miércoles, 15 de octubre de 2014

Cómo hacer un trabajo que merezca la pena leer



Cómo desautomatizar nuestros trabajos
(para que no sean un cortaypega de la Wikipedia)

1. Trabaja  de verdad. Si se trata de una obra de arte, ante todo, exponte directamente a ella: si es un libro, léelo; si es una canción, escúchala; si es un cuadro, míralo. Si no puedes abarcar toda la obra, elige una sección representativa, memorable, y centra tu atención en ella. Lo que saques de tu experiencia directa, aunque te pueda parecer limitado, te enseñará infinitamente más que lo que hayan podido decir otros desde una experiencia que no es la tuya.

2. Eres tú quien hace las preguntas. Tú mandas. En vez de reproducir la información tal cual te la proporciona tu fuente, sigue un guión que contenga las dudas que necesitas resolver. Un esquema simple pero efectivo, aplicado a una obra literaria, es este:
A. ¿De dónde ha salido esto? (¿Quién lo compuso? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En qué lengua? ¿A qué cultura pertenecían el autor y los destinatarios inmediatos de la obra? ¿Cuáles eran sus valores religiosos, morales, estéticos?)
B. ¿Qué es? (¿A qué género literario pertenece? ¿Has trabajado sobre el texto original o sobre una traducción? Si es así, ¿de quién? ¿Es obra completa o fragmento?)
C. ¿Qué pretende? (¿Qué emoción trasmite? ¿Qué cuestiones plantea? ¿A qué mundo nos traslada?)
D. ¿Cómo funciona? (¿De qué partes consta? ¿Para qué sirve cada parte? ¿Qué recursos literarios o compositivos ha utilizado el autor?)
E. De hecho, ¿funciona? (Una vez has dado con lo que, a tu entender, pretende la obra, llega el momento de implicarte: ¿crees que lo consigue? ¿Lo ha conseguido en tu caso? Si no es así, plantéate por qué: puede tratarse de un defecto de la obra, pero también de una limitación del lector. Y esas limitaciones, por suerte, son superables.)

3. Elige un aspecto concreto de la obra sobre el cual trabajar. Quien mucho abarca, poco aprieta. Homero no cantó la guerra de Troya, sino la ira de Aquiles: un aspecto concreto que se sentía capaz de abarcar y que le permitió dar unidad y sentido a su poema. Haz lo mismo: aunque para saber dónde pisas debes tener claro todo lo que hemos dicho en el punto 2, tu trabajo de verdad no empieza hasta que eliges, de entre todo lo que se podría decir sobre una obra o un autor, algo en lo que te ha parecido interesante profundizar.
4. Algunos ejemplos que nos permiten desautomatizar nuestros trabajos, obligándonos a seleccionar entre la información disponible la que realmente nos interesa:
A. Un trabajo que siempre funciona bien sobre un autor o su obra es elegir Diez cosas interesantes. Por ejemplo: es interesante saber que Virgilio quiso destruir la Eneida y que Catulo llamó Lesbia a su amada en homenaje a Safo de Lesbos.
B. Otra opción es centrarnos en un personaje, o un grupo de ellos: por ejemplo, las mujeres que intentan detener a Ulises; Shamhat y su influencia (¿positiva? ¿negativa?) en Enkidu; el héroe y su amigo (¿ayudante? ¿amante?).
C. También podemos fijarnos en algún aspecto formal que sea clave en la obra: por ejemplo, un trabajo sobre las fórmulas épicas, poniendo ejemplos de las diversas epopeyas que conozcamos, sería interesantísimo. (Y no es especialmente difícil: basta con elegir cinco o seis textos y peinarlos debidamente.)

5. Hay vida fuera de Wikipedia (y de la primera página de resultados del Google).
A. Por de pronto, la propia Wikipedia tiene versiones en otras lenguas, que por tus estudios de inglés, francés, etc., están perfectamente a tu alcance, y que en muchos casos son más completas y están mejor redactadas que la española.
B. Es el momento de reivindicar y usar los prólogos de los libros, esa parte por la que siempre pregunta algún despistado (¿esto hay que leérselo? ¿entra en el examen?) y que la gente se apresura a ignorar. Aunque hay de todo, como en botica, esas introducciones suele redactarlas gente que sabe de qué habla y sabe hablar. Es muy probable que, además de contener todo aquello por lo que preguntábamos en la sección 2, te den un montón de pistas sobre aspectos interesantes del autor y la obra.

6. Todo tiene que ver con todo.
A. Comparemos. Tu experiencia como lector, oyente, espectador de cine, etc., te permite poner en relación la obra que has elegido con otras. Muchos trabajos valiosos salen de aquí: si has comprendido que Aquiles y Ulises, por ejemplo, representan dos tipos  de héroe muy distintos (el que todo lo resuelve a golpes y el que utiliza su inteligencia para vencer a enemigos físicamente superiores), ¿por qué no analizar a cuál de los dos, y en qué medida, se parecen otros héroes que conoces, como el Cid, Conan o Spiderman?
B. Sigamos el rastro. Una obra valiosa nunca termina en sí misma: su influencia se hace sentir en otras, y en ella misma hay huellas de obras previas. Si te ha gustado Gilgamesh, ¿por qué no analizar cuánto de ella hay en la Ilíada? Si te gusta un tipo de cine, de pintura o de música, ¿no es probable que en él haya referencias dignas de explorarse a las obras que vamos viendo en clase?

7. Haz el trabajo que te gustaría leer (u oír): una exposición clara, concisa pero completa. Si utilizas recursos audiovisuales, elígelos con esmero; si utilizas términos técnicos, explícalos siempre y asegúrate de entenderlos bien. Puntúa tal como tú mismo lees el texto cuando lo haces en voz alta. No insultes al lector con faltas de ortografía o de construcción, con topicazos o con frases que no dicen nada. Y para no aburrir a nadie, ¡no te aburras tú! Pásatelo bien: recuerda que aprender no es otra cosa que aprender a pasárnoslo mejor, disfrutando lo que aún no conocíamos.

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