martes, 13 de noviembre de 2018

Séptimo concurso de sueños: Que en mis brazos se dormían

(Dante Gabriel Rosetti, Beata Beatrix)

Yo me estaba reposando
anoche como solía;
soñaba con mis amores,
que en mis brazos se dormían.
(Romance del enamorado y la muerte)

Quedéme y olvidéme, 
el rostro recliné sobre el amado, 
cesó todo, y dejéme, 
dejando mi cuidado 
entre las azucenas olvidado.  
(San Juan de la Cruz, La noche oscura) 

1. Podrán presentarse a este concurso de sueños cuantos soñadores así lo deseen, preferiblemente despiertos y residentes en el Campo Arañuelo. Habrá dos categorías: A. Soñadores que se presenten al concurso. B. Soñadores que no se presenten al concurso. Estos últimos parten, obviamente, con cierta desventaja.

2. Los sueños podrán presentarse en cualquier formato que resulte apropiado para trasmitir al lector, espectador u oyente la sensación de extrañeza y maravilla propia del género. Esto incluye, por ejemplo, sueños relatados en prosa o en verso (acompañados o no de ilustraciones), fotografías coloreadas o tratadas de algún otro modo, collages, composiciones musicales (con o sin letra), vídeos y eso otro que tú, noble lector, estás pensando, pero que a nosotros aún no se nos ha ocurrido. Este curso incluimos también una categoría especial para trabajos de investigación sobre el sueño y los sueños desde alguna de las siguientes perspectivas: Biología, Cultura Clásica, Filosofía, Francés, Historia, Historia del arte, Historia de las religiones, Inglés y Música. (Caben también aproximaciones desde otras materias.)

3. Los sueños se depositarán, con o sin testigos, en el Cofre de los Sueños que se habilitará en la Biblioteca del IES Augustóbriga, sin indicación alguna de autoría, hasta el día 20 de diciembre (incluido). Podrán también entregarse en mano al coordinador de la Biblioteca —o, en el caso de los trabajos de investigación, al profesor de la materia correspondiente.

4. Durante las primeras semanas de enero, los trabajos permanecerán expuestos en la página web de la Biblioteca (http://biblio-augustobriga.blogspot.com.es). Todas las personas que lo deseen podrán calificar de 1 a 5 cuantos sueños deseen, utilizando para ello el formulario que se pondrá a su disposición: constituirán así la asamblea anónima de soñadores que servirá de juzgado a este certamen. En el caso de los trabajos de investigación, los evaluará un jurado constituido por profesores de los departamentos correspondientes y miembros del equipo de trabajo de la Biblioteca.

5. Los trabajos que, al obtener la mayor puntuación, resulten ganadores (y quizá también los que no) se harán inevitablemente famosos y harán felices a las buenas gentes, lo que constituye el mejor premio al que cualquier autor pueda aspirar. Pero, por si eso fuera poco, en la última semana de enero los participantes encontrarán sobre la mesa central de la Biblioteca los regalos que los Grandes Transparentes tengan a bien preparar para ellos, con la fórmula Para el autor de… Cualquier persona que se haya sentido conmovida por algún sueño y desee dejarle a su autor un regalo a modo de réplica está invitada a hacerlo.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Club de Lectura: Neverland, Erewhon & Nowhere


A LA VUELTA DE CADA ESQUINA




Este mundo me aburre, vivo en el de al lado
que está un poco más ancho y aún deshabitado;
cuando mires a ningún sitio,
lo verás.

Neverland, Erewhon & Nowhere

        ¡Qué tres abogados para un caso! El litigio de estos tres ases de la ficción bien podría ser una causa célebre planteada por el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud: el Principio de Placer contra el Principio de Realidad.

        Sostiene, en breve, el Principio de Realidad que es inútil y contraproducente imaginar lo que no es posible y desear lo que no puede obtenerse; tanto por el tiempo y la energía que se pierden en ese empeño como por la más que probable confusión entre esos elementos soñados y los que forman la realidad. Lo imposible, cuando se desea, ocupa literalmente el lugar que corresponde a lo real y lo posible y no permite ni verlos ni, mucho menos, desearlos.

        Frente a estos argumentos del Principio de Realidad, los abogados del Principio de Placer citan, entre otros testigos, al anarquista ruso Mikhail Bakunin, que hace notar lo siguiente: que solo los que han pretendido lo imposible han cambiado en algo a mejor este mundo, y lo siguen cambiando; y a J.R.R. Tolkien, el autor de El señor de los Anillos, el cual, ante la acusación de que ha dedicado la mayor parte de su vida útil a perpetrar literatura escapista,  declara que, en efecto, ha obrado así y lo ha hecho a conciencia, convencido de que es la obligación de todo preso intentar escapar de su prisión, y, si es posible, llevarse algunos compañeros consigo.

        Más en concreto, el abogado Neverland (Nunca Jamás, en la traducción española) cita a su creador, James Barrie, que en el primer capítulo de Peter Pan y Wendy, describe de este modo cómo los niños generan cada uno su Nunca Jamás con la misma naturalidad con el corazón bombea la sangre:





         Como se ve, Barrie nos presenta Neverland como una parte indispensable de la psique infantil, formada a partir de una superposición entre experiencias reales y ciertas imágenes poderosas (simbólicas, arquetípicas) tomadas de las ficciones con que los adultos alimentan a los niños, que en la época de Barrie eran sobre todo de 3 tipos: la mitología clásica (de la que forman parte las sirenas y el dios Pan); las novelas de piratas (como la isla del tesoro) y las historias de indios y vaqueros (como El último mohicano).

        Vemos también que según Barrie cada mente infantil genera su propio Nunca Jamás, pero todos tienen un aire de familia que autoriza considerarlos como variantes de un único lugar (quizá Barrie siguiera en esto a Jung, el discípulo más despierto y peleón de Freud: el cual distinguía en el inconsciente una zona individual, distinta para cada uno, y otra zona común a cada tribu, y hasta común para todos los hombres: el inconsciente personal vs. el inconsciente colectivo).
        Tal como Barrie describe Nunca Jamás (territorio desde luego del Principio de Placer, donde vive todo lo que el niño ama y le interesa, y vive tal como a él le gustaria que viviera), podríamos pensar que se refiere al mundo de los sueños, del que Neverland sería solo un apodo. Pero no: como el narrador detalla, los niños también viven en Nunca Jamás mientras juegan durante el día a ser pìratas, bandidos o  hadas, convencidos pasajeramente de que lo que viven es cierto (lo que llaman los ingleses make believe: ¿vale que este tobogán es un barco y que yo soy el capitán? ¿Vale que vosotros sois los indios que queréis abordarlo?). Y toda la novela reposa sobre el supuesto de que es posible que alguien (concretamente Peter) rompa el velo que separa Nunca Jamás del mundo real e invada este último; y que, conducidos por Peter y con ayuda del polvo de hadas (Fairy dust) de Campanilla, es posible que Wendy y sus hermanos John y Michael abandonen Londres y se vayan volando a la isla encantada.

        En breve, pues, sostiene el abogado Neverland que la invasión de lo real por lo imaginario, más allá de ser deseable, es inevitable. Aquello que forma parte del orden natural de las cosas no necesita defensa y es irrelevante que cualquier ley o filosofía lo apruebe o condene. Pretender que la gente no imagine es como pretender que no se enamore, que no componga versos o que no construya templos en los que dar culto a sus amigos imaginarios favoritos.

        Lo imaginario, en fin, no puede ser aislado y descartado de lo real, del mismo modo que no puede tampoco librarse de ser considerado una provincia de lo real. Heráclito, al que nos asomamos en la sesión pasada, habla en uno de sus fragmentos de los durmientes y dice que también su dormir es un hecho que sucede en el mundo de los despiertos, y que por tanto son colaboradores (aunque sea por omisión) de ese mundo al que parecen no pertenecer. Esto es como afirmar que el preso escapista del que hablaba Tolkien no hace, al escarbar en los muros o en el suelo de la prisión galerías 'de escape', sino continuar a su manera con la construcción de la cárcel, enriqueciéndola con nuevos espacios que surgen de ella y la prolongan. Un pensamiento bastante deprimente, del que ya veremos si, a su vez, logramos escapar o no.

        En nuestra ayuda, acudirán en la próxima sesión los otros dos abogados del Principio de Placer: los hermanos gemelos Erewhon & Nowhere y su madre, la princesa griega Utopía.
       
       

martes, 30 de octubre de 2018

Narla en la Imaginateca







 Ayer lunes por la mañana nuestros alumnos de Literatura Universal y de Griego tuvieron la suerte de charlar en la Imaginateca con Francisco Narla, un aviador y novelista singular que comenzó su andadura como autor de novelas de terror y misterio para después centrarse en una rama peculiar de la novela histórica, ambientada en diferentes épocas (la Hispania de la época de César, la Edad Media) pero siempre con su Galicia materna como punto de partida.

Narla nos ha contado, entre otras muchas cosas, que un lector atento de la realidad encuentra a menudo pequeños cabos sueltos de los que asombrarse: la estatua de un samurai en un pueblecito de Sevilla, por ejemplo, o el hecho de que un poeta tan importante como Martín Codax carezca totalmente de biografía conocida, o la poco conocida presencia de los vikingos en nuestras costas. En cada uno de esos detalles, Narla ha sabido ver que se escondía una novela posible: así, nos ha contado en Rōnin la historia de aquel samurai sin amo que fue enviado a España por el emperador de Japón;  en Laín, ha hecho de Codax el narrador de las andanzas de su empeñoso protagonista; y en Assur nos ha contado la historia de un zagal gallego que parte a la aventura con los vikingos.
Aerodinámica, intrahistoria del Descubrimiento de América, la complicada historia del Grial en España... Con estas y muchas más hebras, Narla nos ha animado a cuestionar lo que sabemos y lo que ignoramos y hacer de nuestra curiosidad el punto de partida de nuestra vocación, que en su caso, tanto de aviador como de narrador, se despertó con las obras de Antoine de Saint-Exupéry, con su Principito y su Vuelo nocturno. Estamos seguros de que muchas de las cosas que ha dicho se mantendrán vivas en la mente de quienes hoy hemos tenido la suerte de escucharle y darán fruto.

En la Imaginateca nos ha dejado firmadas y dedicadas sus cuatro novelas históricas: Assur, Rōnin, Donde aúllan las colinas  y Laín. Si quieres saber lo que nos ha dicho en esa dedicatoria, tienes sus novelas en la sección de Novedades, esperando entregarse a quien sepa entregarse a ellas.

lunes, 22 de octubre de 2018

Club de Lectura: presentación


En el Club de Lectura no nos consideramos tontos; pero admitimos sin mucho problema que somos bastante despistados. Solo así se explica que, aunque llevamos varios cursos funcionando (y hasta se haya publicado algún artículo sobre nosotros), no hayamos hecho hasta ahora una presentación en condiciones sobre quiénes somos y qué hacemos. Subsanado queda. ¡Zarpemos!



CLUB DE LECTURA

¿QUÉ?

·        El Club de Lectura es un grupo de alumnos y profesores que se reúnen una vez a la semana para compartir la experiencia de leer y escribir textos y hablar sobre ellos. Está abierto también a padres, ex-alumnos y personal no docente. Es también un taller de escritura, porque en él planteamos retos creativos e invitamos a los participantes a traer sus propios textos.

¿CUÁNDO Y DÓNDE?

·        Nos reunimos (salvo imposibilidad manifiesta) los viernes en el recreo en el Departamento de Lengua.

¿QUIÉNES?

·        El único requisito para formar parte del Club es que te apetezca asistir a sus reuniones. Puedes venir a escuchar, o participar más activamente, escribiendo y debatiendo. Y puedes venir cuando quieras: no pasamos lista y no hay compromiso de asistencia. 

¿SOBRE QUÉ?

·        El tema que hemos elegido para este primer trimestre es el paso de ser niño a ser otra cosa (adolescente, adulto). Y el libro que nos guía para reflexionar sobre este asunto es Peter Pan y Wendy, de James Barrie: la historia de Peter, el niño que se negó a crecer, y de Wendy, la niña que accedió a ser su madre.

sábado, 20 de octubre de 2018

Club de Lectura: Nos visita María González


Ayer en el Club de Lectura tuvimos una invitada de lujo: María González González, que fue una de nuestras alumnas más brillantes (matrícula de honor en su promoción), y que ha concluido este año sus estudios de Criminología. María se ha estrenado como criminóloga hablando con nosotros de la (ir)responsabilidad penal de los menores y otros colectivos, como drogadictos y monarcas. Por la charla, breve pero llena de momentos, desfilan Juan Carlos I, Corinna, Lázaro de Tormes, VOX, el Cuco y otros muchos personajes de la España actual y eterna. No os la perdáis.


viernes, 5 de octubre de 2018

Peter Pan: de madres sin madre y padres sin hijos


          Cuentan de la diosa Atenea que nació adulta y totalmente armada del cráneo de su padre, Zeus. Curioso parto este, el de una niña que, como Pinocho, no tiene madre (¡Zeus se la había comido!) y que brota, como una idea afortunada, de la cabeza de quien la concibe. No nos extrañará demasiado que una niña tan cerebral nazca sabiendo hablar, y que sus primeras palabras sean para declarar que no se casará nunca: será siempre, y para siempre, la niña favorita de su papá.

          No es este el caso de Peter Pan, aunque algún paralelismo hay entre ambos personajes (como Atenea, también Pan, pese a ser hermoso y despertar amor, opta por mantenerse eternamente virgen, sexy y asexuado al mismo tiempo). Pan tarda en salir del magín de su creador, J. M. Barrie (1860-1937), en el que había empezado a gestarse desde que este era un niño en una familia numerosa más bien pobre de Escocia; y cuando lo hace va emergiendo lentamente, sin prisa y sin una forma enteramente definida.

          Los mitos, los cuentos de hadas y las historias de piratas llenaban los libros y la mente de este niño, bajito y más bien impopular en su colegio —aunque compensaba su timidez y su aspecto, ya entonces, más añiñado de lo normal, con un don prodigioso para inventar historias y contarlas sobre la marcha, dejando a sus compañeros embobados e incapaces de explicar luego todas aquellas aventuras a otra persona. Añadamos a esta caldera mágica tres ingredientes más: la madre de Barrie, Margaret, había perdido siendo una niña a su madre y había tenido que convertirse en madre de sus hermanos para sacarlos adelante, dando pruebas de una enorme madurez, impropia de sus años. Por otra parte, su madre tenía (como Zeus) un ojito derecho, que en este caso no era Atenea sino David, un hermano de Barrie siete años mayor que era todo lo que Barrie, aparentemente, no podría llegar a ser nunca: guapo, ligón, deportista y terriblemente popular. Pues bien, este niño prodigio tenía 13 años cuando sufrió un accidente estúpido mientras hacía deporte y murió a las pocas horas. Tanto la madre como Barrie se obsesionaron con este niño perdido: para consolarla de algún modo, Barrie se puso las ropas de su hermano y aprendió a caminar y silbar como él, desarrollando un gran talento para el teatro. Cuando tuvo oportunidad de ver representada una obra, supo que aquel era su camino.

          Todos estos elementos se combinan en el caldero mágico que fue el corazón de Barrie y su resultado es Peter Pan y su país, Nunca Jamás (Neverland). Un país donde conviven todos las hadas y los piratas de las novelas que leyó de niño con un personaje que lleva en su apellido la referencia al dios griego Pan (inmensamente popular, por cierto, en la cultura de su tiempo). En su historia tenemos también una niña anormalmente sensata y adulta que, como la madre de Barrie, accede a ser la madre de Peter y los niños perdidos; y frente a ella, un niño de entre 11 y 14 años, excelente acróbata y espadachín, además de rompecorazones, que quizá está muerto (volveremos a ello) y que, en cualquier caso, nunca crece más allá de esta edad. Y todo ello llega al gran público a través de una obra de teatro que Barrie estrena en 1904, y que estuvo a punto de llamarse El niño que odia a las madres y también El gran padre blanco, pero que finalmente salió a escena con el título Peter Pan o El niño que no quería crecer

          Quería, dice el título, pero antes Barrie escribió otra cosa: El niño que no podía crecer. Y también en esto había mucho (¡tanto!) de sí mismo. Barrie dejó de crecer cuando era niño: una enfermedad hizo que se detuviera en un metro con 54 cm. Por esta razón, y por otras, estaba más a gusto entre los niños que entre los adultos. Y cuando cometió el error de casarse con una bella actriz, Mary Ansell, pronto se reveló que Barrie, como Peter Pan, era incapaz de amar de veras a una mujer (de hecho, incapaz de consumar el matrimonio). Como Iseo la de las Blancas Manos, Ansell jamás perdonó a su marido que se casara con ella para no dar uso práctico al sacramento: pasados los años, buscó el amor que él no le daba en otro hombre, y cuando Barrie tuvo noticia del adulterio, ambos se divorciaron ruidosamente, mientras Ansell proclamaba a todo aquel que quería oírle que el famoso y admirado autor era en realidad un enano impotente, un eunuco cabezón, un fracaso como hombre. 

          Cuando se casó, Ansell aspiraba a tener muchos hijos, pero, obviamente, no tuvo ninguno. La lógica indica que Barrie tampoco. Pero la lógica no siempre tiene la última palabra. Una extraña carambola del destino hizo que Barrie acabara convirtiéndose en padre adoptivo de cinco niños, a los que conoció mientras paseaba con su perro por los jardines de Kensington. Aquellos niños, como los niños del colegio treinta años antes, miraron al principio a Barrie con desconfianza y extrañeza; pero pocos minutos después los tenía a todos conquistados mientras jugaba con ellos a los piratas y emprendían juntos la búsqueda de un tesoro enterrado. 

          Tras seducir a los niños, Barrie hizo lo propio con sus padres, y en especial con su madre, la encantadora Sylvia Llewelyn Davies.  Como entonces era ya rico, pues había escrito numerosas obras de teatro y algunas novelas, todas de gran éxito, utilizó su dinero para ponerlo a disposición de aquella familia más bien pobre. Invitó a sus niños a pasar un largo verano en su casa de campo, pescando, cazando y jugando. Y en algún momento de esas aventuras, concibió al personaje de Peter Pan.

          Los padres de los niños murieron muy jóvenes (él primero, luego ella) y Barrie, que se había hecho con la única copia manuscrita del testamento, falsificó el texto y se puso a sí mismo como tutor legal de los niños, convirtiéndose de facto en su padre.