domingo, 15 de marzo de 2026

Concurso de relatos Pero Alá es el más grande: Nabil y la lámpara mágica

 Merzouga / Erg Chebbi: un horizonte de dunas

Nos situamos en el desierto de Erg Chebbi, en Marruecos, cerca del año 1090. Nabil, un muchacho de 24 años, vivía en un pueblo llamado Rimal. Tenía un espíritu explorador, el cual le hacía tener que estar continuamente en busca de alguna reliquia. Podía pasarse días explorando el desierto hasta encontrar algún tesoro, del cual donaba una parte al gran sultán. Llevaba haciendo esto desde pequeño, cuando lo hacía con su padre, y siempre había pensado que a la parte de lo encontrado que él no necesitase le daría mejor uso el Sultán.

Una tarde, mientras Nabil paseaba por el pueblo se topó con cuatro hombres armados hasta los dientes. Estos eran guardias del ejército personal del rey que venían buscándole a él, ya que el sultán había oído de sus aventuras y le reclamaba en palacio con la máxima brevedad posible para proponerle una expedición que solo alguien con su experiencia podría realizar. Sin dudarlo cogió lo imprescindible (ropa, algo de comida y unos utensilios básicos) y se fue rumbo a palacio.

El trayecto duró unos 3 días. Al llegar, Nabil pudo vislumbrar el inmenso palacio del que tanto había escuchado hablar desde pequeño. Este estaba construido por un tipo de piedra, cuyo color reflejaba el potente brillo del sol. Era muy distinto a cualquier edificio que hubiese podido ver en su vida. Inmediatamente fue recibido por 2 damiselas, las cuales le guiaron hacia la habitación donde se alojaría durante su estancia. Después fue llevado a ver el sultán. Nabil no podía creer que fuese a conocer al sultán, una de las mayores eminencias de cualquier desierto y a quien le había donado tal cantidad de riquezas.

El sultán entró en la habitación con un paso ligero. Se detuvo enfrente de Nabil en un trono decorado con múltiples piedras preciosas. Nabil realizó una reverencia y preguntó cuál era el motivo de su visita. El sultán le contó que había logrado encontrar un mapa el cual marcaba la ubicación de una lámpara mágica. Quería que la encontrase y se la llevase a palacio. Este tipo de lámpara era lo que todo buscador de tesoros en el desierto soñaba con encontrar, y se le había presentado una oportunidad clave que no podía dejar pasar. Sin pensárselo dos veces Nabil aceptó la misión, sin saber el peligro que esta misión suponía.

Salió de palacio a la mañana siguiente, con un objetivo en mente: encontrar esa lámpara y traérsela al sultán. Estuvo 5 días seguidos sin parar de andar, subiendo y bajando dunas en ese inmenso desierto. Al sexto día logró ver a lo lejos un bulto que destacaba de las demás dunas. Andó en esa dirección durante las próximas 2 horas, con la curiosidad de ver que había allí. Según se acercaba más el bulto se iba haciendo más y más grande. Cuando al fin llegó a su destino no lo podía creer. El palacio del sultán se quedaba chico al lado de esto. Se encontraba frente a un templo abandonado del tamaño de una ciudad entera. Este parecía que estaba abandonado, por lo que Nabil soltó todas sus cosas y entró sin ningún miedo. El templo estaba formado por ocho plantas, cada una más pequeña que la anterior, todas con forma cuadrada y con un gran agujero en el centro (salvo la más alta) el cual daba a un pozo el cual no parecía tener salida. Subió poco a poco las plantas, fijándose detenidamente en las paredes que lo rodeaban. Cuando llegó a la última planta encontró un pedestal con algo brillante en lo alto. Se acercó y por fin lo vió. Estaba frente a una lámpara mágica, una de las de verdad. Sin pensárselo 2 veces corrió hacia ella, sin esperarse lo que ocurriría antes de llegar a ella. Pisó una baldosa marcada con una X, la cual abrió el suelo de alrededor de la lámpara y cayó directo al pozo sin salida.

Nabil empezó a caer, a caer y a caer pensando que ese era su fin. Pero, de repente, cayó en un gran montón de arena el cual amortiguó la caída. No se lo podía creer. Estaba vivo, pero atrapado. Miró a su alrededor y pudo ver en el pie de la montaña grandes montones de huesos. Supuso que no era el primero en caer en la trampa, y que nadie había logrado escapar de allí. Tenía que empezar a pensar en cómo salir de allí y rápido. Miró a su alrededor y en una de las esquinas vio otra cosa que no se esperaba encontrar allí. Se acercó y la cogió con sus propias manos. En efecto, era una auténtica alfombra voladora, con la que podría escapar fácilmente. La abrió e intentó hacer que volase, pero no funcionó. Lo volvió a intentar y nada. Entonces se fijó bien y vió que una de las esquinas de la alfombra tenía un grave corte y por eso no funcionaba. allí abajo no tenía ningún tipo de material para arreglarla, por lo que si no escapaba no podría repararla y no le servía de nada en ese momento. Volvió a echar un vistazo a su alrededor y encontró varias cosas que no servían de ayuda. Entonces la vió, una larga cuerda colocada dando vueltas a un pilar. Comenzó a desenrollarla a la vez que pensaba en cómo la podría usar para escapar de allí. Entonces se le ocurrió una idea para escapar. Podría usar algún hueso para colocarlo en la punta de la cuerda y usarlo de gancho para lanzarlo y  usarlo para escapar al exterior. Dicho y hecho cogió el hueso más parecido a un garfio y lo ató a la cuerda. La empezó a dar vueltas para coger impulso y la lanzó, teniendo la suerte de haber acertado a la primera. Se colocó la alfombra como pudo y subió los metros que le separaban de la superficie.

Tras un buen rato escalando, Nabil logró llegar al exterior. Se dirigió donde había dejado la mochila y comprobó que, en efecto, había cogido aguja e hilo por si acaso, por lo que se puso a coser el roto de la alfombra. Una vez cosida la volvió a probar y esta vez sí que funcionó a la perfección. Para evitar percances de nuevo subió con la alfombra a donde estaba la lámpara y la cogió sin tocar el suelo. Una vez completada la misión recogió sus cosas y se dirigió volando al palacio.

Esta vez el viaje de vuelta solo duró unas pocas horas. Cuando llegó al palacio solicitó que urgentemente le llevasen a ver al sultán, ya que le traía un objeto muy valioso. Se volvieron a reencontrar en la misma posición que unos días atrás y le entregó la lámpara. El sultán la frotó y empezó a salir un humo de colores, hasta que se pudo vislumbrar una figura humanoide. Ese era el genio de la lámpara, quien podía llevar ahí encerrado o muy pocos años o una eternidad. El rey tenía los ojos llorosos. Tenía ante sus propios ojos a un genio de la lámpara, uno de los seres más difíciles de ver para cualquier hombre, mujer o ser vivo en la tierra. El sultán, en agradecimiento, le permitió a Nabil usar unos de sus deseos. Además le pidió que no le enviase más ofrendas, ya que tenía 2 habitaciones del palacio repletas de sus tesoros. Nabil se lo agradeció mil veces y sin pensárselo dos veces pidió su deseo. Este no fue lo típico de pedir riquezas o un título nobiliario. Su deseo fue que su familia fuese feliz y que pudiesen vivir una vida tranquila sin mucho esfuerzo. Tras esto recogió sus pertenencias y voló de vuelta a Rimal, su pueblo. Allí le contó su aventura a sus padres y su deseo. Ya con esto y las reliquias de más que lograse en sus expediciones su familia lograría un gran patrimonio, el suficiente para poder mudarse a la ciudad donde vivirían una próspera vida y podrían ver el hermoso palacio a diario.

 

Concurso de relatos: Pero Alá es el más grande. La piedra azul de mi tiara

 Zahra era una niña que tenía catorce años y vivía en una ciudad rodeada de dunas y palmeras. Cada mañana ayudaba a su tío Karim en el mercado colocando telas y alfombras. A veces el viento movía los rollos y ella se pasaba un buen rato intentando que no se desordenaran.

Un día, mientras reorganizaba el almacén, movió un saco de trigo y encontró una tiara antigua cubierta de polvo, con una piedra azul que brillaba con un destello muy fuerte. Zahra se probó la tiara y sintió una extraña emoción, como si algo dentro de ella supiera que esa tiara no era solo un objeto viejo, olvidado en un rincón de almacén, pero ella la colocó cuidadosamente en su sitio y siguió con su trabajo. Sin embargo, no podía dejar de pensar en la tiara, ¡era tan brillante y bonita! —y al finalizar la jornada, se llevó la tiara bajo el brazo.

Esa noche, mientras miraba la tiara a la luz de una lámpara, la alfombra que estaba enrollada en un rincón comenzó a moverse lentamente y Zahra se subió encima sin pensárselo mucho. En un instante, la alfombra salió volando por la ventana, llevándola sobre la ciudad a un destino desconocido.

Zahra sobrevoló toda la región en un instante. La noche estaba clara y estrellada y la temperatura era muy buena, así que, sin darse cuenta, llegó a un pequeño oasis, en el que se encontró un jardín lleno de flores de jazmín. Ese jardín lo cuidaba Layla, una joven con la que Zahra pasó varias horas aprendiendo sobre plantas curiosas o flores exóticas. Layla y Zahra tenían un parecido asombroso. Ambas tenían el mismo pelo, idéntico color de piel e incluso el mismo lunar bajo la mejilla izquierda. Parecían la misma persona. La única diferencia evidente entre ambas es que Layla tenía los ojos azules, pero no un azul corriente, era un azul exactamente igual que el de la piedra que Zahra llevaba en su tiara, esa que brillaba tanto.

Layla trabajaba en un puesto de flores del mercado de su cuidad. De pronto, y ante las evidentes similitudes entre las dos niñas, ambas fueron conscientes de que sus vidas eran gemelas. Pasaron la noche contándose sus vidas. Se dieron cuenta de que eran la misma persona pero en un lugar diferente de la Tierra. Layla enseñó su profesión a su nueva amiga, quien aprendió muchas curiosidades sobre el mundo de las plantas.

Las horas pasaron despacio y la noche llegó a su fin. Zahra vio cómo la alfombra se acercaba de nuevo a ella y como la piedra de su tiara volvía a brillar con la misma intensidad que los ojos de su amiga. Entendió que había llegado el momento de emprender el camino de regreso. Zahra se sentía muy feliz entre las flores, pero sabía que su lugar estaba en su casa, con su familia, en su puesto de telas del mercado.

Cuando Zahra llegó a su casa, la alfombra descendió suavemente hasta su habitación y su tiara volvió a apagar los destellos sobre su cabeza, se dio cuenta de que nada había cambiado en la ciudad ni tampoco en el mercado cuando apareció por la mañana en él, pero había algo diferente en Zahra. Tenía un secreto que  debía guardar y es que ella sabía que vivía una vida paralela junto a una amiga a la que tenía la impresión de conocer desde siempre, o tal vez todo lo que había vivido aquella noche hubiera sido fruto de su imaginación y Layla hubiera formado parte únicamente de sus sueños.

Zahra no podía asegurar que lo que había vivido fuera real, pero ella agarró fuerte su tiara con la piedra azul y dejó la alfombra escondida debajo de su cama, por si alguna noche encontraba de nuevo el destello que la llevara a ver a Layla.

Concurso de relatos Pero Alá es el más grande: El colmillo sagrado de Ganesh

 

EL COLMILLO SAGRADO DE GANESH


 

El sol salía sobre el mar cuando Chloe Frazer llegó a la costa de la India. Estaba siguiendo la pista de una antigua leyenda que hablaba de la ciudad perdida de Halebidu escondida en la selva. No era la primera vez que buscaba un tesoro, pero esta vez sentía que era algo diferente. Según un manuscrito antiguo que había encontrado, en esa ciudad se ocultaba el colmillo sagrado de Ganesh, una reliquia muy valiosa que, según la historia, podía dar prosperidad o causar desgracias dependiendo de quién lo poseyera.

Chloe no creía mucho en maldiciones ni en historias mágicas. Lo que sí sabía era que los tesoros antiguos solían estar protegidos por trampas, enemigos y muchos peligros. Por eso, decidió no ir sola. En la India se reunió con Nadine Ross, una antigua compañera con la que ya había vivido situaciones complicadas, porque pensó que era la mejor aliada posible.

 

Las dos comenzaron su viaje hacia el interior del país. Dejaron atrás las ciudades llenas de gente y mercados ruidosos, y se adentraron en la selva guiándose por las pistas del manuscrito. Después de varios días de viaje, encontraron las primeras ruinas. Eran restos de un templo cubierto de musgo y raíces. Las paredes estaban llenas de relieves de dioses y guerreros. En el centro había un símbolo que coincidía con el dibujo del manuscrito. Chloe se dio cuenta de que estaban en el lugar correcto.

Mientras examinaban el templo, descubrieron un mecanismo en el suelo. Era una especie de rueda con símbolos grabados. Chloe recordó lo que su padre le había enseñado sobre las antiguas religiones de la India y comenzó a girar las piezas en el orden adecuado. Tras varios intentos, el suelo tembló y se abrió una entrada secreta que descendía hacia la oscuridad.

 

Para su sorpresa, no eran las únicas que buscaban el tesoro. Un hombre llamado Asav también quería encontrar el colmillo. Era un líder ambicioso que decía que el tesoro debía quedarse en la India, pero en realidad pretendía encontrarlo para ganar más poder. Sus hombres ya estaban en la zona y no tardaron en aparecer.

Se produjo así un enfrentamiento en el templo. Nadine luchó cuerpo a cuerpo con varios enemigos mientras Chloe utilizaba su pistola para cubrirla. Fue una pelea intensa, pero consiguieron vencer y entrar en el pasadizo subterráneo antes de que llegaran más hombres.

 

El túnel era largo y oscuro. A medida que avanzaban, notaban que alguien había pasado antes por allí. Al final del camino, la cueva se abrió y ante ellas apareció la ciudad perdida. Halebidu era enorme y estaba construida dentro de una especie de caverna gigantesca. Había torres talladas en la roca, patios y edificios antiguos que, aunque estaban deteriorados, aún mostraban su antigua grandeza. En el centro de la ciudad se alzaba un palacio. En la parte más alta, sobre un altar, brillaba el colmillo de Ganesh. Asav ya estaba allí cuando Chloe y Nadine llegaron, observando el tesoro con admiración.

 

Asav les dijo que ese tesoro pertenecía a su país y que ellas no tenían derecho a llevárselo. Chloe le respondió que no pensaba venderlo ni utilizarlo para hacer daño, pero tampoco confiaba en sus intenciones. La discusión no duró mucho, porque Asav activó un mecanismo que empezó a desestabilizar el lugar. El suelo comenzó a temblar y partes del palacio empezaron a derrumbarse.

Mientras Nadine se enfrentaba a los últimos guardias, Chloe corrió hacia el altar para impedir que Asav se llevara el colmillo. Tras un duro enfrentamiento, consiguió derrotarlo. Cuando Chloe se encontró ante aquella impresionante reliquia, recordó una frase del manuscrito que decía que la ciudad solo descansaría cuando el colmillo regresara a su lugar de origen.

Por esta razón, en lugar de quedárselo, decidió destruir el mecanismo que lo sostenía. El colmillo cayó desde el altar y se perdió entre las aguas de un estanque profundo que había en el centro del palacio. Al hacerlo, la estructura comenzó a derrumbarse todavía más rápido.

Asav intentó detenerla, pero una parte del techo cayó entre ellos. Chloe y Nadine aprovecharon la oportunidad para escapar. Corrieron por la ciudad mientras todo se venía abajo a su alrededor. Finalmente, lograron salir por el túnel por el que habían entrado justo antes de que la entrada quedara completamente bloqueada por las rocas.

 

Ya a salvo en la selva, observaron cómo el templo terminaba de derrumbarse y quedaba cubierto por el polvo. La ciudad perdida volvía a quedar enterrada, lejos de cualquiera que quisiera aprovecharse de ella.

Nadine no se sintió satisfecha porque, después de todo el esfuerzo, se iban sin ningún tesoro. Chloe sonrió y le dijo que no siempre se gana dinero en este tipo de aventuras, pero que al menos habían evitado que alguien utilizara el colmillo para hacer daño.

Al caer la noche, se sentaron en una colina cercana. El cielo estaba lleno de estrellas y la selva parecía tranquila, como si nada hubiera ocurrido. Chloe pensó que seguramente habría más mapas, más leyendas y más ciudades perdidas esperándola en algún lugar del mundo.

Aunque no se había llevado ninguna riqueza material, sentía que había tomado la decisión correcta. Y para alguien como ella, que siempre vivía entre riesgos y misterios, eso era suficiente.

lunes, 12 de enero de 2026

Concurso de relatos Pero Alá es el más sabio: las mil y una historias.

 


El mundo árabe ha aportado a la literatura universal un tipo de relato maravilloso que podemos englobar dentro del cuento de hadas, pero que tiene un sabor peculiar, muy distinto a los cuentos europeos recogidos por Perrault o los hermanos Grimm (o, entre nosotros, Antonio Rodríguez Almodóvar y Pep Bruno —que nos visitará este año). 

Basta nombrar algunos de sus ingredientes para sentir cómo nos envuelve su ambiente y atmósfera: anillos mágicos, alfombras voladoras, genios encerrados en lámparas o botellas, viajes en barco a islas asombrosas, pájaros grandes como elefantes, hombres encantados en monos, ciudades malditas en el desierto, espejismos, palabras mágicas, cuevas que guardan tesoros. Aladino, Ali Babá, Simbad el marino, Harún Ar-Raschid, el emir de los creyentes. Bagdad, Samarkanda, El Cairo, Damasco, Iram la de las Columnas, la Ciudad de Bronce, Tánger, Tetuán... 

Los cuentacuentos que cuentan sus historias en lugares como la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech mantienen viva y siempre actual una tradición milenaria que ha llegado a Occidente a través de Las mil y una noches (وليلة ليلة ألف) y de películas como El ladrón de Bagdad o Aladdín. En Europa, la gran obra de la literatura árabe se conoce con los nombres de Arabian Nights, Les Mille et Une Nuits o As Mil e Uma Noites

Desde la Biblioteca y los departamentos de lenguas y de plástica os invitamos a visitar este riquísimo imaginario y recoger vuestra creatividad en un relato o imagen. El relato tendrá una extensión máxima de dos hojas y podrá estar redactado en español, inglés, francés o portugués (si alguien quiere lanzarse a hacerlo en latín o griego tendrá nuestra admiración). La imagen puede ser una fotografía o dibujo. (Escrito o dibujado por vosotros mismos; dejad a la IA descansar un rato, que está muy ocupada arreglando —o destruyendo— el mundo). 

Los trabajos podrán entregarse a vuestros profesores de las materias correspondientes (Lengua Española, Inglés, Francés, Portugués, Latín, Griego, Plástica) hasta el 28 de febrero, inclusive. A partir de esa fecha, se publicarán en el blog de la Biblioteca, https://biblio-augustobriga.blogspot.com/, donde los lectores o espectadores podrán valorarlos con 3, 5, 7 o 10 puntos. Durante el mes de marzo, una vez recogidas las puntuaciones, se procederá a premiar los trabajos ganadores, con dos premios para cada categoría.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Concurso gótico. Tale 1. Halloween Story

Concurso gótico. Tale 2. Halloween Writing

Concurso gótico. Tale 3. Hallowen Short Story

Concurso gótico. Tale 4. Horror Story


It was late, really late. The old school was completely dark and super quiet. It was Halloween night, and the wind outside was making weird, creepy noises. Maya and Liam were inside the huge school library. They had to find a very old, important history book. Liam was barely holding a small, weak flashlight. He looked terrified. "I hear a really soft sound," Liam whispered. His voice was shaking. "Like someone is walking slowly." Maya tried to sound brave. "It's just the old school, you know. Maybe the wind. Come on, check behind that tall, dusty shelf for the book."

Liam pointed the light. "Look, Maya! The shelf is moving a little bit! And I see a long, black shadow!" The shadow moved incredibly fast behind the shelf. It was a person! It was Alex, a strange guy from their class. He wore a dark, dirty coat that looked way too big for him. "Alex! Stop! What are you doing here in the dark?" Maya asked. Alex was holding a small, wooden box really tight. His eyes were wide and nervous. "I came for this box. People say it holds the oldest secret of the school."

Suddenly, all the lights in the library completely died. CRASH! A huge, loud noise came from the main entrance. Liam screamed really loud. "Not the wind! Something else is here, Alex! Something really bad!" Alex dropped the wooden box onto the cold floor. "Run! It's not the secret I wanted! It's something else! Something alive!" They ran as fast as they could, leaving the box and the shadow behind them.

Concurso gótico. Tale 5. Horror Story


Once upon a time, there was a little child who was a scaredy cat, even though he never was all out on his fears until one night. He asked his father to check his closet before going to bed, his dad was stranged by this, since he has never been scared of his room, the father showed him that no one neither something was there.

Days came along, and the lone parent was getting worried about his son’s fears, also getting tired of this nonsense he got into alcohol, driving himself into a more violent state. As nights passed away and his addiction grew with the time, and the loneliness was killing them both, the parent, and his child.

One night the child was gifted with a plushie, it was from his long death mother, and was something he got attached to quickly. But the fear stayed with him, he was always talking to his new friend (the plush) about the monster in the closet. At first, that didn’t bother his dad, but as sleep-less nights got through, a diabolical anger got to the father and eventually he exploded in wrath. With the child crying about the monster another time, his dad, long bored of this, tried to show him that there was nothing there. “LOOK SON!” He said as he pushed his son next to the closet- “THERE IS NOTH-”. Suddenly, he stopped. A truth far worse than any monster was there: His wife, and his son, both of them where lying there, and who he thought of his son, was in reality, Dr. Smith a psychologist in the Mancunium.

The real monster was there, just a mirror, which reflected the real monster, the one who turned his family and life apart, the greatest fear of the human, a human itself. Smith just prayed for the end of his pacient’s painful nightmare.

Concurso gótico. Tale 6. Psycho-Phrenia


I was running as fast as I could. I felt nothing, but adrenaline was taking over every inch of my body.

My view was progressively blurring, making me fall over my knees again and again, but there was no time for accidents —I had to focus on getting up and keep running. I was in serious danger. He was chasing me and I’m pretty sure he could catch me whenever he wanted to, although I was doing my best to try and throw him off.

He was yelling at me but that didn’t matter —I had to escape. He was furious, he just wanted to kill me as soon as possible.

My blood ran cold. There was no way out, I had to act or I would stay in that horrible, eerie place forever.

I rushed to the nearest window I could find and opened it. The wind was in my favor and it assisted by pushing the tree crown of that overgrown large tree in the backyard, helping me to reach one of its branches. I pulled it off with a quick movement.

Just right afterwards, a voice I’d never heard before echoed in my mind. It told me that something wicked was about to come this way. I was paralyzed, trying to make out those words, but I got interrupted by the noise of those recognizable footsteps. I took a deep breath and turned around quickly.

—Don’t move or I’ll stab your neck —I said.

—Calm down —he answered me—, just let me see you.

I didn’t even think about it. When I saw him walking towards me, I thrust the branch at him, straight to his jugular, with the biggest strength I had done in my entire life.

But something was wrong. He wouldn’t bleed, he kept a stiff upper lip. He just smiled at me, then everything turned into ashes, leaving me trapped in an endless fall while I kept a tight hold onto that thick stick I had got from the centennial tree. I had no choice - I stabbed my own heart with the branch, but then I realised. It wasn’t a branch, it was a syringe.