lunes, 12 de diciembre de 2011

Leer en Navidades

"EEEHHH, qué dices" "Que las Navidades son para disfrutar...

Pues eso, hay buenos libros, que nos enganchan, por ejemplo, MALAS TIERRAS de Jordi Sierra i Fabra.

ESTAR AL LORO

Empezamos con una expresión muy común entre la jerga juvenil; pero también es el título de un libro muy curioso e interesante sobre "Frases y expresiones del lenguaje cotidiano". El autor, José Luis García Remiro, explica el origen de esas expresiones y curiosidades de nuestra habla, todo en castellano (o español, según se mire).

Por ejemplo, el AMOR PLATÓNICO, o PASTA GANSA, EN PELOTA...

domingo, 4 de diciembre de 2011

Canciones que son libros: tres rostros de Penélope


CANCIONES INSPIRADAS EN EL MUNDO CLÁSICO

Cara A: Penélope

Los personajes clásicos siguen teniendo en la actualidad vigencia, además de por la huella que han dejado en la historia, porque siguen siendo inspiración en otras ramas del arte. Así, letras de canciones de hoy en día se basan en estos personajes; y un buen ejemplo lo tenemos con Penélope, esposa de Ulises, que se encuentra visible en tres canciones en castellano relativamente recientes: Penélope, de Joan Manuel Serrat; Ana y el mar (Naturaleza muerta), de Mecano; y El Muelle de San Blas, de Maná.

Penélope es uno de los principales personajes de la Odisea, y también aparece en la Iliada, consideradas como las obras más importantes de la literatura clásica griega. Era prima de Helena y sus padres, Icario y Tindáreo, eran hermanos, príncipes de Esparta. Ulises, rey de Ítaca, acude a Esparta atraído por la belleza de Helena, para pedirla como esposa; pero las cualidades de la joven han convocado a tantos pretendientes, que se podría originar una guerra. Es entonces cuando Ulises urde un plan para evitar la contienda: el elegido por Helena deberá ser respetado por los demás, quienes le prometerán ayuda para conservarla a su lado. Helena elige a Menelao como marido y, cuando Ulises se dispone a dejar la corte, conoce a Penélope, que ha venido a aconsejar a su prima en su decisión, y se enamoran a primera vista. Parten para Ítaca, pero pronto tendrán que separarse. El príncipe troyano Paris rapta a Helena y su marido convoca a todos los príncipes griegos para que acudan en su ayuda. Ulises se ve obligado a cumplir su promesa y alejarse de su esposa y su hijo Telémaco.

En este momento, el mito de Penélope empieza a tomar fuerza, y el personaje se convierte en símbolo de la fidelidad por excelencia. Ulises participa en la guerra de Troya que dura diez años, y acaba tras el episodio del caballo de Troya, urdido por él mismo. Es el único de los héroes griegos que sobrevive, pero una ofensa hecha a Poseidón, dios de los océanos, hace que este le condene a un eterno viaje de regreso, que durará otros diez años. Mientras su marido vive toda clase de avatares en sus viajes, Penélope permanece fiel. Acosada por pretendientes, idea un plan: elegirá marido cuando termine de tejer un sudario que está haciendo para su suegro. Para tardar el mayor tiempo posible, lo que teje por el día, lo deshace por la noche. Al ser descubierta, tuvo que poner fecha para celebrar unos juegos donde los contendientes se disputarían su mano. Ulises regresa y demuestra ser el único capaz de tensar su propio arco, mata al resto de los pretendientes y se queda con ella.

Cara B: Las canciones


De las tres canciones que he mencionado la que más se asemeja al relato de Homero es Penélope, de Joan Manuel Serrat; además de por el paralelismo en el título, por las múltiples coincidencias entre las dos historias. Tratan sobre el amor eterno, que perdura aún en la ausencia; la separación se produce por un viaje del amado, cuando todavía son jóvenes, y con la promesa de volver: Adiós, amor mío, no me llores, volveré. Cuando regresa no es reconocido, la imagen que guarda Penélope es la de la juventud: Tú no eres quien yo espero. En la versión de Homero, Ulises tiene que demostrar que es él; mientras en la canción, la protagonista se queda sola al no aceptar el paso del tiempo en su amado. Las dos “Penélopes” son incomprendidas por los que la rodean, no entiende que aguarden tras tanto tiempo, pues no confían en el regreso: Dicen en el pueblo que un caminante paró su reloj, Pobre infeliz, se paró tu reloj infantil. Pero ella mantiene, a pesar de los contratiempos, su ilusión y no se deja influir por la desconfianza de los demás. Tampoco le convence ninguno de los que encuentra: Uno tras otro los ve pasar, mira sus caras, les oye hablar, para ella son muñecos, igual que a la heroína griega le sucede con los que intentan ganar su favor.


En la canción Naturaleza muerta (Ana y el mar), de Mecano, también aparece el mito de la mujer fiel que espera al hombre. En esta, es el mar quien lo retiene, igual que Poseidón, dios del mar, retiene a Ulises, en el primer caso por celos y en el segundo por venganza. También aquí los demás no creen en el regreso: No esperes más, niña de piedra, Miguel no va a volver. La Penélope mitológica se vuelve dura, tanto que Telémaco le reprocha: Tu corazón es siempre más duro que la piedra; en la canción, Ana se convierte en piedra: Dicen en la aldea que esa roca blanca es Ana.


Por último la historia se repite en la canción El Muelle de San Blas, de Maná. Él parte en un barco jurando que volverá: Ella despidió a su amor, él partió en un barco, Él juró que volvería. Con el paso del tiempo (Muchas tardes se anidaron en sus pelos y en sus labios, Su cabello se blanqueó), los demás no entienden su actitud: Y en el pueblo le decían loca, la loca del muelle de San Blas, pero ella sigue eternamente esperando: Se quedó ahí, se quedó hasta el fin.

El final de las tres canciones coincide: en ninguna de ellas se produce el reencuentro, mientras Penélope y Ulises sí tienen un final feliz; pero la espera, la soledad agravada por la incomprensión, manteniéndose fiel a su ilusión, sin perder la esperanza, es la misma en las cuatro historias.

Irene Camacho García, 4ºB

lunes, 21 de noviembre de 2011

El Cuaderno perdido de Leonardo Da Vinci

Han colocado en la estantería de entrada un libro 3D y sin necesidad de gafas especiales como en el cine, se puede leer y comprobar asombrado cómo salen hacia fuera los distintos inventos que Leonardo dibujó, adelantándose siglos con su imaginación.

Vale la pena hojearlo... con cuidado, como los libros antiguos cuando los encuentran los aventureros de las películas...

Patrick Rothfuss

Es el autor del "EL NOMBRE DEL VIENTO" y de su conntinuación El TEMOR DEL HOMBRE SABIO"
que en dos semanas ha escalado a la lista de superventas... y es que los fans de novelas fantásticas lo esperaban con ganas. Puedes leer la primera parte en tu biblioteca ¿dónde si no ?

viernes, 18 de noviembre de 2011

Nasrudin



Los sufís constituyeron una corriente mística -que nosotros conocemos más como la filosofía de los derviches-, que utilizaba la parábola y el cuento para transmitir sabiduría, como casi todos los pueblos místicos de la historia.

Los cuentos sufís no son sólo relatos ni meras historias contadas con cierta gracia o con moraleja iniciática. En realidad, los cuentos sufís son una vía para el conocimiento, donde la metáfora se conjuga con la evolución espiritual y donde el conocimiento místico de lo arcano se revela a través de lo simple.



El protagonista de las historias sufís es siempre el mismo, se llama Nasrudin y es un personaje muy particular. A veces es un viejo decrépito, a veces es un joven; otras, un sabio y otras un torpe o un tonto. También aparece como un hombre adinerado, o como un mendigo.

Específicamente en esta historia, Nasrudin es un hombre que, por alguna razón que él desconoce, ha cosechado fama de ser lo que entre los sufís se denomina "un iluminado", esto es, alguien que ha logrado un cierto conocimiento sobre cuestiones importantes y trascendentes para otros. Él, sin embargo, sabe que en realidad no sabe nada; está convencido de que lo único que él ha hecho es viajar y escuchar, pero que con certeza no tiene grandes cosas para decir.

La historia cuenta que había en una localidad un hombre sabio que a los aldeanos le parecía por un lado una persona interesante y, por otro un extravagante.

El caso es que le solicitaron que les predicase. El hombre aceptó, pero el día en que los pueblerinos se reunieron para escucharle, intuyó que los asistentes no eran sinceros en su actitud y, con talante sumamente equilibrado, les preguntó:

-Amigos, ¿sabéis de qué me dispongo a hablaros hoy?

-No - respondieron los aldeanos.

-En este caso no voy a deciros nada. Sois tan ignorantes que de nada podría hablaros que mereciera la pena. En tanto no sepáis de qué voy a hablaros, no os hablaré.

Los presentes, avergonzados y desconcertados, se marcharon a sus respectivas casas. Al siguiente día se reunieron y decidieron reclamar otra vez las palabras del sabio, quien les volvió a preguntar:

-¿Sabéis de qué voy a hablaros?

-Sí, lo sabemos –respondieron los aldeanos, que estaban preparados.

-Siendo así, no tengo nada que deciros, puesto que ya lo sabéis. Que tengáis una plácida noche.

En el comienzo de este cuento ya podemos apreciar cómo juega el sabio sufí con sus interlocutores. Tiene un claro objetivo: hacerlos reaccionar. Él intuye que no oirán sus palabras de corazón, y que solamente le piden que hable para saciar sus deseos de escuchar alguna verdad. Sin embargo, él tiene claro que, mientras ellos no se dispongan realmente a escucharlo, su prédica será en vano.

El cuento sigue:

Los vecinos, irritados, no se dieron por vencidos, y una vez más reclamaron la prédica del hombre que consideraban tan extraño, a la vez que revelador:

-¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?

Los aldeanos ya habían estudiado muy bien la respuesta que iban a dar para obligarle al sabio a disertar. Y contestaron:

-Unos lo sabemos, y otros no.

-Muy bien. En tal caso, los que saben que transmitan todo su conocimiento a los que por el momento no saben.

Cuando uno cree que lo sabe todo, no es capaz de recibir nuevos conocimientos. Pero cuando uno no sabe nada, ni siquiera lo que quiere, tampoco será capaz de abrirse a la verdad.

Este cuento, además, nos enseña que no vale la pena perder el tiempo con las personas que no deciden salir de la ignorancia; y que si en una comunidad hay personas de talento, es ocioso buscar un nuevo maestro.



jueves, 17 de noviembre de 2011

Enjoy the Silence

Esta mañana, durante la guardia de Biblioteca del recreo, me he sentido obligado a invitar a dos alumnos a abandonar el lugar. No es cosa que uno haga a menudo, ni con gusto —y me ha parecido que sería bueno meditar un poco sobre el fenómeno.

Entre las cosas que muchos alumnos han dejado de entender (o nosotros de saber explicar) está por qué las bibliotecas deben ser silenciosas. La gente que va a la biblioteca a charlar o armar jaleo mata la posibilidad de disfrutar del silencio. Un silencio vivo, bullicioso a su manera. Y cada vez más infrecuente. De manera irreflexiva, automática, asociamos el silencio con la muerte o el totalitarismo. Sin razón: el totalitarismo es un disco rayado y estridente, y la muerte una zona inhóspita. Nada que ver con el silencio acogedor de una biblioteca, donde la gente, liberada del ruido, disfruta del espacio ganado y puede aprovecharlo para pensar o imaginar. Obedientes al prejuicio, en cuanto nos juntamos, o nos juntan, nos sentimos obligado a hablar a voz en grito (aunque no, por desgracia, a encontrar algo digno de decirse). Cada vez es más raro topar con gente que nos ahorre (y se ahorre) su charla y su estrépito: una rara cortesía. 'Gente en silencio' es ya casi un oxímoron.

No es solo que se agreda de forma desaprensiva contra el derecho de los demás a concentrarse, sin soportar nuestro ruido y nuestra incapacidad para centrarnos (como, en los últimos tiempos, se nos ha reconocido el derecho a no tragarnos el humo de los fumadores); es que la más mínima llamada a la racionalidad se siente (lo que ya es el colmo) como una agresión, un recorte a las libertades. Tenemos, piensan algunos, derecho a convertir la Biblioteca en una extensión del bar; después de todo, dirán para sí, ya hemos convertido las clases en algo muy parecido...

Uno se resigna, pues, a parecer tan estricto como sea necesario para poner dique a la grosería y la falta de educación. Por mucho que nos enfrentemos a una inercia poderosa, la decisión de no ceder a ella, aunque problemática, siempre es posible. Gracias a los que así lo comprenden —y espero que los que no se han parado a pensarlo tengan la oportunidad (en lo que callan un instante, para leer; quizás pensar) de hacerlo.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Los huesos, esos desconocidos

¿Sabías que "los huesos son órganos vivos: están compuestos por arterias y venas [...]. Cada año renuevan el 10% de sus células y pueden recomponerse cuando se fracturan...

(De La Enciclopedia Visual de las Preguntas -El cuerpo humano). David-Lengua

Enciclopedia visual de las Preguntas

Al llegar esta semana a la biblioteca, en las estanterías de novedades, he encontrado los libros de la colección Enciclopedia visual de las Preguntas, con MUY DIVERSOS Temas (Insectos, Cuerpo humano, Inventos, Viajeros, la Tierra,...).

Estos libros entran muy pronto por la vista, y te enganchan a leer (aprendes curiosidades en cada página). Os animo a hojearlos, leerlos y disfrutarlos. (¿me dejaréis alguno la próxima semana?). DAVID Lengua

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tu carne olía ricamente a otoño


Una pequeña paradoja: según pasan los años, la riqueza de la literatura no hace más que crecer, al sumarse nuevos autores y obras y un mejor conocimiento de los que ya había. Sin embargo, nuestros temarios de Lengua Castellana y Literatura menguan, cada vez más simplificados y ramplones, como si todos nos hubiéramos resignado a la idea (más bien descortés, y para nada justificada) de que los jóvenes actuales solo pueden retener unos pocos nombres (los indudables: Bécquer, Baroja, Machado, Cela...), y aun de estos, bien poca cosa (dos o tres títulos y alguna generalidad más o menos gaseosa).

Solo así se explica que en nuestros apuntes y libros de texto nunca se hable, por ejemplo, de Tomás Segovia, un gran poeta español y mexicano que ha muerto esta semana en México. Poco o nada tenía Segovia de 'autor menor': muy al contrario, se trata de un verdadero gigante de nuestras letras, un torbellino de ideas e imágenes que no solo se mantuvo activo hasta sus últimos años, ya octogenario (Sófocles, recordemos, escribió una de sus obras maestras, Edipo en Colono, con noventa inviernos), sino que en opinión de algunos críticos fue a mejor con el tiempo, subiendo en cada poemario o libro de ensayos la apuesta del anterior.

En vez de la proverbial torre de marfil en la que se encierra el genio a aburrirse y contárnoslo, Segovia pasaba sus tardes en uno de los cafés más bulliciosos de Madrid, el Comercial. Necesitaba, decía, el ruido para poder concentrarse; y no era difícil sacarle por unos minutos de su tarea para mantener una conversación sobre lo divino y lo humano. Pocas veces un autor estuvo tan al alcance de sus lectores, y tan dispuesto a departir con ellos.

En nuestra querida Biblioteca no tenemos aún ninguno libro de Tomás Segovia, pero no pasará este curso sin que lo solucionemos. De su antología En los ojos del día (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2003) os traigo hoy este poema, uno de sus Sonetos votivos, un ciclo amoroso en el que el poeta se atrevió a integrar en la literatura algunas palabras que todos conocemos y usamos, pero que siguen considerándose tabú, como si designaran (nada más lejos de la verdad) algo de lo que debiéramos avergonzarnos.

Tu carne olía ricamente a otoño,
a húmedas hojas muertas, a resinas,

a cítricos aceites y a glicinas

y a la etérea fragancia del madroño.


Hábil como una boca era tu coño.

Siempre había, después de tus felinas

agonías de gozo, en las divinas

frondas de tu deseo, otro retoño.


Te aflojabas de pronto, exangüe y yerta,

suicidada del éxtasis, baldía,

y casta y virginal como una muerta.


Y poco a poco, dulcemente, luego,

absuelto por la muerte renacía

tu amor salvaje y puro como el fuego.