miércoles, 21 de mayo de 2014

La Rima del Viejo Marinero (Samuel T. Coleridge)


Samuel Taylor Coleridge escribe La rima del viejo marinero a finales del siglo XVIII, en un momento de colaboración creativa con otro poeta inglés William Wordsworth. Ambos introducen el romanticismo en la literatura inglesa.

Coleridge, a diferencia de Wordsword, que se inspira en las cosas sencillas de la vida cotidiana, acude al misterio, a lo sobrenatural; pero lo hace humanizándolo, acercándolo al lector de manera que resulte creíble.

El poema relata la historia de un marinero en un largo viaje por el mar. Lo que hubiera sido una travesía normal, con las vicisitudes propias de una navegación prolongada, se torna en una experiencia trágica. Un marinero, sin motivo aparente, mata a un albatros que aparece. Sus compañeros lo culpan porque el ave es símbolo de buenos augurios.

Cuando el viento se calma y escasea el agua, la tripulación condena al marinero a colgar de su cuello al albatros, para expiar su error.

El barco tiene un encuentro fantasmal con la muerte y la muerte-en-vida que se juegan a los dados el destino de los navegantes. La segunda consigue solamente al marinero, que tiene que convivir con los cuerpos de sus compañeros fallecidos.

Aparece en él el sentimiento de culpa y bendice a las criaturas naturales. A partir de ahí cae el albatros de su cuello y un ermitaño le absuelve. Su penitencia consistirá en contar su historia, que es precisamente lo que hace en el poema con un invitado de una boda.

El simbolismo está presente en todo el poema. Es un viaje iniciático donde el protagonista se reencuentra con la naturaleza, con las criaturas creadas, descubre su valor y aprende a respetarlas. Todo envuelto en culpabilidad, castigo y redención, con imágenes evocadoras y una atmósfera sobrenatural, pero enormemente realista.

Tanto en literatura como en música se pueden encontrar obras inspiradas en La rima del viejo marinero. Así Charles Baudelaire, el poeta más representativo del simbolismo francés, compone el poema Albatros, mucho menos extenso que el de Coleridge (consta solo de cuatro cuartetos en  alejandrinos) apoyándose en él.

El albatros de Baudelaire encarna al poeta romántico y los marineros a la sociedad. Cuando esos pájaros están volando son grandiosos, son reyes del cielo, al igual que el poeta cuando compone libre. Pero los marineros se aburren y cazan albatros por divertimento, sin que ellos les hayan dado ninguna razón, son simples compañeros de viaje; del mismo modo, la sociedad ataca, se burla, critica al poeta, al que no comprende.

El mundo en el que se desenvuelve el poeta nada tiene que ver con el mundo de los demás, y si bien en ese su mundo él es el príncipe y se mueve con soltura y grandeza, cuando se ve obligado a descender al mundo material se vuelve torpe, inseguro, débil y hasta grotesco. Sus grandes alas, es decir, la imaginación, lo que le hace libre en el cielo, de nada le sirve en la tierra; el poeta solo es un estorbo en una sociedad materialista con la que no se identifica. Se siente perdido y no conoce otras armas que la inspiración, los sentimientos, las emociones, inútiles para enfrentarse a la incomprensión de los que no comparten su cielo y están dispuestos a acabar con él por simple placer, menospreciando el valor de los diferentes.

Iron Maiden en su quinto álbum Powerslave de 1984, considerado por muchos el mejor de la historia del heavy metal, hace un homenaje al poema de Coleridge en la canción The Rime of the Ancient Mariner. Es el tema más largo del grupo, y en él se encuentran dos aparentes opuestos: el metal y la poesía, fusionados con acierto para lograr una potente canción. Todo un referente a la hora de mezclar heavy y lírica.

Steve Harris se plantea recuperar la estética romántica, recontextualizándola en una pieza musical que recrea la atmósfera del romanticismo, y que evoca la ambientación fantástica y sobrenatural que caracterizó a aquel.

El poema de Harris resume la trama del original, pero conserva su estructura. Incluso incluye dos estrofas extraídas literalmente del de Coleridge.

Utiliza recursos musicales para transcribir lo más fielmente posible la intención del poeta. Así en los versos 75 y 76 incorpora varias voces, que sugieren el papel del tercer narrador del poema original. Destaca la percusión cuando la muerte se acerca, a modo de los latidos de los corazones de los marineros que se aceleran; mientras permanece en silencio en el momento de la muerte. Pone los distintos elementos de expresión musical, al servicio de una interpretación fidedigna de la obra original.


Otro ejemplo de canción con inspiración en este poema lo representa el tema Echoes de Pink Floyd. Es una composición de más de veintitrés minutos de su álbum Meddle (1971), en la que participaron los cuatro componentes que en ese momento formaban el grupo.

Comienza nombrando al albatros y trata sobre la soledad que puede sentir el hombre en cualquier medio.

Terminaré evocando el poema pensando que quizás mañana nos despertaremos más tristes, pero más sabios.

Irene Camacho García

Mujeres memorables: Amalie Emmy Noether (Vicente González Sánchez)


Amalie Emmy Noether fue una matemática alemana de origen judío que realizó sus investigaciones en las primeras décadas del siglo XX.

En su época su genialidad fue ampliamente reconocida por la comunidad matemática. Los grandes matemáticos y científicos de su tiempo como Hilbert, Weyl, Einstein… alabaron su talento, y sobre ella Jean Diudoné dijo que era “la mejor matemática de su tiempo, y uno de los mejores matemáticos (hombre o mujer) del siglo XX”. A pesar de ello, la vida profesional de Emmy estuvo marcada negativamente por su condición de mujer.

Amalie Emmy Noether nació en Erlangen (Baviera, Alemania) el 23 de marzo de 1882. Su padre fue el matemático Max Noether, lo cual influirá en la decisión futura de Emmy de estudiar matemáticas. Emmy hasta los 15 años asistió al Höhere Töcheter Schule de Erlangen, donde estudió alemán, inglés, francés, aritmética y danza. No destacó académicamente, aunque era conocida por ser inteligente y amable. A Emmy la enseñaron a cocinar y limpiar, como se acostumbraba con las jóvenes de su época. Después de esta formación básica estudió francés e inglés, para ser profesora de idiomas y en 1900 superó las pruebas que la calificaban para poder enseñar idiomas en cualquier institución educativa femenina. Después de obtener este título, el ambiente matemático en el que se desarrollaba su vida, entre su padre y los amigos de este, orientó sus estudios hacia las matemáticas.

Decidió continuar sus estudios en la Universidad de Erlangen-Núremberg, pero dos años antes el Senado de la Universidad de Erlangen había declarado que la admisión de mujeres estudiantes “destrozaría todo orden académico”; sin embargo, se les autorizaba a asistir a clase con un permiso especial, que no les daba derecho a examinarse. Emmy fue la única alumna entre 984 estudiantes. En 1903 marchó a la Universidad de Göttingen, donde asistió a cursos impartidos por Hilbert, Klein y Minkowski, y en 1904 regresó a Erlangen, donde habían cambiado los estatutos de la Universidad y pudo proseguir sus estudios de doctorado, que realizó bajo la tutela de Paul Gordan. En 1907 obtuvo el grado de doctora “cum laude” con la tesis titulada: Sobre los sistemas completos de invariantes para las formas bicuadráticas ternarias, que fue publicada en 1908.

La fama de Emmy creció rápidamente así como sus publicaciones. En 1908 es elegida miembro del Círculo Matemático de Palermo, y en 1909 se incorporó al Mathematiker Vereinigung de Alemania. Ese mismo año es invitada a dar conferencias en Salzburgo y en 1913 en Viena. A pesar de este reconocimiento público, su trabajo en la Universidad de Erlangen consistía únicamente en ayudar a su padre: lo sustituía cuando estaba enfermo y continuaba con sus investigaciones pero sin percibir salario alguno.

En 1915 fue invitada por David Hilbert y Félix Klein a trabajar con ellos en la universidad de Göttingen, que en aquella época era el principal centro matemático de Alemania y probablemente de Europa. Este periodo de la vida de Emmy Noether estuvo marcado por una intensa producción científica, que determinó su aportación a las matemáticas y a la física. Una vez más, su condición de mujer determinó su situación, ya que el reglamento vigente de la Universidad de Göttingen indicaba explícitamente que los candidatos debían ser hombres, por lo que Emmy no pudo presentarse a las oposiciones como profesora universitaria. Hilbert, uno de los mejores matemáticos de todos los tiempos, quiso corregir esa injusticia, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito. Hilbert y Emmy Noether encontraron un sistema para que ella pudiera impartir clases: las clases se anunciaban bajo el nombre de Hilbert y ella figuraba como ayudante. De esta manera pudo probar su competencia y ser mejor conocida.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Alemania pasó a ser una republica y por primera vez las mujeres tuvieron derecho a voto y fue derogado el anterior reglamento de oposiciones. En 1919, Emmy presentó como tesis de habilitación su trabajo Invariante Variationsprobleme junto con doce artículos ya publicados y dos manuscritos adicionales. En 1922 fue nombrada «profesor extraordinario y no oficial». No tenia derecho a sueldo, pero pudo obtener pequeñas retribuciones por su grado de experta en álgebra. En 1932 recibió junto con Artin el Alfred Ackermann-Teubner Memorial, premio para el Avance del Conocimiento Matemático. A pesar del reconocimiento obtenido por este éxito, los cambios políticos y la llegada de Hitler al poder le obligaron a abandonar Alemania. Primero pensó en marchar a Rusia y se puso en contacto con su amigo Alexandroff, pero pasó demasiado tiempo antes de que le contestaran ofreciéndole un puesto. En abril de 1933 se le retiró su derecho a ejercer como profesora por ser judía, lo cual la empujó al exilio. A finales de ese año se marchó a Estados Unidos como profesora invitada en una universidad femenina. En febrero de 1934 comenzó a trabajar en Princeton, en el Instituto de Estudios Avanzados, donde también se encontraba Albert Einstein.

En abril de 1935 los médicos le descubrieron un tumor pélvico. La operación, en principio no demasiada seria, se complicó. Emmy Noether falleció cuando tenía 53 años y estaba en el apogeo de su fuerza creadora. En los meses que siguieron, comenzaron a aparecer homenajes por escrito por todo el mundo: al de Albert Einstein se unió los de van der Waerden, Weyl y Pavel Alexandrov. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas enterradas en el claustro de la biblioteca M. Carey Thomas Library en Bryn Mawr.

Vicente González Sánchez

viernes, 16 de mayo de 2014

10 Cosas que Recio odia.


10 Cosas odiosas para Recio
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1º No me gusta la gente a la que no le gusta la música.
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2º Odio que me confundan con otro.
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3º A los homófobos y racistas.
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4º Que el Internet del móvil funcione lento.
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5º Los que critican a los demás.
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6º Que en la cárcel tengan mejor calidad de vida que en la calle.
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7º No me gusta que hablen de mí a mis espaldas.
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8º Planear algo y que salga mal.
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9º Saber que no voy a volver a ver a una persona.
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10º Cuando alguien me dice ''Tenemos que hablar''.

Alumno: Carlos Recio Mesa

10 cosas que Esther odia.


Odio tener que esperar a la gente impuntual, las personas con temas monótonos de conversación como el fútbol que aunque intentes cambiar de tema siempre hablan de lo mismo.

No soporto la intransigencia ni la hipocresía ni a las personas que se creen superiores y desprecian al resto.

Me parecen tediosas las largas colas en urgencias pues si estás ahí es porque no puedes esperar para que te atiendan.

No soporto que la gente quiera hacerme fotografías pues si quieren verme solo tienen que quedar conmigo y si lo que quieren es tener un recuerdo, pienso que el mejor recuerdo es el que se guarda en la memoria.

Odio terminar un libro y que me quede con tanta intriga que tenga que ir corriendo a comprarme le siguiente parte.

No me gusta que me lleven la contraria cuando no tienen razón ni que me echen la culpa de algo sin ser la responsable.

No soporto beber agua fría muy deprisa y que me dé dolor de cabeza o cuando estoy viendo la televisión y de repente empiezan a poner un montón de anuncios.

Tampoco me gusta que algo en lo que me he esforzado mucho se estropee pero, lo que más detesto es que alguien se me quede mirando de arriba a abajo muy fijamente como si intentasen encontrar hasta mi más mínimo defecto, me hace sentir intimidada e incomoda pues aunque asumo y acepto mis defectos nadie más que yo debe de conocerlos todos.

10 cosas que Álvaro odia

10 COSAS QUE ÁLVARO ODIA



 Al igual que hay cosas en la vida que me agradan también hay cosas que me molestan y me desagradan.

Una de las cosas que odio en este mundo son esas personas que, cuando caminas tranquilamente por la calle se te quedan mirando con descaro; es como si no supieran mirar con disimulo y,con toda la cara del mundo, te observan de arriba a abajo, desnudándote con la mirada.

También odio esa morriña mañanera de los días calurosos en los que ir al instituto se convierte en un castigo mortal. El cansancio, el calor y las ganas de verano se acumulan y le dicen al cuerpo: "Relájate".

La tercera cosa que odio es la homofobia:¿Qué se creerá la gente que llama "gay" o piensa que ser homosexual es una enfermedad? Los homosexuales tienen el mismo derecho de vivir con libertad al igual que hacemos nosotros.

En cuarto lugar, no soporto a las personas que crítican a una pareja de personas; si esas personas son felices. ¿Por qué tiene la gente que criticar, y decir chismorreos y habladurías de ellos?

Otra cosa que odio son a esas personas que miran a la gente necesitada y la miran como si fuera diferentes. Yo pienso que nunca debería juzgarse a esas personas, ya que al igual que están ellos así, podríamos estar nosotros.

La sexta cosa que odio es estar en mitad de una clase y de repente olvidarme de lo que estoy pensando. Odio ese momento porque me frustro conmigo mismo y tengo que ponerme a recordarlo porque si no, no puedo responder.

Una de las cosas que más me molesta es esa gente que va a ver un deporte y sin respeto alguno acaban agrediendo física o verbalmente a los demás aficionados, incluso a los jugadores.

En antepenúltimo lugar odio esos eventos a los que hay ir vestido de gala y al llegar a casa llegas oliendo a toda la comida que había en el evento.

En noveno lugar y ya concluyendo, odio el momento en el que, estando en casa de un amigo, este discute con sus padres; ese momento es muy incómodo para mí, ya que me quedo pensando: ¿y ahora qué hago?

En décimo y último lugar odio que esta lista sea tan corta, ya que expondría con mucho gusto algunas cosas que me desagradan, y me gustaría que no fueran así.

jueves, 15 de mayo de 2014

Diez cosas que Arantxa odia

Las 10 cosas que odio



Si tuviese que empezar a nombrar todas y cada una de las cosas que odio creo que no terminaría nunca, pero en este momento solo tengo que nombrar diez.

La primera que odio es la homofobia, no soporto la manera de pensar de ciertas personas con una mentalidad cerrada. Yo soy de aquellos que piensan que todos alguna vez en la vida sentimos atracción por las personas del mismo sexo aunque sea por su mentalidad, solo que muchas personas, por el miedo a enamorarse, no lo reconocen, por lo tanto yo no lo llamaría homofobia, simplemente lo llamaría cobardía.

Tampoco soporto las mentiras. Es algo que me resulta completamente absurdo, si tú no tienes valor suficiente o intenciones de cumplir tus compromisos, no te engañes a ti y mucho menos engañes a nadie.

Además, detesto otro tipo de mentalidad, la que se aplica a todos los jóvenes con intenciones amorosas, que solo somos niños suelen decirnos, pero más de una vez les sorprendería saber cómo "dos niños" tienen esa capacidad de la cual muchos mayores carecen, el amor a otra persona por encima de todo.

Odio el maltrato a la mujer, ¿por qué tiene un señor el valor de levantar la mano a una mujer cuando su madre es una de ellas? Este estilo de vida que adoptan ciertas personas me parece repugnante y anticuado. Una mujer es el ser más maravilloso que hizo Dios y tiene todo el derecho de llevar la mejor vida posible sin ningún daño.

Cómo no, las reformas en educación, enseñanza, sanidad. Antiguamente todas las personas deseaban poder alimentar su mente, conocer culturas, aprender, y ahora que lo tenemos vienen unas personas a intentar solucionar nuestros problemas beneficiando su economía y atrasando a nuestra civilización, pero claro, mientras yo tenga una buena economía, ¿por qué preocuparme de niños con ilusión de futuro?

Tampoco soy partidaria de la ley de violación según la cual si yo te violo tengo x años de prisión, pero si tú abortas por una violación cuando ese niño viene vivo, tienes más años de cárcel.

¿Cuándo entenderán que yo no me visto para provocar? Con esto se demuestra a gran escala cómo se nos enseña a las mujeres para no ser violadas a llevar una forma de vestir y no se les enseña a ellos educación y principios.

Como estudiante no hay nada que más miedo me dé que los cambios universitarios. Los recursos económicos actuales son tan escasos en las familias que esta situación de crisis económica provoca una incertidumbre sobre nuestro futuro universitario. Los recursos económicos no hacen más que descender. Si mi familia gana 3.000 euros mensuales y tiene 2.000 euros de gastos, ¿cómo voy a permitirme el lujo de estudiar? Yo seré una de tantas personas que abandonan sus sueños para trabajar, qué pena, ¿no? La pena es que las personas que pueden ayudarnos a estudiar no lo hagan.

Aunque resulte extraño en una chica adolescente, algo que no soporto son las masas y esa horrible necesidad de aparentar lo que no soy gastándome dinero en cosas que no valen nada, que en dos meses escucharé "tía, eso es de la temporada pasada" con algunas risas, porque actualmente es lo que el ser humano con tantos avances ha creado, un grupo de personas que mueren de hambre pero con ropa de Gucci, Giorgio Armani... y personas ricas con ropa de mercadillo.

Algo que también odio son las drogas, y cómo millones de personas en el mundo dejan atrás una infancia entre 9 y 13 años para unirse a algo que las va a matar, ¿por gusto? Sinceramente, dudo que niños con 12 años sientan placer al perder la noción del tiempo, con el mareo o los vómitos de después, pero la sociedad los enseña eso. Si no lo hago yo, ¿me dejarán de lado por ser diferente?

Y por último, lo que más odio es el cáncer, esa enfermedad que hunde a la gente, que destroza familias y que en muchos casos no sabes cómo vas a poder afrontar, aunque creo que de todas las cosas que odio es la única que tiene cosas positivas. Te enseña a valorarte, a luchar contra viento y marea, a saber que si te caes es solo para que los que estaban abajo esperándote, los tuyos, te impulsen a subir hacia arriba y sobre todo que aunque sea una enfermedad que en muchos casos e mate, son más los casos en los que te da vida. Qué ironico, ¿no?, aquello que te la quita es lo que te la da, pero supongo que así son las cosas, siempre necesitas saber que estás a punto de caer para reaccionar, subir y luchar.

Arantxa Curiel Vega

martes, 13 de mayo de 2014

Diez cosas que Alfredo odia a muerte


DIEZ DE LAS COSAS QUE ODIO A MUERTE 

1) Que se vaya la conexión de internet, fundamentalmente cuando estás manteniendo una conversación interesante.

2) La gente que se fija en la ropa que llevas cada día, siendo ellos precisamente los que deberían cuidar más su atuendo personal.

3) Algunas de las faltas de ortografía en los tweets, son errores que hacen mucho daño a la vista, y dan por hecho que la persona que las comete es muy inculta.

4) La limitación del tiempo en los exámenes, básicamente cuando sabes las cosas y te retiran el examen porque el tiempo ha concluido.

5) Las personas que se tiran tanto tiempo en el baño, al pasarse horas sin importarles que hay gente esperando.

6) Los detectores de los arcos de seguridad, al saltar la alarma una y otra vez, finatmente te das cuenta que la cosa más "chorras" es la causante de que suene.

7) El chillido que produce, a veces, la tiza cuando escribimos en la pizarra, pues la sensación que percibo es de lo más desagradable.

8) Que me pisen las deportivas nuevas el día que las estreno, viene el gracioso de turno, lo hace, y me pone de los nervios. Ya tuve más de un enfrentamiento por ello.

9) Que se acabe la tinta de Ia impresora cuando tengo que imprimir un trabajo, después de tener el trabajo (digital) terminado que no puedas entregarlo porgue no se puede imprimir (y más fastidia aún si la fecha de entrega es el día siguiente).

10) Las personas que piensan que son el centro del mundo, solamente piensan en ellos mismos, y no tienen nada de consideración hacia los demás.


Alfredo Merayo Gómez
4º B

Concurso: diez cosas que odio con toda el alma




El manifiesto nace en el siglo XIX como arma de combate en la lucha revolucionaria: Marx y Engels publicaron en 1848 su celebérrimo Manifiesto comunista, verdadero evangelio de los desfavorecidos, cuyo fulgor no acaban de opacar los crímenes cometidos luego a su costa por Stalin, Pol Pot y otros dictadores. Treinta y ocho años después, Jean Moréas, un ambicioso poeta griego que escribe en francés, abre la veda en el campo artístico con su Manifiesto simbolista de 1886. Para cuando llegan las vanguardias de comienzos del siglo XX, el manifiesto se ofrece como la forma idónea para aquellos que conciben el arte nuevo como un combate contra el estancamiento y la opresión.

Los surrealistas, cuyos intereses hemos recordado aquí con la iniciativa Esto es surrealista, nos dejaron dos excelentes manifiestos y los prolegómenos a un tercero, que André Breton optó por no escribir. En la Biblioteca puedes consultar estos textos, tan magnéticos hoy como siempre. Hay algo en ellos que recuerda la legendaria canción de The Doors, Break on through (to the other side): una voluntad casi suicida de abrirse paso hacia lo desconocido, lo venidero.


En homenaje a este espíritu cañero, combativo (y a sus precedentes: la santa ira de Jesús expulsando a los mercaderes del templo, por ejemplo), planteamos como última actividad de este ciclo un concurso: Diez cosas que odio con toda mi alma.

Como el título indica, se trata de localizar diez elementos que tienen la virtud de sacarte de tus casillas, ofendiendo tu sentido de la justicia y la estética o poniendo a prueba tu paciencia. Aunque no está prohibido, pocas veces necesitarás razonar qué es lo que vuelve insoportable lo que denuncias: tu declaración apasionada bastará para que el lector te entienda perfectamente.

Puedes entregar tu trabajo a la persona que te dé clase de Lengua o dejarlo en conserjería, en un sobre. También puedes enviarlos a la dirección de correo bibaugustobriga@gmail.com Los trabajos pueden ir firmados con nombre y apellidos o con algún pseudónimo.

El texto tendrá la longitud que necesite. Se ruega utilizar procesador de textos, pues los manifiestos se irán publicando a medida que lleguen en este blog, para que los lectores puedan comentarlos y valorar anónimamente los que deseen, concediéndoles entre tres y diez puntos.
 
La fecha de entrega concluirá el día 30 de mayo. En la semana siguiente, se hará recuento de las valoraciones recibidas y se premiarán los dos trabajos más notables.

viernes, 9 de mayo de 2014

Como te lo digo

Con la cosa de que se acaba el curso, o casi, hoy escribí en la pizarra algunos principios sobre la lectura y el comentario de textos. A ver si los recuerdo.

1. Uno nunca se baña dos veces en el mismo texto.
2. El texto no es (solo) lo que (hoy) veo en él: there are more things. Siempre.
3. Continuidad de los parques: por cualquier texto se llega a todos los demás. Y a lo que no son textos.
4. Un texto no es una excusa para soltar todo lo que se me ocurra.
5. Sin embargo, el lector u oyente es el protagonista de la lectura o audición: lo que no le pase a él, no sucederá.
6. In dubio, pro texto.

 Los aforismos, afanados a fuentes varias, se explican bien solos. Pero quizá no sobren algunas consecuencias prácticas, que pueden afectar a algo tan mundano como la puntuación de un examen de Lengua o de Literatura Universal. Por ejemplo:

1. Un clásico (Calvino dixit) es un texto que nunca podemos dar por ya leído y comprendido. Lo que contiene rebasa todo cálculo.
1 (bis). La relectura es un placer por descubrir. Y es adictiva. Hay quien deja de leer para limitarse a releer. Y es comprensible: porque en cada vez regresan todas las anteriores, y late el presentimiento de la próxima. Con una intensidad siempre creciente.
2. Cualquier afirmación sobre el valor o el sentido del texto debe ir atemperada por la prudencia. Vemos los que vemos. Pero no somos los únicos que se asoman a esta terraza. Ni esta la única vez. Una interpretación posible de esta novela... es infinitamente preferible a Con esta novela, Kafka quiso decirnos que...
3. Para que el texto resuene en nosotros, debemos tener instalados otros muchos textos, músicas, imágenes: un mundo interior. El lector que solo lee por obligación es un lector capado: no tiene con qué relacionar lo que lee, fuera de un menú de sota, caballo, rey.
3 (bis). Un cuadro, decía Breton, es una ventana. Lo mismo un texto: constituye un punto de partida. El 'sentido' de un texto es una forma de aludir a sus conexiones con lo demás.
4.  Para evitar desbarres, todo lo que se diga de un texto debe tener la mínima cortesía de apoyarse en citas concretas del mismo.
5.  El autor ha muerto: literalmente, en general, pero si no viene a dar lo mismo. Por íntima que fuera su relación con el difunto, o el texto viudo se ennovia con el lector o duerme solo.
6. Que un texto nos llegue a través de siglos de azarosa trasmisión y entre en el canon no es garantía de su valor. Pero sí poderoso indicio. Por tanto, cuando un texto célebre no nos gusta o convence, cabe sospechar que nos estamos perdiendo algo. No sobraría darle una vuelta.
6 (bis). Puede suceder que el problema esté en el género: los lectores que lamentan el final de Romeo y Julieta no han entendido qué es una tragedia. O, lo que es lo mismo, no le han cogido aún el punto a ese tipo de cosa. Lo han probado poco.
6 (tris). A veces, hay que dejar entrar en uno bastantes cosas (estudiar convenciones, claves, etc.) antes de entender de qué va un texto. Pero cuanto más exótica es su naturaleza, más fascinante también, si acaba brotando en uno el gusto por lo poco trillado.

jueves, 8 de mayo de 2014

The Real Thing



Estamos tan embebidos en la cultura del sucedáneo, del pego, que apenas distinguimos ya hacer algo de fingir que lo hacemos. Razonamos, no muy mal, que el efecto de lo uno y lo otro viene a ser lo mismo: igual se aprueba estudiando que copiando (y hasta puede que copiar, por aquello de reproducir literalmente lo que el profesor espera leer, sea más efectivo y satisfactorio para ambas partes). El ejemplo apunta al alumno, pero solo para disolver a continuación el equívoco con otro ejemplo no menos claro: desde la autoridad que da la condición de profesor de literatura o de cultura clásica, muchos (demasiados) hacemos circular con toda naturalidad adaptaciones, modernizaciones y resúmenes de obras con el vago eximente de que se trata de que el alumno tenga 'un primer acercamiento' a ciertos clásicos. Afectada ingenuidad aparte, no solo sabemos de sobra que para muchos ese primer acercamiento será también el único, sino que no nos preocupa (o no lo suficiente) que ese acercamiento, al que tanta importancia concedemos, sea falaz.

Frazer, en su estudio clásico de la magia, La rama dorada (un libro que no debe faltar en nuestras bibliotecas), nos reveló cómo tendemos a extender el valor de una cosa, e incluso su identidad misma, a aquellas que se le parecen o están en contacto con ellas. Solo quien no haya besado nunca una foto (o, por el contrario, le haya pintado cuernos) debería sentirse al margen o por encima de esta 'mentalidad primitiva', que de hecho es la única explicación posible de por qué hay gente dispuesta a pagar millones de euros o de dólares por cualquier objeto nimio que haya estado en contacto con alguien más o menos extraordinario, o al menos famoso.

Del mismo modo, el prestigio de los clásicos (la Ilíada o del Quijote, por citar dos ejemplos obvios), que estas obras ganaron por ser tal como son (y en ese tal va incluida su complejidad o dificultad, las exigencias que plantean al lector), se extiende supersticiosamente a cualquier subproducto que emane de ellas y que, amparado en esa semejanza o contacto, pueda sustituirlas en un momento dado. Obras en verso se traducen o adaptan en prosa. Obras extensas se reducen a tamaños 'razonables'. Construcciones sintácticas intrincadas se 'aligeran' y libros pensados para seducir con su uso diestro de la palabra se hacen 'tragables' mediante ilustraciones que apenas dejan ocasión a que la imaginación del lector se desperece.

Sin movernos apenas, esta civilización del sucedáneo genera también la apotesosis del comentario, de la opinión personal. Del mismo modo que los clásicos grecolatinos generaron ya en la Antigüedad tardía todo un mar de escolios, no hay hoy película o serie que no se edite en edición comentada por el director, los actores, el escenógrafo y el encargado del catering. En esas condiciones, la tentación borgiana de hacer un making of o un comentario de una obra que nunca llega a escribirse o rodarse resulta irresistible. Antojos posmodernos, decimos —mientras nuestros alumnos memorizan y repiten en los exámenes una tanda de juicios críticos, positivos o no, sobre obras de arte de las que solo conocen eso: el título y el juicio crítico que aparece en sus apuntes y que ellos repetirán como si fuera cosa suya. (Y como tal será aceptada por quien los corrija.)

¿Y los manuales? En los libros de texto que manejamos, un libro de viajes de Unamuno puede muy bien aparecer mencionado entre sus novelas. Apenas algún friki del pensador vasco se dará cuenta de ello —y si la editorial recibe su queja, lo más probable es que concluya que no es rentable modificar algo que para el 99.9% de los lectores no supone problema alguno.

En este entorno, cualquier reivindicación del sentido o el valor original de algo resulta fundamentalista, ofensiva o risible. Indispensable, por tanto. Alucinados por la revelación, ya añeja, de que el medio es el mensaje, hemos olvidado que el mensaje era un medio: es decir, que su sentido no se agotaba en ser consumido con más o menos agrado y en consumir nuestro tiempo y recursos. Iba cargado de algo.

Ese 'algo', por supuesto, también se ha querido objetivar, en los famosos 'valores', que a veces hasta figuran en los descriptores de según qué libros. Pero de cuánto mejor habría sido respetar la incógnita y obviar los ingredientes hablaremos (si hallamos fuerzas) en otra entrada.