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En una casa sencilla vivía una mujer llamada Layla. A Layla le gustaban las flores, pero su jardín era pequeño y estaba lleno de malas hierbas. Layla soñaba con un gran jardín con muchas rosas. Cada mañana, Layla miraba su jardín triste. Decía: "Alá es el más sabio, quiero un jardín hermoso".
Un viejo vecino vio a Layla triste. Le dio una pequeña caja de madera. En la caja había unas pequeñas semillas. "Planta estas semillas", dijo el vecino. "Riégalas cada día".
Layla trabajó mucho. Preparó la tierra, plantó las semillas y las regó con paciencia. Pasaron los días. Aparecieron pequeños brotes verdes. Después de algunas semanas, el jardín estaba lleno de flores magníficas. Eran flores raras y hermosas. La gente del pueblo vino a ver el jardín secreto de Layla. Layla comprendió que el secreto no estaba en el tamaño del jardín, sino en el trabajo y la paciencia. La sabiduría superior le mostró que la belleza requiere tiempo y esfuerzo.

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