sábado, 25 de octubre de 2014

No solo los perros lamen


Hace unos años, iniciamos en nuestro insti una recogida de leyendas en la que seguimos trabajando. La que sigue es un verdadero clásico, que aparece siempre que preguntamos a nuestros alumnos más jóvenes por alguna historia espeluznante que conozcan. Va por ustedes, en la voz (devenida escritura) de Cristina B., de 1º de la ESO:


No solo los perros lamen
Informante: Cristina B., nacida en 2002
Fecha: 24-10-2014
Lugar: Navalmoral de la Mata

Amanda era una niña huérfana que vivía con su abuela, y su abuela asistía a  muchas fiestas de gala y la niña se quedaba sola.

Cierto día, la abuela le regaló un perro a su nieta y le dijo:

—Aquí tienes a este perro, te hará compañía en las noches que yo no esté.

Amanda y el perro pasaban mucho tiempo juntos y pronto se hicieron inseparables. El perro tenía de todo y tenía una extraña costumbre, se metía debajo de la cama de Amanda a dormir y ella cuando tenía miedo metía la mano debajo de la cama y al sentir el lamer del perro se volvía a dormir.

Un día, la abuela iba a asistir a una fiesta y la niña se quedaría sola con el perro. La abuela como de costumbre le dio las buenas noches a su nieta y se fue. Esa misma noche, sobre las dos y media, oyó un ruido y se asustó, pero metió la mano debajo de la cama y al sentir el lametón del perro se volvió a dormir.

Por la mañana cuando despertó se miró la mano y la vio llena de sangre. Ella no le dio mucha importancia, fue al baño a lavarse la cara y... se encontró a su perro muerto y crucificado en el espejo y con su sangre escrito: No solo los perros lamen. La niña comenzó a gritar y a los pocos meses fue ingresada en un manicomio, y se dice que ya salió y ella sigue buscando al asesino de su perro por las calles de Navalmoral de la Mata.

Esta otra versión, que le debemos a Víctor P., también de 1º de la ESO, nos sirve para ver que se trata de una de las historias más estables, sin apenas variaciones en los rasgos centrales de la misma:

La niña y el perro

Un día, una niña quería un perro, pero la madre no quería y no le dejaba tener un perro. Pasados unos días, la madre se lo regaló. La niña alegre no paraba de jugar con el perrito todos los días antes de ir a la escuela y cuando venía de la escuela. Todos los días, cuando se iba a dormir la niña, el perro dormía siempre debajo de su cama, hasta que un día sonó un ruido tremendo, la niña asustada se despertó, puso la mano debajo de la cama para saber si el perro estaba allí. La niña sintió un lametazo, retiró la mano y volvió a dormirse. Al día siguiente, nada más despertarse se fue al baño, nada más entrar vio el cadáver del pobre perro y en la pared ponía con la sangre del perro: No solo los perros saben lamer.

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