viernes, 18 de diciembre de 2015

Torres de marfil y Torres de la canción

Jorge Luis Borges, escritor argentino prolífico donde los haya, tiene, como no podía ser menos, un cuento en el que la protagonista es una torre:

Un sueño

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma del círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
FIN

En este maravilloso cuento de Borges, el escritor argentino lleva hasta el extremo la idea del “poeta encerrado en su torre de marfil”. La expresión, que en realidad es de estirpe bíblica (ya lo vimos), sirvió desde el Modernismo para calificar a aquellos escritores que no se comprometían con la realidad sino que se evadían de ella, en oposición de aquellos autores que se implicaban con su tiempo (esta idea binaria, un tanto simplista, es la que ha separado durante décadas a los autores modernistas de los de la generación del 98, por ejemplo). Quizá fuera el propio Rubén Darío el culpable de las connotaciones negativas que hoy tiene utilizar la expresión “estar encerrado en una torre de torre de marfil”, porque él mismo, en un poema de Cantos de vida y esperanza , el autorretrato “Yo soy aquel que ayer no más decía” confiesa:

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Sin embargo, en otro poema del propio Rubén Darío, que comienza “¡Torres de Dios!, ¡Poetas!/ ¡Pararrayos celestes/que resistís las duras tempestades”, identifica a los creadores (poetas) con este edificio defensivo, y además los califica como “divinos”, pues siguiendo una vieja idea filosófica el poeta es un médium, es tan solo un intermediario entre Dios y los hombres. Parece, por tanto, que este símbolo asociado a la creación es muy valioso para Rubén Darío.

En cualquier caso, Jorge Luis Borges, que era un escritor de vastísima cultura, conocía a Rubén Darío y la imagen del poeta encerrado en su torre de marfil. Probablemente, Borges sabía que en realidad los poetas tienen que estar encerrados en sus torres, porque para poder componer poesía o música, para pintar o para realizar cualquier acto creativo se necesita silencio, concentración, aislamiento (Juan Ramón Jiménez, otro poeta al que se acusó de estar encerrado en su torre de marfil, tenía recubierto de corcho su estudio para que nadie le molestara). Lo habréis comprobado si vosotros mismos habéis escrito algo. El ruido es enemigo de la inspiración. El poeta, novelista y cantautor canadiense Leonard Cohen, a quien os recomendamos que escuchéis, tiene una canción, “Tower of song”, en su álbum I`m your man (1988), donde vincula esa idea de aislamiento, creación, arte en un sentido catártico con el espacio físico de la torre, que le protege del desamor: 



Well, my friends are gone and my hair is grey
I ache in the places where I used to play
And I'm crazy for love but I'm not comin' on
I'm just payin' my rent every day in the Tower of Song

I said to Hank Williams: "How lonely does it get?"
Hank Williams hasn't answered yet
But I hear him coughing all night long
Oh, a hundred floors above me in the Tower of Song

I was born like this, I had no choice
I was born with the gift of a golden voice
And twenty-seven angels from the Great Beyond
They tied me to this table right here
In the Tower of Song

So you can stick your little pins in that voodoo doll
I'm very sorry, baby, it doesn't look like me at all
I'm standin' by the window where the light is strong
Ah, they don't let a woman kill you, not in the Tower of Song

Now, you can say that I've grown bitter but of this you may be sure:
The rich have got their channels in the bedrooms of the poor
And there's a mighty Judgement comin' but I may be wrong
You see, I hear these funny voices in the Tower of Song

I see you standin' on the other side
I don't know how the river got so wide
I loved you, baby, way back when...
And all the bridges are burnin' that we might've crossed
But I feel so close to everything that we lost
We'll never, we'll never have to lose it again

Now, I bid you farewell, I don't know when I'll be back
They're movin' us tomorrow to the tower down the track
But you'll be hearin' from me, baby, long after I'm gone
I'll be speakin' to you sweetly from a window in the Tower of Song.

Yeah, my friends are gone and my hair is grey
I ache in the places where I used to play
And I'm crazy for love but I'm not comin' on
I'm just payin' my rent everyday in the Tower of Song

TRADUCCIÓN:

Bueno, mis amigos se han ido, y mi pelo ya está gris.
Siento nostalgia en los lugares en los que solía jugar.
Y estoy loco por amor, pero ya no lo siento en absoluto.
Tan solo pago el alquiler cada día en la Torre de la Canción.

Le dije a Hank Williams: "¿Cuánta soledad se puede tener?"
Hank Williams no me ha contestado todavía,
pero lo escucho toser cada noche.
Oh, cien pisos por encima de mí, en la Torre de la Canción.

Nací así, no tuve oportunidad.
Nací con el regalo de tener una voz dorada.
Y 27 ángeles del Más Allá,
me ataron a esta mesa, aquí en la Torre de la Canción.

Así que puedes clavar esos pequeños alfileres en ese muñeco vudú.
Lo siento mucho, cariño, no se parece en nada a mí.
Permanezco en la ventana, donde la luz es intensa.
Ah, no dejan que una mujer te mate, no en la Torre de la Canción.

Ahora, puedes decir que he crecido amargado, pero de esto puedes estar seguro:
los ricos han tenido su hueco en la cama de los pobres.
Y hay una poderosa sentencia final viniendo, pero puede que me equivoque. Sabes,
escucho esas voces divertidas en la Torre de la Canción.

Te veo al otro lado.
No sé cómo se ha hecho tan ancho el río.
Te amaba, cariño, antes, cuando…
Y todos los puentes se están quemando, los que podríamos haber cruzado.
Pero me siento tan cerca de todo lo que hemos perdido.
Nunca tendremos, nunca tendremos que perderlo de nuevo.

Ahora, me despido de ti, no sé cuándo volveré.
Nos moverán mañana desde aquí hasta la torre,
pero me escucharás, cariño, cuando yo ya me haya ido,
estaré hablándote dulcemente desde una ventana de la Torre de la Canción.

Sí, mis amigos se han ido, y mi pelo ya está gris.
Siento nostalgia en los lugares en los que solía jugar.
Y estoy loco por amor, pero ya no lo siento en absoluto.
Tan solo pago el alquiler cada día en la Torre de la Canción.

(traducción tomada de www.letras-traducidas.net)

jueves, 17 de diciembre de 2015

Tres tristes torres: del Génesis a Kafka (pasando por el ciclo artúrico)

I. LA TORRE DE BABEL

Génesis, Capítulo 11

 1 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.

 2  Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.

 3  Y se dijeron unos a otros:  «Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego». Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.

 4  Y dijeron:  «Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra».

 5  Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.

 6  Y dijo Jehová:  «He aquí que el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

 7  Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero».

 8  Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

 9  Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

II. LA TORRE QUE NO HACÍA PIE

Vortegirn [un usurpador que ocupaba el trono de Bretaña] convocó a sus magos, les pidió su opinión y les ordenó que le dijeran qué debía hacer [para salvarse de todo peligro]. Le dijeron que se construyese una torre muy recia, a la que podía retirarse a salvo cuando perdiese todas las demás fortalezas. Recorrió gran número de lugares con vistas a encontrar uno adecuado para su torre y llegó al fin al monte Erir, donde, reunidos albañiles de diferentes partes del país, ordenó levantarla. Los obreros comenzaron a poner los cimientos. Sin embargo, lo que ellos construían un día la tierra se lo tragaba al siguiente, de manera que no sabían adónde iba a parar su obra. Lo supo Vortegirn y consultó de nuevo a sus magos, pidiéndoles una explicación del suceso. Estos le dijeron que buscase un muchacho sin padre y que, una vez encontrado, lo matase, regando la argamasa y las piedras con su sangre. Si hacía esto, le aseguraban que los cimientos se mantendrían firmes. Despacha al punto mensajeros a todas las provincias en busca de un joven de esas características. Los enviados llegan a una ciudad que más tarde se llamó Carmarthen y, viendo allí jugando a unos muchachos junto a la puerta de la ciudad, se acercaron a verlos jugar. Fatigados por el viaje, se sentaron en corro, esperando encontrar lo que buscaban. Finalmente, cuando hubo transcurrido la mayor parte del día, una repentina querella surgió entre dos de los jóvenes, cuyos nombres eran Merlín y Dinabucio. En la discusión dijo Dinabucio a Merlín: «¿Por qué intentas rivalizar conmigo, necio? Nunca podrás competir conmigo en nobleza. Yo procedo de sangre real por ambas partes de mi familia. En cuanto a ti, nadie sabe quién eres, pues nunca tuviste padre.»

A estas palabras los mensajeros alzaron sus cabezas y, con los ojos fijos en Merlín, preguntaron a los transeúntes quién era. Estos les dijeron que nadie sabía quién era su padre, pero que su madre era hija de un rey de Demecia y vivía en esa misma ciudad, en la iglesia de San Pedro, junto con varias monjas.

No perdieron el tiempo los enviados. Se dirigieron presurosos al gobernador de la ciudad y le ordenaron en nombre del rey que enviase a Merlín y a su madre a Vortegirn, para que el rey hiciese su voluntad con ellos. Conducidos a su presencia, Vortegirn recibió a la madre con toda cortesía, pues sabía que procedía de noble cuna. Después le preguntó quién era el padre del muchacho. Ella dijo:

«Como vive mi alma y la tuya, mi rey y señor, que no conocí a nadie que me hiciera este hijo. Solo sé una cosa, y es que, mientras me hallaba en mis habitaciones con mis doncellas, solía visitarme alguien bajo la apariencia de un joven muy gentil. A menudo, estrechándome entre sus brazos, me besaba. Tras haber estado conmigo un breve espacio de tiempo, desaparecía súbitamente, de manera que no podía verlo más. Muchas veces, también, cuando yo estaba sentada sola, hablaba conmigo, pero sin hacerse visible. Después de haberme frecuentado de ese modo bastante tiempo, se unió a mí muchas veces, como un hombre lo hace, y me dejó embarazada. Que tu inteligencia decida, mi señor, quién engendró en mí a este muchacho, pues no he conocido ningún otro varón.»

Estupefacto, el rey manda llamar a Maugancio, para que le diga si es o no posible lo que la mujer ha dicho. Traen a Maugancio, quien, después de escuchar toda la historia, punto por punto, dice a Vortegirn:

«He leído en los libros de nuestros sabios y en numerosas historias que muchos hombres han sido concebidos de semejante forma. Como afirma Apuleyo en su tratado De deo Socratis, habitan entre luna y tierra ciertos espíritus a los que llamamos demonios íncubos. Participan de la naturaleza de los hombres y de los ángeles y, cuando quieren, adoptan figuras humanas y cohabitan con mujeres. Quizá uno de ellos se apareció a esa mujer y engendró en ella al muchacho.»

Merlín, que lo escuchaba todo, se acercó al rey y dijo: «¿Por qué nos han traído a mi madre y a mí a tu presencia?»

Vortegirn respondió:

«Mis magos me aconsejaron que buscase a un hombre sin padre. Si consigo regar con su sangre mi torre, esta se mantendrá firme.»

Dijo entonces Merlín:

«Di a tus magos que comparezcan ante mí. Les demostraré que mienten.»

El rey quedó asombrado de lo que acababa de oír. Ordenó venir a sus magos y sentarse frente a Merlín. Este dijo:

«Como no sabéis qué es lo que obstaculiza los cimientos de la torre en construcción, habéis aconsejado que mi sangre se mezcle con la argamasa para que, de ese modo, el edificio se mantenga firme. Pero, decidme, ¿qué es lo que yace oculto bajo los cimientos? Pues no cabe duda de que hay algo que impide mantenerse firme a la torre.»

Los magos, aterrorizados, enmudecieron. Entonces Merlín, también llamado Ambrosio, dijo:

«Mi rey y señor, llama a tus obreros y ordénales cavar en tierra. Bajo ella encontrarás un estanque, que es lo que no permite tenerse en pie a la torre.»

Así se hizo, y encontraron bajo tierra un estanque que hacía el suelo movedizo. De nuevo se acercó Ambrosio Merlín a los magos y les dijo:

«Decidme, aduladores embusteros, ¿qué es lo que hay debajo del estanque?»

Guardaron silencio, incapaces de articular palabra. Y Merlín dijo al rey:

«Ordena vaciar el estanque por medio de canales y verás en el fondo dos piedras huecas y, dentro de ellas, dos dragones durmiendo.»

El rey dio crédito a las palabras de aquel que ya había acertado en lo del estanque, y ordenó vaciarlo. Nada lo había asombrado tanto en su vida como Merlín. También estaban asombrados todos cuantos allí estaban presentes ante tanta clarividencia, y juzgaban que un dios habitaba en él.

(Geoffrey de Monmouth, Historia de los reyes de Britania, tr. de Luis Alberto de Cuenca, Madrid: Alianza, 2004, pp. 153-156.)

 III. EL ESCUDO DE LA CIUDAD
(Franz Kafka)


En un principio no faltó la organización en las disposiciones para construir la Torre de Babel; un orden excesivo, quizá. Se pensó demasiado en guías, intérpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedara terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creíble era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores, condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que demoraría muchísimo la construcción de la torre y otros que más valía aguardar a que se restableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así pasó el espacio de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad.

En todas las leyendas y cantos de esa ciudad está presente el vaticinio que anuncia que cinco golpes sucesivos de un puño gigantesco aniquilarán la ciudad. Por esa razón está el puño en el escudo de armas.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De (más) mujeres encerradas en torres, además de nuestra Rapunzel

En la mitología clásica, la más significativa de entre las mujeres encerradas en torres es quizás Dánae (que en griego significa “sedienta”, curiosa la sed de Delgadina del romance del pasado viernes). El padre de Dánae, decepcionado por no tener hijos varones, consultó el oráculo y le anunció que sería asesinado por el hijo de su hija (o sea, su nieto). Así que no se le ocurrió otra cosa que encerrarla en una torre de bronce (en otras versiones, una cueva). Pero no sirvió de nada, porque Zeus se convirtió en lluvia de oro, la fecundó y así nació Perseo (que efectivamente matará a su abuelo, Acrisio, rey de Argos). Dánae ha sido un personaje muy representado en la historia de la pintura: Tiziano, Rembrandt o Gustav Klimt tienen famosas Dánaes. La representada junto a estas líneas es de Jan Gossaert (1527), y la hemos seleccionado porque aquí aparece encerrada en una torre.


En la tradición judeocristiana, la torre simboliza a la considerada mujer por excelencia, la Virgen María (que es calificada en los textos doctrinales como turris eburnea). Esta asociación nace en el Cantar de los Cantares, libro de la Biblia atribuido al rey Salomón, y desde luego uno de los más bellos. El Cantar de los cantares cuenta una historia de amor entre un pastor y una muchacha, y en uno de sus versículos, el coro describe el rostro de la mujer de la siguiente manera (7:5):

Tu cuello, torre de marfil. Tus ojos, dos piscinas de Hesebón, junto a la puerta Mayor. Tu nariz, como la Torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco”.

A partir de ahí, y haciendo una interpretación alegórica de los textos bíblicos, se considera que si Cristo es la cabeza y el cuerpo la propia Iglesia, la Virgen (torre de marfil) es el cuello, es el modo de conexión entre Cristo y la Iglesia. Además, se destacan dos de sus atributos: la pureza (representada en la blancura del marfil) y la fortaleza de un edificio vinculado siempre a fines defensivos.

Otra mujer de la tradición judeocristiana asociada a la torre es la mártir y santa Bárbara de Nicomedia. En el siglo XIII, el dominico italiano Santiago de la Vorágine contó en su hagiografía La leyenda dorada la vida de esta santa, que comienza así:

“En tiempos del emperador Maximiano vivía en Nicomedia un tal Dióscoro, pagano de religión […]. Tenía este hombre una hija llamada Bárbara, dotada de tan extraordinaria hermosura corporal , que su padre, movido por el intensísimo amor que a su hija profesaba, y para evitar que cualquier varón la viera, hizo construir una altísima torre y la encerró en ella”.

Pero además de ser guapa, Bárbara era inteligentísima, por eso durante su encierro en la torre renunció a casarse, comenzó a leer y “se consagró al estudio de las artes liberales”. Llegó a los oídos de Bárbara que en Alejandría “vivía un hombre llamado Orígenes del que se comentaba […] que era el hombre más sabio del mundo […] y que conocía al Dios verdadero”, y con él estableció Bárbara una correspondencia secreta a espaldas de su padre.

Cuando el progenitor se entera de que ha abrazado la religión cristiana (y que incluso ha hecho construir una tercera ventana en su torre, símbolo de la Santísima Trinidad) no tiene ningún problema en entregarla al gobernador, para que la castiguen, mediante azotes, y hagan escarnio público, paseándola desnuda por su ciudad. Al final, la joven morirá degollada a manos de su propio padre. Eso sí, cuando este descendía la ladera “cayó sobre él desde lo alto del cielo un fuego misterioso que lo abrasó y consumió tan absolutamente que en el lugar donde esto ocurrió no quedaron siquiera las cenizas de su cuerpo” (La leyenda dorada, 2, capítulo CII).

Otra mujer, también desgraciada, asociada a una torre es Elaine, más conocida como “la dama de Shalott”. Este personaje pertenece al llamado “ciclo artúrico”. Vive en Shalott, una isla rodeada por un río que conduce a Camelot. El romántico inglés Alfred Tennyson nos cuenta su desgraciada vida en un poema muy conocido, sobre todo porque los pintores prerrafaelistas ingleses (la de aquí es de Waterhouse) utilizaron esta leyenda en varios de sus cuadros. Dice Tennyson que Elaine está encerrada en una torre presa de una maldición:

Allí, noche y día, teje
un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole
que una maldición caerá sobre ella
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es,
y debido a ello teje sin parar,
sin preocuparse de nada más,
la Dama de Shallot.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
aparecen las tinieblas del mundo.
Ve la cercana calzada
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río,
los rudos patanes pueblerinos,
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shallot.

Pero un día ve a través de su espejo a un apuesto caballero, Lanzarote del Lago, mira hacia Camelot por la ventana y la maldición se cumple… Se marchará hacia el mar en un barco a la deriva…

martes, 15 de diciembre de 2015

Club de lectura: El cuento de nunca acabar


Como el curso pasado, estamos realizando este curso un Club de Lectura con alumnos de la ESO y Bachillerato y dos profesores de Literatura (Carolina y Alejandro). Esta vez estamos trabajando sobre los Cuentos de los hermanos Grimm. En este trimestre hemos partido de Rapunzel o Rapónchigo, y el viaje nos ha llevado hasta múltiples historias sobre doncellas encerradas en torres (santa Bárbara, Delgadina), torres que representan el orgullo humano (Babel, Vortegirn), torres de marfil y otras muchas y variadas. En las siguientes entradas vamos a ir subiendo los materiales de esta experiencia. Recordad que la iniciativa está abierta a la colaboración de cualquiera: podéis sumaros en cualquier momento a nuestras reuniones.

EL CUENTO DE NUNCA ACABAR: 
UNA PUERTA DE ENTRADA A UN MUNDO INFINITO

Cualquier cuento tradicional, como cualquier mito, puede valer como puerta de entrada a todos los demás. Son como habitaciones de un único edificio.

¿Son todos los cuentos el mismo cuento? En la medida en que tratan de un héroe y su misión, puede considerarse que sí. Pero cada uno tiene sus propios rasgos. Blancanieves no es Caperucita, ni esta es Cenicienta. Y Juan sin Miedo no es Pulgarcito, ni este se confunde con el Príncipe Azul.
Hemos elegido el cuento de Rapunzel (Ruiponce, Rapónchigo). Si hubiera que buscar una razón, una buena sería que es un cuento que habla precisamente del acceso a algo que se parece al sentido último de los cuentos: es hermoso, pero está oculto (puede parecer incluso inaccesible) y es preciso mucho amor, y quizá algo de magia, para llegar hasta él. Se trata de un camino apasionante, pero difícil, en el que uno puede quedarse ciego cuando más cerca de la verdad se creía.

Además, es un cuento sobre el que se ha vuelto con frecuencia en los úiltimos años. Los estudios Disney lanzaron en 2010 Enredados (Tangled) , una película de dibujos animados basada en el personaje de Rapunzel, que quedó así incluida en el club de las 'princesas Disney'.

*

¿De dónde procede el cuento? Los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm publicaron en 1812 y 1825 (tomos I y II)  la primera edición de sus Cuentos de niños y del hogar, que incluía 156 historias.  En 1857 publicaron la séptima edición, que es la que suele traducirse, y que reúne 211 cuentos. 
En el curso de estas ediciones, los hermanos fueron eliminando detalles que les parecían escandalosos (veremos algunos en el caso de Rapunzel) e introduciendo cambios importantes (por ejemplo, la bruja de Rapunzel no era tal bruja, sino un hada, en la primera edición de la obra). 
Para bien y para mal, los cuentos maravillosos, tal y como los conocemos,  han quedado fijados a partir de sus versiones alemanas recogidas por los Grimm. Para bien porque de ese modo todos los niños (al menos los occidentales) comparten esas referencias, lo que permite que se hagan series de TV, películas, etc, sobre ellas. Para mal porque del mismo modo que esos cuentos tienen versiones alemanas, también las hay francesas, italianas... y españolas. Pero los niños de esos países a menudo no conocen las versiones propias de su cultura, sino las de los Grimm (y a menudo pasadas por el filtro de Disney). Algo haremos para combatir eso y devolverle al texto su condición de una variante entre muchas.

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Érase una vez: es la contraseña que abre la puerta del mundo de los cuentos. Como veremos, también hay fórmulas para cerrarlos.

La historia comienza con un matrimonio sin hijos: por utilizar un término ajedrecístico, se trata de una 'apertura' común a muchos cuentos. Además, queda claro desde el principio que este es un 'cuento de los niños y del hogar', o sea, que habla de la familia, de lo que supone amarse y tener hijos como fruto de ese amor.

Ni el padre ni la madre tienen nombre propio: son personajes típicos (o arquetípicos), definidos por la función que ejercen. Lo mismo le pasa al príncipe que se enamora de Rapunzel. Solo la niña y la bruja (señora Gothel) tienen nombre propio. E incluso sus nombres tampoco son, en cierto modo, como veremos, nombres de verdad.

La casa donde vive la pareja tiene un fuerte simbolismo: aparentemente solo tiene una ventana, y esta no está en la fachada ni en los laterales, sino en la parte de atrás. Desde ella se ve un mundo maravilloso (el jardín de la bruja), que se puede ver pero no tocar. La casa parece un símbolo de la mente humana, y esa ventana trasera da al subconsciente o inconsciente, donde viven los sueños y se crían todos los deseos, pero también donde acechan los mayores peligros. Es, en cualquier caso, un sitio donde uno no manda, por mucho que esté situado en lo más profundo o interior de uno mismo.

Antes de que sepamos que la mujer está embarazada, leemos sin embargo que tiene un antojo (que delata en cierto modo su condición). La planta que se le antoja, el ruiponce o rapónchigo que da nombre al cuento, no suele encontrarse en las fruterías ni en otras tiendas de alimentación: ni siquiera es un fruto, pues lo que se come de ella es, bien la raíz (similar a un nabo), bien las hojas. Comúnmente se la conoce como campanilla, y tiene unas flores azules. Ni las flores ni la raíz son particularmente dulces o sabrosas, por lo que parece claro que en el cuento se ha elegido esta planta por otra razón, que no es sencillo esclarecer.

No faltan un par de pistas, sin embargo. Sabemos que el ruiponce es una plata extraordinariamente fecunda, pues es capaz de fertilizarse a sí misma Desde ese punto de vista, no parece casualidad que se descubra que la mujer está embarazada solo después de haber tomado la planta.

Se ha destacado también que el tallo del ruiponce se divide en dos y sus mitades «se curvan como si fueran las trenzas o rizos de la cabeza de una doncella»: es decir, que la planta recuerda a los cabellos del personaje que lleva su nombre.

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La planta, que crece en el jardín de un hada (versión de 1812) o de una bruja (v. de 1857), es sin duda mágica. Y sabemos que toda magia tiene siempre un precio. En este caso, lo que el cuento plantea tiene mucha lógica: dado que el matrimonio le ha robado a la dueña del jardín un rapónchigo, le tiene que pagar con 'otro'. Ese otro es la hija que van a tener, que también es un rapónchigo porque se va a llamar así (Rapunzel = ruiponce = rapónchigo).

Como todas las drogas, la que toma la madre de la protagonista es adictiva: tras tomarla por primera vez, en vez de sentirse saciada, ve cómo su deseo se triplica (necesita una dosis mayor). La planta le da un plus (de energía, de alegría) que luego hay que pagar con un minus (bajón, resaca, desencanto). Y, como casi todas las drogas, es ilegal —y para consumirla hay que tratarla con personajes siniestros que imponen tratos ventajosos para ellos.

Pistas varias:

El tema de la niña-adolescente-joven presa de una vieja malvada que no la deja ser feliz ni madurar ha sido tratado varias veces por nuestra literatura del XX. Rafael Alberti: El adefesio. García Márquez: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su desalmada abuela. Lauira Esquivel: Como agua para el chocolate. También Lorca: La casa de Bernarda Alba.

En La Arboleda Perdida Alberti rememora su estancia en Rute, pequeña localidad cordobesa, donde conoció la historia de "la Encerrada":

Allí, en el barrio alto, vivía una hermosa muchacha, conocida en el pueblo y los alrededores por el nombre de "la Encerrada", a la que solamente podía vérsele, siempre en compañía de alguien, tapado el rostro por un velo, durante la misa de alba. Muchas noches subía yo hasta su calle, paseándola de arriba a abajo las horas muertas, en la inútil espera de adivinarla tras las ventanas y balcones, jamás abiertos, de su casa. Corrían sobre esta joven las más raras y hasta torpes leyendas, que todo el pueblo repetía, añadiendo cada cual lo peor de su imaginación. Tanto la madre como las tías que la custodiaban tenían el odio de los hombres, quienes soñaban con la muchacha, deseándola abierta y desvergonzadamente. También mi sueño se llenó de ella, naciendo en mí un sentimiento triste, un silencioso amor, un ansia acongojada de arrancarla de aquellas negras sombras vigilantes que así martirizaban su belleza, su pobre juventud entre cuatro paredes (página 185). (...) Solo supe más tarde que "la Encerrada" de mis primeras canciones rutenas, siguiendo una tradición muy antigua en su pueblo, se había suicidado (página 186).

Heine habló en una ocasión de «la hermosa hija del verdugo», y uno de los grupos más curiosos de los años 60, la Incredible String Band, le dio ese título a su mejor disco, The Hangman's Beautiful Daughter.

viernes, 4 de diciembre de 2015

La nana de Mordred (Alejandra Prieto)


El ciclo artúrico es una creación colectiva que arranca en la Edad Media y llega hasta nuestros días, donde se manifiesta en múltiples formatos. Uno de ellos es la canción pop. La cantautora Heather Dae, especializada en e mundo de Camelot, nos presenta en la canción que sigue a dos de los personajes más inquietantes de ese universo: la bruja Morgana y su hijo, Mordred. Alejandra Prieto nos trae la canción, la traduce y la comenta.

*

MORDRED'S LULLABY
 (Heather Dale, Trial of Lancelot)

 Hush child, the darkness will rise from the deep,
 And carry you down into sleep,
Child, the darkness will rise from the deep,
And carry you down into sleep.

Guileless son, I'll shape your belief,
And you'll always know that your father's a thief,
And you won't understand the cause of your grief,
But you'll always follow the voices beneath.

Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, only to me.

Guileless son, your spirit will hate her,
The flower who married my brother the traitor.
And you will expose his puppeteer behavior,
For you are the proof of how he betrayed her loyalty.

Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, only to me.

Hush child, the darkness will rise from the deep,
And carry you down into sleep,
Child, the darkness will rise from the deep,
And carry you down into sleep.

Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, only to me.

Guileless son, each day you grow older, 
Each moment I'm watching my vengeance unfold.
For the child of my body, the flesh of my soul,
Will die in returning the birthright he stole.

Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, loyalty,
Loyalty, only to me.

Hush child, the darkness will rise from the deep,
And carry you down into sleep,
Child, the darkness will rise from the deep,
And carry you down into sleep.

CANCIÓN DE CUNA PARA MORDRED

Silencio, niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.
Niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.

Hijo inocente, voy a dar forma a tu creencia,
y siempre sabrás que tu padre es un ladrón,
y no entenderás la causa de tu dolor,
pero siempre seguirás las voces que hay debajo.

Lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, solo a mí.

Hijo inocente, tu espíritu la odiará,
la flor que se casó con mi hermano el traidor.
Y expondrás su comportamiento manipulador,
pues tú eres la prueba de cómo él traicionó su lealtad.

Lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, solo a mí.

Silencio, niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.
Niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.

Lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, solo a mí.

Hijo inocente, cada día que creces,
cada momento estoy viendo mi venganza desplegarse.
Pues el hijo de mi vientre, la carne de mi alma,
morirá a cambio de la primogenitura que él robo.

Lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, lealtad,
lealtad, solo a mí.

Silencio, niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.
Niño, la oscuridad se elevará desde las profundidades,
y te llevará hacia abajo hasta el sueño.

En esta canción, Heather Dale, la autora, interpreta a Morgana, hermana del rey Arturo, con quien ha tenido un hijo incestuoso.

Hace referencia varias veces a la oscuridad, y afirma que esta le sumirá en un profundo sueño, y también habla de unas voces por las que él se deja guiar. Estos términos (oscuridad y voces que manejan a una persona) no suelen implicar nada bueno, ya que el personaje de Mordred está siendo manipulado por su madre. Le habla del odio que siente hacia el rey y de cómo debe llevar acabo su venganza y arrebatarle el trono para quedárselo él.

Hay varias teorías de cómo tuvieron a Mordred:

En una versión Morgana, por error, confunde a Arturo con su marido y le visita en la noche.

En otra, Arturo viola a su hermana, superado por su lujuria.

En la película Excalibur, es Morgana la que confunde a Arturo haciéndose parar por la reina para tener un hijo con él.

En cualquiera de los casos, el descubrimiento del incesto suele ser desastroso, agravándose al escuchar una profecía sobre un niño nacido en el primero de mayo, como era Mordred, que destruirá el reino de Camelot.

Por ello, Arturo envía a todos los bebés nacidos en mayo de los nobles a la muerte en un barco destartalado. El barco se hunde, y el único niño que sobrevive es Mordred, que es rescatado y, finalmente, devuelto a sus padres, aunque Arturo jamás lo acepta como hijo suyo.


ALEJANDRA PRIETO PLAZA

martes, 27 de octubre de 2015

Bajar a los Infiernos (Alejandra Prieto)



Como en cursos pasados, traemos al blog algunos de los trabajos que van haciendo nuestros alumnos. Hoy, Alejandra Prieto, alumna de Literatura Universal, nos habla de la bajada de algunos dioses y héroes al infierno en las mitologías de varias culturas.

DESCENSO DE ISHTAR / INANA A LOS INFIERNOS

Inana era la diosa del amor y la guerra, representaba la fertilidad y la vida; en cambio, su hermana Ereshkigall representaba la muerte y era la diosa de los infiernos. Esta leyenda nos cuenta cómo Inana bajó al reino de su hermana y quedó atrapada allí, muerta. Aunque hay varias versiones:

La primera empieza con la muerte del esposo de Ereshkigall, Nergal, el dios de las plagas. La fecha de su muerte coincide con el día del parto de su hijo, por lo que la diosa tenía una inmensa pena y una intensa rabia. Inana oye los gritos de dolor de su hermana y decide bajar al infierno a verla, pero no sin antes avisar a su fiel siervo, Ninshubur, que si no vuelve en tres días, avise a los dioses.

Cuando llegó, fue recibida por Neti, el guardián, quien se lo notificó a su hermana. Ereshkigall aceptó dejarla pasar con la condición de que dejara una prenda por cada puerta que pasase y que finalmente se arrodillara ante ella.

En la primera puerta dejó sus sandalias, símbolo de voluntad; en la segunda dejó sus joyas, símbolo de la imagen de su persona; en la tercera, sus ropas, que significa entregar la propia mente; en la cuarta, los cuencos dorados que cubrían sus pechos, lo cual significaba entregar su sexualidad; en la quinta dejó su collar, éxtasis de la Iluminación; en la sexta, sus pendientes, su magia; y finalmente, Inana tuvo que dejar su corona de los mil pétalos, que era el símbolo de la divinidad.

Despojada de toda prenda y arrodillada ante el trono, su hermana la sentenció a ser colgada de un gancho hasta que su cuerpo se pudriese. Cuando pasaron los tres días, Ninshubur avisó a los dioses, pero el único que quiso ayudarle fue Enki, señor de la tierra y padre de los dioses. De la suciedad de sus uñas creó a dos seres que mandó a acompañar a Ereshkigall en su dolor. Ella, agradecida, aceptó  darles el cuerpo de Inana. Rociaron el cadáver con el agua de la vida y ella revivió. Pero aún así no podía salir del infierno, alguien debía ocupar su lugar. Muchos de sus súbditos se ofrecieron, pero ella se negó. Solo cuando llegó a su casa y vio a su esposo comiendo y rodeado de mujeres, le mandó a cumplir condena por ella.

Otra versión es la que cuenta que en vez de morir el esposo de Ereshkigall, muere el de Inana, Tammuz, a causa de un jabalí. Inana trata de ir a por él a los infiernos pero su hermana le pone las mismas condiciones: dejar sus prendas y arrodillarse ante ella. Inana aceptó y cuando por fin entró, su hermana se arrepintió de haberle dado permiso y la impidió salir. En la Tierra, las personas dejaron de casarse y de engendrar niños, por lo que los dioses obligaron a Ereshkigall a dejar salir a Inana. Cuando Inana hubo recuperado sus pertenencias, fue capaz de volver al mundo de los vivos con su marido y las personas volvieron a la normalidad.

RAPTO DE PERSÉFONE

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos) se enamoró de ella y un día la raptó.

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que fue a tomar un lirio (según otras versiones, un narciso), la tierra se abrió y por la grieta Hades la tomó y se la llevó.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Deméter inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril. Al tiempo, Zeus ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que le causa el retorno de la joven a su madre. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.
Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Otoño y el Invierno.

ORFEO Y EURÍDICE

Sin salirnos de la mitología griega tenemos el mito de Orfeo, quién bajó a los infiernos para recuperar a su amada. Orfeo, el excelente músico, encantador de hombres y fieras, hijo de Calíode (musa de la poesía y la elocuencia), al morir su esposa, Eurídice, decidió bajar a los infiernos para llevarla de vuelta al mundo de los vivos. Allí, con su lira, cantó y tocó tan dulce música que los dioses de la muerte permitieron a Eurídice regresar con los vivos, siempre y cuando se cumpliese una condición: Orfeo no podría volverse para contemplar a su amada mientras se la llevaba. Cuando estaba a punto de liberarla, justo a la entrada del inframundo, Orfeo no pudo resistir por más tiempo y, dándose la vuelta, contempló a Eurídice, condenándola para siempre a permanecer en los infiernos. Desde entonces, derrotado por el dolor, Orfeo no amó a otra mujer y rechazó bruscamente a todas. Esto ofendió a las tracias, quienes lo desmembraron y lo tiraron al río; aún así, su cabeza y su lira continuaron cantando.

IZANAGI E IZANAMI

Pero Orfeo no es el único que baja a los infiernos sin llevarse lo que buscaba. Izanagi es un dios japonés que forma parte, junto con Izanami, de la pareja primordial que creó el mundo y de la que surgieron los demás dioses: Izanami, tras dar a luz al dios del Fuego, murió consumida por las llamas. En un primer momento, Izanagi sintió una gran tristeza, y de sus lágrimas nacieron los demás dioses, pero, al considerar al dios del Fuego el culpable de la muerte de su esposa, lo decapitó. Más tarde, Izanagi resolvió acudir a Yomi, el mundo de los muertos, con la esperanza de poder devolver a Izanami a la vida. Ella apareció en la entrada del inframundo, cubierta de sombras, le dijo que podría discutir su liberación con los dioses de los muertos y, antes de retirarse hacia la oscuridad, le rogó encarecidamente que no la mirase.

Izanagi hizo caso omiso, prendió fuego a su peineta y la utilizó como una antorcha para escudriñar la oscuridad en la que Izanami se había sumido. Allí vio que ella era un cadáver en descomposición y escapó, aterrorizado. Ella, furiosa, envió tras él a las brujas de Yomi, a infinidad de guerreros y a los ocho dioses del trueno. Además, la propia Izanami lo persiguió, convertida en un ser demoníaco, pero, a la salida del mundo de los muertos, Izanagi bloqueó la entrada con una gran roca, impidiendo el paso.

Tras su experiencia en Yomi, Izanagi quiso purificarse dándose un baño en un río, donde dio a luz a las tres deidades principales del panteón japonés: Amaterasu (diosa del Sol), cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-Yomi (dios de la Luna), cuando se lavó el ojo derecho y Susano (dios de la tormenta), que surgió de su nariz.

Alejandra Prieto Plaza
1º BACH A

jueves, 22 de octubre de 2015

Visita a la Fundación Concha (ESPA)

Alumnos del IES Augustobriga matriculados en el curso de Educación Secundaria para Adultos visitaron en la tarde del 15 se octubre las bibliotecas de la Fundación Concha. Siendo desconocidas para muchos de ellos, nuestros alumnos quedaron encantados con la divertida biblioteca infantil y fascinados por la impresionante biblioteca de adultos, joya de la Fundación.

Les llamaron poderosamente la atención los vetustos y severos volúmenes contenidos en las regias librerías decimonónicas. Y decidieron inmortalizar el instante que para eso todos tenían móvil de última generación.



Pero es que luego descubrieron la escalera para acceder a los libros colocados en lo más alto y ya se volvieron locos tomando fotos y más fotos. Reconozcamos que la escalera es fotogénica ¿pero qué me decís de estos entusiastas alumnos del nocturno?






En suma, fue una visita muy inspiradora pues todos decidieron volver otro día a hacerse el carnet de usuarios de la biblioteca y algunos se plantean hacer uso de ella también como sala de estudio. Así pues RECOMENDAMOS desde aquí a todos los alumnos augustóbrigos que se den una vuelta por el mencionado sitio, LA BIBLIOTECA DE LA FUNDACIÓN CONCHA, que cae de paso, que está en la calle principal y que es un sitio chulo de verdad. Y otra cosa: dispone de una sala (al lado de la antigua de lectura) muy bonita, moderna, con mucha luz y es moderna y muy apropiada para juntarse a hacer trabajos de clase,y está a vuestra disposición cada vez que la solicitéis. ¡No tenéis excusa para no pasar por allí!

viernes, 5 de junio de 2015

Las diez cosas que no le gustan nada a Celia Campos





Hoy estoy aquí para contaros las diez cosas que más odio en el mundo.

1. Los saltamontes. No sé si es que soy yo la que tengo una obsesión por los saltamontes, pues siempre que los veo pienso que me van a saltar a la cara y se me van a quedar pegados en ella, mientras yo pego saltos haciendo el ridículo en cualquier parte.

2. La coleta. Odio cuando llevo prisa y se me olvida quitarme el reloj para hacerme la coleta, pues el pelo se engancha en el reloj y se me despeina completamente. A priori es un poco difícil de entender, pero estoy segura de que muchas personas me entienden.

3. "El desobediente". Una de las cosas que más me enfada es cuando mi perro no me hace caso, ¡Me enerva mucho! Menos mal que al fin y al cabo es bueno y cariñoso. La mayoría de veces me
hace caso, y eso me gusta, pero cuando no. . .

4. Madrugar. Esas típicas mañanas de instituto en las que te tienes que levantar a las siete y media. Te levantas con los ojos cerrados, vas al baño a lavarte la cara, das la luz y... ¡Deslumbre mañanero! Esas mañanas no me gustan nada.

5. Las elecciones. En la semana anterior a las elecciones entras a cualquier sitio público y de lo único que hablan es:

—¿Quién ganará las elecciones?

Y otra persona dice:


—Yo creo que ganará.

Etc. Esas conversaciones me parecen meras elucubraciones mentales que no llegan a ningún sitio. Las odio.

6. El arroz caldoso. Hay un arroz que prepara mi abuela que se condimenta con un caldo de pescado y chirlas con gambas y cosas así. Esa comida me da ganas de vomitar. No puedo comerme eso. No me gusta.

7. Risa acuática. Esas conversaciones con amigos graciosos mientras bebes agua, que en el momento más inoportuno te hacen reír y escupes todo el agua a modo misil. Lo peor es cuando te pasa en un lugar cerrado y formas un charquito en el suelo.

8. No me gusta cuando estás construyendo una torre de fichas de dominó, vas a poner la última
pieza y la torrecita se derrumba entera haciendo un fuerte estruendo que ensordece a todos los ocupantes de una sala.

9. Tauromaquia. Odio las corridas de toros porque me parece que el pobre animal no merece una muerte violenta, mientras los espectadores se ríen y disfrutan de esta.

10. Las películas de terror. Depende de las que sean, pero normalmente me da reparo verlas porque luego me arrepiento y me da un poquillo de miedo.

Las diez cosas que no le gustan a Sergio Barbero


1. Cuando mis vecinos hacen ruido.
2. Cuando me suena el despertador.
3. Cuando me echo en un vaso algún refresco, voy a hacer otra cosa y cuando llego no hay nada.
4. Cuando estudio mucho para un examen y saco una nota mala.
S. Cuando una persona que odio hace las cosas mejor que yo.
6. A los deportistas prepotentes.
7. Cuando me riñen por algo que no he hecho.
8. Cuando en los restaurantes ponen cuchillos que no cortan.
9. El regetón.
10. Cuando en el móvil pone batería baja.

La diez cosas que más odia Esther Almoharín


Bueno, hoy os voy a contar una historia para enseñaros las diez cosas que más odio en este mundo...

Era un día lluvioso y mis amigos y pensábamos qué hacer hasta que se oyó una voz a lo lejos:

—iVamos a jugar al escondite! —dijo mi amiga Lara.

—iGenial! —dijimos todos al mismo tiempo. Y así nos pusimos a jugar... Yo pensaba que todo era perfecto, pero en realidad me equivocaba. Cuando iba a salvarme tocando la pared, Juan, un chico de mi clase, me empujó y me tiró al suelo y claro, me llenó la falda entera de barro.

1ª cosa que más odio en este mundo: jugar al escondite en un día lluvioso y con una falda.

Como me había manchado toda la falda de barro, decidí ir a casa a cambiarme. Cuando llegué, mis padres estaban histéricos porque no les habían mandado la invitación tan importante que tenía que llegar ese mismo día. Como tampoco me importaba mucho todo eso, subía la habitación con sigilo para cambiarme, pero cuando iba a bajar mi madre no me vio y me tiró una tarta de queso encima.

2ª cosa que más odio en este mundo: !a tarta de queso desde aquel preciso instante.

Mi camisa favorita se había echado a perder, decidí subir a cambiarme de ropa por segunda vez consecutiva y me puse un pantalón de chándal viejo y una sudadera sucia y vieja para no volver a mancharme. Cuando bajé, las amiguitas de mi hermana estaban en el jardín jugando con pistolas de agua. Como era de esperar, mi hermana gritó:

—iA por ella! —y claro, como era de esperar también, yo acabé empapada.

3ª cosa que más odio en este mundo: las estúpidas pistolitas de agua.

Yo ya di por perdida mi paciencia y decidí no volver a cambiarme pasara lo que pasara... Me fui de casa con el alma por los suelos y me fui al parque a ver si mis amigos seguían allí. En eso sí que acerté, pero cuando vi qué amigos estaban me di cuenta de que el chico que me gustaba y cuyo nombre no voy a mencionar estaba allí también. Él vino hacia mi contento y yo estaba sucia y despeinada.

4ª cosa que más odio en este mundo: salir de casa sin arreglarme por si las moscas.

Para mi asombro, él me preguntó:

—Esther, ¿querrías venir a tomar un helado conmigo? —yo me quedé tan petrificada
que no pude responder.

5ª cosa que más odio en este mundo: quedarme petrificada delante del chico que me
gusta. ¿Por qué soy tan tonta?


Después de que pasara un rato,  al final le respondí:

—Sí, claro. Pero primero me tengo que cambiar, voy a casa y ahora vuelvo.

Pero él dijo:

—No te preocupes, te acompaño.

Yo sonreí y los dos nos pusimos en marcha a mi casa. Cuando llegamos, mi hermana y sus amigas empezaron a tirarnos globos de agua.

6ª cosa que odio en este mundo: traer al chico que me gusta a casa.

7ª cosa que odio en este mundo: los dichosos globitos de agua.


Yo le dije:

—De verdad, lo siento mucho.

A él no pareció importarle mucho y me sonrió.

Rápidamente subí a mi habitación, me puse mi ropa más bonita y bajé pero, icómo no!, mi madre ya se había puesto a charlar con él.

8ª cosa que más odio en este mundo: que el chico que me gusta conozca a mi madre.

Mi padre vino también al rato y también se puso a hablar con él y a hacerle preguntas

9ª cosa que más odio en este mund: que el chico que me gusta conozca a mi padre.

Al final salimos de casa, sanos y salvos, y nos fuimos a !a heladería. El chico que me gusta lentamente me cogió de la mano y estuvimos así hasta que llegamos a la heladería.

Cuando llegamos allí, nos pedimos un helado de menta y chocolate y nos Io tomamos, pero como tenía que pasarme algo malo, el helado se me cayó encima.

10ª cosa que más odio en este mundo: iser tan patosa!

Pero a él no le importó, porque me cogió de la mano y me dio un beso en la mejilla...

Al final mi día no estuvo tan mal...

Esther Almoharín Sarró
1ºB

Diez cosas que no le gustan a Raúl Jiménez


1. Que los niños pasen hambre.
2. Que los pueblos no puedan construir colegios y hospitales.
3. Que haya guerras en el mundo.
4. Que no haya paz.
5. Que los yihadistas sigan matando personas.
6. La corrupción.
7. Que los políticos roben a los ciudadanos.
8. Que se discrimine a las personas.
9. Que abandonen animales en la calle.
10. Que les falte de nada a los niños pobres.

jueves, 4 de junio de 2015

Diez cosas que odia Clara Rodríguez


1. Jugar al hockey.
2. Que me griten.
3. Estudiar el fin de semana.
4. Hacer los deberes.
5. La clase de matemáticas.
6. Hacer exámenes.
7. Dibujar.
8. Actuar en público.
9. Copiar.
10. Venir a clase.

Diez cosas que odia Minerva Logrosán


1. Que mi madre siempre me prepare la ropa que no me gusta.
2.. Estudiar el último día.
3. Que mi perra no me obedezca.
4. Que mi hermana se ponga mi ropa.
5. Irme al pueblo un día de diario.
6. Que mi padre no me recargue el móvil.
7. Quedar con una amiga y que luego no venga.
8. Venir de un sitio y que mis padres no estén en casa.
9. Que mi hermana me eche las culpas y me regañen a mí.
10. Que mi madre no me escuche cuando la hablo.

Diez cosas que odia Arancha Veloso


1. Que me mientan sabiendo la verdad.
2. Que me manden hacer algo que ya he hecho.
3. Que me toquen mis cosas sin mi permiso.
4. Que no me miren a la cara cuando hablo.
5. Que me griten.
6. Que me miren de arriba a abajo.
7. Que me bacilen.
8. La gente que se chulea y se cree mejor que nadie.
9. La gente falsa que va de amigo.
10. Que me hablen mal, sin motivos.

Diez cosas que odia Sokayna Chennouf


1. El maltrato animal.
2. Fumar.
3. Pelearme.
4. Beber alcohol.
5. Las drogas.
6. El amanecer de la mañana.
7. Estar estudiando.
8. Que me digan lo que tengo que hacer.
9. Que me riñan.
10. La guerra.

Diez cosas que alguien odia


1. Que mi profe me regañe cuando ella se equivoca.
2. Que mi hermano me humille en público.
3. No tener nada que hacer.
4. Que me manden muchas tareas.
5. Cuando mi profe de educacion fisica nos echa la bronca durante toda la clase.
6. El puré de verdura.
7. Que me molesten cuando estoy durmiendo.
8. Que me manden medicinas.
9. Acostarme temprano.
10. Los conciertos que terminan siendo un rollo.

Diez cosas que odia Ángela Carabella


1. Mancharme mi ropa nueva.
2. El maltrato animal.
3. La guerra, ya que mueren muchas personas.
4. Que suene el despertador para ir al instituto.
5. A la gente falsa.
6. Que mis padres me miren el whatsapp.
7. Que la gente te haga daño y luego hagan como si no pasara nada.
8. Que cuando tengo planes me los chafen.
9. Que las olas del mar me pillen por sorpresa.
10. No poder quedar con mi mejor amiga.

Diez cosas que odia Celia Fernández


1. Las lentejas.
2. Los garbanzos.
3. Ir a clase.
4. Hacer deberes.
5. Pelearme.
6. Discutir.
7. Las coletas.
8. Los brackets.
9. Las ratas.
10. Los maleducados.

Diez cosas que odia con toda el alma Yerica Losana


1. La gente falsa.
2. Las mentiras.
3. Las lentejas.
4. La cebolla.
5. Las discusiones.
6. Los programas de cotilleos.
7. La gente que habla mal de otras personas sin conocerlas.
8. La música heavy.
9. El maltrato animal.
10. La gente pesada.

Diez cosas que odia Cristina Barrera


1. Las ratas.
2. Las lentejas.
3. Los Gemeliers.
4. El queso.
5. Los calvos.
6. Las cosquillas.
7. Que me griten.
8. Los Pokémon.
9. Los mosquitos.
10. Los kebabs.

Diez cosas que odia Adriana Fernández


1. La comida.
2. Que me toquen el pelo.
3. Que se metan conmigo.
4. Que me mientan.
5. Que me echen la culpa de algo que no he hecho.
6. Que me digan que soy pequeña para ver películas de la Disney.
7. A la gente falsa.
8. Que me critiquen sin razón, solo por diversión.
9. El acento argentino.
10. Que me quiten el móvil.

Diez cosas que no le gustan a Sergio Barroso


1. Las guerras en el mundo.
2. El racismo.
3. El machismo.
4. La pobreza en el mundo.
5. La corrupción.
6. La violencia.
7. La contaminación del medio ambiente.
8. Las mentiras.
9. La desigualdad económica.
10. La crisis.

Diez cosas que odia Raúl Merino


1. Odio que mis padres me digan «ya veremos», y luego es que no.
2. Odio ir al baño y encontrarme con el rollo de papel vacío.
3. Odio encontrarme la botella de agua vacía dentro del frigorífico.
4. Odio ir a tirar algo a la basura y que no haya bolsa.
5. Odio que me salga el agua muy fría mientras me estoy duchando.
6. Odio las lentejas y el pescado.
7. Odio que mi madre me despierte de la siesta gritando.
8. Odio que vean que he mandado un whatsapp y no me contesten.
9. Odio que se me gasten los megas justo cuando estoy viendo un vídeo en YouTube.
10. Odio que se me apague el móvil porque no tenga batería, un segundo antes de ponerle a cargar.

Diez cosas que odia Verónica Barroso


1. Odio a la gente falsa.
2. Odio a las personas que mienten.
3. Odio a las personas que se creen guays y no lo son.
4. Odio las verduras.
5. Odio a las personas que meten mierda por detrás.
6. Odio el albaricoque.
7. Odio a las personas que son demasiado pesadas.
8. Odio el baloncesto.
9. Odio estar aburrida.
10. Odio las lentejas.

miércoles, 3 de junio de 2015

Diez cosas que no le gustan a Álex Marcos


1. No me gustan las verduras ni las lentejas.
2. No me gusta que me toquen el pelo.
3. Odio el inglés y el francés.
4. Odio tocar los instrumentos, salvo la guitarra.
5. Odio bailar y cantar en inglés.
6. No me gusta nada el baloncesto.
7. Odio el invierno y otoño.
8. No me gusta que en el bosque haya basura.
9. No me gusta que la gente fume cigarros.
10. Odio el número 2.

10 cosas que odia Gabriel Sánchez


1. Odio la intolerancia.
2. Odio el maltrato animal.
3. Odio el abuso de menores.
4. Odio la contaminación de la naturaleza.
5. Odio el maltrato a la mujer.
6. Odio el abuso de poder.
7. Odio la falta de respeto.
8. Odio el egoísmo.
9. Odio las armas.
10. Odio cualquier sustancia perjudicial para la salud (drogas, alcohol).

Las diez cosas que más odia Lucía Muñiz


1. Las arañas.
2. Las lentejas.
3. Los mosquitos.
4. Ir a clase.
5. Que me manden leer libros aburridos.
6. Hacer los deberes.
7. Que un domingo me despierten muy pronto.
8. Que se le acabe la batería al móvil.
9. En verano, comerme una sopa caliente.
10. Que me echen la bronca.