miércoles, 13 de junio de 2018

El alcalde de Zalamea (Calderón de la Barca)


Guadalupe y Marina, de 1º de Bachillerato D, nos leen una escena de El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca, en la que los personajes presumen de su exaltado sentido del honor.

Te quiero. ¿Por qué me odias? (Rosalía de Castro)


Paula y María, de 1º de Bachillerato D, nos recitan uno de los poemas más estremecedores de En las orillas del Sar, de la gran Rosalía de Castro.

—Te amo... ¿por qué me odias?
—Te odio... ¿por qué me amas?
Secreto es este el más triste
y misterioso del alma.


Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
—Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.

martes, 12 de junio de 2018

Dix choses que Irene déteste


Dix choses que Itziar déteste


Diez cosas que D. odia



  1. Odio a los falsos.
  2. Odio (la fiesta de) los toros.
  3. Odio las enfermedades.
  4. Odio a la gente amargada.
  5. Odio a los violadores.
  6. Odio a los homófobos.
  7. Odio a los machistas.
  8. Odio leer.
  9. Odio las verduras.
  10. Odio el color amarillo.

Dix choses que quelqu'un déteste


Dix choses que quelqu'un déteste


Dix choses que Alba déteste


Dix choses que Blanca déteste


Dix choses que Javier et Rodrigo détestent


Dix choses que Alba déteste


Dix choses que Carmen déteste


Dix choses que Gabriel déteste


Dix choses que Lucía déteste


Dix choses que Dani déteste


Dix choses que quelqu'un déteste

Dix choses que Inés déteste



Dix choses que Coral déteste


Dix choses que Lucía et Nariman détestent


Dix choses que Lucía et Jimena détestent


Dix choses que Álex déteste


Dix choses que Lucía et Ainhoa détestent


Diez cosas que odia María Marcos


10 Cosas que odio
1)   Que la gente me pregunte cómo se hace algo para luego hacerlo como les da la gana.
2)   Que algunas personas sean tratadas de forma diferente por su origen étnico o racial.
3)   Que haya personas que se crean superiores a otras por su nivel económico, su clase social o la posesión de determinadas cualidades, habilidades o rasgos físicos.
4)   Las injusticias, especialmente hacia los indefensos como los niños, los animales o los discapacitados.
5)   Lanzar una bola de papel a la papelera imitando la pose de un jugador de la NBA y que caiga fuera porque luego tengo que levantarme a recogerlo y tirarlo bien.
6)   Estar escuchando música en la ducha en youtube y que me salte un tráiler de una película de tres minutos.
7)   Los políticos hipócritas y arrogantes, especialmente si, además, son corruptos.
8)   Que la Real Academia Española haga modificaciones en las normas ortográficas para simplificar nuestro idioma o que añada al diccionario palabras que siempre se han considerado incorrectas como “cocreta”.
9)   El calor porque detesto sudar y que se me aplaste el pelo.
10) Pintarme mal la raya del ojo cuando me he pasado media hora maquillándome y tener que desmaquillar el ojo entero para volver a empezar.

María Marcos Caballero

Diez cosas que odia Paula García



Odio …

  1. A las personas que les huela el aliento a tabaco. 
  2. Que la gente me repita lo que tengo que hacer muchas veces.
  3. Las personas que son mentirosas o falsas conmigo. 
  4. Que invadan mi espacio personal cuando estoy hablando con alguien. 
  5. Que mi madre me ponga brócoli para comer porque no me gusta su textura ni su sabor. 
  6. A Las personas sean irrespetuosas con los gustos u opiniones de otras personas. 
  7. No encontrar las cosas cuando las busco y encontrarlas cuando no las busco. 
  8. Que la gente, a falta de información, se invente las cosas o los datos sobre algo. 
  9. Hacer las cosas a última hora, porque me doy cuenta de que debería haberlas hecho antes para que quedarán mejor. 
  10. Que mi madre haga cocido cuando hace mucho calor. 

 Paula García Del Río

Diez cosas que odia Marina Moreno


Diez cosas que odia Kadija


Diez cosas (más bien una) que odia Sohaib


Diez cosas que odia Minerva Logrosán


Diez cosas que odia Gabriel Acosta


lunes, 11 de junio de 2018

Diez cosas que odio: el hombre propone...

...y el fin de curso dispone. Para ajustarnos a estos días locos, hemos tenido que cambiar los plazos del concurso, cuya resolución queda así. Esta noche quedarán subidos todos los trabajos y se podrán votar durante el martes 12 y el miércoles 13 de junio. El 14 de junio se procederá a la entrega de premios durante una gala musical, en hora y espacio a determinar.

¡Gracias a todos por vuestra paciencia y entusiasmo!

viernes, 25 de mayo de 2018

El principio (del fin)


EL PRINCIPIO (DEL FIN)


Polvo eres y en polvo te convertirás. Esta noche nace el niño / que ha de morir en la cruz. El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar... 

No es raro que el comienzo de una historia (sea la del universo entero o la de la más humilde de sus criaturas) comience con un tremendo spoiler sobre el final. Sucede lo bastante a menudo para que uno sospeche que ahí hay algo encerrado. Y, en verdad, eso viene a ser justo lo que pasa, que es toda la historia la que queda encerrada entre el principio y el final, entre la portada y la contraportada, como la vida de una persona se resume en el palito que une su fecha de nacimiento con la de muerte.

En las cosmogonías, por ejemplo, suele pasar que los dioses (o el dios) del cielo empieza poniendo orden, sometiendo a los espíritus de la oscuridad y el caos y construyendo sobre sus restos el mundo que conocemos. Pero no han sido vencidos de una vez y para siempre esos espíritus: como rabos de lagartija, llegará el momento en que volverán a colear y echarán por tierra los palacios, ciudades y catedrales construidos sobre su cuerpo, aparentemente muerto, pero en realidad solo aletargado.

En los libros de viaje medievales, es un lugar común la historia de los navegantes que van a parar a una curiosa isla verde, que cuando la están explorando se pone de repente en movimiento y les tira al agua. Lo que habían tomado por tierra es en realidad el caparazón de una enorme tortuga. 

Mucho de lo que construimos en esta vida, como sociedad o como individuos, tiene una engañosa apariencia sólida, como la superficie de esa isla esmeralda. Sin embargo, del mismo modo que no siempre fuimos quien creemos ser (en algún momento, ni nombre tuvimos; y si lo teníamos, no lo habíamos aún asumido como propio), la experiencia nos enseña que los recuerdos son datos en un soporte bastante frágil, y que no solo pueden llegar a desaparecer por completo (dejándonos sin recuerdo de quiénes éramos: o sea, sin identidad), sino que antes de llegar a tanto lo que recordamos que pasó se transforma más bien en el recuerdo de la vez anterior que lo recordamos, como quien hace fotocopias de fotocopias, perdiendo resolución y dulcificando (por otra parte) las aristas de lo que nos hirió o no nos dejó en muy buen lugar.

A veces, el retorno al comienzo, a lo salvaje, tiene algo de redentor. Anima ver cómo una flor se abre paso entre el cemento, o por las rejas de un sumidero. Son pequeñas señales que parecen avisar que la naturaleza que destruimos para fabricar el entorno urbano podría ser capaz de reivindicar y devorar dicho entorno, si le damos tiempo y ocasión, del mismo modo que el mar es capaz de devorar barcos y, en época de maremotos, puertos enteros. 

La vida, en fin, nace de la materia inerte y hay muchas posibilidades de que regrese a ella (cuando el sol envejezca, por ejemplo, y las condiciones que permiten la vida en la Tierra cambien drásticamente). 

Los filólogos hablamos de estructura en anillo, o de tiempo circular (según el caso) para referirnos a estos textos o historias que acaban como empezaron, convirtiendo lo de en medio en una suerte de verdura de las eras. Se podría decir que incluso en la hoja impresa los márgenes conservan la nada anterior y posterior a las palabras, avisando de su victoria final. Un aviso que no acaba de robarles su confianza a las palabras, que se saben capaces de vivir una y otra vez en quienes las escuchen o lean, pero que introduce en ellas cierta razonable inquietud. El margen avisa, por ejemplo, de que lo que hoy es el lenguaje de hoy será dentro de no tanto el lenguaje de ayer. Hasta los acordes de más actualidad sonarán medievales, arcaicos y un tanto irreales, al oído del mañana. No digamos nada de las referencias a cualquier cosa moderna, que son lo primero que envejece de un texto: ya sean alusiones a máquinas o a sucesos políticos o a películas o libros de actualidad.

El final de los tiempos, en fin, es un retorno a lo esencial. Si en la obra había algo importante que tratar, es en el final cuando, por mucho tiempo que llevara perdido, como si el autor se hubiera olvidado de ello, a eso importante le toca volver a desfilar y recibir su merecido. Los Diablos salen de sus escondrijos (así, Melkor, en el Silmarillion de Tolkien), los secretos se revelan, se pronuncian las últimas palabras. Es el Ciérrate, Sésamo que, si no se recuerda, deja abierta la cueva, o moliendo sal el molinillo mágico que hunde el barco que lo lleva encima y acaba volviendo salado el mar. 

También este Club va, pues, diciendo adiós como mejor sabe. Su final no es definitivo, porque en los colegios e institutos el fin de un curso lleva siempre implícito la promesa del siguiente, como el fin de temporada de una serie que no lo ha hecho del todo mal o ha dejado unos cuantos cabos sueltos. Dar clase estos días tiene algo de atender el mostrador de una tienda en liquidación. Conviene gestionar como mejor se pueda cierta tristeza estacional que flota por ahí, buscando alguien desprevenido o inerme en quien cebarse.

Esto no queda aquí, pues. Pero sí es un buen momento para dar las gracias a todas las que habéis venido aquí a buscar algo y, sobre todo, a traerlo. O sea, a buscar algo que traer. Que es una de las formas más nobles de buscar en uno mismo, o de buscarse a uno mismo. Ha sido un placer. Pase lo que pase, ¡que no decaiga!



jueves, 10 de mayo de 2018

Quinto concurso de manifiestos: diez cosas que odio




El manifiesto nace en el siglo XIX como arma de combate en la lucha revolucionaria: Marx y Engels publicaron en 1848 su celebérrimo Manifiesto comunista, verdadero evangelio de los desfavorecidos, cuyo fulgor no acaban de opacar los crímenes cometidos luego a su costa por Stalin, Pol Pot y otros dictadores. Treinta y ocho años después, Jean Moréas, un ambicioso poeta griego que escribe en francés, abre la veda en el campo artístico con su Manifiesto simbolista de 1886. Para cuando llegan las vanguardias de comienzos del siglo XX, el manifiesto se ofrece como la forma idónea para aquellos que conciben el arte nuevo como un combate contra el estancamiento y la opresión.

Los surrealistas, cuyos intereses hemos recordado aquí con la iniciativa Esto es surrealista, nos dejaron dos excelentes manifiestos y los prolegómenos a un tercero, que André Breton optó por no escribir. En la Biblioteca puedes consultar estos textos, tan magnéticos hoy como siempre. Hay algo en ellos que recuerda la legendaria canción de The Doors, Break on through (to the other side): una voluntad casi suicida de abrirse paso hacia lo desconocido, lo venidero.


En homenaje a este espíritu cañero, combativo (y a sus precedentes: la santa ira de Jesús expulsando a los mercaderes del templo, por ejemplo), planteamos como última actividad de este ciclo un concurso: Diez cosas que odio con toda mi alma.

Como el título indica, se trata de localizar diez elementos que tienen la virtud de sacarte de tus casillas, ofendiendo tu sentido de la justicia y la estética o poniendo a prueba tu paciencia. Aunque no está prohibido, pocas veces necesitarás razonar qué es lo que vuelve insoportable lo que denuncias: tu declaración apasionada bastará para que el lector te entienda perfectamente.

Puedes entregar tu trabajo a la persona que te dé clase de Lengua o dejarlo en conserjería, en un sobre. También puedes enviarlos a la dirección de correo bibaugustobriga@gmail.com Los trabajos pueden ir firmados con nombre y apellidos o con algún pseudónimo.

El texto tendrá la longitud que necesite. Se ruega utilizar procesador de textos, pues los manifiestos se irán publicando a medida que lleguen en este blog, para que los lectores puedan comentarlos y valorar anónimamente los que deseen, concediéndoles entre tres y diez puntos.
 
La fecha de entrega concluirá el día 1 de junio. En la semana siguiente, se hará recuento de las valoraciones recibidas y se premiarán los dos trabajos más notables.

miércoles, 25 de abril de 2018

Ficha de lectura de La vida es sueño

Hay libros en los que no es sencillo penetrar (o dejarse habitar por ellos) con una mera lectura rápida, pues están llenos de referencias culturales y juegos con el lenguaje, que exigen que vayamos deteniéndonos en los pequeños retos que nos plantea cada línea para poder captar de veras el sentido de la obra y apreciar su esmerada factura. La vida es sueño, de Calderón, es sin duda una de estas obras difíciles, pero que recompensan con creces toda la atención que podamos prestarles a sus gracias y recovecos.

Os ofrecemos aquí una ficha de lectura en la que se hace un seguimiento muy detenido de la primera jornada y se da un repaso más general (pero muy perspicaz) a las dos siguientes. Los profesores que la hemos elaborado, Marisol García y Alejandro González, os deseamos que os resulte útil y os agradeceremos que aprovechéis cualquier oportunidad para hacernos llegar todas las dudas y sugerencias que se os ocurran. Estamos, como siempre, a vuestro servicio.

jueves, 19 de abril de 2018

Ganadores del I Concurso de Agudezas y Brevedades





Ayer, en un entreacto del memorable Concierto del Día del Centro celebrado en la Casa de la Cultura, entregamos los premios de este concurso, que se convocaba por primera vez en esta ocasión, y al que se han presentado, aunque pocos, estupendos trabajos. Estos han sido los textos ganadores en cada categoría:


MICRORRELATOS

A. Y le tiraron por el precipicio, pero olvidaron que tenía alas. 

B. A cada uno le faltaba un ala, pero juntos podían volar. 

(Daniela Luengo)

C. Cuando consiguió sumergirse, faltaban solo diez segundos para que todo acabara. 

(David Emanuel Martínez Chiluisa)

DIÁLOGOS MÍNIMOS

A

 —¿Te fuiste?
—¿Acaso me ves?

B

—¿Qué esperas?
—Un príncipe.
—Prueba otra vez.
—Un libro que me quiera.

C

 —¿Por qué no llevas paraguas?
—Porque me gusta sentir el ritmo de la música.

(Daniela Luengo Calvo)

HAIKUS

A

Escucho y suelto la taza,
miles de trocitos de cerámica me rodean,
hermosa y dañina trampa.

B

 Un sencillo orden de sentimientos
no tiene tanta belleza
como el salvaje desorden
que me provocan tus letras.

(Daniela Luengo Calvo)

C
Un instante,
distante,
de un momento eterno.

(Andrea González González)

AFORISMO

A. 

Instruye al niño en la enseñanza y ni aun siendo anciano se apartara de él. 

(David Emanuel Martínez Chiluisa)







lunes, 5 de marzo de 2018

Primer concurso de agudezas y brevedades

SI BREVE...

Primer concurso de agudezas y brevedades


Lo bueno, si breve, dos veces bueno, dice Baltasar Gracián. Menos es más. Quien no entiende una corta mirada, tampoco entenderá una larga explicación. Sé, pues, breve; pero de manera imaginativa, de modo que tus pocas palabras valgan las demasiadas de otros. Te proponemos cuatro modalidades distintas para ejercer tu ingenio.

A. Concurso de microrrelatos

En esta modalidad, se podrán presentar cuantos relatos se deseen, siempre y cuando la extensión máxima sea de tres frases. Os animamos a hacer cuentos sugerentes: el cuento fantástico y el de terror son dos opciones a tener en cuenta, aunque podéis tirar por otro camino si la inspiración así os lo sugiere. He aquí un ejemplo: La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones (Juan José Arreola).

B. Concurso de haikus

En esta modalidad, se podrán presentar poemas breves, de tres versos. No es imprescindible que sigan la estructura de los haikus japoneses (un verso de 5 sílabas, uno de 7 y otro de 5), como en este precioso poema de Bashō:

Un viejo estanque.
Se zambulle una rana:
ruido de agua.

No obstante, se valorará el conocimiento de las triquiñuelas formales y del contenido propio de este tipo de poemas (que os animamos a investigar).

C. Concurso de aforismos

El pueblo genera refranes; los autores cultos, aforismos, que son como los refranes pero de autor. Seguro que has escrito frases de este tipo en tus carpetas. Es el momento de repasarlas y crear una nueva con la que llevarte de calle el concurso. Un ejemplo de Nietzsche: Cuanto más nos elevamos, más pequeños parecemos a quienes no saben volar

D. Concurso de diálogos

¿Vd. no nada nada? Es que no traje traje. Como veis, en un diálogo breve cabe toda una historia. Inventa dos personajes y piensa qué se dirían el uno al otro. Puedes hacer hablar dos veces a cada uno; pero no más.

Los trabajos se podrán presentar hasta el día 13 de abril (inclusive) y la entrega de premios se llevará a cabo el día 18 de abril durante los actos del Día del Centro. Los trabajos se entregarán al coordinador de la biblioteca, Alejandro González, o a cualquiera de los profesores del Departamento de Lengua. Podrán ir firmados o no. En este último caso, la identidad del autor será un secreto hasta la entrega de premios. Un jurado formado por miembros del grupo de trabajo de la Biblioteca elegirá los trabajos ganadores, que serán dos por modalidad, pudiendo los premios quedar desiertos.

viernes, 12 de enero de 2018

Tres tristes textos (three cool cats)



TRES TRISTES TEXTOS




Desenrollemos hoy una alegoría: hay textos transparentes, textos traslúcidos, textos opacos. Hay períodos literarios transparentes (el Renacimiento, la Ilustración); otros traslúcidos, como el Barroco. Y otros que cortejan la opacidad (cierto romanticismo, el simbolismo, el surrealismo...).
Cuando leemos un texto transparente, sentimos que estamos en un lugar seguro, con muros, puertas y ventanas. Un lugar donde las cosas se dicen a las claras. Incluso si alguna cosa no se entiende de primeras, sus compañeras nos aseguran que no hay trampa ni punto ciego. Todo está en su lugar, todo es lo que parece. Si debemos esforzarnos por entender algo (tal vez nos pierda un hipérbato, una referencia mitológica, un concepto que no es obvio), lo hacemos con la certeza de que seremos recompensados, como en esos ejercicios escolares de matemáticas en que al final todas las divisiones tienen resto cero y todos los números decimales forman, sumados, un número entero. 

Otros textos, en cambio, son traslúcidos. Tienen partes no ya claras, sino brillantes. Y si brillan, elevadas a resplandor, es precisamente por el contraste con otras partes que son más suyas, renuentes, peculiares. Es como uno de esos retratos (los Beatles tienen uno inolvidable) en que una mitad del rostro aparece iluminada, mientras la otra se confunde en la penumbra con la inminente (o menguante) oscuridad. Uno, pues, no entiende todo. Pero lo que entiende es suficiente para entender que lo no entiende está diciendo, si no lo mismo, algo relacionado, próximo. Lo uno por lo otro, pensamos. Es como uno de esos palacios que podemos visitar, aunque pródigos en cintas rojas que nos ocultan dónde acaba un pasillo, qué hay detrás de una puerta, adónde lleva una escalera. 

Llegan, en fin, los textos opacos, como llegan la noche o la muerte. Son textos escritos en nuestra lengua, pero que parecen escritos por alguien que no es de los nuestros: un extraterrestre, un fantasma, un hueco. El texto opaco dice: nada digo. Y si algo dijera, no es de tu incumbencia. Y si lo fuera, no sabrías descifrarlo. Y aunque pudieras, no sabrías explicárselo a nadie. El texto opaco nos repele, y por eso nos atrae. Quizá no diga nada, pero ¡con qué elegancia lo sugiere! Contra el texto opaco nos estrellamos, como el mar contra las rocas. Al final, si el asedio persevera, algo de él entra en nosotros, algo de nosotros en él. Después de todo, tampoco nosotros somos criaturas luminosas, o no solo. Partes de nosotros aseguran: yo lo entiendo. No sabría explicarlo, pero siento aquí algo vivo, que me llega, me afecta. El espejo opaco refleja nuestra propia opacidad. Al final, no sabemos si encontramos en lo que leemos un sentido o si ese sentido lo estamos aportando nosotros. Y no estamos seguro de si importa.

Sin embargo, ningún texto es enteramente transparente, ni enteramente opaco. En mitad del texto transparente, sentimos que el autor dice algo que entendemos, sí. Pero qué raramente lo dice. Hay algo en su forma de expresarse que no es la nuestra, que no es nuestro. ¿De veras entendemos, cuando hablamos con alguien, todo lo que dice? Qué aburrido sería saber siempre lo que el otro está diciendo, y hasta lo que va a decir, y cómo piensa decirlo. Si el otro es otro, hay siempre en él una cierta alteridad, una cierta 'otreidad', que se nos escapa. En su Poética de Juan Panadero, escribe Rafael Alberti:

Mi canto, si se propone,
puede hacer del agua clara
un mar de complicaciones.

Pensemos en dos versos de Agustín García Calvo:

Distancia, de ti a mí, distancia.
Entre tú y yo, nada.

Todo es claro en estos versos. O no. El verso segundo parece que reafirma el primero (entre tú y no no hay nada: ningún enlace que cruce la inmensa distancia que nos separa). Pero ¿y si estuviera negándolo? Si entre tú y yo no hay nada, ¿qué nos separa? Nada. Nada, pues, más próximo que estos dos distantes. Y al recordárselo, ¿no está diciéndole el amante al otro que deben estar juntos, que nunca han dejado de estarlo?

Mas tampoco hay poema enteramente opaco, o ni siquiera lo percibiríamos. Quizá haya poemas enteramente opacos a nuestro alrededor, escritos en tinta invisible o que no han llegado a salir de su autor por las vías que naturalmente sirven para tal cosa, como los labios o los dedos. Quizá el naipe que nos encontramos en la calle y que recogemos o no del suelo, aparentemente arrojado o caído al azar, está cuidadosamente puesto en ese punto de la acera para formar con otros más o menos cercanos un puzzle, una secuencia numérica o alfabética que constituye un texto.

En fin: hay poemas que no vemos, por ceguera o por virtuosismo en el camuflaje. Mas los que vemos tienen forma, están plagados de palabras. Y algunas nos suenan. ¿De verdad es imposible hablar sin decir nada? Los psicoanalistas opinaban, muy al contrario, otra cosa. Pensaban, por experiencia, que si alguien se lanza a hablar sin controlar lo que dice acaba diciendo la verdad. Quizás habría que rebajar un poco una afirmación tan campanuda. Pero parece justo sospechar que quien habla mucho acaba diciendo, de verdad, algo. Y ese algo ¿qué podrá ser sino algo que le importa, que le atañe? Y lo que a un prójimo atañe, ¿puede de veras sernos ajeno? ¿Qué sentirá alguien que nosotros, de un modo u otro, no hayamos sentido también? Como toda obra humana, los textos opacos están diciendo que un ser humano los compuso. Incluso si sacó al azar las palabras de un saco, ¿quién las eligió y metió allí? ¿Quién eligió sacarlas, disponerlas, compartirlas? Sabe el amante que si el otro, enfurruñado con uno, obstinado en su silencio, accede al fin a decirnos algo, a hacernos un gesto, a mandarnos un emoji, algo se ha roto en su opacidad. En todo lo que compartimos con otros trasciende una voluntad de comunicación. Pues también manifestarnos renuentes, esquivos, misteriosos, es manifestarnos al cabo: desear hacerlo, afrontar el encuentro, deshacer el misterio de verdad (que es el vacío). Y lo demás es silencio.