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lunes, 17 de febrero de 2025

Mucho cuento: Le Petit Chaperon Rouge et la maison qui sentait mauvais

 


Le Petit Chaperon Rouge et la maison qui sentait mauvais 

Il était une fois une petite fille qui s'appelait le Petit Chaperon Rouge. Un jour, sa mère dit au Petit Chaperon Rouge d'aller porter de la nourriture à sa grand-mère qui était très malade; sa mère lui dit de toujours prendre le chemin de droite pour atteindre la maison de sa grand-mère sans problème, parce que si elle prenait le chemin de gauche, ce serait très dangereux pour elle. 

Le Petit Chaperon Rouge est sortie de la maison et a suivi le chemin indiqué par sa mère jusqu'à ce qu'elle l’a perdue de vue et elle a décide de prendre le chemin de gauche, car il était plus court que l'autre et qu'elle arriverait plus vite. La route était calme et elle pouvait voir une maison au bout de la route qu'elle pensait être la maison de sa grand-mère, mais lorsqu'elle est arrivée et est entrée à l'intérieur, elle a remarqué que celle-ci ne sentait pas comme la maison de sa grand-mère. 

Le Petit Chaperon Rouge a entendu des enfants crier dans le salon et est allée voir ce qui se passait. Lorsqu'elle est arrivée dans le salon, elle a découvert deux petits enfants qui semblaient avoir à peu près son âge, enfermés dans une cage. Le Petit Chaperon Rouge leur a demandé comment ils s'appelaient et ce qu'ils faisaient là, ce à quoi ils ont répondu: 

—Nos noms sont Hansel et Grettel et nous sommes ici parce que nous nous sommes perdus dans la forêt et lorsque nous nous sommes retrouvés, la méchante sorcière nous a enfermés et veut nous manger, s'il vous plaît aidez-nous. 

Les trois enfants ont planifié comment ils allaient s'échapper mais à leur grande surprise, la sorcière est arrivée bien avant qu'ils ne s'y attendaient, surprenant les trois enfants en train de parler entre eux. La sorcière a essayé d'attraper le Petit Chaperon Rouge pour enterrer les trois enfants. Mais elle a eu la malchance de glisser et de tomber dans la cheminée, qui était en feu. 

Le Petit Chaperon Rouge a aidé Hansell et Grettel à s'échapper et ils sont sortis tous en courant de la maison. Ils ont couru si vite qu'ils ont trouvé la maison de la grand-mère du Petit Chaperon Rouge et ont fini par manger les gâteaux que le Petit Chaperon Rouge transportait dans son panier, en racontant à sa grandmère l'étrange événement qu'ils avaient vécu avec la sorcière et la maison qui sentait mauvais. 

FIN. 

Caperucita roja y la casa maloliente

Érase una vez una niña pequeña llamada Caperucita roja. Era una niña muy desobediente y que nunca hacía caso a su madre. Un día su madre le mandó a Caperucita que fuera a llevar comida a su abuela que estaba muy enferma. La madre le indicó que fuera siempre por el camino de la derecha y llegaría sin ningún problema a casa de la abuela, pero que si tiraba por el camino de la izquierda sería muy peligroso para ella.

Caperucita salió de casa y fue por el camino que le indicó su madre hasta que la perdió de vista y decidió cambiar hacía el camino de la izquierda ya que era más corto que el otro y con ese camino llegaría antes. El camino se encontraba tranquilo y pudo ver al final del camino una casa, la cual pensó que era la de su abuelita, pero al llegar a ella y entrar notó que no olía igual que la casa de su abuela. 

Caperucita oyó gritos de unos niños en el salón y fue a mirar lo que pasaba. Al llegar al salón descubrió a dos pequeños niños que parecían tener su edad encerrados dentro de una jaula, Caperucita Roja les preguntó cómo se llamaban y qué hacían allí, a lo que ellos respondieron: 

—Nuestros nombres son Hansel y Grettel y estamos aquí porque nos perdimos en el bosque y al encontrarnos la bruja malvada nos encerró y nos quiere comer, ayúdanos por favor.

Los tres niños planearon cómo escaparían, pero para su sorpresa la bruja llegó mucho antes de que se lo esperaran, pillando a los tres niños hablando entre sí. La bruja intentó agarrar a Caperucita Roja para encerrarla también, pero con la mala suerte de resbalar y caerse dentro de la chimenea, la cual estaba encendida. 

Caperucita Roja ayudó a Hansell y a Grettel a escaparse y todos salieron corriendo de la casa. De tanto correr, dieron con la casa de la abuelita de Caperucita Roja y acabaron comiendo los pasteles que llevaba Caperucita en su cesta, contándole a la abuelita el suceso tan extraño que habían tenido con la bruja y la casa del mal olor. 

FIN

lunes, 25 de marzo de 2024

II Concurso de relatos cortos: Los tres cerditos y el lobo

 


Érase una vez tres cerditos que eran hermanos, y cada uno quería ser independiente del otro, así que decidieron hacer esto: cada uno se haría su propia casa.

—Yo la haré de madera —dijo el primero.

—Yo, de paneles de yeso —dijo el segundo.

—Yo, de hormigón —dijo el tercero.

Y habiendo decidido los materiales de su futura vivienda, se pusieron a ver un video en Internet sobre cómo hacerlo.

5 horas después…

—¡Por fin he terminado mi maravillosa casa de madera! Ahora, a ver Instagram y Facebook —dijo el más pequeño y el más vago.

12 semanas después

—Por fin acabé mi casa de paneles de yeso… Ahora me pondré a estudiar, que tengo examen de física y química y de… NO PUEDE SER, ¿desde cuándo hay examen de tecnología de mecanismos? Manos a la obra —dijo el mediano, que priorizó sus estudios antes que tener un lugar estable para dormir.

 1 mes después

—Después de estar más de un mes construyendo mi casa, por fin la he terminado, pero… no me ha dado tiempo de estudiarme los números de oxidación de física y química y la profesora me ha suspendido —dijo apenado el mayor—. Al menos, mi casa de hormigón durará muchísimo tiempo y aguantara el calor extremo que hace en este pueblo donde no vive ni el Tato —añadió mientras se reía.

Al caer la noche, un lobo que había visto el directo de instagram que había hecho el menor de los hermanos, pasó por allí y por el olor a cemento fresco, madera recién cortada y paneles de yeso blancos, corroboró que habían terminado hace relativamente poco sus casas.

 —Esta noche me pongo las botas, JAJAJAJAJAJAJ —se rió el malvado lobo—. Solo tengo que encontrar la manera de entrar a cada casa...

Llegó a la casa de madera y la prendió fuego, empezó a oler a tocino y luego salió el hermano menor corriendo a la casa de yeso para refugiarse del lobo. Cuando llegó a la siguiente casa, notó el material con el que estaba hecha y prácticamente no tuvo que hacer nada: como si de un Iphone se tratase, solo le hizo falta rasguñar un poco para que las paredes y las casa se vinieran abajo.

—¡Ayuda, hermanoooo! —gritaron los dos al unísono mientras corrían a la última casa

Al llegar a la última casa, el lobo tuvo que pensar más y se acordó de las clases de formulación que tuvo con esa misma mañana.

—A ver… para destruir el hormigón, no se pueden usar ácidos, ni óxidos ni peróxidos ni nada por el estilo, MADRE MÍA, formulación me va a matar de hambre —y pasó a la fuerza bruta—. A ver… creo que el Coldpol me podrá ayudar —cogió un balón oficial y lo lanzó repetidamente hacia la pared y obviamente no funcionó.

—Qué lástima, tenía la esperanza de que este maravilloso deporte me ayudaría a no morirme de hambre.

Sacó su calculadora de matemáticas y se puso a hacer ecuaciones de segundo y primer grado de todos los tipos, con fracciones, tipo 1, completas incompletas… Para sorpresa de todos, no funcionó.

—Las matemáticas me van a matar de hambre, si tan solo se pudieran comer los números... —dijo mientras golpeaba el suelo.

Sacó los apuntes de tecnología e hizo algunos cálculos, cuya solución era que la fuerza se tenía que dividir en cuatro partes: R dividido entre cuatro.

Cogió la rama de un árbol y fabricó un polipasto factorial y aplicó la fórmula. La casa no cedió.

—¡Maldita sea, este ámbito de tecnología me va a matar de hambre! ¿Por qué no nos enseñan en el instituto cosas que de verdad sean útiles? —dijo cabreado, y mucho.

—Los idiomas mejor ni los pruebo, porque… Bueno, ni lo voy a pensar.

Pensó y pensó pero una solución no halló.

—Que les den a las fórmulas, que me matarán de hambre —y del enfado, llamó a todos los animales del bosque, herbívoros y carnívoros y pidió ayuda a los fuertes toros bravos para derribar la pared y… funcionó.

—¡DIOS TE SALVE MARÍA, LLENA ERES DE GRACIA! —gritó mientras corría detrás de los tres cerditos; pero estos se refugiaron en otro edificio, una carnicería.

El lobo gritaba:

—No tienen compasión, para qué estudiar tanto, si al final me voy a morir de hambre —lloraba y lloraba.

El Lobo al final falleció, y en su lápida pusieron: El inteligente más tonto.

—¡Ay, ay, ay, mi nieto! —gritaba una anciana.

—Abuela, no es tu nieto, es un lobo que intentó comerme y que te comió —contestó Caperucita.

—Me da muchísima pena el Señor Lobo, puesto que de tanto estudiar, su salud mental no fue una prioridad y de hambre se murió aplicando lo que aprendió —dijo sabiamente la anciana—. Que te sirva, Caperucita, para entender que tu valor en la sociedad y como persona no lo define lo mucho que hayas estudiado, si no si has aprendido algo útil y cómo lo has aplicado en tu vida.

—Muchas gracias abuela.

—Te quiero muchísimo nieta, que Dios nos bendiga a todos.

II Concurso de relatos cortos: Caperucita Azul y Frankenstein

 


Había una vez una niña con el pelo de color rubio y mechas de color azul, que vivía con su madre debido a que su padre había fallecido. Caperucita tenía una muy buena relación con un tío suyo que venía a su casa todos los días, pero sorprendentemente llevaba una semana entera sin venir, por lo que decidió hacerle una videollamada a través de su móvil:

—¡Hola, tío! ¿Qué tal estás? Es que hace días que no vienes a comer a mi casa.

—¡Hola! La verdad, no estoy muy bien, tengo la Covid-19 y debido a eso tengo fiebre y cansancio.

—Pues si quieres voy a tu casa a visitarte.

—Vale, genial. Trata de ir con cuidado que se está esparciendo por el programa de noticias Telecinco que anda rondando por ahí suelto un ser monstruoso.

—No te preocupes, tío, iré con cuidado.

Tras esta videollamada, Caperucita se vistió, se puso los auriculares para escuchar música y fue a casa de su tío, que estaba situada a las afueras, por lo que tuvo que ir por el bosque, donde literalmente no pasaba nadie.

Después de unos minutos por el bosque, Caperucita empezó a sentirse observada, pero no le dio importancia, hasta que se quitó uno de los auriculares y escuchó unos pasos detrás de ella que le dieron escalofríos, por lo que se giró y… no había nadie. Esto la extrañó, pero decidió seguir caminando, además, Google maps le indicaba que ya la faltaba poco para llegar.

Llegó a la casa de su tío sana y salva. Allí merendaron, vieron la tele, y por supuesto, hablaron.

Pero, al salir de casa para ir de vuelta a la suya, todo estaba mucho más oscuro debido a que había anochecido. Aunque le dio algo de miedo, decidió ir sola. De nuevo, se empezó a sentir observada, pero no le dio importancia ya que la última vez no había visto a nadie. Pero de repente, una mano le tocó el hombro. Ella se giró algo intrigada, y se quedó paralizada al ver la monstruosa y deforme cara de la criatura. Su única y primera reacción fue gritar y huir, cosa que no le sirvió de mucho ya que Frankenstein consiguió alcanzarla en menos de un minuto, y este lo único que le preguntó fue:

—¿Sabes dónde está Mercadona? Es que soy nuevo aquí y todavía no me sé ubicar muy bien.

—Pero ¿tú no eres Frankenstein?

—Sí, ¿y qué?

—Se supone que eres peligroso.

—¿Quién dice eso?

—No sé, mi tío me dijo que lo habían dicho en Telecinco.

—Ahh sí, pero eso fue hace días, que me juzgaron por mi aspecto, pero un adolescente llamado Max quiso conocerme y hablar conmigo y testificó que yo era una buena persona, solo que mi aspecto físico era distinto al de una persona normal.

—Ahh, pues lo siento por juzgarte y reaccionar así.

—No pasa nada.

—Está bien, si quieres te comparto datos móviles y así te lo indica Google, es que yo me tengo que ir ya a casa.

—De acuerdo, muchas gracias.

—De nada.

Y tras compartirle algunos datos móviles, Caperucita se fue a su casa y Frankenstein a Mercadona.

 

FIN

II Concurso de relatos cortos: Caperucita Roja


 

Una chica recibe de su madre el encargo de llevar una bolsa del Mercadona con la compra a su abuela enferma que vive en un chalé, advirtiéndole que no hable con desconocidos. Pero por el camino se encuentra con un hombre loco y se para a hablar con él, dándole detalles de lo que va a hacer. El hombre loco, llamado Wolf, aprovecha para engañar a Caperucita, para llegar antes a la casa de la abuelita deCaperucita, a quien la encierra y luego ocupa su lugar para engañar a Caperucita y encerrarla también. Afortunadamente, un boxeador que andaba por allí descubre al hombre loco, ya que lo conocía. El boxeador rescata a Caperucita y su abuelita del escondite del hombre loco, pegándole un puñetazo y después llevándolo a la policía.