martes, 27 de octubre de 2015

Bajar a los Infiernos (Alejandra Prieto)



Como en cursos pasados, traemos al blog algunos de los trabajos que van haciendo nuestros alumnos. Hoy, Alejandra Prieto, alumna de Literatura Universal, nos habla de la bajada de algunos dioses y héroes al infierno en las mitologías de varias culturas.

DESCENSO DE ISHTAR / INANA A LOS INFIERNOS

Inana era la diosa del amor y la guerra, representaba la fertilidad y la vida; en cambio, su hermana Ereshkigall representaba la muerte y era la diosa de los infiernos. Esta leyenda nos cuenta cómo Inana bajó al reino de su hermana y quedó atrapada allí, muerta. Aunque hay varias versiones:

La primera empieza con la muerte del esposo de Ereshkigall, Nergal, el dios de las plagas. La fecha de su muerte coincide con el día del parto de su hijo, por lo que la diosa tenía una inmensa pena y una intensa rabia. Inana oye los gritos de dolor de su hermana y decide bajar al infierno a verla, pero no sin antes avisar a su fiel siervo, Ninshubur, que si no vuelve en tres días, avise a los dioses.

Cuando llegó, fue recibida por Neti, el guardián, quien se lo notificó a su hermana. Ereshkigall aceptó dejarla pasar con la condición de que dejara una prenda por cada puerta que pasase y que finalmente se arrodillara ante ella.

En la primera puerta dejó sus sandalias, símbolo de voluntad; en la segunda dejó sus joyas, símbolo de la imagen de su persona; en la tercera, sus ropas, que significa entregar la propia mente; en la cuarta, los cuencos dorados que cubrían sus pechos, lo cual significaba entregar su sexualidad; en la quinta dejó su collar, éxtasis de la Iluminación; en la sexta, sus pendientes, su magia; y finalmente, Inana tuvo que dejar su corona de los mil pétalos, que era el símbolo de la divinidad.

Despojada de toda prenda y arrodillada ante el trono, su hermana la sentenció a ser colgada de un gancho hasta que su cuerpo se pudriese. Cuando pasaron los tres días, Ninshubur avisó a los dioses, pero el único que quiso ayudarle fue Enki, señor de la tierra y padre de los dioses. De la suciedad de sus uñas creó a dos seres que mandó a acompañar a Ereshkigall en su dolor. Ella, agradecida, aceptó  darles el cuerpo de Inana. Rociaron el cadáver con el agua de la vida y ella revivió. Pero aún así no podía salir del infierno, alguien debía ocupar su lugar. Muchos de sus súbditos se ofrecieron, pero ella se negó. Solo cuando llegó a su casa y vio a su esposo comiendo y rodeado de mujeres, le mandó a cumplir condena por ella.

Otra versión es la que cuenta que en vez de morir el esposo de Ereshkigall, muere el de Inana, Tammuz, a causa de un jabalí. Inana trata de ir a por él a los infiernos pero su hermana le pone las mismas condiciones: dejar sus prendas y arrodillarse ante ella. Inana aceptó y cuando por fin entró, su hermana se arrepintió de haberle dado permiso y la impidió salir. En la Tierra, las personas dejaron de casarse y de engendrar niños, por lo que los dioses obligaron a Ereshkigall a dejar salir a Inana. Cuando Inana hubo recuperado sus pertenencias, fue capaz de volver al mundo de los vivos con su marido y las personas volvieron a la normalidad.

RAPTO DE PERSÉFONE

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos) se enamoró de ella y un día la raptó.

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que fue a tomar un lirio (según otras versiones, un narciso), la tierra se abrió y por la grieta Hades la tomó y se la llevó.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Deméter inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril. Al tiempo, Zeus ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que le causa el retorno de la joven a su madre. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.
Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Otoño y el Invierno.

ORFEO Y EURÍDICE

Sin salirnos de la mitología griega tenemos el mito de Orfeo, quién bajó a los infiernos para recuperar a su amada. Orfeo, el excelente músico, encantador de hombres y fieras, hijo de Calíode (musa de la poesía y la elocuencia), al morir su esposa, Eurídice, decidió bajar a los infiernos para llevarla de vuelta al mundo de los vivos. Allí, con su lira, cantó y tocó tan dulce música que los dioses de la muerte permitieron a Eurídice regresar con los vivos, siempre y cuando se cumpliese una condición: Orfeo no podría volverse para contemplar a su amada mientras se la llevaba. Cuando estaba a punto de liberarla, justo a la entrada del inframundo, Orfeo no pudo resistir por más tiempo y, dándose la vuelta, contempló a Eurídice, condenándola para siempre a permanecer en los infiernos. Desde entonces, derrotado por el dolor, Orfeo no amó a otra mujer y rechazó bruscamente a todas. Esto ofendió a las tracias, quienes lo desmembraron y lo tiraron al río; aún así, su cabeza y su lira continuaron cantando.

IZANAGI E IZANAMI

Pero Orfeo no es el único que baja a los infiernos sin llevarse lo que buscaba. Izanagi es un dios japonés que forma parte, junto con Izanami, de la pareja primordial que creó el mundo y de la que surgieron los demás dioses: Izanami, tras dar a luz al dios del Fuego, murió consumida por las llamas. En un primer momento, Izanagi sintió una gran tristeza, y de sus lágrimas nacieron los demás dioses, pero, al considerar al dios del Fuego el culpable de la muerte de su esposa, lo decapitó. Más tarde, Izanagi resolvió acudir a Yomi, el mundo de los muertos, con la esperanza de poder devolver a Izanami a la vida. Ella apareció en la entrada del inframundo, cubierta de sombras, le dijo que podría discutir su liberación con los dioses de los muertos y, antes de retirarse hacia la oscuridad, le rogó encarecidamente que no la mirase.

Izanagi hizo caso omiso, prendió fuego a su peineta y la utilizó como una antorcha para escudriñar la oscuridad en la que Izanami se había sumido. Allí vio que ella era un cadáver en descomposición y escapó, aterrorizado. Ella, furiosa, envió tras él a las brujas de Yomi, a infinidad de guerreros y a los ocho dioses del trueno. Además, la propia Izanami lo persiguió, convertida en un ser demoníaco, pero, a la salida del mundo de los muertos, Izanagi bloqueó la entrada con una gran roca, impidiendo el paso.

Tras su experiencia en Yomi, Izanagi quiso purificarse dándose un baño en un río, donde dio a luz a las tres deidades principales del panteón japonés: Amaterasu (diosa del Sol), cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-Yomi (dios de la Luna), cuando se lavó el ojo derecho y Susano (dios de la tormenta), que surgió de su nariz.

Alejandra Prieto Plaza
1º BACH A

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