martes, 27 de mayo de 2014

Detestaciones varias (I)

¿El punk es amor? Eso dice Nina Hagen, que algo sabe de ambas cosas.  Pero, aunque fuera como travesura, los grupos más gamberros de los 80 juguetearon con la idea de dar la vuelta a las canciones tradicionales de amor y convertirlas en canciones de odio. Desde luego, no de odio a un colectivo, por motivos racistas, sexistas u otras cochambres; más bien recogiendo la tradición milenaria de la sátira, que utiliza el humor para combatir lo que a uno le da grima o ajustar cuentas con un amor que salió vano. Unos jovencísimos Alaska y los Pegamoides cantaban así:



En su aclamado London Calling, por su parte, The Clash analizaban sin ningún romanticismo la relación odiosa del consumidor de droga con su proveedor de sustancias ilegales (vulgo camello): Oh, anything I want / he gives it to me. / Anything I want / he gives it, / but not for free, / it's hateful / and it's paid for / and I'm so grateful / to be nowhere.



Otro notable de esos años, Bob Geldof, se hizo conocido con una canción que también habla de fobias, en este caso a los lunes:


La fobia a los lunes tiene entre nosotros precedentes ilustres: el joven Fernando Savater escribió que el Estado debió sin duda inventarse un lunes (el mismo lunes en que se inventaron los lunes). El costado escolar del asunto está también bien atendido por la canción que da nombre al primer LP de Tequila, Matrícula de honor:


Por los mismos años, un alumno que no debió de ser muy feliz en su rol de tal, Roger Waters, se despachaba a gusto contra el sistema educativo inglés en la canción más conocida de The Wall:

We don't need no education, 
we don't need no thought control. 
No dark sarcasm in the classroom, 
teacher, leave the kids alone! 

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