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viernes, 18 de marzo de 2016

El Rey que Duerme y los Siete Durmientes de Éfeso



DOS TEMAS SOÑOLIENTOS.
EL REY QUE DUERME Y LOS SIETE DURMIENTES DE ÉFESO.

Una de las metáforas más antiguas y persistentes es la que identifica el sueño y la muerte: el sueño es una muerte temporal, de la que resucitamos cada mañana; y la muerte el sueño definitivo, the big sleep. La mitología griega da una expresión narrativa a esta identidad al hacer de Hipnos (el Sueño) y Thánatos (la Muerte) dos hermanos gemelos, ambos de sexo masculino; dos genios alados que se ocupan de conducir el alma de los difuntos hasta el dios de los caminos, Hermes (Mercurio).

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Hermes_e_Sarpedon.jpg

Hipnos (a la izquierda) y Thánatos (a la derecha) trasladan al difunto a presencia de Hermes (en el centro)


Esta metáfora está detrás también de varias historias tradicionales en las que un personaje o personajes a los que la gente da por muertos están en realidad dormidos, y en un momento dado despiertan (o se cree que lo harán en un futuro lejano). Como le sucede a la Bella Durmiente, durante su sueño estos personajes no envejecen: su reloj se detiene. 

I. LA SUERTE ESTÁ ECHADA (¡NO LA DESPIERTES!)

Los estudiosos llaman a este motivo The Sleeping King (o The Sleeping Hero): «una figura legendaria (generalmente, un rey o emperador) duerme (o aguarda) en cierto lugar oculto (una cueva o una isla) hasta que llegue el momento adecuado para regresar». En el Motiv-Index de los folkloristas Aarne y Thompson, el motivo lleva la clave D1960.2. Se conoce también con el término de sebastianismo, en referencia al rey portugués Sebastián I, que murió en plena juventud, en la batalla de Alcazarquivir, en 1578. Sus súbditos no aceptaron su muerte, y se extendió la noticia de que el rey había partido en realidad al exilio, pero volvería pronto para salvar al país de sus enemigos. Esta creencia seguía todavía viva a finales del siglo XIX entre los campesinos brasileños, y el poeta Fernando Pessoa la defendió en su poema patriótico Mensaje (1933), dándole un valor místico y simbólico.

Entre los personajes legendarios más famosos que 'se fueron pero volverán' figuran el Rey Arturo (llamado The Once and Future King: 'el rey que fue y será'), el emperador Federico Barbarroja y Guillermo Tell. La forma más común de la leyenda presenta a un mortal que descubre accidentalmente el lugar donde duerme el héroe y recibe la revelación de quién es el Durmiente y cuándo volverá al mundo exterior. A veces, el mortal vuelve entre los hombres con algún objeto valioso (una espada, por ejemplo) que le ha regalado el Durmiente, para que nadie dude de sus palabras. 

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El último sueño del rey Arturo en Ávalon (Burne-Jones, 1881)
Generalmente, el héroe se quedó dormido tras haber recibido un golpe mortal, que hubiera acabado con cualquier otro. Permanecerá dormido hasta el Juicio Final, o hasta que su país le necesite. A veces hay señales específicas que anunciarán su regreso: volverá cuando surja alguien digno de despertarlo (como la Bella Durmiente), o cuando su barba crezca hasta alcanzar sus pies, o cuando cierto árbol estéril florezca en pleno invierno, o cuando alguien sea capaz de sacar cierta espada, soplar cierto cuerno o hacer sonar cierta campana. Mientras tanto, permanece dormido en su lecho, o sentado en su trono, o presidiendo, sentado, una mesa a la que están sentados todos sus caballeros. 

La historia tiene prolongaciones en la literatura de terror y la ciencia-ficción. Son  frecuentes las historias sobre mortales que despiertan irresponsablemente con sus hechizos, invocaciones o excavaciones a Algo o Alguien que había sido derrotado, pero que, siendo demasiado poderoso para ser destruido, había quedado aprisionado y adormecido: ya se trate, por ejemplo, de una momia egipcia o maya, de la Reina de los Vampiros (Akasha, en las Crónicas vampíricas de Ann Rice) o del 'dios' Cthulhu, que yace soñando en su mansión subacuática de R'lyeh, en las historias de H. P. Lovecraft. Las novelas y películas sobre viajes espaciales nos han familiarizado también con la idea de que durante los largos años que transcurren entre la salida de la nave de la Tierra y su llegada al planeta lejano al que se dirigen, el ordenador de a bordo mantiene crionizados, congelados pero vivos, a los astronautas.  En Alien vemos también cómo los imprudentes astronautas despiertan a su vez a un monstruo extraterrestre y son infectados y asesinados por él. Puede incluso tratarse de un microorganismo: una de las explicaciones de la llamada Maldición de Tutankhamon es que las personas que excavaron la tumba de este rey se infectaron con alguna bacteria u hongo que había permanecido miles de años en aquel espacio subterráneo, esperando su oportunidad.
II. LOS SIETE DURMIENTES DE ÉFESO
Un caso particular de estas historias sobre personajes que duermen durante siglos es la leyenda de los Siete Durmientes, que quizá tiene su origen en una lectura literal de las palabras «durmió (en el Señor)», que aparecen en el Nuevo Testamento para referirse a alguien que muere en santidad (así, san Esteban, el primer mártir, en Hechos de los apóstoles 7:60: καὶ τοῦτο εἰπὼν ἐκοιμήθη).

Los siete protagonistas eran unos jóvenes nobles de la corte del emperador romano Decio (que reinó en los años 249-251). En un momento dado, Decio mandó perseguir y dar muerte a todos los cristianos que se negaran a dar culto a los dioses paganos. Estos siete jóvenes valientes entregaron todas sus riquezas a los pobres y se escondieron en un monte cercano a la ciudad de Éfeso (en la actual Turquía). Allí vivieron a salvo durante algún tiempo, alimentándose de las limosnas que uno de ellos, Malco, recogía cuando bajaba a la ciudad disfrazado de mendigo.  Pero el rey, decidido a localizarlos, envió a sus hombres, que torturaron a los padres de los jóvenes hasta que confesaron la ubicación de la cueva. Mientras, los siete rezaron a Dios pidiéndole fortaleza, y cayeron en un profundo sueño. Cuando los esbirros de Decio encontraron la caverna, sellaron la entrada con piedras, para asegurarse de que los desobedientes murieran dentro de hambre y sed. Dos testigos de los hechos, Teodoro y Rufino, escribieron lo que habían visto y guardaron su testimonio entre las piedras de la entrada.

http://catholicsaints.info/wp-content/uploads/Seven-Sleepers-of-the-Ephesos-by-Emmanuel-Tzanes.jpg

Pintura bizantina de los Siete Durmientes

Varios siglos después, el emperador Teodosio II (401-450) estaba triste porque entre sus súbditos empezó a extenderse la duda sobre la resurrección de los muertos que tendría lugar, según las Escrituras, al final de los tiempos.  Para confirmar la fe en la resurrección de los cuerpos, Dios hizo que los siete Durmientes despertaran, e hizo que un hombre de Éfeso tuviera la idea de retirar  las piedras que cegaban el acceso a la cueva para construir allí un refugio para los rebaños. Los jóvenes se saludaron al despertar, convencidos de que llevaban allí solo una noche. Malco bajó a la ciudad y se quedó asombrado al ver que las gentes nombraban abiertamente a Jesús y que las puertas de la ciudad estaban decoradas con grandes cruces. «¡Ayer nadie se atrevía a mentar Su nombre, y hoy todos creen en Él!». 

Cuando Malco intentó pagar con las monedas de la época de Decio, la gente de la ciudad creyó que las había descubierto en algún tesoro enterrado. Lo llevaron ante el obispo y el procónsul, que le acusaron de engaño. Pero Malco insistió en su testimonio y llevó a sus captores a presencia de los otros seis Durmientes. El obispo encontró entonces el manuscrito de Teodoro y Rufino, lo abrió y lo leyó ante los presentes. Todos se maravillaron ante el milagro de los santos, cuyos rostros brillaban como el sol.

El propio emperador acudió a Éfeso a conocer y abrazar a los Durmientes, cuya presencia sirvió para devolver a los hombres la fe en la Resurrección. Cumplida su misión, se echaron de nuevo a dormir en la cueva, donde se construyó un magnífico santuario alrededor de los siete ataúdes dorados. Según una leyenda medieval, más tarde sus cuerpos fueron trasladados a la ciudad de Marsella  en un gran sepulcro de piedra, que aún se puede visitar en la iglesia de San Víctor de la Galia.
La leyenda aparece también en la sura (capítulo) 18 del Corán. Se cuenta allí que los Durmientes (cuyo número no se precisa) durmieron durante 309 años, vigilados por un perro con voz humana, Katmir (o Katrim), que ni durmió ni comió ni bebió durante todo ese tiempo. Cuando despertaron, Katmir murió y subió al Paraíso. 

http://www.qantara-med.org/qantara4/admin/pics_super_zoom/1404Sept%20Dormants%20%20par%20Agha%20Reza,%20Qazvin%20vers%201590.jpg

Imagen islámica de los Siete Durmientes, con su perro en la esquina inferior derecha

sábado, 6 de febrero de 2016

Soñando que despiertas




 Duerme la Bella Durmiente
y su deseo despierta:
vuela insumiso y alerta
mientras su señora, yerta,
permanece como muerta
en mitad de la semana.
Como una roja manzana,
sus labios sueñan el beso
que un día dejarán preso
como el viento en la ventana,
como el príncipe en la rana,
como el sol en el crisol.
Dormir, soñar... ¿eso es todo?
—y twittearlo, quizás.
Rodar como rueda el rol
y amodorrarse de modo
que tarde una tarde más.

viernes, 22 de enero de 2016

La Belle au bois dormant: dos rasgos de estilo en los cuentos de Charles Perrault

Hace unos días, el 12 de enero de 2016, google le dedicaba el siguiente doodle a Charles Perrault, el escritor francés que popularizó cuentos como La bella durmiente, Caperucita Roja o El gato con botas. Hacía 388 años de su nacimiento, un 12 de enero de 1628:

En el club de lectura hemos hecho nuestro pequeño homenaje a Perrault leyendo, en versión original y sin censura, La bella durmiente del bosque, que apareció publicado en su compilación Cuentos de la mamá ganso (1697). Y a nuestras lectoras les ha encantado, porque aunque conocían el relato en su múltiples versiones (incluida la edulcorada de Disney), les ha llamado la atención el estilo con que modula el escritor francés esta historia que en realidad pertenecía al folklore. Así lo atestigua el hecho de que los hermanos Grimm (ellos sí, folkloristas, cazadores de historias orales) lo recogieran bajo la denominación Dornröschen casi dos siglos después. 
El incipit o principio del relato es el que se espera: "Habia una vez un rey y una reina que no tenían hijos". Pero enseguida Perrault se sirve de un recurso que la retórica clásica denomina praeteritio (o lo que es lo mismo, referir que no puedes decir algo y sin embargo decirlo, con lo que llamas la atención sobre lo contado) para marcar el tono en que va a materializar la historia: "estaban tan tristes, tan tristes, que no hay palabras para pintar su pena. Fueron a todos los balnearios habidos y por haber; hicieron rogativas, peregrinaciones, novenas, todo se intentó, pero en vano". Pero, ¿cómo que no hay palabras para pintar su pena? Los escritores tienen a su disposición todo un armamento lingüístico, la enorme riqueza verbal de las lenguas, para construir su relato. No lo hace porque quiere distanciarse, tomar perspectiva, y que nosotros, lectores, seamos conscientes que detrás de esta materia narrativa hay "palabras" y que él, como narrador, va a "pintar" su relato.
Y a continuación tenemos la primera muestra de su manipulación estilística: este rey y esta reina no están flotando en el tiempo indeterminado de los cuentos populares, sino que asisten a los lugares a los que comúnmente irían los cortesanos de su época a pedir un hijo: balnearios, peregrinaciones, rogativas. De la misma manera, un poco más adelante, cuando la Bella Durmiente se desvanece al atravesarle la mano la aguja del huso, el procedimiento de primeros auxilios es el que se haría a las mujeres de la época: "le echaron a la princesa agua en el rostro, le aflojaron las ropas, le pegaron golpecitos en las manos, le frotaron las sienes con agua de la reina de Hungría". El agua de la reina de Hungría era un extracto aromático con efectos tonificantes y por lo visto fue muy utilizado en la Corte del rey Luis XIV. Perrault fue funcionario de esta Corte, así que os podéis imaginar qué sensación les provocaría a los lectores (u oyentes) cortesanos de la época saber que intentaron despertar a la Bella Durmiente con un perfume de moda en el momento. Para que lo entendáis, es como si en una versión actualizada del cuento dijéramos que llamaron al 112. Un poco más adelante, cuando el Príncipe halla a su Princesa dormida, se la encuentra con un vestido de hace 100 años, y el joven percibe que su atavío no sigue la moda de entonces, la de la Corte del rey Luis XIV, bastante más indecorosa: "estaba completamente vestida y aderezada con gran magnificiencia, pero él se guardó prudentemente de decirle que el cuello alto que llevaba le recordaba los de los vestidos de su abuela". ¿Y qué decir de la petición de la madre del príncipe, cuando solicita a su cocinero que quiere comerse a su nuera, la Bella Durmiente, y a sus nietos "en salsa verde"? Es como si ahora un ogro pide aderezar a su víctima con ketchup.
Quizá sea este es el rasgo estilístico de Perrault más acertado, su distanciamiento. Él, como narrador, quiere que nosotros lectores, percibamos que sigue contando, que está trabajando la materia narrativa, como un escultor cincela la piedra o un pintor mezcla los pigmentos. Y para ello se vale de lo que el ensayista francés Roland Barthes ha denominado un "codazo al lector", una llamada de atención, una palmadita en la espalda que nos hace cómplices del propio narrador. Y así, Perrault destaca que siete hadas fueron invitadas al bautizo "para que cada una de ellas le otorgase un don, como siempre acostumbraban a hacer las hadas en aquellos tiempos", o que "todo esto ocurrió en unos instantes: las hadas despachan volando su cometido", que "a un príncipe joven y enamorado jamás le abandona el valor", o que "la poca elocuencia y el mucho amor son dos buenos aliados para introducirse en los corazones". Estas generalizaciones, realizadas además casi siempre en presente gnómico o atemporal, nos obligan a aceptar lo dicho por el narrador (no hay posibilidad de fisuras, no podemos no estar de acuerdo), pero nos sitúan a su misma altura, nos hacen su cómplice, pues nos da la mano y nos lleva a su terreno. Perrault quiere que nos sintamos  lectores privilegiados, que contemplan el relato desde su misma altura.



miércoles, 13 de enero de 2016

Club de lectura.15 de enero: comenzamos...

Club de lectura.15 de enero: comenzamos...

¿Habrá alguien en nuestro mundo occidental que no haya oído hablar de La bella durmiente del bosque? En este segundo trimestre, en el club de lectura os proponemos adentrarnos, disfrutar, aprender y, sobre todo, volver a mirar con ojos nuevos este cuento considerado "infantil". Aunque, ya avisamos desde aquí,  después del primer trimestre a todos nuestros seguidores les quedó claro que los cuentos infantiles tradicionales a menudo tienen poco de infantil, y tras una primera y sutil capa de pintura hay un sustrato de lo más interesante...
Así que, a lo largo de las próximas semanas, leeremos en nuestro club las distintas versiones del relato y trataremos de dilucidar qué pertenece a cada autor (Giambattista Basile, Charles Perrault, Jacob y Wilhelm Grimm), veremos cuáles son los orígenes grecolatinos, hebreos e hindúes de algunos de los motivos del cuento, analizaremos su organización ayudándonos de la crítica literaria (volveremos a Propp seguro), lo diseccionaremos desde el psicoanálisis y la crítica feminista (pues ahí hay mucho que decir), y revisaremos las distintas versiones (pictóricas, musicales y fílmicas) que nos ha dejado el cuento a lo largo del siglo XX.
Y seguro que, desde esta durmiente, visitaremos a otros durmientes y soñadores del universo literario.
Ya sabéis que para nosotros (Alejandro y Carolina) esto es un juego. Se trata de acercarnos a los textos literarios desde otra perspectiva, sin pensar en exámenes, clases, currículos. Queremos compartir con vosotros, los alumnos, ese maravilloso hecho que es el acto de leer. Por eso tampoco olvidamos que sois vosotros quienes hacéis posible esta curiosa aventura, y tenéis mucho que decir. Os invitamos a todos a acomparñarnos en el viaje.
El viernes 15, durante el recreo, en el Departamento de Lengua. Os esperamos.