sábado, 2 de abril de 2022

Concurso de sueños: El sueño de mi vida

 https://previews.123rf.com/images/karn2608/karn26081611/karn2608161100056/66279658-immagine-del-primo-piano-della-palla-di-pallacanestro-e-del-pallone-da-calcio-sfera-di-pallacanestro.jpg

Cap. 1. Futbolista frustrado.

Cuando eres niño y no tienes preocupaciones la vida te da la posibilidad de pensar y, sobre todo, soñar. Como a muchos niños de mi edad, a mi me encantaba hacer deporte y  gracias a que no me costaba mucho estudiar y tenía buenas notas, podía sacar tiempo para practicarlo. En concreto, el que más me gustaba era el fútbol; de hecho, hoy en día me acuerdo de cuando me iba a jugar por las tardes con mi padre, incluso habiendo días que él venía solamente para hacerme feliz. Es cuando te haces mayor cuando te das cuenta de lo importante que es vivir el presente.

Una vez empecé a crecer, mi gran afición por el deporte llevó a mis padres a apuntarme a un equipo de fútbol sala, allí conocí a muchos chicos con los cuales sigo manteniendo relación en la actualidad. La verdad es que por aquel entonces era muy feliz, pues en mi caso los mejores días de la semana llegaban cuando tenía entrenamiento por la tarde, aunque a veces fuese algo aburrido (ya que jugaba de portero). No obstante, la vida nunca es tan bonita como crees, y es que debido al trabajo de mi madre yo no podía asistir a la mayoría de los partidos que mi equipo jugaba porque pasaba los fines de semana en Madrid.

Personalmente esto fue un poco duro para mí, porque siempre me esforzaba en los entrenamientos y casi nunca podía estar en los partidos disfrutando con mis amigos. Sin embargo, no todo fue tan malo, pues en esa época recuerdo que empecé a conocer más a mis primos y hoy en día uno de ellos se ha convertido prácticamente en un hermano para mí, por lo que pese al mazazo que suponía tener que perderme esos partidos, no cambiaría esos momentos que viví con él por nada.

Al año siguiente, el problema de la temporada anterior no significaría nada con el que estaba a punto de llegar. Este nuevo problema eran las clases extraordinarias de inglés, y el conflicto estaba en que estas coincidían con el horario de entrenamiento de fútbol sala. Sin pensarlo ni un segundo, mis padres “decidieron” por mí y me apuntaron a las clases de inglés. Se podría decir que en ese momento dentro de mí se esfumó el sueño de ser futbolista. Me acuerdo de que ese año estuve algo enfadado con ellos, pero con el tiempo me he dado cuenta de que esas clases me han venido muy bien para el futuro.

 

Cap 2. Una nueva ilusión

Tras mi desilusión con el fútbol seguí mi camino. Estuve prácticamente 1 año seguido sin hacer nada de deporte. Lo máximo a lo que aspiraba era a ir a tirar tiros con mi padre a las pistas de mi antiguo colegio (siempre que me lo permitiese el horario de mis clases). El hecho de no poder practicar fútbol no me apartó completamente de él. De hecho, desde ese momento me enganché realmente al fútbol y se convirtió en mi deporte preferido. En la actualidad soy un férreo fanático de él, y en concreto del Atlético de Madrid, siguiendo una tradición familiar.

Tras el año sabático que me tomé en el ámbito deportivo surgió una nueva ilusión, el baloncesto. Yo nunca había pensado en esta opción pero cuando mis padres me dieron la posibilidad acepté sin pensarlo dos veces. Así, empezé mi andadura en el basket. Muchos compañeros de mi clase lo practicaban, por lo que adaptarme no supuso ningún problema para mí; además, el hecho de que practicar deporte en sí me gustaba sirvió de mucha ayuda a la hora de aprender a jugar. Poco a poco fui cogiendo nivel hasta incluso superar a muchos de mis compañeros que llevaban jugando mucho más tiempo que yo.

El baloncesto se convirtió en mi nuevo deporte favorito, no obstante, en el horizonte acechaba el mismo problema que me apartó del fútbol años antes. Pues al igual que ocurría unos años atrás, yo casi no podía acudir a jugar ningún partido con mi equipo. Este caso me dolió mucho más que el que sucedió con el fútbol, pues el baloncesto nunca se me hizo aburrido y además hice muy buenos amigos (que aún conservo hoy). Los años fueron pasando y fui evolucionando y mejorando en este deporte. El equipo era extenso, pero éramos unos pocos los que destacabamos sobre el resto.

De repente, después de llevar unos años seguidos sin problemas, en los que podía ir a entrenar con mi equipo con total normalidad (aunque no pudiera acudir a los partidos), mis padres me anunciaron que mis nuevas clases de inglés coincidían de nuevo con los entrenamientos. Fue duro tener que decir adiós al baloncesto también, pues en él había consolidado muchas amistades y había tenido entrenadores que me habían marcado y enseñado mucho en aspectos que traspasaban el ámbito deportivo.

Me acuerdo que el siguiente año pasó rápido, y pese a no poder practicar con mi equipo no me desentendí de ellos y fui a verles prácticamente siempre que podía. Cada vez que les veía jugar me sentía mal de no poder estar con ellos, pero al igual que Michael Jordan, solo se trataba de mi primer retiro.

Al año siguiente, mis compañeros decidieron irse del equipo y fichar por uno nuevo que entraba al pueblo, esta vez las condiciones de mi vida me permitían volver a jugar. Volví con la misma pasión que me caracterizaba y recuerdo que incluso habiendo estado 1 año fuera, la conexión en la pista con muchos de mis compañeros no se había perdido, al igual que mi nivel, que sorprendentemente, tras un año sin practicar, todavía se mantenía.

Hasta el día de hoy he seguido jugando al baloncesto y las circunstancias de mi vida han cambiado. Pues en nada cumplo 18 años y durante este último año mis padres me han empezado a dejar quedarme solo en casa los fines de semana para así poder jugar y disfrutar esta última temporada con mi equipo.

 

Cap 3. Todo tiene un final

Al igual que la vida misma, todo tiene que acabar. Todos sabemos que los 18 es una edad muy bonita pero a la vez muy complicada, pues algunas consideran que es el momento donde realmente empieza tu vida pero al mismo tiempo, es la hora de dejar atrás muchos recuerdos vividos. Este es probablemente el último año que pase con mis amigos de toda la vida. Es cierto que si uno quiere, las amistades duran para siempre, pero en nuestro caso, por lo que sé, cada uno vamos a ir a ciudades distintas a estudiar y es posible que solamente nos veamos unas pocas veces al año (como en carnavales y en verano) y encontremos unos nuevos amigos y vayamos olvidándonos progresivamente de los anteriores.

Si todo sale bien, yo iré a estudiar a Madrid. Allí espero encontrar buenos amigos y disfrutar de lo que me queda de juventud, sin embargo, tengo un dilema en el pensamiento y es que no sé si continuar mi carrera en el baloncesto o volver a probar suerte apúntandome de nuevo al equipo de futbol de mi barrio. En todo caso, escoja lo que escoja lo daré todo e intentaré llegar lo más lejos posible, porque al fin y al cabo si haces algo debes ponerle empeño y dedicación, ya que como dice el dicho “si haces algo, hazlo bien”.

Bueno ya para terminar, solo quería decir que tanto el sueño de ser futbolista como el de llegar a ser alguien en el deporte en general, no se pueden comparar con mi verdadero sueño, el de volver a mi infancia y regresar a los momentos donde fui feliz.

Concurso de sueños: El examen

https://s03.s3c.es/imag/_v0/770x420/c/7/f/examen-online.jpg

13 de mayo. Tenía un mes por delante para estudiarme un curso entero de 6 asignaturas antes del examen que determinaría si mi futuro sería o no como tenía planeado. Me senté delante del escritorio y me quedé mirando los distintos montoncitos de hojas escritas. No era en realidad tanto temario, pero me parecían demasiadas cosas a tener en cuenta en un examen. Cogí primero el montón con apuntes de literatura. Junto con el de economía, era el más fino de todos, así que me animaba pensar que lo terminaría pronto. 

Efectivamente, en tres días me sabía ya todos los temas de literatura, de manera que me senté de nuevo frente a los apuntes del resto de las asignaturas para decidir a cuál dedicaría los siguientes días. Me decidí por economía, aunque no le dediqué apenas tiempo porque se me daba bastante bien. 

A continuación, pasé algunos días con geografía y, tras repasar varios ejercicios de matemáticas y dar por estudiado el temario de inglés, al cabo de una semana había decidido que ya estaba preparada y que pasaría el resto del mes distrayéndome. 

Cuando llegó la fecha de aquel importante examen, me presenté en el lugar segura de mi misma. Fui haciendo los exámenes sin ningún imprevisto, hasta que llamaron para el último, el de historia de España. Me di cuenta en ese momento de que me había olvidado por completo de esa asignatura. Entré casi llorando a la sala que nos habían indicado, ya que no había estudiado nada y tendría que hacer la prueba como pudiera. Cuando me fijé un poco más en la sala, vi que era diferente a la del resto de exámenes, el techo era mucho más alto y las mesas eran circunferencias concéntricas menos la central, que era un círculo. Parecía más adecuado para un ritual de alguna cultura oculta que para un examen oficial. Decidí no entretenerme más analizando la estancia y ponerme a buscar en mi memoria los restos de lo que había estudiado a lo largo del curso. 

Los vigilantes del examen estaban hablando, pero, como supuse que serían las instrucciones a seguir como en las pruebas anteriores, no presté mucha atención hasta que escuché la palabra ‘ritual’. Llamó mi atención, ya que yo misma había dicho esa palabra mentalmente al entrar. Pronto entendí que en realidad sí que íbamos a seguir un ritual, pero por razones totalmente diferentes a las que se habían pasado por mi mente en un primer momento. Acababa de estallar una guerra. Un conflicto militar que se creía extinguido, pero que en realidad se había convertido en una guerra fría hasta ese momento. 

Una vez estuvimos todos los alumnos dentro, los profesores cerraron las puertas, de modo que quedamos aislados. Mi mente iba a mil por hora visualizando todos los posibles escenarios que podrían ocurrir a partir de entonces. 

Nos fuimos sentando poco a poco alrededor de las mesas, con la misma separación que si realmente fuéramos a hacer la prueba. Nos repartieron unas hojas con una especie de poemas escritos que debíamos leer todos a la vez. 

Estaban empezando a recitarlos los profesores cuando de repente empecé a escuchar un sonido familiar, y, en cuanto averigüé que era mi alarma para ir a clase, me desperté por fin de este agobiante sueño. En aquel momento no me pareció muy diferente a todas las extravagantes historias que suelo vivir por las noches, pero desde entonces me pitan de forma molesta los oídos cada vez que alguien habla de la EBAU, sobre todo del examen de historia. 

 



Concurso de sueños: El anillo

https://m.media-amazon.com/images/I/613TtnL4GwL._AC_UY500_.jpg 

Esa noche estaba muy cansada y me metí a la cama muy temprano. Allí empezó todo. 

Estaba en mi casa sola, mis padres estaban de viaje, me puse a limpiar mi cuarto y de repente encontré una caja con muchas cartas con sellos muy raros. 

Abrí una carta y apenas podía leerla porque estaba muy sucia y con una letra muy fea, la solté y abrí otra, pero mas o menos era similar a la primera. Intenté con otra, pero lo mismo que las anteriores me era imposible entender la letra. 

Saqué todas las cartas que había en esa caja y encontré un anillo con una piedra al fondo de esa caja. Ese anillo con esa piedra, que era muy redonda y con color azul muy clarito como el cielo, me gustó mucho y me lo probé cuando de repente sentí algo raro en mi interior y lo solté de golpe. Volví a cogerle y sentí lo mismo, pero esta vez con menos intensidad, no entendía nada, pero aun así no lo solté y lo llevaba aún. 

Esa tarde iba a salir con mis amigos, me preparé y salí. Llegué yo la última como de costumbre, éramos 5 (Viki, Alba, Cris, Alex, Brian y yo). Alex estaba enfadada con Viki por no traerla un zumo raro. Empezaron a discutir y yo sentía algo raro cada vez más fuerte. Empecé a saber lo que cada una pensaba y no era capaz de entender lo que me pasaba, me dolía mucho la cabeza. Alba notó lo pálida que estaba y me preguntó si estaba bien; le conteste que no me encontraba bien y que me iba a casa. Me despedí de todas, Brian decidió acompañarme, no quería dejarme sola. Cuando volvíamos ambos estábamos en silencio y volvia a senti lo que pensaba y pensé que me estaba volviendo loca y me empezaron a salir las lágrimas. Brian, muy preocupado me pregunto qué me pasaba y le conté que sentía lo que él pensaba y se puso a reír y yo seguía llorando más, intentó calmarme y mientras él pensaba que yo estaba loca o me había metido algo y le dije lo que estaba pensando, se quedó sin palabras. Me acompañó a casa sin decirme ni una palabra, se despidió de mí y yo intenté calmarme y poder dormir.

Al día siguiente tenía clase, de camino a clase estaba más tranquila que ayer. Al llegar al instituto saludé a mis amigos y cada uno fue a la clase que le correspondía. A mí me tocaba con Alex y Alba, estábamos todos medio dormidos. Empecé a sentir lo mismo que ayer y a saber lo que pensaba cada uno de mis compañeros, me empecé a agobiar muchísimo. Intenté disimular, pero viendo mi cara era muy obvio que algo me pasaba y no era capaz de decir nada porque me iban a tomar por loca, igual que pasó ayer con Brian.

En el recreo decidí ir a casa y averiguar qué es lo que me estaba pasando, no entendía nada, era capaz de saber en qué pensaba la gente y me sentía como una loca.

Mis padres esa misma tarde iban a volver, intenté pensar cómo era capaz de hacer eso y cada vez me volvía más loca porque no entendía nada. Estaba sentada en el salón dando más vueltas al asunto cuando me toqué la mano y recordé el anillo que llevaba y pensé que podía ser él el causante de todo esto, pero me puse a reír yo sola porque parecía un cuento de brujas. Me quité el anillo y sentí como un pequeño alivio, empecé a plantearme seriamente que algo tenía ese anillo.

Al cabo de unas horas mis padres volvieron del viaje y estuve con ellos un rato dialogando sobre lo que hice estos días sin ellos y sobre su viaje, no les conté nada de mis rayadas sobre leer mentes, pero no era capaz de leer las mentes de mis padres, entonces entendí que no llevaba el anillo y que gracias a ese anillo leía las mentes o eso creía.

Después de cenar y ducharme, me metí a la cama y me puse a buscar en internet algo sobre ese anillo, no encontré nada.

A la mañana siguiente me lo volví a poner y otra vez la misma sensación de agobio, era como que tenía que acostumbrar mi organismo a ese anillo. Saludé a mi madre y otra vez era capaz de leer su mente, entonces deduje que ese anillo era el causante de eso, quería contárselo a mis padres, pero no sabía cómo, así que decidí hacerlo después de volver de clase. Cuando llegué a clase actué normal, pero había pensamientos de mis compañeros que me hacían mucha gracia y me reía sola y la gente me miraba como una loca.

En el recreo conté todo a mis amigos, al principio se burlaron de mí y me tomaron como loca, pero cuando empecé a decir a cada uno lo que pensaba me empezaron a tomar en serio y a hacerme todo tipo de preguntas.

Intenté responder a las que pude, pero me estaban agobiando mucho y les pedí que me dejaran un poco sola. La mañana se me hizo muy larga y mis amigos no paraban de preguntarme más cosas y yo me agobiaba el doble.

Al llegar a casa, mis padres estaban esperándome para poder comer todos juntos, mientras íbamos comiendo estaba intentando ver la manera de poder explicarles todo, Empecé enseñándoles el anillo, cuando mi madre lo vio saltó alterada preguntando de dónde lo había sacado y la expliqué todo muy nerviosa, no entendía su actitud y por qué estaba de ese modo.

Mi madre me obligó a quitarme el anillo y a no hablar más de ese anillo, pero yo no entendía el porqué, ella solo se limitaba a decirme que hiciera caso o tendría consecuencias. Le di el anillo y me fui a mi habitación muy alterada sin entender nada.

Cuando ya me calmé, salí al salón en busca de mi madre para que me explicara todo.

Me contó que ese anillo era mágico y que a la larga podría causar mucho daño y lo mejor era olvidar el tema y hacer como si nunca hubiera visto ese anillo. Yo no era capaz de pasar del tema y me puse a investigar en esas cajas de cartas donde encontré el anillo y había una carta que conseguí entender, era de una chica que explicaba que ese anillo era muy peligroso si lo llevaba alguien durante mucho tiempo, hasta el punto de volverlo esquizofrénico. Me dio tanto miedo que no volví a tocar ese anillo. Mi madre me dijo que ese anillo lo había encontrado en esa misma caja con esas cartas en la casa de mi abuela después de su muerte y que iba a intentar deshacerse de él. Le propuse la idea de tirarlo en el río Tajo y ella aceptó. Ambas fuimos al río. pero antes de tirarlo, la piedra se puso a brillar y yo me desperté con el sonido de la alarma y no pude continuar con mi sueño.

jueves, 3 de febrero de 2022

Concurso de sueños: Los secretos del tiempo

 


Me desperté y estaba en el desierto. Imaginé que sería el Sahara por el tremendo calor que hacía. Me dolía la cabeza y tenía un esguince en el tobillo, pero aun así seguí caminando durante horas hasta que llegué a un pequeño oasis. Me refresqué la cara y poco a poco empecé a recordar algunas cosas, como que hacía mucho viento, el cielo estaba oscuro, que de repente me había sumergido en una niebla que no tardó mucho en convertirse en una gran tormenta de arena. Después de esto, me golpeé la cabeza con alguna piedra y me desperté tirado en la arena. No me acordaba de nada más, pero estaba demasiado cansado como para seguir pensando. así que me tumbé en la sombra de una pequeña palmera y en seguida me quedé completamente dormido.

Me desperté sobresaltado, había dos jóvenes mirándome descaradamente. Les pregunté quiénes eran, pero ninguno de los dos supo responderme, ellos tampoco sabían quiénes eran.

Recorrimos a pie unos nueve kilómetros y llegamos a los muros de una gran ciudad a la que llamaban Auserd, aunque tampoco sabíamos qué ciudad era. Entramos y nos quedamos alucinados con todos los edificios, eran enormes. de piedra caliza y con grandes cúpulas en las zonas más altas. Pasamos por una tienda y compramos unas samosas para comer; todo iba bien, pero inesperadamente mis ojos se posaron en el calendario: ¡Estamos en 1468!

¿Cómo podrían haber pasado 632 años así de rápido? Se lo dije a los demás y también se quedaron boquiabiertos: todos menos el tendero, que nos tomó por unos locos diciéndonos: ¿Qué os pasa? Parece que habéis venido de un mundo paralelo o algo así.

Entonces cal en ello, la tormenta había sido muy rara, nunca en mis treinta años por el desierto había visto un temporal tan peculiar. Se lo comenté a mis compañeros y parece ser que les había pasado lo mismo. La tormenta nos había transportado a otra dimensión, un mundo paralelo, igual pero diferente, extraño pero asombroso.

Decidimos visitar la biblioteca y buscar información sobre ese sorprendente y aterrador fenómeno atmosférico. Entre los tres encontramos un gran libro llamado Los secretos del tiempo. Lo leímos entero y llegamos a la conclusión de que para volver a casa deberíamos meternos en otra tormenta de aquellas características; hasta ahí se veía fácil, el único problema era que para ello deberíamos esperar un año y treinta y seis días. No estaba tan mal teniendo en cuenta que habíamos adelantado unos cuantos años viajando en el tiempo. Durante todo ese tiempo decidimos ponernos a trabajar para poder alquilar una pequeña casita y comprar todo lo necesario para sobrevivir.

Yo me hice banquero. uno de mis camaradas se hizo marinero y el otro animador de fiestas de niños. él quería hacer felices a todos los habitantes de la ciudad mientras que el marinero luchaba contra todas las criaturas y monstruos que habitaban en el mar. Todas las noches, en sueños se me aparecían personas que yo conocía pero cuyas identidades no lograba recordar. También viajaba a una pequeña ciudad totalmente diferente a la que estábamos ahora. Al despertar, todo lo que había soñado se esfumaba y se empezaba a mezclar con la realidad. También soñaba que volvía a casa y que lodo volvía a ser como antes, aunque no supiese a ciencia cierta qué sería eso. En las noches cercanas al gran día. las visiones se volvieron más intensas y comenzaba a recordar algunas cosas como olores. sentimientos y voces...

Por fin llegó el momento que tanto ansiábamos, el momento de regresar a nuestro hogar, Recogimos todas nuestras cosas, cogimos comida y nos dirigimos al desierto. Estando ya allí nos dimos las manos para no separarnos y juntos entramos en la gran tormenta. Nos despertamos llenos de arena. pero ya recordábamos quiénes éramos, por ello toca presentarme, yo soy Alí Babá. y mis compañeros son Simbad el marino y Aladino, y aunque no nos hubiéramos dado cuenta, sí que recordábamos algo de quiénes éramos. Yo actualmente soy banquero. ya que conseguí un gran tesoro. Simbad sigue siendo marinero y Aladino hace felices a los niños como él lo había sido con el genio de la lámpara. Al llegar a la ciudad de Agrabah, nuestra ciudad, cada uno fuimos a nuestra casa y comprobamos que tan solo habían transcurrido un par de horas desde que la tormenta nos transportó por primera vez. Todo seguía en su sitio. Lo que no volvería a cambiar sería nuestra amistad. gracias a la tormenta nos convertimos en grandes amigos v lo seguiremos siendo por muchos años más. De vez en cuando, juntos visitamos Auserd y volvemos a vivir miles de nuevas aventuras, aunque algunas de ellas sean solo esta vez a través de los sueños.