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lunes, 9 de junio de 2025
domingo, 8 de junio de 2025
miércoles, 9 de enero de 2019
lunes, 6 de febrero de 2017
lunes, 6 de junio de 2016
Dix choses que David Marcos déteste
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martes, 31 de mayo de 2016
sábado, 7 de febrero de 2015
Concurso de Sueños: Jake y la Isla
Me encontraba en una habitación oscura y tenebrosa, pero entre tinieblas algo me iluminaba. Me acerqué sigilosamente, más por miedo que por curiosidad, hasta que estuve tan cerca como para identificar de dónde provenía esa luz: era una pequeña lamparilla.
Había un niño, de estatura media, cabellos cobrizos, ligeramente ondulados y largos, muy largos. Estaba estudiando sobre unos libros antiguos de páginas amarillentas y llenas de apuntes en los márgenes. Sobre el escritorio donde estaba la lámpara había cientos de libros más amontonados, formando una especie de castillo a su alrededor. Entonces el niño se levantó. Yo, asustada al darme cuenta de que notaba mi presencia, no pude ni siquiera parpadear, estaba paralizada. Entonces fue cuando se agachó y abrió una pequeña compuerta que se escondía debajo del siniestro escritorio, dejando salir un potente destello de luz y algo de arena fina que penetró en la habitación.
Sin mirar hacia atrás entró directamente por la pequeña puerta, y yo le seguí. Era una hermosa playa lo que allí se escondía, y en su orilla una vieja barca. Fue en ese momento cuando intenté hablar con el niño por primera vez, porque vi que se montaba en la barca sin mí, y yo sin duda no quería perderme aquel lugar. Dejó que me montara, pero sin mediar palabra alguna. Durante el viaje "a ciegas", pues no sabía adónde me llevaba, me estuve planteando continuamente si era mudo o no.
Por fin llegamos a una isla paradisíaca, dotada de árboles frutales de todo tipo y de animales que nunca hubiese podido imaginar. Atravesamos la jungla tropical en busca de un refugio, pues estaba oscureciendo y parecía que iba a llover, al menos esos truenos no tenían buena pinta. Decidimos hacerlo nosotros mismos y empezamos a recolectar ramas, troncos, hojas... todo lo que pensábamos que nos podía ayudar a construir el refugio. Una vez pasada la noche tormentosa, por la mañana, le dije al niño:
—¡Buenos días! ¿Vamos a pescar algo para el desayuno?
Pero el niño no contestó. Le hice unas cuantas preguntas más, pero no contestó ninguna, hasta que desesperada y segura de que no contestaría, le pregunté:
—¿Cómo te llamas?
EI niño comenzó a escribir en la arena hasta que, por fin, pude leer:
JAKE
Lo primero que pensé es que, al menos, su nombre era más sencillo que hablar con él. Empezó a caminar hacia adelante, completamente decidido, paso firme y mirada al frente; yo iba detrás, alucinada por el paisaje, tanto que no me di cuenta de lo mucho que nos habíamos alejado de la puertecilla. Lo cierto es que cuando me acordé de volver la mirada no supe realmente si la misteriosa puerta seguía allí o había desaparecido. No me preocupaba, tenía a ambos lados un paraíso de ensueño, pensé que sin duda era el lugar más bello que existía. Aún lo recuerdo casi con total claridad...
Allá por el segundo o tercer día, empecé a notar cosas extrañas en la isla. Cuando iba a pasear por la orilla, vi a una chica llorando.
—¿Qué te pasa, por qué lloras? —le pregunté con cierta empatía y amabilidad.
—Es que... alguien... no... No quiere que yo... —contestó entre sollozos.
En ese momento un chico llegó corriendo. muy cansado, con montones de lágrimas recorriendo su rostro y le dijo a ella:
—¡Anna, no llores! Me da igual que a mi padre no le gustes como esposa, yo te quiero, Anna, ¿quieres casarte conmigo? —dijo el chico repleto de emoción, secándose las lágrimas.
—Pero John, ¡sabes que esto es un amor prohibido! —después de un silencio de mutua resignación, continuó—. Si tu padre se entera, nos hechizará y moriremos, yo no puedo resistirme a lo que siento por ti. No quiero que te pase nada, John, tenemos que olvidar este amor para siempre —contestó Anna, triste también porque la seguridad que reflejaban sus palabras no era creíble ni siquiera por ella.
—No, por favor, yo te amo, sin ti moriré. Prefiero morir contigo que morir triste, sin que estés a mi lado —finalizó el chico, decidido a estar junto a ella.
Se abrazaron. Se abrazaron fuertemente y sin más discusión los dos sabían cuál era la decisión que habían tomado.
Cuando el padre del chico se enteró de que no sólo amaba a Anna sino que quería casarse con ella, les hechizó, para que su amor se destrozara. Desde su casa, reuniendo todos los objetos místicos necesarios fabricó el hechizo fatal. En su mano derecha una rosa negra, en la izquierda su libro de conjuros: si John y Anna llegaban a besarse, serían convertidos para siempre en mariposas, nunca más volverían a estar juntos.
John ya sabía el tipo de hechizos que su padre realizaba, sabía que aun tratándose de su hijo, la obsesión que le llevaba a impedir este amor haría que llegase a desear su muerte. Aun así, todo estaba ya decidido. Fueron a la playa esa misma tarde, estaba empezando a anochecer y la marea estaba bajando, pequeñas olas llegaban a la orilla en forma de espuma. Los enamorados, destinados a morir, se tumbaron en la arena, y allí entre besos y caricias pusieron fin a su historia.
Después de este manantial de emociones, regresé al refugio, extrañada, asustada, sorprendida mientras que Jake estaba tumbado en una cama colgante que se había fabricado esa misma mañana con unas cuantas hojas y ramas que había encontrado por el sendero.
Por la tarde, Jake me enseñó a contemplar la belleza del cielo y estuvimos jugando a pensar qué formas dibujaban las nubes. Yo adiviné una estrella, Jake adivinó un caballo saltando por encima de una valla hacia una preciosa pradera llena de pastos frescos, y me explicó cada detalle señalando con su dedo. Está claro que tenía más práctica que yo, por no hablar de su asombrosa imaginación.
Era hora de regresar al refugio, pero antes hicimos una pequeña parada en el mar, para pescar la cena. Hicimos una pequeña hoguera y asamos el pescado. Mmm... ¡estaba delicioso!
A la mañana siguiente fui a dar un paseo con Jake por la extensa jungla y nos encontramos en uno de sus rincones unas escaleras que se hundían en la tierra. Parecía haber luz debajo, así que bajamos para ver lo que había. Ni siquiera él parecía haber visto aquel lugar. De repente, la luces que iluminaban todo el recorrido se apagaron. Volvieron a encenderse, miré hacia atrás y. .. ¿Jake?
No sabía dónde se había metido aquel chico. Asustada, quise retroceder hacia la salida, pero no pude pues las escaleras habían desaparecido. Seguí bajando pues no tenía otra opción y pensé que tal vez encontraría otra forma de salir de allí. Tras descender largo tiempo, llegué a una sala luminosa, cuadrada, llena de mosaicos en sus paredes y un suelo de mármol azul. Sus techos eran muy muy altos, con una cúpula que marcaba un círculo rojo en su punto más alto. Miré hacia alrededor y había todo tipo de instrumentos de astronomía y medición. Catalejos extraños de color dorado, brújulas que marcaban decenas de puntos cardenales, mapas plegables que parecían no poder desdoblarse de tanto polvo como soportaban, telescopios de todos los tamaños... Ah, y un terrorífico payaso que, pintado en un cuadro, parecía seguirme con su mirada.
De repente me tropecé con algo, caí sobre una palanca, sonó un estruendo y, para mi asombro, la cúpula con el círculo rojo se partió a la mitad. Comenzó a separarse en dos partes y cayó justo a mi lado un enorme pedrusco y kilos de tierra y piedras pequeñas.
—¡Chsst, chsst! —escuché desde arriba una especie de llamada.
Era Jake, desde esa altura parecía una hormiguita pero lo reconocí, además no podía ser otro. Parecía querer ayudarme a salir de allí. Me tiró una bolsa transparente llena de agua, tardó unos 20 segundos en caer, y la cogí al vuelo antes de que explotara en el suelo.
Observé la bolsa por si escondía algo especial, y así era: un diminuto caballito de mar. Yo no entendía nada, pero Jake parecía mirarme desde arriba con cara de haber solucionado todo. No entendía cómo ese caballo iba a sacarme de allí, ni siquiera sabía si era por eso que Jake me lo lanzara.
Abrí la bolsa. No iba a preguntar nada a Jake, pues a estas alturas sabía que serviría de poco.
Tuve cuidado de no derramar el agua que daba vida al caballito de mar, pero cuando abrí la bolsa comenzó a brillar cada vez más y a crecer con una velocidad espantosa. Cuando me di cuenta de que ya ni siquiera cabía en la bolsa, lo solté. Solté la bolsa y antes de que ésta cayese al suelo el animal ya era casi tan grande como yo.
Estaba tan sorprendida que no me di cuenta de que el caballito no había caído al suelo, miré a Jake pero estaba tan sereno como siempre. Cuando volví la mirada hacia el caballito de mar, si es que lo era, vi sus alas agitándose para mantenerle a la altura de mi cabeza. Había visto caballos de tierra, también de mar, ¡pero no un caballo que volase, era un caballo de aire! Entonces como si algo me dijese lo que tenía que hacer, supe que ese caballito de mar o aire me sacaría volando de aquel extraño lugar.
Con todas mis fuerzas me agarré a él y esperé a que volase hacia la superficie para reencontrarme con Jake. Dudé unos segundos si el animal volaría para salvarme, y cuando menos lo esperaba lo hizo. Me llevó hasta arriba de una manera tan alegre que no sentí ni una pizca de miedo. Quise darle las gracias a Jake por haberme salvado, le di un abrazo y le dije:
—Gracias por todo Jake.
—De nada —dijo él.
No esperaba que contestase pues estaba segura de que era mudo. Tal impresión me causó que me desmayé. Entonces, al poco tiempo, abrí vagamente los ojos y vi a Jake intentando reanimarme:
—¡Chsst! ¡Chss! ¡Despierta!
En ese momento me desperté. Pero nada parecido fue lo que vi a una isla rodeada de altas palmeras, de árboles de suculentas frutas, animales exóticos y aguas cristalinas. Esta vez era madre llamándome para ir a la escuela.
Había un niño, de estatura media, cabellos cobrizos, ligeramente ondulados y largos, muy largos. Estaba estudiando sobre unos libros antiguos de páginas amarillentas y llenas de apuntes en los márgenes. Sobre el escritorio donde estaba la lámpara había cientos de libros más amontonados, formando una especie de castillo a su alrededor. Entonces el niño se levantó. Yo, asustada al darme cuenta de que notaba mi presencia, no pude ni siquiera parpadear, estaba paralizada. Entonces fue cuando se agachó y abrió una pequeña compuerta que se escondía debajo del siniestro escritorio, dejando salir un potente destello de luz y algo de arena fina que penetró en la habitación.
Sin mirar hacia atrás entró directamente por la pequeña puerta, y yo le seguí. Era una hermosa playa lo que allí se escondía, y en su orilla una vieja barca. Fue en ese momento cuando intenté hablar con el niño por primera vez, porque vi que se montaba en la barca sin mí, y yo sin duda no quería perderme aquel lugar. Dejó que me montara, pero sin mediar palabra alguna. Durante el viaje "a ciegas", pues no sabía adónde me llevaba, me estuve planteando continuamente si era mudo o no.
Por fin llegamos a una isla paradisíaca, dotada de árboles frutales de todo tipo y de animales que nunca hubiese podido imaginar. Atravesamos la jungla tropical en busca de un refugio, pues estaba oscureciendo y parecía que iba a llover, al menos esos truenos no tenían buena pinta. Decidimos hacerlo nosotros mismos y empezamos a recolectar ramas, troncos, hojas... todo lo que pensábamos que nos podía ayudar a construir el refugio. Una vez pasada la noche tormentosa, por la mañana, le dije al niño:
—¡Buenos días! ¿Vamos a pescar algo para el desayuno?
Pero el niño no contestó. Le hice unas cuantas preguntas más, pero no contestó ninguna, hasta que desesperada y segura de que no contestaría, le pregunté:
—¿Cómo te llamas?
EI niño comenzó a escribir en la arena hasta que, por fin, pude leer:
JAKE
Lo primero que pensé es que, al menos, su nombre era más sencillo que hablar con él. Empezó a caminar hacia adelante, completamente decidido, paso firme y mirada al frente; yo iba detrás, alucinada por el paisaje, tanto que no me di cuenta de lo mucho que nos habíamos alejado de la puertecilla. Lo cierto es que cuando me acordé de volver la mirada no supe realmente si la misteriosa puerta seguía allí o había desaparecido. No me preocupaba, tenía a ambos lados un paraíso de ensueño, pensé que sin duda era el lugar más bello que existía. Aún lo recuerdo casi con total claridad...
Allá por el segundo o tercer día, empecé a notar cosas extrañas en la isla. Cuando iba a pasear por la orilla, vi a una chica llorando.
—¿Qué te pasa, por qué lloras? —le pregunté con cierta empatía y amabilidad.
—Es que... alguien... no... No quiere que yo... —contestó entre sollozos.
En ese momento un chico llegó corriendo. muy cansado, con montones de lágrimas recorriendo su rostro y le dijo a ella:
—¡Anna, no llores! Me da igual que a mi padre no le gustes como esposa, yo te quiero, Anna, ¿quieres casarte conmigo? —dijo el chico repleto de emoción, secándose las lágrimas.
—Pero John, ¡sabes que esto es un amor prohibido! —después de un silencio de mutua resignación, continuó—. Si tu padre se entera, nos hechizará y moriremos, yo no puedo resistirme a lo que siento por ti. No quiero que te pase nada, John, tenemos que olvidar este amor para siempre —contestó Anna, triste también porque la seguridad que reflejaban sus palabras no era creíble ni siquiera por ella.
—No, por favor, yo te amo, sin ti moriré. Prefiero morir contigo que morir triste, sin que estés a mi lado —finalizó el chico, decidido a estar junto a ella.
Se abrazaron. Se abrazaron fuertemente y sin más discusión los dos sabían cuál era la decisión que habían tomado.
Cuando el padre del chico se enteró de que no sólo amaba a Anna sino que quería casarse con ella, les hechizó, para que su amor se destrozara. Desde su casa, reuniendo todos los objetos místicos necesarios fabricó el hechizo fatal. En su mano derecha una rosa negra, en la izquierda su libro de conjuros: si John y Anna llegaban a besarse, serían convertidos para siempre en mariposas, nunca más volverían a estar juntos.
John ya sabía el tipo de hechizos que su padre realizaba, sabía que aun tratándose de su hijo, la obsesión que le llevaba a impedir este amor haría que llegase a desear su muerte. Aun así, todo estaba ya decidido. Fueron a la playa esa misma tarde, estaba empezando a anochecer y la marea estaba bajando, pequeñas olas llegaban a la orilla en forma de espuma. Los enamorados, destinados a morir, se tumbaron en la arena, y allí entre besos y caricias pusieron fin a su historia.
Después de este manantial de emociones, regresé al refugio, extrañada, asustada, sorprendida mientras que Jake estaba tumbado en una cama colgante que se había fabricado esa misma mañana con unas cuantas hojas y ramas que había encontrado por el sendero.
Por la tarde, Jake me enseñó a contemplar la belleza del cielo y estuvimos jugando a pensar qué formas dibujaban las nubes. Yo adiviné una estrella, Jake adivinó un caballo saltando por encima de una valla hacia una preciosa pradera llena de pastos frescos, y me explicó cada detalle señalando con su dedo. Está claro que tenía más práctica que yo, por no hablar de su asombrosa imaginación.
Era hora de regresar al refugio, pero antes hicimos una pequeña parada en el mar, para pescar la cena. Hicimos una pequeña hoguera y asamos el pescado. Mmm... ¡estaba delicioso!
A la mañana siguiente fui a dar un paseo con Jake por la extensa jungla y nos encontramos en uno de sus rincones unas escaleras que se hundían en la tierra. Parecía haber luz debajo, así que bajamos para ver lo que había. Ni siquiera él parecía haber visto aquel lugar. De repente, la luces que iluminaban todo el recorrido se apagaron. Volvieron a encenderse, miré hacia atrás y. .. ¿Jake?
No sabía dónde se había metido aquel chico. Asustada, quise retroceder hacia la salida, pero no pude pues las escaleras habían desaparecido. Seguí bajando pues no tenía otra opción y pensé que tal vez encontraría otra forma de salir de allí. Tras descender largo tiempo, llegué a una sala luminosa, cuadrada, llena de mosaicos en sus paredes y un suelo de mármol azul. Sus techos eran muy muy altos, con una cúpula que marcaba un círculo rojo en su punto más alto. Miré hacia alrededor y había todo tipo de instrumentos de astronomía y medición. Catalejos extraños de color dorado, brújulas que marcaban decenas de puntos cardenales, mapas plegables que parecían no poder desdoblarse de tanto polvo como soportaban, telescopios de todos los tamaños... Ah, y un terrorífico payaso que, pintado en un cuadro, parecía seguirme con su mirada.
De repente me tropecé con algo, caí sobre una palanca, sonó un estruendo y, para mi asombro, la cúpula con el círculo rojo se partió a la mitad. Comenzó a separarse en dos partes y cayó justo a mi lado un enorme pedrusco y kilos de tierra y piedras pequeñas.
—¡Chsst, chsst! —escuché desde arriba una especie de llamada.
Era Jake, desde esa altura parecía una hormiguita pero lo reconocí, además no podía ser otro. Parecía querer ayudarme a salir de allí. Me tiró una bolsa transparente llena de agua, tardó unos 20 segundos en caer, y la cogí al vuelo antes de que explotara en el suelo.
Observé la bolsa por si escondía algo especial, y así era: un diminuto caballito de mar. Yo no entendía nada, pero Jake parecía mirarme desde arriba con cara de haber solucionado todo. No entendía cómo ese caballo iba a sacarme de allí, ni siquiera sabía si era por eso que Jake me lo lanzara.
Abrí la bolsa. No iba a preguntar nada a Jake, pues a estas alturas sabía que serviría de poco.
Tuve cuidado de no derramar el agua que daba vida al caballito de mar, pero cuando abrí la bolsa comenzó a brillar cada vez más y a crecer con una velocidad espantosa. Cuando me di cuenta de que ya ni siquiera cabía en la bolsa, lo solté. Solté la bolsa y antes de que ésta cayese al suelo el animal ya era casi tan grande como yo.
Estaba tan sorprendida que no me di cuenta de que el caballito no había caído al suelo, miré a Jake pero estaba tan sereno como siempre. Cuando volví la mirada hacia el caballito de mar, si es que lo era, vi sus alas agitándose para mantenerle a la altura de mi cabeza. Había visto caballos de tierra, también de mar, ¡pero no un caballo que volase, era un caballo de aire! Entonces como si algo me dijese lo que tenía que hacer, supe que ese caballito de mar o aire me sacaría volando de aquel extraño lugar.
Con todas mis fuerzas me agarré a él y esperé a que volase hacia la superficie para reencontrarme con Jake. Dudé unos segundos si el animal volaría para salvarme, y cuando menos lo esperaba lo hizo. Me llevó hasta arriba de una manera tan alegre que no sentí ni una pizca de miedo. Quise darle las gracias a Jake por haberme salvado, le di un abrazo y le dije:
—Gracias por todo Jake.
—De nada —dijo él.
No esperaba que contestase pues estaba segura de que era mudo. Tal impresión me causó que me desmayé. Entonces, al poco tiempo, abrí vagamente los ojos y vi a Jake intentando reanimarme:
—¡Chsst! ¡Chss! ¡Despierta!
En ese momento me desperté. Pero nada parecido fue lo que vi a una isla rodeada de altas palmeras, de árboles de suculentas frutas, animales exóticos y aguas cristalinas. Esta vez era madre llamándome para ir a la escuela.
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jueves, 15 de mayo de 2014
Diez cosas que Arantxa odia
Las 10 cosas que odio
Si tuviese que empezar a nombrar todas y cada una de las cosas que odio creo que no terminaría nunca, pero en este momento solo tengo que nombrar diez.
La primera que odio es la homofobia, no soporto la manera de pensar de ciertas personas con una mentalidad cerrada. Yo soy de aquellos que piensan que todos alguna vez en la vida sentimos atracción por las personas del mismo sexo aunque sea por su mentalidad, solo que muchas personas, por el miedo a enamorarse, no lo reconocen, por lo tanto yo no lo llamaría homofobia, simplemente lo llamaría cobardía.
Tampoco soporto las mentiras. Es algo que me resulta completamente absurdo, si tú no tienes valor suficiente o intenciones de cumplir tus compromisos, no te engañes a ti y mucho menos engañes a nadie.
Además, detesto otro tipo de mentalidad, la que se aplica a todos los jóvenes con intenciones amorosas, que solo somos niños suelen decirnos, pero más de una vez les sorprendería saber cómo "dos niños" tienen esa capacidad de la cual muchos mayores carecen, el amor a otra persona por encima de todo.
Odio el maltrato a la mujer, ¿por qué tiene un señor el valor de levantar la mano a una mujer cuando su madre es una de ellas? Este estilo de vida que adoptan ciertas personas me parece repugnante y anticuado. Una mujer es el ser más maravilloso que hizo Dios y tiene todo el derecho de llevar la mejor vida posible sin ningún daño.
Cómo no, las reformas en educación, enseñanza, sanidad. Antiguamente todas las personas deseaban poder alimentar su mente, conocer culturas, aprender, y ahora que lo tenemos vienen unas personas a intentar solucionar nuestros problemas beneficiando su economía y atrasando a nuestra civilización, pero claro, mientras yo tenga una buena economía, ¿por qué preocuparme de niños con ilusión de futuro?
Tampoco soy partidaria de la ley de violación según la cual si yo te violo tengo x años de prisión, pero si tú abortas por una violación cuando ese niño viene vivo, tienes más años de cárcel.
¿Cuándo entenderán que yo no me visto para provocar? Con esto se demuestra a gran escala cómo se nos enseña a las mujeres para no ser violadas a llevar una forma de vestir y no se les enseña a ellos educación y principios.
Como estudiante no hay nada que más miedo me dé que los cambios universitarios. Los recursos económicos actuales son tan escasos en las familias que esta situación de crisis económica provoca una incertidumbre sobre nuestro futuro universitario. Los recursos económicos no hacen más que descender. Si mi familia gana 3.000 euros mensuales y tiene 2.000 euros de gastos, ¿cómo voy a permitirme el lujo de estudiar? Yo seré una de tantas personas que abandonan sus sueños para trabajar, qué pena, ¿no? La pena es que las personas que pueden ayudarnos a estudiar no lo hagan.
Aunque resulte extraño en una chica adolescente, algo que no soporto son las masas y esa horrible necesidad de aparentar lo que no soy gastándome dinero en cosas que no valen nada, que en dos meses escucharé "tía, eso es de la temporada pasada" con algunas risas, porque actualmente es lo que el ser humano con tantos avances ha creado, un grupo de personas que mueren de hambre pero con ropa de Gucci, Giorgio Armani... y personas ricas con ropa de mercadillo.
Algo que también odio son las drogas, y cómo millones de personas en el mundo dejan atrás una infancia entre 9 y 13 años para unirse a algo que las va a matar, ¿por gusto? Sinceramente, dudo que niños con 12 años sientan placer al perder la noción del tiempo, con el mareo o los vómitos de después, pero la sociedad los enseña eso. Si no lo hago yo, ¿me dejarán de lado por ser diferente?
Y por último, lo que más odio es el cáncer, esa enfermedad que hunde a la gente, que destroza familias y que en muchos casos no sabes cómo vas a poder afrontar, aunque creo que de todas las cosas que odio es la única que tiene cosas positivas. Te enseña a valorarte, a luchar contra viento y marea, a saber que si te caes es solo para que los que estaban abajo esperándote, los tuyos, te impulsen a subir hacia arriba y sobre todo que aunque sea una enfermedad que en muchos casos e mate, son más los casos en los que te da vida. Qué ironico, ¿no?, aquello que te la quita es lo que te la da, pero supongo que así son las cosas, siempre necesitas saber que estás a punto de caer para reaccionar, subir y luchar.
Si tuviese que empezar a nombrar todas y cada una de las cosas que odio creo que no terminaría nunca, pero en este momento solo tengo que nombrar diez.
La primera que odio es la homofobia, no soporto la manera de pensar de ciertas personas con una mentalidad cerrada. Yo soy de aquellos que piensan que todos alguna vez en la vida sentimos atracción por las personas del mismo sexo aunque sea por su mentalidad, solo que muchas personas, por el miedo a enamorarse, no lo reconocen, por lo tanto yo no lo llamaría homofobia, simplemente lo llamaría cobardía.
Tampoco soporto las mentiras. Es algo que me resulta completamente absurdo, si tú no tienes valor suficiente o intenciones de cumplir tus compromisos, no te engañes a ti y mucho menos engañes a nadie.
Además, detesto otro tipo de mentalidad, la que se aplica a todos los jóvenes con intenciones amorosas, que solo somos niños suelen decirnos, pero más de una vez les sorprendería saber cómo "dos niños" tienen esa capacidad de la cual muchos mayores carecen, el amor a otra persona por encima de todo.
Odio el maltrato a la mujer, ¿por qué tiene un señor el valor de levantar la mano a una mujer cuando su madre es una de ellas? Este estilo de vida que adoptan ciertas personas me parece repugnante y anticuado. Una mujer es el ser más maravilloso que hizo Dios y tiene todo el derecho de llevar la mejor vida posible sin ningún daño.
Cómo no, las reformas en educación, enseñanza, sanidad. Antiguamente todas las personas deseaban poder alimentar su mente, conocer culturas, aprender, y ahora que lo tenemos vienen unas personas a intentar solucionar nuestros problemas beneficiando su economía y atrasando a nuestra civilización, pero claro, mientras yo tenga una buena economía, ¿por qué preocuparme de niños con ilusión de futuro?
Tampoco soy partidaria de la ley de violación según la cual si yo te violo tengo x años de prisión, pero si tú abortas por una violación cuando ese niño viene vivo, tienes más años de cárcel.
¿Cuándo entenderán que yo no me visto para provocar? Con esto se demuestra a gran escala cómo se nos enseña a las mujeres para no ser violadas a llevar una forma de vestir y no se les enseña a ellos educación y principios.
Como estudiante no hay nada que más miedo me dé que los cambios universitarios. Los recursos económicos actuales son tan escasos en las familias que esta situación de crisis económica provoca una incertidumbre sobre nuestro futuro universitario. Los recursos económicos no hacen más que descender. Si mi familia gana 3.000 euros mensuales y tiene 2.000 euros de gastos, ¿cómo voy a permitirme el lujo de estudiar? Yo seré una de tantas personas que abandonan sus sueños para trabajar, qué pena, ¿no? La pena es que las personas que pueden ayudarnos a estudiar no lo hagan.
Aunque resulte extraño en una chica adolescente, algo que no soporto son las masas y esa horrible necesidad de aparentar lo que no soy gastándome dinero en cosas que no valen nada, que en dos meses escucharé "tía, eso es de la temporada pasada" con algunas risas, porque actualmente es lo que el ser humano con tantos avances ha creado, un grupo de personas que mueren de hambre pero con ropa de Gucci, Giorgio Armani... y personas ricas con ropa de mercadillo.
Algo que también odio son las drogas, y cómo millones de personas en el mundo dejan atrás una infancia entre 9 y 13 años para unirse a algo que las va a matar, ¿por gusto? Sinceramente, dudo que niños con 12 años sientan placer al perder la noción del tiempo, con el mareo o los vómitos de después, pero la sociedad los enseña eso. Si no lo hago yo, ¿me dejarán de lado por ser diferente?
Y por último, lo que más odio es el cáncer, esa enfermedad que hunde a la gente, que destroza familias y que en muchos casos no sabes cómo vas a poder afrontar, aunque creo que de todas las cosas que odio es la única que tiene cosas positivas. Te enseña a valorarte, a luchar contra viento y marea, a saber que si te caes es solo para que los que estaban abajo esperándote, los tuyos, te impulsen a subir hacia arriba y sobre todo que aunque sea una enfermedad que en muchos casos e mate, son más los casos en los que te da vida. Qué ironico, ¿no?, aquello que te la quita es lo que te la da, pero supongo que así son las cosas, siempre necesitas saber que estás a punto de caer para reaccionar, subir y luchar.
Arantxa Curiel Vega
lunes, 10 de febrero de 2014
Concurso de declaraciones de amor
Con estas palabras de Lenny Kravitz abrimos este curso la convocatoria de declaraciones de amor. Let Love Rule. Que sea el Amor (y no otra cosa: gobiernos, malas tripas, Fondos de Reptiles Internacionales) quien mande.
Que de hecho ya es así, y siempre lo ha sido, no lo desmiente desde luego el Arcipreste de Hita, que en su Libro de buen amor se remonta a los griegos para recordarnos esta noble verdad:
Aristóteles lo dijo, y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas se mueve: la primera,
por el sustentamiento, que la segunda era
por haber juntamiento con hembra placentera.
No estaría en desacuerdo con en esto Empédocles, aquel filósofo siciliano de la Antigüedad que nos invitó a imaginar el mundo como una partida entre dos amantes (y enemigos) eternos, Afrodita y Ares, el Amor y el Odio.
Más cercanos a nosotros, los chicos de Coz constatan tres cuartos de lo mismo en su éxito Las chicas son guerreras:
Y si ves el mundo girar,
es porque las muñecas
han puesto la cadera a funcionar.
(Si se os hace demasiado machorro el discurso de Coz, no os perdáis la deconstrucción de la canción en manos de un grupo de chicas, Objetivo Birmania.)
Como recordábamos hace un año, febrero es para nosotros un mes amoroso, erótico, por varias razones. Desde luego por la celebración, el día 14, de San Valentín, el Día de los Enamorados (y de los comerciantes, cabría añadir); pero también por los Carnavales, especialmente vivos en Navalmoral de la Mata, de los que dice la copla popular:
Ya vienen los Carnavales,
la fiesta de las mujeres;
la que no le salga novio,
que pruebe el año que viene.
Nuestra Biblioteca se suma al espíritu de este mes febril con la segunda convocatoria del concurso de declaraciones de amor, A ti te encontré en la calle, que es y no es el clásico concurso de cartas de amor que suele plantearse por estas fechas. Estas son sus bases:
1. Cada concursante podrá presentar una declaración de amor. Esta podrá estar dirigida a cualquier persona, animal, idea o cosa que el concursante elija, incluidos el arcángel Gabriel, las canciones de Pablo Alborán y las galletas Oreo.
2. Esta declaración podrá expresarse en verso o en prosa, según sienta el concursante que le pide el cuerpo.
3. La declaración podrá tener la extensión que uno sienta necesaria, aunque por algo los enamorados tienen fama de hablar poco y decir mucho.
4. Las declaraciones se entregarán en conserjería, firmadas con un nick o pseudónimo, hasta el día 18 de febrero, inclusive. Podrá constar el nombre real del autor, pero no es necesario ni se recomienda.
5. A falta de un jurado de enamorados famosos, se harán cargo de esta tarea un grupo de profesores voluntarios, que harán conocida su resolución el día 21de febrero en la Biblioteca. Los autores de los textos premiados podrán revelar entonces su identidad.
6. Se concederán dos premios, con cuantía por determinar, tan generosa como Angela Merkel nos lo permita.
7. Los textos ganadores, y en su caso los finalistas que así elija el jurado, se reproducirán en este blog.
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