer le da la vuelta al identificarse con una torre que desafía con su solidez al huracán, imagen de la amada acostumbrada a arrasar con todo y con todos con su belleza:

XLI

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!


También el tema de la prisionera encerrada en la torre puede sufrir un cambio de género. En La vida es sueño es un joven príncipe, Segismundo, quien yace en una torre, encerrado porque las estrellas han anunciado a su padre, el rey Basilio, que si queda libre se convertirá en un tirano. La torre donde Segismundo está embotellado recuerda a las botellas u ollas arrojadas al mar donde Salomón, según la tradición, encerró a los genios malignos para que no pudieran hacer daño a la humanidad.

martes, 9 de abril de 2013

Lorca, de actualidad





Recogido de la edición digital del ABC

El espectáculo "Cuatro Lunas", basado en textos de García Lorca, llega al teatro Nuevo Apolo con Antonio Canales, Arturo Pareja-Obregón, María Toledo y Laura Gallego.

 

Como véis, Lorca es un autor de mucha actualidad, como todos los años: siempre hay alguna obra de teatro suya representándose, por ejemplo en los certámenes de teatro (por cierto, en mayo, vuelve el teatro a Navalmoral de la Mata: informaremos de las obras presentadas a concurso).

sábado, 26 de enero de 2013

Que no desemboca


Tal que ayer nos recitaba en clase Marcos, tan bien como suele, este poema de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, «Niña ahogada en el pozo».


Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes,
pero sufren mucho más por el agua que no desemboca.
Que no desemboca.

El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores.
¡Pronto! ¡Los bordes! ¡Deprisa! Y croaban las estrellas tiernas.
...que no desemboca.

Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta,
lloras por las orillas de un ojo de caballo.
...que no desemboca.

Pero nadie en lo oscuro podrá darte distancias,
sin afilado límite, porvenir de diamante.
...que no desemboca.

Mientras la gente busca silencios de almohada
tú lates para siempre definida en tu anillo.
...que no desemboca.

Eterna en los finales de unas ondas que aceptan
combate de raíces y soledad prevista.
...que no desemboca.

¡Ya vienen por las rampas! ¡Levántate del agua!
¡Cada punto de luz te dará una cadena!
...que no desemboca.

Pero el pozo te alarga manecitas de musgo.
insospechada ondina de su casta ignorancia.
...que no desemboca.

No, que no desemboca. Agua fija en un punto,
respirando con todos sus violines sin cuerdas
en la escala de las heridas y los edificios deshabitados.

Así suena en la voz de Enrique Morente, con la ayuda del grupo de rock Lagartija Nick: